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jueves, noviembre 06, 2025

Goloso

Soy de un goloso empedernido y esa parte insana en mí se enfada con el Salva cuidador de su cuerpo.

Por mucho estrés que me invada, no perdono mi rutina de los seis mil pasos. Llueva, truene o haga 40 grados. No hay ni un solo día, en años, en que no los haya caminado ese mínimo imprescindible.

Las tardes de más pereza me pongo como objetivo una confitería en la calle Canalejas que tiene unas palmeras de chocolate espectaculares. Ir y volver desde casa viene a supone cumplir con el compromiso diario. Compromiso con más nadie que conmigo mismo.

Entonces, una gran parte de las ocasiones, rodeo la manzana donde está la pastelería y me vuelvo sin pecar. Me sirve como la zanahoria al conejo.

Eso sí, hay días en que caigo de lleno y me regodeo en el Salva pecador.

lunes, abril 21, 2025

Dejadez

Quizás sea el más inocuo de los mal llamados pecados capitales, lo que no impide que sea uno de los que más me fastidia: la dejadez, la pereza, el apalancamiento.

No nací para estar parado, de ahí que me rechinen los días en los que no puedo tirar de mi cuerpo. No tanto por el cuerpo en sí, sino por esa desgana que me impide incluso ordenar los pensamientos.

Sí. Ya sé. Claro. Hay que permitirse días así. Es sano no hacer nada. Una tumbada eterna de sofá, un día entero con pijama en casa, un fregadero con platos acumulados. Una tele sin parar de sonar.

Lo sé.

Lo que ocurre es que a mí esas horas tontas de no tener fuerzas para buscar el mando a distancia me provocan más ansiedad que descanso.

Me da pereza la pereza.


lunes, agosto 05, 2024

Remordimiento

Nos hemos educado en una cultura gastronómica que agudiza en nuestra madurez un continuo remordimiento.

No tomes pasta, azúcar, no pruebes el vino, la cerveza, atención al pan, no tomes helados, cuidado con el café, el arroz que sea integral, no pongas mantequilla ahí, olvida el chocolate, deja de merendar, cena pronto, ni se te ocurra un zumo, nada de bebidas light, peligro con los embutidos, las calorías de los frutos secos, los congelados, olvida las aceitunas, no pongas sal...

Qué sensación de estar siempre haciéndolo mal.

Ayer pasaba junto a un cartel publicitario de una conocida marca que contenía, al menos, diez pecados mortales en su propuesta.

¿Por qué no se legisla para no llenarnos los ojos con comidas y bebidas prohibidas? ¿Por qué no nos enseñan desde pequeños?

Quizás sea ya tarde para expulsarnos de nuestros pequeños paraísos.