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Mostrando entradas con la etiqueta Mentir. Mostrar todas las entradas
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domingo, diciembre 08, 2024

Málaga

Salí corriendo para entrar en el ascensor de El Corte Inglés de Sevilla antes de que cerrara.

Una mujer, que ya estaba dentro, sola, que no pudo anticipar mi llegada, ni me vio entrar, lanzó una frase a través de su teléfono.

—Acabo de llegar a Málaga, cariño.

Entonces, para su horror, giró la cabeza y me vio. Nos cruzamos la mirada y ella, una mujer hermosa en los 40, estuvo a punto de darme una explicación, como si yo tuviera derecho a meterme en su vida, pero, en cambio, miró al suelo y se calló.

Si yo hubiera sido el protagonista de alguna de mis novelas habría encontrado la forma de entablar una conversación, pero soy el escritor que las escribe y no tuve el valor de decirle que yo también he contado más de una vez que estoy donde no estoy.

miércoles, julio 24, 2024

Abuelo

La muerte de mi abuelo materno fue el primer episodio que me impresionó.

Yo tendría seis años.

Sobre todo me afectó la tristeza sin consuelo de mi madre.

Sin pensarlo, una tarde me acerqué a su habitación y me inventé una historia, porque no sabía como decirle que su dolor era también el mío.

—Mamá, ¿sabes qué? Hoy he soñado que jugaba con el abuelo.

Ella me abrazó y rompió a llorar. 

Nunca le dije que me lo inventé.

viernes, febrero 09, 2024

Católico

Llegado bien de mañana a Barcelona un domingo reluciente, me lancé a atravesar las Ramblas tras leer la prensa con un tazón de Cola-cao en el café Zurich.

Mis pasos me dirigieron, tras saludar a Colón, hacia la basílica de Santa María del Mar, pura poesía en piedra, un espacio austero de techos altísimos donde me senté a descansar mientras mis ojos iban por libre atisbando cada detalle.

Un intento fallido en el Museo Picasso, ¡cortaron la cola justo delante de mí!, me llevó a la plaza de la Catedral. 

Dos chicas impedían el paso a todo el que no entrase a misa, lo que no me desanimó. Con mis mejores palabras, les comenté que hacía años que no pisaba Barcelona, que me quedaría apenas un minuto al fondo del templo, sin hacer fotos. Ellas se miraron, sonriendo, con cara de decirse ¡vaya petardo de tío, la chapa que nos está dando!

Entonces, conocedor de la importancia que le doy al respeto, me hice, por un momento y por partida doble, mentiroso.

—Perdonad, pero voy a entrar, soy católico y he venido a rezar.

Y allí las dejé, tan ancho, mientras subía las escaleras camino de la Catedral.

jueves, abril 20, 2023

Rodolfo

A mí todos los Rodolfos me caen mal.

Es una frase que puede ser estrictamente cierta, porque a los dos Rodolfos que conozcas no los soportes, pero es perversa de raíz. Porque se eleva a la categoría de verdad absoluta lo que es una verdad particular.

Ésa es la base del populismo.

Conoces a dos catalanes engreídos y ya elevas a un axioma que todos son así, te encuentras con un asturiano desagradable y ya no los puedes ni ver. De ahí que haya quien aproveche la nacionalidad de un atracador, el nivel social de un maltratador o la orientación sexual de un energúmeno para difundir mensajes que malmeten contra colectivos completos.

Nos bombardean con historias disparatadas para hacernos creer en mil complots retorcidos, con el único objetivo de que perdamos la fé en la humanidad y tiremos por la borda todos los derechos adquiridos.

¿A quién le interesa que eso ocurra?, te puedes preguntar.

A quienes ya tienen el poder y los privilegios. Ésos nos quieren asustados, desconfiados e insolidarios para que a nadie se le antoje comerse su pastel.

viernes, marzo 31, 2023

Mentirijillas

Soy experto en mentirijillas que tienen mucho de verdad.

Traduzco sentimientos que veo en frases que no se dijeron, pero que ayudan a destensar relaciones. Ataco inseguridades de otros fingiendo que no veo determinadas cosas. Exagero indignaciones que no me afectan tanto como a otra gente que quiero. Insinúo situaciones que no se han dado, pero que son posibles.

Hay veces, muchas, en las que conviene dar un empujoncillo para atravesar el último metro.

Al decirle a alguien querido que lo ves mejor, sin verlo, le ayudas a que dé un paso adelante. 

Si confiesas que tienes a alguien en tu pensamiento más de lo que realmente lo está, puedes hacerle mucho bien, porque no hay persona que no quiera ser querida.

No pasa nada si alguien no me habla mal de ti y yo te digo que está encantado contigo. Así el día que os veáis habrá un buen rollo de partida.

jueves, noviembre 24, 2022

Versiones

Podría escribir tres veces la misma historia y contarla de forma tan diferente que pensaras que me la estoy inventando, pero las tres son verdaderas, solo que filtradas por los resquicios de mi memoria, mi estado de ánimo y mi experiencia vital en el momento en que te las narro.

No se miente cuando se cuentan cosas que no ocurrieron así, porque lo que pasó es imposible de describirse con total fidelidad a los hechos. Lo que para ti ocurrió un día caluroso, para otro sucedió un día que tenía una resaca insoportable y para otro aquello pasó poco después de la muerte de su padre.

La realidad del pasado siempre está deformada por nuestra memoria, que olvida cosas feas y encumbra momentos dulces que en su momento no lo fueron tanto.

De ahí que me guste escribir, para jugar a averiguar mi propio pasado convencido de que un día caluroso y con resaca, tras la muerte de mi padre, me dijiste que me querías.

miércoles, noviembre 23, 2022

Escaqueo

Con todo lo buen estudiante que siempre he sido, nunca perdí la ocasión de hacerme el enfermo para no ir a clase.

A veces ponía tal empeño que mi madre, aún confirmando con el termómetro que no tenía fiebre, se lo creía.

Esas mañanas metido en la cama, escuchando los movimientos de ella por la casa, la radio en la cocina, los sonidos desde el patio, no tenían precio.

No tenía problemas de integración en el colegio, ni me lo pasaba mal en el recreo, ni siquiera echaba de menos mi casa cuando estaba en clase pero, de vez en cuando, forzaba mi espíritu novelero y ponía cara de puchero al despertar, esperando el veredicto de mamá.

martes, enero 05, 2021

Agorero

El agorero no cree en la generosidad.

Todos, en algún momento, hemos pensado así. Incluso de nosotros mismos. Que cuando escuchas es porque quieres que te escuchen, que al sonreír lo que buscas son favores futuros. 

Lo terrible es pensarlo no ya siempre, sino a menudo.

Establecer como regla de interpretación de los actos humanos que detrás de cada uno de ellos hay un interés personal. Que incluso el amor que creemos puro no es sino miedo a la soledad futura. Que, aunque sea nuestro subconsciente quien nos dirija. queremos a crédito. 

Soy de los que alabo al ser humano en su imperfección, sé de las dificultades de vivir sin tacha. Aun así, niego la mayor, porque si yo creyese que toda generosidad viene marcada por el miedo me convertiría en alguien que no quiero ser.

Aunque sea mentira, o no del todo verdad, creo firmemente en nuestra capacidad de darnos porque sí. De regalar risas por hacer feliz al otro sin pensar en mí.

Quizás por eso huyo del pesimista, porque tienes razones fuertes para convencerme de maldades en las que yo nunca creeré.

lunes, octubre 05, 2020

Abuelo

A mi abuelo paterno lo perdí siendo muy chico.

Memorizo bien su cara, porque durante toda mi adolescencia un cuadro gigante de él, a carboncillo, presidió el salón de mi abuela. Él era practicante, y nos pinchaba cada vez que nos poníamos malos. Recuerdo con terror esa lata metálica con alcohol donde preparaba las inyecciones.

Sé que un día murió. De golpe. Yo querría morir así.

Fueron días dolorosos para mi madre y, por muy pequeño que yo fuera para entender, me causaba una congoja infinita verla llorar. Se encerraba en su habitación y lloraba.

Un día entré en su cuarto con una estrategia preparada. Caía ya la tarde, las luces estaban apagadas y yo me tumbé en su cama, junto a ella. Entonces me inventé una historia. Le dije que había soñado con el abuelo. Imagino que le narraría, conociéndome, una historia dulce y algo infantil.

Mi madre me acurrucó en sus brazos, me llenó de besos mojados y me agradeció que le hubiese contado mi sueño.

—Me ha gustado mucho —me dijo entre suspiros.

Ese día comprendí que mentir no era tan malo.