lunes, octubre 05, 2026
Bola
jueves, noviembre 14, 2024
Serenidad
Tras leer dos de mis novelas y comentar mis textos durante años, dio la casualidad de que Rosa coincidió conmigo en su viaje a Roma con dos amigas granadinas, Encarni, puro nervio vitalista, y Maren.
Ella, malagueña de biografía dura, recién entrada en la sesentena, me reconoció rápido al encontrarme en nuestro lugar de encuentro de Piazza di Spagna, bajo una luz templada de noviembre.
Nos dimos un achuchón sincero.
Encontramos, tras varios intentos fallidos, un café donde instalarnos. Cuatro capuccinos y cuatro cornettos dieron para mucho. Tres mujeres libres me abrieron su corazón.
Hay quienes utilizan las redes sociales desde el rencor, y no saben lo que se pierden.
Maren, sanitaria que brega por casas de ancianos, de mirada tan cansada como curiosa, me dijo, cuando nos despedimos, algo que no olvidaré:
—Salva, transmites serenidad.
domingo, marzo 03, 2024
Rencor
Siempre he pensado que un poquito de rencor es bueno.
Que ejerza de memoria respecto a quienes me hicieron mucho daño, que los hubo.
Me parece demasiado naif eso de olvidar traiciones y puñaladas.
No es cuestión de poner fotos en tu habitación a las que ir lanzando dardos antes de irte a dormir, sino de saber con quiénes no, nunca, a ningún lado.
Lluvia
Estoy seguro que que el hombre controlará que llueva lo preciso, donde sea necesario y a las horas en que no moleste.
Tanto como que dará con la técnica, individualizada, para eliminar el horroroso drama del cáncer de nuestra sociedad.
No tengo dudas de que encontrará la fórmula para producir alimentos suficientes para toda la población sin destrozar el planeta.
Lo que no tengo claro es si ese mismo hombre se matará antes a sí mismo en guerras de soberbia, ira y rencor.
jueves, diciembre 07, 2023
Afrentas
lunes, noviembre 13, 2023
España
martes, febrero 28, 2023
Andalucía
A mí la palabra Andalucía me crea conflictos, porque la quiero tanto que me temo que me llamen nacionalista, y no lo soy.
domingo, febrero 19, 2023
Fred
Lo peor que se puede decir de una persona es que lo mejor que te ha ocurrido es separarte de ella.
Así me ocurrió con Fred.
Lo conocí nada más instalarme en París, en 2001. Pronto se instaló en mi vida y en mi casa. Yo no conocía a nadie en la ciudad y él me abrió las puertas de la sociedad francesa. Divertido, atractivo, inteligente, ese hombre me dedicaba palabras de amor deliciosas.
Meses después tuve que bajar un par de semanas a Sevilla, por un problema grave de salud en casa. Él no solo no me acompañó, sino que aprovechó para empezar otra relación que quiso mantener oculta.
La ruptura fue dolorosa.
Años después, cuando ya me movía por la ciudad como Pedro por su casa, se montó en el vagón de metro en el que yo viajaba. Nos enfrentamos palmo a palmo, a centímetros de distancia. Yo, sin responder a su saludo, esperé a que sonara el silbato para salir escopetado del tren, con las puertas cerrándose tras de mí.
Al llegar a mi apartamento el teléfono no dejaba de sonar. Era él. Le dejé hablar. Recriminaba mi actitud infantil por haber saltado así del vagón. Cuando por fin se calló, le expliqué, en la última conversación que jamás tendremos.
—¿Viste cómo salté del metro? Pues ya puedes imaginar lo que tú representas para mí.
viernes, diciembre 16, 2022
Independencia
domingo, septiembre 18, 2022
Calentón
No soy partidario de calentones con personas que ya no pertenecen a mi mundo.
Gente que fue importante en mi vida y a la que pretendo tener aprecio por siempre. Amigos que lo fueron de verdad y ya no lo son, sin que la culpa sea de nadie.
Cuando las cosas se complican, en lo bueno y en lo malo, tendemos a echar en falta a aquellos que un día estuvieron, aunque ya no nos una sino un mensaje sincero de felicitación cada cumpleaños.
Esto de vivir es un cruce constante de caminos y no siempre vamos acompañados de las mismas personas, afortunadamente. A muchas de ellas acabas encontrándotelas en lugares comunes, a otras les pierdes la pista para siempre. Es normal.
Siempre hay alguien que lucha más por que el hilo no se rompa, es complicado que coincida el tiempo en el que dos personas se dejan de querer.
Lo que pasa es que ocurre y asumirlo es la mejor manera de no sufrir.
No vale cabrearse con quien ya se fue.
Se llama madurez.
sábado, agosto 27, 2022
Rabia
Son muchas veces las que he escrito para hacer ver lo mal que me sentó tal o cual cosa de alguien. Termino el texto, lo repaso e incluso le busco la pintura adecuada para ese tema. Sólo queda publicarlo a las cinco de la tarde.
Luego pienso en ese alguien, por lo general una persona querida, y lo borro. No quiero ofender a quien quiero, aunque esa reflexión hable de un anónimo cara a los demás.
Lo cierto es que me hace mucho bien poner palabras a las actitudes que me molestan, a los daños que me hicieron, a la rabia que un día sentí. Una vez que lo escupo con unas líneas, trabajadas, reflexionadas y releídas, me siento mejor, liberado de una carga que arrastraba sin saber, justo hasta que apareció ese fogonazo que me hizo recordar que hubo un día en el que me sentí herido.
Las malos rollos hay que aclararlos en su momento, cara a cara. De otra manera, el daño lo hago yo.
martes, febrero 15, 2022
Desaparecer
Saber desaparecer es un arte, cuando ya no te quieren.
Y a todos ha dejado de querernos alguien alguna vez, por culpa nuestra, de ellos, o del mundo.
Con dolor o indiferencia, pero hay que acertar para encontrar el momento en el que decir el adiós definitivo.
Lo más complicado es cuando no sabes por qué, cuando de un día para otro no te miran con los mismos ojos, ni ríen tu forma de contar las cosas, ni te llaman para saber qué tal estás.
Me ha pasado en varias ocasiones, sobre todo en épocas tempranas de la vida en las que todo necesita una explicación para no volverte un erizo.
Es quizás por eso, porque uno sabe del dolor, por lo que necesito aclarar qué es lo que me hizo un día darme cuenta de que ya no significabas lo mismo para mí. Porque me hiciste esto, dijiste aquello y te comportaste así.
Las relaciones, de cualquier tipo, hay que romperlas con gallardía. No por lo que te importa ahora, sino por lo mucho que lo hizo entonces.
jueves, diciembre 23, 2021
Confianza
Hace cinco años una persona, muy querida por entonces, comenzó a huir de mí.
Cuando la invitaba a casa tenía un viaje, si salíamos por su barrio, ya había quedado, cuando organizaba un evento respondía una vez que éste se había celebrado. Todo parecía natural porque siempre llevó una vida muy intensa.
Sin embargo, el tiempo pasaba y algo no cuadraba. ¿Por qué me rehuía?
Los años de confinamiento le impedían decirme que andaba fuera de Sevilla. Así que insistí durante esos meses, hasta que quedamos para tomar un café.
-No me pagaste un billete de avión -me dijo, ante mi estupor.
Yo volví cinco años atrás, recordaba el viaje. Busqué en mi cuentas bancarias, sus emails, los wasaps. Cierto. No le hice la transferencia. Insistía en que me lo había escrito varias veces, pero todo estaba registrado. Me pasó el número de cuenta y a mí se me pasó. Nunca volvió a recordármelo. Por esos días mi padre estaba gravemente enfermo y se me pasó.
Se me pasó. No puedo fustigarme ni maldecirme. Se me pasó.
Inmediatamente le pagué el dinero del billete, pero lamenté amargamente que hubiera tenido ese concepto de mí durante tanto tiempo. De un tacaño aprovechado. Me acusó y sentenció sin darme la oportunidad del olvido. Frustró una amistad de diez años por no decirme, 'Salva, no me hiciste la transferencia'.
La deuda está saldada, pero ya no puedo confiar en quien desconfía tan gravemente de mí.
lunes, noviembre 22, 2021
Segundas
miércoles, noviembre 17, 2021
Posicionamiento
martes, octubre 26, 2021
Pegas
Si es cuestión de poner pegas, no se salva ni el Tato.
Ni nosotros mismos, muchas veces, nos aguantamos, ¿qué sentido tiene ser exigente con las perfecciones de los demás?
Cierto es que los años nos van arrimando a personas con las que tenemos más afinidades, tanto como que con ese paso del tiempo son más y más los que se meten en sus cuevas, refugio de sus soledades. La vida apalea y no todos están dispuestos a librar batallas innecesarias, así que van renunciando a todo lo que no sea vivir en su agujero, en muchas ocasiones tras convertir en apestados a todos aquellos que alguna vez, aunque sea en su percepción tremenda de las cosas, les fallaron.
No hay nadie cercano, nadie, que no me haya fallado una, dos y tres veces. No soy partidario de poner cruces, porque pocas cosas son tan graves, porque yo soy el primero que en multitud de ocasiones no estuve a la altura.
Porque sé distinguir el error del desprecio.
Soy un fiel defensor del perdón de despistes, malas caras y gruñidos varios de la gente a la que quiero.
Se les dice 'esto no me gusta de ti' porque 'me gusta ser tu amigo'.
viernes, febrero 05, 2021
Perdón
Cuando se perdona, se perdona.
No valen perdones de boquilla.
Uno no cuelga en el ropero una camisa con una mancha que ya no puede quitar. Porque no se la va a poner. Pero ha tenido que poner detergente en la lavadora si realmente quería dejarla limpia.
Al decidir pasar página hay que hacerlo de verdad, con el esfuerzo que requiere asumir que en el futuro no vas a tirar del repertorio de traiciones sufridas para defenderte.
Perdonar es un acto de grandeza si se hace de verdad. Es un ejercicio que, sin implicar olvido, es más sano para el que lo ejecuta que para el supuesto beneficiado.
Al exculpar a alguien estamos indultándonos nosotros, porque hacerlo implica mirar muy dentro y ver que nosotros también fuimos puñeteros, rencorosos, impertinentes y traicioneros. Excusas con generosidad al otro también porque conoces tus propias fragilidades.
Yo trato de perdonarlo todo, de corazón, salvo la maldad.
A esa mancha no le echo detergente.
sábado, noviembre 07, 2020
Elegancia
jueves, febrero 01, 2018
Chií
jueves, mayo 05, 2016
Incendios
Se trataría de establecer una continua medición de fuerzas con el otro, de forma que cada momento en que hay un contacto con alguien cercano el susodicho saca el cronómetro, la balanza, el libro de notas y la cámara de fotos para controlar cómo de bien, rápido y pasionalmente ha actuado cada uno frente al otro, para anotarlo con todo lujo de detalles en el cuaderno de sus recelos.
Yo era así de joven.
Son individuos excesivamente exigentes consigo mismos, por lo general, que aplican a los demás el mismo nivel de severidad en la evaluación del otro, sin comprender que la vida no es una competición ni hay medallas que repartir al final del camino. Suele ser gente interesante, con muchos valores que, sin embargo, no empatizan con las virtudes que no le son propias.
Si uno al madurar no se aplica el cuento de quitarse de encima estos comportamientos infantiles corre el riesgo de convertirse en un incendiario dedicado a regodearse en el reproche, especialista en ver en los demás el labio seco pero no la mirada brillante, incapaz de disfrutar de la parte luminosa de su pareja para centrarse en las lavadoras no puestas y los cumpleaños no felicitados por sus amigos.
Estas personas, de cuya secta salí hace tiempo, te lanzan a la cara sus frustraciones de analfabeto emocional para hacerte reaccionar, con la torpeza de quien lo hace en la creencia de ayudarte a ser mejor. Te calientan con frases irónicas, comparaciones basadas en medias verdades y autoflagelaciones que muestran cómo ellos sí son de raza; si se pasan de frenada en sus reconvenciones, son especialistas en lanzarse en tromba a apagar el incendio con una sonrisa, seguramente sincera.
Llega el día en que los amigos juzgados prefieren dejar de dar explicaciones de sus propias flaquezas y vuelven la cara a quien hubo un día que vieron desnudo de prejuicios.