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domingo, abril 10, 2022

Obsceno

Pocas cosas más obscenas que el desprecio.

El desprecio a tu sociedad, a tu país, a los principios básicos de humanidad. Apoltronado en tu burbuja de cristal, indolente, ajeno al sufrimiento de aquéllos con quienes, de vez en cuando, te cruzas por la calle.

Produce un tremendo estupor que dos tipos sin principios se hayan querido forrar a costa del dolor ajeno. 

—Yo me limité a hacer una llamada —se atreve a decir, sin que se le caiga la cara de vergüenza.

Una llamada, a cambio de un millón de euros por unas mascarillas infladas de precio, que rápidamente se gasta en un yate en Gibraltar, mientras los muertos empezaban a contarse por miles en los hospitales. Quien tenía la suerte de llegar al hospital, porque los mismos que autorizaban la compra de ese material emitían comunicados internos para decir que no se admitiera a los octogenarios en las UCI's.

¿Cuánta gente se llevará toda una vida trabajando sin llegar a ganar un millón de euros?

No todo se puede permitir. Hacerte valer de tu nombre para medrar es indecente. Un nombre, además, que no te has ganado tú, sino que has heredado de tus padres.

Para rematar la faena, se permite decir que está perseguido, porque 'los fiscales, ya se sabe, son todos de izquierdas'.

Pues menudo favor le has hecho a la derecha, chaval. ¿Qué pretendes decir, que la derecha mira a otro lado cuando se trata de trincar el dinero de todos?

Que investiguen hasta el final, las firmas falsas, los contratos inexistentes, las llamadas telefónicas, la falta de humanidad.

Imploramos justicia.

lunes, julio 26, 2021

Vacunas

Hay gente que se da mucha importancia.

Todavía están los hospitales llenos de enfermos por coronavirus, una pandemia que se ha llevado por delante la vida de millones de personas por todo el mundo. Muertes horrorosas ligadas a la angustia de no respirar, de no poder despedirte de tus familiares, de impotencia por la falta de tratamiento.

La ciencia, no un concepto abstracto, sino el conjunto de miles de profesionales más que preparados a todo lo largo y ancho del planeta, han encontrado una vacuna en tiempo récord. Desde que se ha empezado a inocular se han salvado miles de vidas. Se salvarán millones. Personas que no verán cortadas de cuajo su existencia por la mala suerte de haber estado cerca de alguien contagiado.

Aun así, hay quien se resiste a vacunarse no vayan a meterle un microchip, o a sufrir efectos secundarios. Poco les importa que su egocentrismo favorezca que puedan contagiar a otras personas, o que el virus siga latente más tiempo. Para ellos no les resulta suficiente que grandes eminencias en investigación hayan dejado lo mejor de ellos para encontrar una barrera a esta pandemia.

Su supuesta sacrosanta libertad está por encima de la salud del colectivo al que pertenecen.

El otro día me lo decía alguien cercano, que tenía dudas. Yo no podía evitar mi indignación.

¡Que te pongas la vacuna!

martes, julio 20, 2021

Nada

No sé mucho de nada.

Hay días en que envidio no saber mucho de algo, sobre todo cuando escucho a grandes eminencias hablando del coronavirus, o de la literatura húngara de los años sesenta, o de la conexión a la red eléctrica de las plantas eólicas; cuando alguien explica con palabras simples cuestiones bien complejas.

A mí me gustaría al menos ser experto en algún tema menor, aunque fuese acerca de las diferentes formas de obtener chocolate en polvo, pero ni siquiera eso. Por mucho que rasco, no sabría lucirme respecto a nada de lo que me apasiona. Tal vez, por excusarme, se debe a que mi abanico de inquietudes es demasiado amplio.

Me quedo colgado como un niño chico si emiten un programa sobre la construcción de las pirámides mayas, tanto como si es sobre las investigaciones sobre el Parkinson, o el cultivo de la remolacha en Corea del Sur. Todo me interesa y de todo soy analfabeto.

Es por eso que prefiero escuchar, porque no tengo una opinión construida sobre todo aquello que nos atañe, ni encuentro con facilidad los orígenes de los conflictos que nos acechan.

Si ni siquiera sé explicarte la gama completa de los vehículos Renault, ¿cómo te voy a hablar de las constelaciones en el cielo?

jueves, mayo 20, 2021

Principios

Yo sí pierdo amigos por principios. 

Me lo comentaron hace unos meses de ella. Que no respetó el confinamiento ni los días más duros, que va a todos lados sin mascarilla y que se ríe del virus.

Tengo tantas experiencias vividas a su lado, tantos abrazos, que olvidé todo eso que me contaban. 

Uno tiene cierta capacidad de meter en el rincón de los olvidos aquello que no quiere escuchar y, a fin de cuentas, nuestros mundos habían cambiado, los jueves cenando en El Paladar, las fiestas en la terraza de su casa, la risa floja y sus ojillos chisposos fueron dejando paso a otras gentes, aunque cuando nos encontrábamos siempre había un punto de felicidad compartida. Podía dejar lo que hiciera para seguir el rato con ella. Inteligente, aguda, peculiar.

El otro día, sin embargo, me la crucé volviendo a casa, por una zona muy concurrida. Iba con sus gafas de sol y sin protección ninguna.

Me basta esa imagen para saber que ya todo se acabó.

miércoles, abril 21, 2021

Phoskitos

Merienda: 'Por llevar tan bien la dieta, te mereces un Phoskitos'

Carmen le quitó el imán el papel y salió corriendo para el salón.

-Pero, Chema, ¡mira lo que me pone la dietista para merendar!

Estaban en pleno inicio del confinamiento y mi amiga, atemorizada con el mundo exterior, mandó a su novio a comprarle el pastel. Renglón seguido escribió un mensaje de agradecimiento a la nutricionista.

'Qué 'enrollá' que eres'

Nunca recibió respuesta.

Días después le tocó una Pantera Rosa.

-Así da gusto hacer dieta, Chema.

Era su novio el que le imprimía el régimen de comidas semanales cuando llegaba al email de Carmela.

Es una suerte cuando se mezclan la inocencia y el amor. Ella no podía pensar que Chema aportara su granito de creatividad a las instrucciones de la dietista.

Fue cuando una tarde leyó 'Tira un dado y si te sale 6 cómete un paquete de Donetes'

Entonces, al correr hacia el salón, vio a Chema con la cara descompuesta por intentar retener la risa.

-Eres un cabrito.

Se le cayó el cielo abajo y lo quiso matar, pero había perdido ya diez kilos con ilusión.

domingo, abril 11, 2021

Pandemia

Dentro de nada las llegadas corriendo a casa tras la cena para evitar un control policial serán un mal recuerdo. 

El tiempo lo borra todo sin piedad. Lo malo y lo bueno. Como un rodillo.

El otro día paseábamos la calle Sierpes con un guía turístico y nos hablaba de la Sevilla de hace cuatro siglos, esa época en que llegaban los galeones cargados de oro americano y la ciudad estaba repleta de mercaderes, maleantes, aristócratas, mendigos, marineros que pululaban por esa calle estrecha de una ciudad que era uno de los centros del mundo.

Yo veía el cielo azul e imaginaba con nitidez la escena. El mismo sol, la misma ciudad, pero no ponía caras, ni historias reales de personas ni aventuras que han sido borradas por el tiempo.

¿Qué queda de esos ciudadanos? ¿Qué quedará de nosotros?

Me escribo esto para el yo anciano que seré dentro de unos años, si tengo la suerte de estar aquí y ganas de leerlo.

Entonces comprobaré si es verdad que esta pandemia quedó en poco más que una pesadilla olvidada.

miércoles, diciembre 30, 2020

Crisis

Crisis en japonés de pronuncia Kiki.

Y ese Kiki se compone de un Ki (危) que significa 'Peligro' y de otro Ki (機) que vendría a ser 'Oportunidad'.

Para ellos la crisis se asimila a un peligro que presenta una oportunidad.

Qué lujo poder acercarnos a la cultura oriental a través de ejemplos concretos.

Pues sí, 2020 ha sido un año Kiki.

Una crisis total. Sanitaria, económica, personal. En todas las sociedades a lo largo del ancho mundo. No hay quien no se haya asustado, por la propia salud, por el empleo o por la situación de gente muy querida. Casi todos conocemos a alguien que ha fallecido o ha sufrido con fuerza esta crisis inesperada. Si es que no la hemos sufrido en propias carnes.

Visto el peligro, ¿aprovecharemos la oportunidad?

Sé, íntimamente, que hemos crecido como sociedad.

Tengo el convencimiento interior de que una mijita de progreso como sociedad nos la van a aportar tantos pobres muertos. Es el regalo que nos hacen. Hemos descubierto la potencia humana de nuestros sanitarios, la capacidad casi divina de los científicos por encontrar las armas contra el enemigo común. Pese a mamarrachos diversos, minoritarios, hemos descubierto nuevas tonalidades del término solidaridad.

¿Quién no ha echado o recibido un cable estos meses de pandemia por causa del coronavirus?

Puedo decir, a nivel personal, que ha sido un año que me ha hecho crecer como persona. Enfrentarme a esta situación novedosa, estar encerrado tanto tiempo en casa y el miedo al contagio han sido un cóctel explosivo que también he debido beber. Debo decir en voz bajita que me ha hecho bien. Creo que muchos salimos de este 2020 siendo mejores personas. Se nos han quitado muchas tonterías de encima. A mí me ha acercado más a mi familia, he tenido conversaciones más largas con los amigos, he leído muchísimo, he escrito más. He ganado consciencia acerca de lo que es importante. Diría que ha reforzado mi lado espiritual.

Este año Kiki, para mí, ha sido el año de mis lectores. He aprendido muchísimo con vosotros. Me habéis mimado, jaleado, reñido, aconsejado y valorado. Os habéis reído conmigo y habéis empatizado con mis miedos. Me siento un afortunado por teneros ahí.

El peligro nos ha ofrecido la oportunidad de un 2021 de reconciliación con nosotros mismos.

No lo desaprovechéis. No lo desaprovechemos. Soñemos en grande.

Os quiero.


martes, noviembre 03, 2020

Decisiones

La gestión de la pandemia está siendo dura.

Encontramos dirigentes a todos los niveles que no estaban, ni están, preparados para afrontarla con garantías.

Quiero, sin embargo, hacer una reflexión.

Hagan lo que hagan, van a hacerlo mal. Sea cual sea la decisión que tomen, será mala. Porque en los próximos meses va a seguir muriendo mucha gente, se haga lo que se haga.

Nunca sabremos qué habría sido de no haber decidido esto, sino lo contrario. De haber restringido más o menos, antes o después.

Salvo excepciones, no veo maldad en los dirigentes políticos. Están, simplemente, descolocados.

Escuchamos las dudas de los expertos, que basculan entre teorías contrapuestas respecto a la capacidad de contagio, tiempo de incubación, tratamientos de choque, plazos para la vacuna... ¡Con toda la comunidad científica involucrada al máximo!

Debemos, pienso, ser lo más razonables posible y contribuir a facilitar y respetar la aplicación de todas las medidas que se nos soliciten.

Es fácil decir que toda decisión es mala.

domingo, septiembre 27, 2020

Línea

—¡Detrás de la línea!

No ha sido una, ni dos, sino varias veces las que he sido recibido en un café, una agencia de turismo o un restaurante con un grito zafio de ese estilo.

Lo entendería, faltaría más, en profesionales desbordados por avalanchas de clientes. Pero da la casualidad que en todos los casos ha ocurrido en lugares medio vacíos, donde yo era prácticamente el único visitante.

No vale todo en nombre de la pandemia. 

Si llego a una cafetería recién abierta para desayunar con mi periódico y mi mascarilla, habiéndome lavado las manos con el gel hidroalcohólico de la puerta, con apenas otro cliente a dos metros delante de mí, no tengo por qué aguantar gritos militares para que me coloque detrás de no sé qué línea que apenas se ve. Estoy capacitado para entender las explicaciones con respeto.

Ante los gritos yo respondo con un:

—Buenos días.

Y me voy.

sábado, mayo 02, 2020

Vecino

En este confinamiento que empieza a relajarse hemos tenido un comportamiento muy civilizado los vecinos de mi bloque. Es lo menos que se espera. Somos muy pocos y hemos repartido nuestros tiempos para no coincidir en la hermosa azotea en pleno centro de Sevilla que compartimos.

Tan sólo en dos ocasiones estuvimos algún tiempo al caer la tarde con el vecino del bajo. Él es el último en salir y se pega paseos kilométricos. Es viudo, enorme y orgulloso de su pasado.

Me da miedo las personas que, teniendo alto concepto de sí mismas, miden a los demás con su propio rasero de autoexigencia.

Desde que yo vine a vivir aquí, hace casi veinticinco años, él ya habitaba con su familia en el bajo. Nunca crucé una palabra con ellos, más allá de los saludos cotidianos. Tuvo hijas. Todas iguales. No sé cuántas. Todas parecidas a una madre también grandona que un día de hace algunos años, no sé cuándo, murió.

Su soledad y haber coincidido en la azotea nos hizo hablar, a buena distancia, en esos primeros días de confinamiento. Que yo fuera ingeniero para él suponía muchos puntos positivos, como si la valía de una persona estuviera en el número de títulos académicos. Él bien se ocupó de describirme su recorrido profesional y sus orígenes humildes.

Me da miedo, también, la gente que se hace a sí misma y no lo vive con humildad.

Ayer se nos pasó aplaudir a las ocho y subimos algo más tarde. Volvimos a coincidir con él. Estaba lanzado. 'Tenemos un país de rateros'. 'Aquí nadie quiere trabajar'. 'En los tiempos de "Paquito" la gente se esforzaba más'. 'Al Coleta hay que echarlo'. 'Necesitamos gente como Trump'.

Yo no tengo término medio. Soy una persona muy amable hasta que atravieso, afortunadamente escasísimas veces, la frontera de la indignación. Entonces, como dice Fran, saco del bolsillo mi tablao portátil y me pongo en plan Farruquito.

Ayer estuve a punto.

Uno sube a la azotea de su casa y tiene que recibir, ultrajado, un chaparrón de improperios hacia mi propia sociedad de un vecino con el que no tengo, ni quiero tener, la menor confianza.

Él buscaba en mi mirada la aprobación, pero yo no hacía más que pensar si valía la pena sacar el tablao y decirle lo muy indignante que era dar por supuesto que en mi cabeza corría tanto odio como por la suya.

domingo, abril 19, 2020

Conmoción

La clave de la salvación en esta pandemia está en el hecho de que todo el Primer Mundo ha sido atacado por igual. Mal irían las cosas si fuera el África Negra o el Sudeste Asiático los únicos perjudicados.

No ha sido una catástrofe natural en el sentido apoteósico del término, en cuanto a que las infraestructuras y el tejido productivo están plenamente a salvo. Todo está en su sitio para el día después; la clave es llegar enteros a ese momento. De ahí la importancia de que nuestros gobiernos, los de esos países que se dicen civilizados y prósperos, consigan mantener las constantes vitales de sus pueblos durante este tiempo.

Porque, a fin de cuentas, todo será dinero. El dinero que se inyecta para poder hibernar mientras no encontremos el antídoto, la vacuna.

Y el dinero es ficticio, no más que un invento del ser humano. Un invento en manos de los bancos centrales de los grandes países. Los países ricos se endeudarán con sus propios bancos centrales. Llegará un momento en que todos mirarán para otro lado y harán desaparecer esa deuda.

La clave es que es un problema genérico y de ricos.

Nadie está a salvo y ésa es nuestra salvación.

martes, abril 14, 2020

Maldad

En estos tiempos difíciles, surrealistas, trato de alejarme de personas con actitudes dañinas o de mensajes grupales tóxicos. Siento muy en el fondo de mi corazón que la humanidad se está poniendo a prueba, albergo esperanzas de que todo esto lo superemos cuanto antes y salgamos de nuestro encierro con una pizca más de empatía hacia lo esencial de nosotros como individuos y sociedad. Se dice que en las situaciones límite las personas luminosas buscan soluciones; las grises, en cambio, se lanzan a la caza de culpables.

Cualquiera que se pasee por la prensa de medio mundo, y no hay nada más fácil en los tiempos que corren, comprobará que en todos los países ocurren situaciones similares. Nadie estaba preparado suficientemente para este virus. No hay más que mirar el desbordamiento de los hospitales en Francia, la falta de respiradores en Estados Unidos, las palabras tragadas por Boris Johnson o el indigno de Bolsonaro.

Se acusa a nuestros gobernantes de improvisar. ¡Menos mal que improvisan! ¿O es que algún partido político tenía en su programa electoral la lucha contra pandemias de virus desconocidos? No queda más que ir improvisando medidas en base a las recomendaciones de los científicos, que no dudo que ofrecen lo mejor de ellos estos días para acertar en el diagnóstico. Ahora toca vigilar que lo decidido es coherente y se aplica de la mejor manera. Ya vendrá el tiempo de rendir cuentas. Siempre ocurre en democracia.

Ayer, sin embargo, apareció una señora de Vox de apellido Olano para acusar al Gobierno de estar ejerciendo una eutanasia masiva, por la vía de los hechos, a nuestros ancianos.

A esta mujer no habría que denunciarla por delito de odio, sino por delito de maldad. Y si no existe, hay que cambiar el código penal.

domingo, abril 05, 2020

Estado

Qué mal ha sonado siempre este 'palabro': Estado. A muchos les sonaba arcaico, comunista, torticero, corrupto, invasivo, castrador, casposo...

Al hombre hay que dejarle libre en su individualidad. Que emprenda, que produzca, que cree, que invente... El Estado es la carga que todo lo quiere vampirizar, el que cercena y quita los recursos, la piedra que cualquier persona brillante tiene en los zapatos, la roca con la que todo currante tiene que cargar.

¡Cuántos liberales no han soñado con un país libre de Estado! Donde cada uno se pague su seguro sanitario privado, donde los impuestos se reduzcan al mínimo; un país sin subsidios ni ayudas. Ni 'paguitas'. Un país sólo de banderas. Que cada uno se curre su propio camino. ¡Que se mueran los feos!

Ahora viene un bicho diminuto y todos andan corriendo, empujando al de al lado, al grito de '¡a mí el Estado!', como cuando de pequeños venía la ola gigantesca en la playa y salíamos aterrorizados vociferando '¡Mamá!'

domingo, marzo 29, 2020

Enterados

En momentos de crisis, y vivimos una de proporciones bíblicas, se muestra el verdadero rostro de las personas. En su mayor parte, reacciones que se definen con adjetivos solidarios, humanos, de compasión, de fuerza, de espíritu de equipo. Pero también salen de sus cavernas los amargados que se relamen con los paisajes de color negro, con el agravante de que un individuo gris hace más ruido que veinte soles.

Son ellos los enterados, los que sabían todo lo que iba a pasar, los que acusan, los delatores. Son, están entre nosotros, los que critican una acción y la contraria, aquéllos que vieron en sus bolas mágicas mascarse la tragedia, pero se lo callaron. Los que escupen sin preguntar, los que amenazan sin interesarse por nada que no sea su propia verdad, construida de prepotencia y asco.

Cuando los que no podemos hacer mucho más que quedarnos en casa observamos la bravura con que todos los que tratan de salvar vidas se comportan, no veo mejor actitud que la de alabar los esfuerzos y aplaudir cada noche. No se nos pide más. No es momento de disparar a las pantorrillas de quienes tienen la responsabilidad de sacarnos de ésta.

Tenemos la suerte de vivir en un estado democrático donde, cuando las aguas vuelvan a su cauce, cada cual tendrá la oportunidad de ser juzgado.

miércoles, marzo 25, 2020

Vacío

Si escribo hoy es para mí. No he integrado una reflexión suficientemente elaborada que aporte nada nuevo a todo lo que he leído o escuchado en estos días surrealistas que vivimos. Me dejo llevar por la pandemia como un niño pequeño que abriese las puertas a un mundo de monstruos y payasos que no le permite cerrar la boca, asustado, divertido. Escandalizado. El niño duda hasta del suelo que pisa en ese nuevo universo al que ha tenido acceso, a pesar de comprobar que no está solo. Toda persona a la que ama está a ese otro lado también, pero no hay certezas. Busca la mirada de los demás para que alguien le guiñe el ojo, descubrir en alguna rendija el decorado, un infiltrado que le tranquilice confirmándole que todo está bajo control.

Todo va a pasar, es el lema recurrente en los luminosos. Todos los neones señalan claramente la dirección de salida. Esto es pasajero. Pero la puerta de salida no es la misma por la que el niño entró. No le pueden engañar. Todo es calma alrededor. Hay comida, hay risas, hay cariño. Sólo de vez en cuando se atraviesan imágenes de terror. 'Son desconocidos'.

¿Qué habrá tras esa puerta de salida? ¿Qué luz hará? ¿Cómo habremos digerido este espectáculo de feria? ¿Seremos más desconfiados o realmente mantendremos ese espíritu de risas? ¿Habrá un remolino de viento que nos engulla tras la calma? ¿Estará más despejado el horizonte?

Da miedo lo desconocido. Miro para atrás y ya no existe la puerta por la que entramos. Allí ya no hay nada. El juego es macabro y estamos dentro. Todo pasará, nos dicen. Vemos la puerta de salida. ¿Saldrá cara o cruz?