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miércoles, julio 31, 2024

Google

—Sí, hombre. Es rubia, muy alta, hizo una película de ciencia-ficción con este que sale en el anuncio, el de Juego de Tronos, que publicó unas fotos que se hicieron virales en esa ciudad del sur de Francia que estuvo de moda cuando grabaron el anuncio de la marca esta de perfumes...

—¡Búscalo en Google!

Todo está en Google, el que nos saca de mil apuros, completísimo y fácil de usar. 

El problema es que no nos deja ejercitar la gimnasia, tan sana, de rebuscar entre nuestras neuronas aquello que sabemos que tenemos grabado.

¿Se nos irán borrando nuestros conocimientos de no hacer por encontrarlos?

Yo puedo levantarme de una mesa por no escuchar quién era esa rubia de la película de ciencia-ficción y encerrarme, en silencio, a averiguarlo. No sé cómo de productivo es para mi salud cerebral, aunque entiendo que sí es bueno forzarnos a no tirar siempre por el atajo.

—¡Ya sé quién es!

Hay felicidades tontas.

domingo, marzo 03, 2024

El bienestar personal tiene mucho que ver con cómo tenemos compartimentada la cabeza.

Si tu mente es un solo espacio donde todo se confunde, es difícil manejarte con soltura por el mundo. Los traumas y los proyectos se juntan y de esa ensaladilla no puede salir la calma que requiere el sentirse bien en la propia piel.

Las pérdidas, que todos arrastramos, deben tener su sitio en nuestro cerebro, pero deben estar bien separadas de las preocupaciones del día a día, y éstas deben tener un sitio apartado de aquél donde están nuestras ilusiones de futuro. El amor, el deseo sexual, la ternura, la reflexión. Debemos poder abrir esos cajones en cada momento preciso.

Si una muerte de alguien querido causa estragos en cada uno de nosotros, tenemos que encontrar el modo de acudir a ella cuantas veces lo necesitemos, pero sin que todo nuestro pensamiento se llene para siempre del aroma negruzco del dolor.

Eso no es traicionar a nadie, sino vivir con dignidad.

viernes, diciembre 23, 2022

Preocupación

Siempre nos ronda una preocupación mayor, unitaria, absorbente, que pulula en nuestro cerebro hasta que viene a ser reemplazada por otra, que comienza el martilleo intermitente que corresponde a seres inseguros que no pueden controlar sus miedos.

Una enfermedad real o imaginaria, una incertidumbre económica, la inestabilidad en algún familiar, la relación con algún jefe en el trabajo. Algo hay, siempre, que actúa como antídoto de la felicidad para decirnos que ésta no es posible del todo.

Es complicado deshacerse de los miedos, pero hay que aprender a reírse de ellos. A llamarles pesados, aguafiestas, hijos de su madre, a dejarlos que nos amarguen un rato hasta cerrarles el grifo. 

No se puede pensar a cada minuto en que algún día nos vamos a morir.

domingo, enero 23, 2022

Mente

Lo maravilloso de nuestra mente es que podemos pasar de la melancolía a la diversión en décimas de segundo.

Se puede escribir de tu miedo a una enfermedad, de lo que te gusta preparar canelones o de tu inolvidable visita a Cuenca sin que ninguno de esos temas tengan que definirte por completo. Nuestra capacidad de reflexionar, argumentar, hablar o sentir tiene infinitos matices y ésa es la grandeza del ser humano. La posibilidad de viajar por mundos diversos sin moverte del sofá.

El problema es cuando se pierde la flexibilidad para movernos de un lado a otro y chocamos cien veces con el mismo pensamiento repetitivo. Ese dolor que vuelve una y otra vez, esa tristeza que nos invade, esa paranoia con el trabajo, ese terror a la soledad. 

Cuando se deja de controlar la capacidad de asomarse a distintos mundos, de equilibrar las preocupaciones con las ilusiones, es entonces cuando debemos levantar la mano y pedir ayuda para volver a tener control sobre nuestra mente.

Hay expertos que saben cómo engrasarte de nuevo los mandos.

martes, enero 04, 2022

Disposición

Muchas veces es cuestión de disposición.

De querer ver los defectos o las virtudes.

A mí me salva que tiendo a buscar lo bueno de las cosas, sin por ello asumir que nada sea perfecto, porque entiendo que hay una parte importante en nosotros a la hora de construir el relato de lo que nos rodea. Tal vez la parte más crucial, el intérprete que pone palabras a los hechos está en nuestra cabeza.

Todo pasa por el tamiz de nuestro cerebro, nada llega a nosotros que no sea a través de él. Lo que vemos, lo que sentimos, lo que tocamos. Y es ahí, en nuestra computadora central, donde elaboramos la síntesis de todo lo percibido y nos lo contamos, con palabras. Sí, no sabemos pensar si no es con nuestro lenguaje. Es por eso que es tan importante que incorporemos un filtro inteligente que nos ayude a vivir mejor, un filtro que potencie los colores que nos agradan y matice los que nos disgustan.

Yo puedo ver una magnífica catedral y fijarme en la lata que está tirada en el suelo, en la caca del perro que no han recogido o deleitarme con el espléndido rosetón de su fachada principal.

No hay mundos perfectos.

martes, noviembre 30, 2021

Timidez

La timidez y los complejos los eliminé de modo racional.

El cerebro, bien usado, es el arma más potente que poseemos, con permiso del corazón.

La cuestión es no dejar pasar la vida hasta encontrar los mecanismos que nos defiendan de debilidades que no hay motivos para tener.

Sí, hay situaciones que nos superan, acaloramientos, sonrojos, sudores, miradas que nos delatan. Ante eso, racionalidad. ¿Qué me hace a mí menos que al de enfrente? ¿En qué me gana a mí nadie?

Yo pasé gran parte de mi juventud analizando mis disfuncionamientos, que eran numerosos y no me gustaban. Comprendí, con cierta dificultad, que todo estaba en mi cabeza. Luego la solución también debía estar ahí. En mi cabeza.

Si yo sufría, sufría yo. Si yo me arrugaba, me arrugaba yo. Si me achicaba, no eran los demás que engrandecieran, era yo quien los hacía grandes a mis ojos.

Aprendí el valor que había en mí. En mi sonrisa. En opinar, en levantar la mano, en tomar el control.

Sabía hacerlo tan bien como los demás.

lunes, noviembre 08, 2021

Ofrecimiento

Cuando alguien cercano te responde mal, con desgana o sin interés ante cualquier ofrecimiento tuyo, lo más torpe es pensar en devolverle la pelota en el futuro cuando se dé la circunstancia.

Porque ése no eres tú.

Es mucho más elegante mantener una actitud coherente contigo mismo, que es a fin de cuentas con la persona con la que convives a diario, y ser especialmente correcto cuando esa persona acuda a ti antes que después.

Seguramente no se dé ni cuenta, porque la gente que responde mal, con desgana o sin interés lo hace en la mayoría de los casos sin pretenderlo, por lo que no va ni a recordar que en su momento tuvo un detalle feo contigo.

En todo caso tú, siendo elegante, le darás una pequeña lección de vida que el subconsciente de la otra persona almacenará en el apartado de su cerebro que se dedica a corregir acciones futuras.

Y si esa persona no tiene ese apartado en su cerebro, porque vino con ese defecto de fábrica, lo que es seguro es que tú no recibirás ningún chisporroteo de incoherencia en el apartado del tuyo que se dedica a mantenerte siempre fiel a ti mismo.

martes, febrero 23, 2021

Microataques

Todos tenemos microataques de pánico diariamente.

Estoy convencido.

Nuestra cabeza es el más perfecto ordenador, no descansa ni durmiendo. Aunque hagamos por educar a nuestro cerebro, éste se despista, va a su bola muchas veces, y en esas escapadas se pasea por sitios abruptos que no querríamos visitar de elegir la ruta.

Imagino que no es sino una gimnasia cognitiva que practica para simular todos los escenarios posibles, como un combatiente inquieto que no quiere dejar nada al albur de lo imprevisto.

En algunos de estos entrenos casi militares para investigar el futuro, porque le va la vida en ello, se enfrenta a posibles enfermedades, despidos laborales, muertes cercanas y sustos diversos que, mientras damos un bocado a una manzana bien colorada, de golpe nos aceleran el corazón con un calambrazo de terror.

Mi clave para que esa pequeña arremetida no vaya a más es solidarizarme con mis sesos.

Suspirar para borrar la imagen y entender que, esos sobresaltos, no son sino ejercicios voluntariosos que nos preparan para estar fuerte cuando venga lo peor.

sábado, septiembre 19, 2020

Cerebro

Dicen que sólo utilizamos un porcentaje pequeño de nuestro cerebro, yo estoy esperanzado en que sea verdad.

La clave de nuestro equilibro personal está en ese pequeño órgano sobre el que tenemos la capacidad de intervenir para depurar nuestros miedos.

A fin de cuentas vivir no es sino escapar de los miedos en busca de paraísos; pero ni unos ni otros existen más allá de nuestra cabeza.

Soy un convencido de que, mentalmente, todo se puede trabajar; que la verdadera gimnasia productiva está en la mente, no en el cuerpo. En nosotros está la capacidad de procesar, nadie dice que sea fácil, nuestras obsesiones, complejos y proyectos.

Yo, por ejemplo, aprendí a programar mi cerebro para pensar en la muerte lo preciso. No es sencillo, pero te construyes técnicas argumentadas para darle a aquello que te inquieta el tiempo justo. Del mismo modo, comencé a superar mis complejos, a vivir con alegría mi sexualidad, a llevarme de forma amigable con el trabajo, a volcarme con los amigos que eran ciertos, a ignorar mezquindades de gente cutre, a emocionarme con lo simple, a sentirme universal.

Todavía no hay manuales de instrucción, está en cada uno querer trabajar lo mental para crecer sin atajos hacia la luz. Somos más fuertes de lo que creemos.

lunes, enero 15, 2018

Calambrazos

A fuerza de resultar contradictorio, la ciencia en su más estricto significado es mágica.

Sorprende cómo el ser humano se hace a sus descubrimientos, los aplica y los integra, con la naturalidad de un crío. Nos paramos poco a pensar en la magnificencia de un vuelo en avión, en lo inenarrable de enviar un mensaje que es recibido décimas de segundo después al otro lado de la tierra o en la proeza de un transplante de corazón.

Del científico tenemos, tengo, la imagen ingenua del personaje menos humanista, más abstraído, menos sometido a los vaivenes de lo terrenal, sostenido en su fría capacidad de analista para ver el mundo en otros ritmos en pos de objetivos que apenas suponen, en la mayor parte de los casos, un avance minúsculo en el hallazgo de una molécula, en el aumento de velocidad de un milisegundo en la transmisión de datos, en la comprensión certera de un fenómeno físico inapreciable para el resto de la humanidad que les puede llevar una vida de trabajo.

Yo hubiera querido serlo, como quise siempre ser tantas cosas, e introducirme en aparatos que no entiendo para viajar por lo más profundo del sistema neuronal del hombre. Cabalgar por su cerebro de colinas retorcidas a lomos de microscopios inteligentes que me enseñaran a descifrar qué calambrazos minúsculos son los que provocan la sorpresa o el terror, cuáles son las combinaciones químicas que hacen que una persona caiga en el desconsuelo, cuánto de auténtico hay en una sonrisa, cuánto de acto reflejo.

Daría media vida por averiguar cómo se producen las conversaciones que mantenemos, desde pequeños, a solas con nosotros mismos, dándonos ánimos, justificándonos, retándonos a ser mejores, más valientes, menos dramáticos. Querría ser un sabio que al final de sus días supiera discernir cuánto de nosotros hay en nuestra cabeza, cómo de dependiente somos del azar del espermatozoide que navegó ufano en busca de la vida que un día nos trajo aquí.

Cuánto de nosotros nació realmente de nosotros.