jueves, junio 05, 2025
Convencer
lunes, febrero 17, 2025
Gilipollas
viernes, diciembre 06, 2024
Respeto
Si analizo las escasísimas veces en las que Fran y yo nos hemos enfadado, seriamente, en más de veinte años, el uno con el otro, han tenido su origen siempre en la consideración de falta de respeto por parte de uno de los dos, sensación real que quizás no viniese, tal vez sí, de un acto de mala intención por parte del otro.
Es fundamental, para que una pareja funcione, que no se permitan trasvasar determinadas fronteras. Por mucho amor que exista, si esa barrera del absoluto respeto se atraviesa una vez y no hay reacción de la otra parte, volverá a cruzarse más veces y cada vez se llegará más lejos.
Si uno se siente ofendido, aunque el otro no lo vea ni lo entienda, debe escucharlo, porque ha tocado un punto de dolor al que no debe volver a recurrir.
El amor asienta sus bases en el respeto y la admiración.
sábado, agosto 03, 2024
Viaje a Turín
miércoles, abril 03, 2024
Autoridad
miércoles, marzo 06, 2024
feminista
martes, octubre 17, 2023
Intervenir
domingo, septiembre 10, 2023
Silencios
Los silencios son una forma avanzada de comunicación.
Compartir una tarde de pocas palabras con personas a las que quieres es una experiencia sanísima, desde el momento en que se deja de lado todo convencionalismo para dar paso a la fluidez de darse espacios de libertad sin perder la compañía.
Debe ser un mutismo voluntario, deseado por cada uno, flexible a la palabra, abierto a la interrupción.
Saber que está ahí, a tu lado, en sus cosas, navegando por mundos que tú conoces, porque cuando mejor funcionan los silencios es en terrenos en los que uno sabe del otro lo suficiente como para no tener urgencias en decirle nada.
Reposar la palabra para llegar a la cena en la que se dejan móviles a un lado, se mira a los ojos y preguntas.
—¿Qué tal la tarde?
miércoles, julio 19, 2023
Mezquino
domingo, noviembre 27, 2022
Maldición
jueves, septiembre 09, 2021
Impacientes
lunes, agosto 16, 2021
Toalla
martes, agosto 28, 2018
Respeto
A la muy manida frase de que viajar abre la mente es fácil darle sustancia cuando tienes la suerte de visitar Japón.
Convivir durante varios días con los habitantes de este país y recorrerte sus calles es una lección de vida sobre el margen de progresión que tenemos los occidentales en terrenos tan fundamentales como el respeto al prójimo.
Puede sonar a ciencia ficción, pero en diez días ni una sola persona, ya fuera hotelero, camarero, empleado de metro o ciudadano de a pie nos puso mala cara. No sólo eso, sino que todos se dirigen a ti con una sonrisa. Se respetan las colas de forma ordenada, se cede el paso a los mayores, no se arroja nada al suelo, no se escucha una sola conversación telefónica en el metro o en el tren, bien conectados a la red en todo momento, ¡no suena un móvil en los espacios públicos! Los baños están limpios, en los bares no se grita, se ofrecen a ayudarte en cuanto te ven dudar, no te cobran el billete si has cogido el trayecto equivocado en un autobús, se desviven si les preguntas algo.
Sí vimos a un chaval borracho tirar una lata al suelo, sí a una chica intentar robar un libro en una tienda de manga... No hay mundos perfectos mientras los habite el hombre, pero sí es posible organizarse en sociedad privilegiando el bienestar común.
Puedo sentir, a partir de anécdotas concretas, que son menos maduros en lo emocional o que tienen más limitadas sus capacidades para improvisar.
También a ellos, seguro, les viene muy bien viajar para encontrar otras maneras de entender este mundo inentendible.
Mi duda es si, cuando visitamos otros lugares, sabemos retener e integrar lo mejor de ellos. Si sabemos hacerlo con las defensas bajadas, abiertos a aprender, dispuestos a empatizar, animados por un espíritu de crecimiento personal.
Yo lo intento, y disfruto como un enano olvidándome de mí y de dónde vengo, sin temor a perder, aún, mis ganas infinitas de aprender.
miércoles, enero 10, 2018
Respeto
Eso me llevaba a tener que equilibrar mis fuerzas para no volverme un ser aislado, porque mi obsesión por no sufrir mofas me hacía necesariamente distante a bromas propias de los niños de mi edad. No sé cómo lo hacía, pero mi técnica funcionaba. Siempre estaba en el bando de los fuertes, protegido por mis propios compañeros. Había algo en mí que irradiaba una cierta luz de seguridad que me convertía en un chaval atractivo.
Todo lo que funciona se protege, se potencia, te estimula.
Me operaron la bizquera, me obsesioné con el deporte para abandonar al niño enclenque y crecí convencido de que en la fortaleza estaba la clave de mi vida equilibrada.
Dejé por el camino confidencias que me hubieran hecho más humano, pero lo daba por bueno para guardar mi torreón. Abandonar el castillo, la coraza y el escudo era escapar de esa figura que era yo para convertirme en alguien irreconocible. Uno no podia defraudar.
Afortunadamente los años me hicieron comprobar que había ganado mi sitio entre personas que me querían; cuando fui consciente de ello comencé a convencerme de que había mucha gente valiosa a mi lado a quienes les debía un relato construido de mis silencios de entonces.
Nunca, sin embargo, abandoné mi lema. Hazte respetar. Porque en el respeto a la persona, trabajoso de mantener, está la clave de mi existencia.
Puede llegar a ser jodido, pero no puedo ser yo sin ser fuerte. Mi felicidad va en ello.