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martes, mayo 02, 2023

Asco

El asco es una sensación primitiva que se atenúa conforme cumplimos años.

Al menos así lo veo yo, que establezco teorías peregrinas acerca del ser humano a partir de lo que experimento, porque no voy a vivir otra vida donde pueda corroborar si mis elucubraciones son ciertas.

Quitando los años de la primera infancia, cuando te puedes comer una cucaracha si tus padres se descuidan, la adolescencia es una etapa en la que todo nos produce repeluco, ponemos mil pegas a las comidas, nos juramos que jamás probaremos esto o aquello.

Yo me prometí, siendo un chaval, que nunca tomaría café, ni bebería cerveza, ni comería espinacas. 

Quién me ha visto y quién me ve.

Cuando uno va teniendo una edad, los sentidos se relajan en su apreciación de las cosas y ya no cualquier tontería te provoca un rechazo extremo, ni te dan grima comidas, objetos o insectos que antes te hacían dar un grito de repulsión.

Total, de algo hay que morir.

martes, septiembre 27, 2022

Tocar

En España somos de tocar.

Ante un trabajo bien hecho, para reir un chiste, al compartir un recuerdo, tras explicar cómo nos sentimos, cuando nos atascamos en la conversación. Ahí viene el abrazo, la palmada en la espalda, el agarrar el antebrazo.

Me encanta que sea así.

Los que hemos vivido fuera lo apreciamos quizás más, porque sabemos lo que es estar meses en una ciudad en la que no hay el más mínimo contacto físico. 

Cuando observas, por ejemplo, a los niños franceses jugar en los parques con los padres, te explicas el porqué de esta diferencia. No hay apenas muestras de afecto físicas. No achuchan, no besan, no abrazan.

No sé qué sustancia química generará el contacto piel con piel, pero hace mucho bien. Nos demostramos cercanía y una predisposición fuerte a ponernos en la piel del otro.

No es malo ni bueno en sí. Nadie es mejor persona por tocar, pero se agracece.

Esa es mi teoría que, como tantas, sólo me sirve para organizar mis esquemas mentales.