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lunes, octubre 05, 2026

Bola

Que 'La bola negra' me pareció algo sublime no implica que no respete a quien no le gustó.

Lo que sí me cuesta aceptar es ese afán de protagonismo de aquellos que quieren su minuto de gloria despotricando contra esta película: soporífera, interpretaciones impostadas, música terrible, guion deslavazado, pastiche homosexual, panfleto izquierdista, dirección anárquica. Todo en un mismo mensaje. Sí, he leído comentarios así. Y, en el caso que más me enfureció, venía de una persona del mundo de la cultura, que debería valorar, al menos, el oficio de crear.

¿Nada salvas de una película con esa enorme carga de emoción?

Es este un país de poner cero estrellas con rencor. Con cólera incluso. 

Esa extraña satisfacción contemporánea de destrozar.

La autora de aquella reseña presumía incluso de haber ido al baño en mitad de una de las escenas más hermosas.

Al baño se va antes de que se apaguen las luces.

No dejéis de verla. No va de bandos ni de guerras: va de amar.

Que falta nos hace.

jueves, noviembre 14, 2024

Serenidad

Tras leer dos de mis novelas y comentar mis textos durante años, dio la casualidad de que Rosa coincidió conmigo en su viaje a Roma con dos amigas granadinas, Encarni, puro nervio vitalista, y Maren.

Ella, malagueña de biografía dura, recién entrada en la sesentena, me reconoció rápido al encontrarme en nuestro lugar de encuentro de Piazza di Spagna, bajo una luz templada de noviembre.

Nos dimos un achuchón sincero.

Encontramos, tras varios intentos fallidos, un café donde instalarnos. Cuatro capuccinos y cuatro cornettos dieron para mucho. Tres mujeres libres me abrieron su corazón.

Hay quienes utilizan las redes sociales desde el rencor, y no saben lo que se pierden.

Maren, sanitaria que brega por casas de ancianos, de mirada tan cansada como curiosa, me dijo, cuando nos despedimos, algo que no olvidaré:

—Salva, transmites serenidad.

domingo, marzo 03, 2024

Rencor

Siempre he pensado que un poquito de rencor es bueno.

Que ejerza de memoria respecto a quienes me hicieron mucho daño, que los hubo. 

Me parece demasiado naif eso de olvidar traiciones y puñaladas.

No es cuestión de poner fotos en tu habitación a las que ir lanzando dardos antes de irte a dormir, sino de saber con quiénes no, nunca, a ningún lado.

Lluvia

Estoy seguro que que el hombre controlará que llueva lo preciso, donde sea necesario y a las horas en que no moleste.

Tanto como que dará con la técnica, individualizada, para eliminar el horroroso drama del cáncer de nuestra sociedad.

No tengo dudas de que encontrará la fórmula para producir alimentos suficientes para toda la población sin destrozar el planeta.

Lo que no tengo claro es si ese mismo hombre se matará antes a sí mismo en guerras de soberbia, ira y rencor.

jueves, diciembre 07, 2023

Afrentas

Si me preguntan por qué me cae tan mal una persona, me cuesta poner en pie las afrentas pasadas.

Soy de poco recordar los daños, pero de bien retener el desdén hacia quien alguna vez me hizo un feo, a mí o a gente querida.

Tanta es mi desmemoria que hay días en los que trato de limpiar la imagen de alguno de los que pertenecen a mi santoral de benditos demonios. Apago luces, pongo musiquita y ejercito la gimnasia de buscar qué me hizo separarme de ese individuo.

La mayoría de las veces cuesta, aunque, eso sí, casi siempre aparece ese momento maldito en el que me di cuenta de que no lo quería a mi lado ni con un millar de rosas.

lunes, noviembre 13, 2023

España

Por mucho que quiera no poner el telediario y mirar hacia otro lado, a mí me duele España.

Dejando a un lado ideologías, que todos tenemos, somos un país experto en tirarse los trastos a la cabeza, lleno de gente que reparte carnets de buenos y malos españoles. 

Entre los que se quieren ir y los que pretenden que todos seamos iguales. nos encontramos encerrados en una paranoia que nos impide centrarnos en los verdaderos problemas de la ciudadanía.

Tenemos todo para ser ejemplares, medio mundo sueña con tomar un avión y plantarse aquí, en este lugar del mundo donde nos empeñamos en atizarnos.

No sé dónde está la solución, ni si la hay. Los rencores vienen de siglos atrás.

Tenemos que viajarnos más, que escucharnos mejor, que empatizar con el otro, entender que nadie tiene toda la razón, que ninguna tierra es maldita, ni ningún idioma es agresivo. 

Debemos admirarnos más y señalarnos menos.

Si actuásemos con corazón, nadie querría echar a nadie, ni nadie se querría ir.


martes, febrero 28, 2023

Andalucía

A mí la palabra Andalucía me crea conflictos, porque la quiero tanto que me temo que me llamen nacionalista, y no lo soy.

No quiero banderas, ni fronteras, ni gente que se sienta extranjera en mi tierra.

Es complejo manejar los afectos hacia cosas que no existen, pero que están en nuestro corazón. 

Porque los países, las regiones, las ciudades no son sino inventos del ser humano para sentirse parte de una comunidad, al calorcito de unos colores que pensamos que nos definen.

Yo siento a Andalucía porque quiero a mi gente, a pesar de todo lo que no me guste de ella, y quiero a España por mucho que haya quienes me desesperen. 

Llevo mal eso de amar tanto a mi tierra queriendo ser universal.

Menos mal que Andalucía es el universo en el que todos cabéis, porque nací en una tierra donde todo el mundo es de aquí, mal que les pese a muchos de los que votan rencor.

domingo, febrero 19, 2023

Fred

Lo peor que se puede decir de una persona es que lo mejor que te ha ocurrido es separarte de ella.

Así me ocurrió con Fred.

Lo conocí nada más instalarme en París, en 2001. Pronto se instaló en mi vida y en mi casa. Yo no conocía a nadie en la ciudad y él me abrió las puertas de la sociedad francesa. Divertido, atractivo, inteligente, ese hombre me dedicaba palabras de amor deliciosas.

Meses después tuve que bajar un par de semanas a Sevilla, por un problema grave de salud en casa. Él no solo no me acompañó, sino que aprovechó para empezar otra relación que quiso mantener oculta.

La ruptura fue dolorosa.

Años después, cuando ya me movía por la ciudad como Pedro por su casa, se montó en el vagón de metro en el que yo viajaba. Nos enfrentamos palmo a palmo, a centímetros de distancia. Yo, sin responder a su saludo, esperé a que sonara el silbato para salir escopetado del tren, con las puertas cerrándose tras de mí.

Al llegar a mi apartamento el teléfono no dejaba de sonar. Era él. Le dejé hablar. Recriminaba mi actitud infantil por haber saltado así del vagón. Cuando por fin se calló, le expliqué, en la última conversación que jamás tendremos.

—¿Viste cómo salté del metro? Pues ya puedes imaginar lo que tú representas para mí.

viernes, diciembre 16, 2022

Independencia

Yo, a veces, me independizaría de España, si no fuera porque la quiero tanto. Un país en eterna pelea consigo mismo, experto en buscar problemas donde no los hay y en dejar sin resolver aquéllos que sí nos desbordan. 

Tenemos tanto potencial, a nivel de talento, de pasión por la vida, de condiciones climáticas, de historia, mezcla de culturas, situación geográfica, referentes, belleza, saber vivir.

Nos tiramos los trastos a la cabeza por la mínima. Ya no es ser de izquierdas o derechas, de Madrid o Barcelona, es cuestión de querernos, de quererse, de ver que podríamos ser la envidia del planeta y no dejamos de ser uno más de entre otros tantos.

domingo, septiembre 18, 2022

Calentón

No soy partidario de calentones con personas que ya no pertenecen a mi mundo. 

Gente que fue importante en mi vida y a la que pretendo tener aprecio por siempre. Amigos que lo fueron de verdad y ya no lo son, sin que la culpa sea de nadie.

Cuando las cosas se complican, en lo bueno y en lo malo, tendemos a echar en falta a aquellos que un día estuvieron, aunque ya no nos una sino un mensaje sincero de felicitación cada cumpleaños.

Esto de vivir es un cruce constante de caminos y no siempre vamos acompañados de las mismas personas, afortunadamente. A muchas de ellas acabas encontrándotelas en lugares comunes, a otras les pierdes la pista para siempre. Es normal.

Siempre hay alguien que lucha más por que el hilo no se rompa, es complicado que coincida el tiempo en el que dos personas se dejan de querer.

Lo que pasa es que ocurre y asumirlo es la mejor manera de no sufrir.

No vale cabrearse con quien ya se fue.

Se llama madurez.

sábado, agosto 27, 2022

Rabia

Son muchas veces las que he escrito para hacer ver lo mal que me sentó tal o cual cosa de alguien. Termino el texto, lo repaso e incluso le busco la pintura adecuada para ese tema. Sólo queda publicarlo a las cinco de la tarde.

Luego pienso en ese alguien, por lo general una persona querida, y lo borro. No quiero ofender a quien quiero, aunque esa reflexión hable de un anónimo cara a los demás.

Lo cierto es que me hace mucho bien poner palabras a las actitudes que me molestan, a los daños que me hicieron, a la rabia que un día sentí. Una vez que lo escupo con unas líneas, trabajadas, reflexionadas y releídas, me siento mejor, liberado de una carga que arrastraba sin saber, justo hasta que apareció ese fogonazo que me hizo recordar que hubo un día en el que me sentí herido.

Las malos rollos hay que aclararlos en su momento, cara a cara. De otra manera, el daño lo hago yo.

martes, febrero 15, 2022

Desaparecer

Saber desaparecer es un arte, cuando ya no te quieren.

Y a todos ha dejado de querernos alguien alguna vez, por culpa nuestra, de ellos, o del mundo.

Con dolor o indiferencia, pero hay que acertar para encontrar el momento en el que decir el adiós definitivo.

Lo más complicado es cuando no sabes por qué, cuando de un día para otro no te miran con los mismos ojos, ni ríen tu forma de contar las cosas, ni te llaman para saber qué tal estás.

Me ha pasado en varias ocasiones, sobre todo en épocas tempranas de la vida en las que todo necesita una explicación para no volverte un erizo.

Es quizás por eso, porque uno sabe del dolor, por lo que necesito aclarar qué es lo que me hizo un día darme cuenta de que ya no significabas lo mismo para mí. Porque me hiciste esto, dijiste aquello y te comportaste así.

Las relaciones, de cualquier tipo, hay que romperlas con gallardía. No por lo que te importa ahora, sino por lo mucho que lo hizo entonces.

jueves, diciembre 23, 2021

Confianza

Hace cinco años una persona, muy querida por entonces, comenzó a huir de mí.

Cuando la invitaba a casa tenía un viaje, si salíamos por su barrio, ya había quedado, cuando organizaba un evento respondía una vez que éste se había celebrado. Todo parecía natural porque siempre llevó una vida muy intensa.

Sin embargo, el tiempo pasaba y algo no cuadraba. ¿Por qué me rehuía?

Los años de confinamiento le impedían decirme que andaba fuera de Sevilla. Así que insistí durante esos meses, hasta que quedamos para tomar un café.

-No me pagaste un billete de avión -me dijo, ante mi estupor.

Yo volví cinco años atrás, recordaba el viaje. Busqué en mi cuentas bancarias, sus emails, los wasaps. Cierto. No le hice la transferencia. Insistía en que me lo había escrito varias veces, pero todo estaba registrado. Me pasó el número de cuenta y a mí se me pasó. Nunca volvió a recordármelo. Por esos días mi padre estaba gravemente enfermo y se me pasó.

Se me pasó. No puedo fustigarme ni maldecirme. Se me pasó.

Inmediatamente le pagué el dinero del billete, pero lamenté amargamente que hubiera tenido ese concepto de mí durante tanto tiempo. De un tacaño aprovechado. Me acusó y sentenció sin darme la oportunidad del olvido. Frustró una amistad de diez años por no decirme, 'Salva, no me hiciste la transferencia'.

La deuda está saldada, pero ya no puedo confiar en quien desconfía tan gravemente de mí.

lunes, noviembre 22, 2021

Segundas

Yo siempre me he alegrado de dar segundas oportunidades, a pesar de la mala fama que tienen.

Hacer la cruz es humano, a personas, a lugares y a eventos con los que decides que no te merece la pena ya relacionarte, bien porque te hayan hecho daño, porque te aburran o tan sólo porque quieres evolucionar.

Dejar atrás aquello que no te aporta es de personas inteligentes, y así me considero yo.

La cuestión es cuándo debemos considerar que tenemos que dar ese portazo definitivo.

En los últimos años me he ocupado de buscar ese terreno de reconciliación en el que comprobar si realmente hice bien en cortar por lo sano relaciones que en su momento me parecieron imprescindibles y me ha resultado muy placentera la experiencia. Llamar a ese amigo que tenía en Alemania para decirle que me llamase en su siguiente visita a Sevilla, acudir a esa cena que se te hacía pesadísima años atrás, volver a interesarte por aquella pareja que me prometí no volver a ver.

Son segundas oportunidades que, deparando alguna sorpresa positiva, me confirman que hice bien en su momento, pero que me reconfortan el alma al cerrar la puerta dando un beso y deseando de corazón que le vaya bonito a quien se despide de ti al otro lado.

Nos merecíamos ese beso.

miércoles, noviembre 17, 2021

Posicionamiento

Si mañana me posicionara políticamente con uno de mis textos, perdería a buena parte de mis lectores.

El juego de la gestión pública se ha enfangado tanto que se ha perdido la libertad para expresarse sin que te señalen. En ese terreno todos los insultos están permitidos, todos los odios, prejuicios y rencores.

Contrastar formas de ver cómo la sociedad tiene que gobernarse debería ser un ejercicio bonito de participación, donde cada cual pudiese expresar su manera de comprender el mundo y, al mismo tiempo, escuchase cómo el otro lo haría.

Porque la política, en sí, es preciosa. Es la ciencia que analiza la organización de la sociedad. Cuáles son los pros y los contras de optar por una determinada opción respecto a todos los aspectos de la vida. 

A mí me hubiese gustado que posicionarse no implicase colocarse en un búnker, sino defender unos principios que no tienen por qué ser los certeros, porque estoy convencido de que no hay verdades absolutas en la política, salvo las básicas que todo demócrata debe defender: los derechos humanos, la libertad de expresión y el voto igualitario.

Yo querría saber cómo piensas tú, no para confirmar si estás en mi tribu, sino para conocerte mejor.

martes, octubre 26, 2021

Pegas

Si es cuestión de poner pegas, no se salva ni el Tato.

Ni nosotros mismos, muchas veces, nos aguantamos, ¿qué sentido tiene ser exigente con las perfecciones de los demás?

Cierto es que los años nos van arrimando a personas con las que tenemos más afinidades, tanto como que con ese paso del tiempo son más y más los que se meten en sus cuevas, refugio de sus soledades. La vida apalea y no todos están dispuestos a librar batallas innecesarias, así que van renunciando a todo lo que no sea vivir en su agujero, en muchas ocasiones tras convertir en apestados a todos aquellos que alguna vez, aunque sea en su percepción tremenda de las cosas, les fallaron.

No hay nadie cercano, nadie, que no me haya fallado una, dos y tres veces. No soy partidario de poner cruces, porque pocas cosas son tan graves, porque yo soy el primero que en multitud de ocasiones no estuve a la altura.

Porque sé distinguir el error del desprecio.

Soy un fiel defensor del perdón de despistes, malas caras y gruñidos varios de la gente a la que quiero.

Se les dice 'esto no me gusta de ti' porque 'me gusta ser tu amigo'.

 

viernes, febrero 05, 2021

Perdón

Cuando se perdona, se perdona.

No valen perdones de boquilla. 

Uno no cuelga en el ropero una camisa con una mancha que ya no puede quitar. Porque no se la va a poner. Pero ha tenido que poner detergente en la lavadora si realmente quería dejarla limpia.

Al decidir pasar página hay que hacerlo de verdad, con el esfuerzo que requiere asumir que en el futuro no vas a tirar del repertorio de traiciones sufridas para defenderte.

Perdonar es un acto de grandeza si se hace de verdad. Es un ejercicio que, sin implicar olvido, es más sano para el que lo ejecuta que para el supuesto beneficiado.

Al exculpar a alguien estamos indultándonos nosotros, porque hacerlo implica mirar muy dentro y ver que nosotros también fuimos puñeteros, rencorosos, impertinentes y traicioneros. Excusas con generosidad al otro también porque conoces tus propias fragilidades.

Yo trato de perdonarlo todo, de corazón, salvo la maldad. 

A esa mancha no le echo detergente.

sábado, noviembre 07, 2020

Elegancia

El ser humano posee el privilegio de lo sutil.

Tenemos mil oportunidades de practicarlo a diario, en pequeñas dosis, y no lo hacemos lo suficiente. Somos bruscos la mayoría de las veces. 

La sutileza va unida a la paciencia.

A mirar bien lejos. No se asciende en un trabajo a base de menospreciar la tarea del otro, sino apoyándola y demostrando cada día que tú estás ahí y resuelves. No se trajina una amistad por aceptar una solicitud en Facebook, sino prestando atención real a quien te interesa. 

Es más fácil aconsejar que dar ejemplo.

Lo sutil es elegancia.

Saber posicionarte frente al mundo sin dañar, encontrar caminos para mostrar afecto que no sólo sean corazones en Whatsapp, buscar momentos tontos para decir aquí me tienes.

Este viaje es largo, por mucho que parezca que se nos escape, y los compañeros de excursión no se ganan en un día.

Lo sutil es generosidad.

Es no pretender ganar partidas ni entender la vida como una competición. Es no llevar las cuentas de agravios, sino actuar por cómo eres tú. No por cómo tú piensas que los demás se merecen que tú actúes.

La sutileza es enemiga de rupturas salvajes, de rencores permanentes, de palabras huecas, de lamentos a gritos. Cuando se vive con elegancia te alejas de lo negro sin hacer ruido, te rodeas de ángeles que te aceptan, te organizas los días sin justificaciones, te paseas por el mundo sin mirar para atrás.

Podemos ser así.

jueves, febrero 01, 2018

Chií

Al entrar en la mezquita principal del Gran Bazar de Teherán, Hamid quiso explicarme el sentido de una vieja fuente que aparecía tras cruzar la puerta.

-Kerbala es una ciudad iraquí que es santa para los chiíes. Allí murió nuestro tercer mártir, torturado por el enemigo. 
Al mártir lo mataron de deshidratación y los chiíes colocan una fuente en cada mezquita, a la que nunca puede faltarle el agua. Entendí, ya en ese momento, que el enemigo era el suní. Más que el cristiano o el judío, el enemigo siempre es el más cercano.
Ya dentro del templo, nos quitamos los zapatos y él tomó una especie de pastilla de jabón dura, marrón. Dudé si coger una… Ya fuera le pregunté el sentido de esa pieza, tras ver que chocaban su frente contra ella al inclinarse sobre la moqueta.
-Los chiíes, Salvador, no podemos tocar la moqueta sagrada con la cabeza. 
Por si no me quedó claro, prosiguió:
-Los suníes sí la tocan-
Una vez en el museo islámico, mostró interés en llevarme a la sala de los manuscritos, preciosos libros amanuenses de colores, hasta dar con el libro buscado.
-Es del siglo XII –comenzó, se trataba de un mapa-. ¿Conoces el conflicto acerca del nombre del Golfo?
Lo preguntó con tal rotundidad que me avergonzó reconocer que no.
-Sí, ellos dicen que es el Golfo Arábigo –los suníes-, pero aquí está bien claramente escrito –en persa- que ése es el Golfo Pérsico –asentí, entregado a la causa chií.
Fue entonces cuando nos acercamos a la vitrina con el original de uno de los más famosos cuentos persas, el del príncipe Rostám.
-¿Quieres que te lo cuente?
Moría por escucharlo.
‘Rostám era un príncipe famoso por su fuerza y valor, ya mató un elefante de pequeño. De joven, aventurero, cruzó a caballo la frontera con territorio turco y se enamoró de la princesa enemiga, con quien tuvo un hijo, Sohrab. Con el tiempo volvió a territorio iraní, abandonando a su familia. Y llegó la Guerra con el vecino del norte. Las fuerzas estaban tan igualadas que acabó interviniendo él, montado a caballo y con armadura. Frente a Rostám, sin poder imaginarlo, estaba su  hijo. Sohrab lo hirió primero, sin saber que era el padre, que se repuso. Entonces cargó contra el turco, sospechando ya que pudiera ser su hijo. Lo malhirió. Pidió, angustiado, que le quitaran la coraza. Se derrumbó al ver la cara de su hijo repudiado. Gritó ayuda a los suyos, medicinas… Pero murió en sus brazos antes de que pudieran llegar’.
Me dice Hamid que hay un proverbio iraní para lamentar las oportunidades perdidas. ‘Son las medicinas de Sohrab’.
Sohrab era turco, pero pudo ser suní.

jueves, mayo 05, 2016

Incendios

Jugar al límite es una opción vital por la que ciertas personas optan en su relación con los demás.

Se trataría de establecer una continua medición de fuerzas con el otro, de forma que cada momento en que hay un contacto con alguien cercano el susodicho saca el cronómetro, la balanza, el libro de notas y la cámara de fotos para controlar cómo de bien, rápido y pasionalmente ha actuado cada uno frente al otro, para anotarlo con todo lujo de detalles en el cuaderno de sus recelos.

Yo era así de joven.

Son individuos excesivamente exigentes consigo mismos, por lo general, que aplican a los demás el mismo nivel de severidad en la evaluación del otro, sin comprender que la vida no es una competición ni hay medallas que repartir al final del camino. Suele ser gente interesante, con muchos valores que, sin embargo, no empatizan con las virtudes que no le son propias.

Si uno al madurar no se aplica el cuento de quitarse de encima estos comportamientos infantiles corre el riesgo de convertirse en un incendiario dedicado a regodearse en el reproche, especialista en ver en los demás el labio seco pero no la mirada brillante, incapaz de disfrutar de la parte luminosa de su pareja para centrarse en las lavadoras no puestas y los cumpleaños no felicitados por sus amigos.

Estas personas, de cuya secta salí hace tiempo, te lanzan a la cara sus frustraciones de analfabeto emocional para hacerte reaccionar, con la torpeza de quien lo hace en la creencia de ayudarte a ser mejor. Te calientan con frases irónicas, comparaciones basadas en medias verdades y autoflagelaciones que muestran cómo ellos sí son de raza; si se pasan de frenada en sus reconvenciones, son especialistas en lanzarse en tromba a apagar el incendio con una sonrisa, seguramente sincera.

Llega el día en que los amigos juzgados prefieren dejar de dar explicaciones de sus propias flaquezas y vuelven la cara a quien hubo un día que vieron desnudo de prejuicios.