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miércoles, marzo 08, 2023

Discriminación

Para entender la discriminación de la mujer no hace falta más que haber vivido.

No importa en qué familia, en qué barrio o en qué país. 

Por supuesto que hay grados, claro que hay avances. Muchos. No tengo más que echar la vista atrás para imaginar ese mundo de hace cincuenta años, cuando no existían mujeres en la mayoría de oficios, cuando era raro en el cole tener un compañero con los padres divorciados, porque en el matrimonio se aguantaban carros y carretas, tiempos en los que las niñas no tenían referentes en los que proyectarse si querían ser científicas, empresarias o deportistas.

Claro que como sociedad hemos conseguido avanzar para facilitar las cosas a la mitad de la población. Ese cincuenta por ciento que asume en gran parte el cuidado de los hijos, de los viejos, de los enfermos, que se preocupa de la casa, de la comida, de la ropa. 

Sí, claro que hay hombres que contribuyen. El problema es ese, que contribuyen. Como si determinadas facetas del vivir recayeran de forma natural en la mujer y el hombre hiciera un favor por echar un cable.

Recuerdo el enfado de mi amiga Irene cuando su chico le decía, tras comer:

Ya te he lavado los platos.

¿Me has lavado los platos? ¿Qué tengo yo, platos colgados de las orejas o me salen platos de la barriga?

Muchos hombres tienen aún el cerebro programado para pensar que al hacer tareas domésticas están haciendo un favor.

Es más fácil ser brillante cuando tu única preocupación eres tú.

sábado, marzo 05, 2022

Mujer

La mujer siempre lo tiene más difícil, tome el camino que tome.

Si decide trabajar, descuida a su familia, si decide cuidar de la casa, es una inútil. Si se emplea a fondo en su profesión, es una mala madre, si pide jornadas reducidas para atender a los hijos, es una escaqueada. Si decide no tener niños, no es mujer del todo, si decide tenerlos es para cubrir una carencia. Si es lesbiana, es una marimacho, si quiere vivir soltera es una frígida, si le apetece una vida sexual sin restricciones, es una puta.

Si cambiamos de género, todos esos calificativos se convierten en cualidades cuando se trata del hombre.

Aún queda mucho por recorrer.

Soy uno de vosotras.

lunes, noviembre 01, 2021

Jefa

Llegamos a la fábrica de Renault en Casablanca bien temprano.

Nos recibieron los jefes a la entrada y nos explicaron cuál era la situación de la producción, al tiempo que nos invitaron a entrar en los talleres. Tras haberla visitado varias veces, recorrimos acompañados de nuestros anfitriones las líneas de fabricación. Es allí que nos presentaron a la mujer que se ocupaba del análisis de los problemas técnicos en los motores.

Bonjour, messieurs nos saludó, con el velo cubriendo su cabello.

Nos llevó a su zona de trabajo y nos explicó con todo lujo de detalles la razón de nuestra visita. Con palabras claras e impecables argumentos técnicos. Sus compañeros danzaban alrededor pero era ella, la de menor rango en el escalafón, quien llevaba la voz cantante. 'Tú, trae esto', 'tú, busca el plano', 'tú, enséñales la pieza', 'tú, acompáñales a la máquina donde tenemos el problema'.

La resolución hecha mujer.

Nos despidieron, a la salida de la fábrica, todos los jefes. Todos hombres.

sábado, octubre 30, 2021

Agostini

Yo aprendí francés con Planeta-Agostini.

Era un chaval y bajaba cada semana a comprar un fascículo. ¡Hasta 96! Y me los estudiaba todos. Con un casete. 'Écoutez-Répétez'. Yo escuchaba y repetía las veces que hiciera falta.

Lo fui mejorando leyendo a Anna Gavalda, Amélie Nothomb, Françoise Sagan... o escuchando a Zazie. Siempre las mujeres para facilitarme el camino.

Así que cuando me fui a vivir a París con treinta y tantos años, mi francés era muy académico.

Mi amigo David, en cambio, se encontró con el idioma de sopetón. Renault lo contrató y lo envió a Francia, donde nos conocimos, sin saber ni papa de francés. De modo que lo aprendió en la calle, en charlas de café, en bares de copas.

Cuando nuestra 'mamá francesa' Brigitte nos invitaba a su casa a comer, casi a diario, nos decía que parecía tener sentados en la mesa a un pijo de clase alta y a un antisistema del extrarradio.

¡David! —interrumpía ella.

Le corregía a cada momento por los tacos, las expresiones malsonantes y las barbaridades que decía, sin él ser consciente. Se limitaba a repetir lo que escuchaba.

En París conocimos una noche a una francesita divertidísima, que hablaba el español tal como David hablaba el francés. Estaba enamorada de España. Tanto es así que encontró trabajo en Valencia. En la última entrevista antes de contratarla, le preguntaron:

Estamos interesados en ficharte, pero tenemos dos posibles puestos y nos gustaría saber cuál es el que preferirías.

A lo que ella respondió, en su español callejero:

A mí me la trae floja.

Y se fue a Valencia.

domingo, octubre 10, 2021

Hombre

Mi espíritu idealista es reacio a admitir diferencias de base entre el hombre y la mujer, porque he conocido todo tipo de perfiles en los dos géneros y me cuesta admitir una determinada predisposición hormonal que marque los comportamientos. 

Es un hecho que hay más ingenieros que ingenieras, o más médicas o enfermeras que hombres ejerciendo esas profesiones.

Hay más querencia, en general, del hombre por lo tangible, lo material, y de las mujeres por lo humano, lo emocional. 

Será por eso que me siento más cómodo entre mujeres, sin tener por ello que renegar de mi masculinidad. 

No sé cuánto hay de educativo, de gestos aprendidos, de 'solucionable', imagino que mucho, pero la castración emocional en la que se desprecia lo sensible hace un flaco favor al hombre. 

Sé que hay muros que caen y muchos más que caerán, pero mi tiempo pasa rápido y no quiero invertirlo en gente que tienen que beber tres whiskies para decirte lo que sienten.

lunes, febrero 08, 2021

Varonil

El hombre más varonil es el que trata a la mujer con respeto.

Si la virilidad se entiende como valentía, ¿qué más valiente que saberse vulnerable? Si se entiende como fortaleza, no veo mejor forma de evidenciarla que mostrarse como uno es, sin complejos ni necesidad de demostrar superioridades inexistentes. Si uno es más hombre cuando va de frente, ¿qué mejor forma que acercarse a la mujer liberado de artificios?

De entre mis amigos emparejados, los hombres que más seducen son aquéllos que tienen en sus mujeres a amigas del alma, no a modelos de pasarela. Los más atractivos, a mi entender, son los que presumen de las cualidades de sus parejas sin necesidad de hablar de sí mismos. Los que entienden que no hay roles previos que asumir.

El hombre valiente sabe colocarse en segunda fila con una sonrisa.

La masculinidad debería definirse como la capacidad del hombre para mostrar su sensibilidad sin complejos. 

Para eso sí hay que tenerlos bien puestos.


domingo, noviembre 08, 2020

Mujereando

Este sábado tuve el privilegio de asistir al estreno de 'Mujereando', un largometraje documental dirigido por mi amiga Carmen Tamayo.

Con un tono lejano al morbo, enormemente respetuoso con sus protagonistas, la película nos mostraba la realidad de un amplio grupo de mujeres que viven en la calle en la ciudad de Sevilla.

Carmen, actriz y trabajadora social, se ocupa de tratar con gente sin recursos. Cuando, recién firmado su contrato, entrevistó a la primera mujer que no tenía donde dormir, en vez de derrumbarse, ideó un proyecto. Montar una compañía de teatro con ellas.

Ésa es la base del documental. Mostrar las interioridades de los ensayos de esa compañía integrada por princesas sin palacio, mujeres de toda clase social que un día salieron de su casa para no volver. Que no tienen a quién recurrir.

—Con ocho años —decía Rosa— mi madre me duchaba, me ponía las braguitas y me dejaba sola en mi habitación. Entonces entraba mi padre...

Esa mujer tendría edad de estar jubilada, sin embargo duerme en la calle tras una vida de destrozos.

—Mi marido me maltrató ya desde la misma noche de bodas —contaba otra de ellas a la cámara, envejecida por la mala vida, sin la mitad de dientes en su boca.

Carmen las provoca para que griten lo que siempre le han gritado a ellas: ¡Puta! ¡Guarra! ¡No sirves para nada! ¡Basura!

—La vida te da varios golpes seguidos y de pronto te ves ahí —contaba Charo, digna, ante la cámara—. Nadie está a salvo.

Las han asaltado en los cajeros automáticos, se afanan cada día en buscar un sitio donde hacer pipí.

—Me llevé meses paralizada cuando me vi en la calle —explicaba África, con acento de familia bien.

África es una mujer que duerme cada noche en una tienda de campaña junto al puente de la Barqueta.

—Estamos ahí —decía Emilia—, pero somos invisibles.

Carmen les ha dado voz. Se sienten, por primera vez en sus vidas, protagonistas. Nos gritan a la cara su dolor. Que existen aunque no queramos mirar.

No pude dejar de llorar en toda la proyección.

lunes, diciembre 17, 2018

Laura

Queda apenas media hora para que comience el telediario y no apetece. Apetece poner música, olvidar el mundo, plantearse qué cenar y qué próximo libro leer.

Encender la tele para escuchar en qué lugar de la sierra de Huelva encontraron el cuerpo de Laura no apetece. Entran ganas de taparse entre cojines con un buen libro, no pensar en esa sonrisa cortada de golpe por un monstruo. Ni imaginar los momentos de terror previos, ni escuchar los detalles que vendrán, ni asistir al llanto de una familia rota.

No es agradable verse en el espejo de lo más miserable del ser humano ni asumir que haya gente así. No apetece.

Con cada Laura muerta morimos un poco todos. Y no apetece verlo tan claro. Ver cómo de repugnante puede llegar a ser el vecino, cómo de dura puede ser la vida. No apetece pensar qué podría haber sido de esa joven entusiasta hace unas semanas por una plaza en un instituto. No entran ganas de ponerse en la piel de ese pueblo destrozado de Zamora.

No apetece.

El cuerpo pide no encender la tele, no aceptar que nos han matado un poco más, que somos un poco menos inocentes, un poco menos buenos, un poco más desengañados de lo que podríamos llegar a ser y nunca seremos.

jueves, marzo 08, 2018

Mujer

A mí me educaron en un machismo sin maldad, en el que sin darnos cuenta acababan siendo mis hermanas quienes cuidaban de la casa, de mí y del día a día. Y ese dolor les queda. Cuando mi hermana Mónica bebe más de dos cervezas hace el gesto de darme con la fregona en la cabeza. Debía haberme dado.

Aún tengo clavadas las imágenes de Irán. Hamid me decía: 'no las toques nunca'. Como objetos de porcelana. Yo obedecía y no les ofrecía la mano al saludarlas. Qué horror. El velo siempre, un paso detrás del hombre, la mirada perdida.

Hoy cientos de miles de españolas han salido a la calle para decir 'aquí estamos' y uno se pregunta por qué han tardado tanto en explotar.

Es jodido pensar en tantos siglos de historia repletos de nombres de hombres, brillantes, eruditos, rompedores... pero siempre hombres.

Mi mundo está lleno de mujeres tan preparadas o más que yo, mucho más valientes que yo, capaces de bregar con todo... y con los demás. A mí, a veces, ya me produce pereza bregar conmigo mismo.

Les exigimos ser madres, estar guapas, ser fieles, dar buena imagen, demostrar que valen; porque a los hombres se nos da por supuesta la calidad.

Os admiro, os quiero, soy uno de vosotras.

viernes, febrero 02, 2018

Sardasthi

No entendieron mi pronunciación del nombre de esa mujer al llegar a las oficinas de Renault en Teherán, pero a base de pistas que pude darles consiguieron localizarla.

Ya desde días antes había ido orientando la organización de mi viaje, tanto como el objeto de la visita, en mensajes cercanos y detallistas.

Tras muchas horas de ruta junto a Sardasthi por carreteras iranies acudiendo a concesionarios, visitas guiadas a las instalaciones de las fábricas que Renault gestiona en el país y tras varios almuerzos y cenas compartidos, no pude sino expresar a su jefe, en presencia de ella, que estaba maravillado por las cualidades técnicas y capacidad organizativa de esa mujer cercana.

No sé si es machista decir que un hombre difícilmente puede acaparar tantas virtudes como las de Sardasthi, porque el hombre, torpe, oculta la parte emocional y afectiva, o simplemente carece de la actitud o valor de explotarla sin complejos.

Ahora que temina mi semana de trabajo en Teherán, siento la pérdida de un ángel custodio en forma de mujer de cuarenta años, con acne mal cuidado y velo negro.

Sus compañeros, torpones y lentos, me hablan de ella como una madre que les organiza el trabajo; su jefe me dice que tiene plena confianza en ella desde que le encarga cualquier proyecto; los concesionarios se entregan a sus decisiones a pesar de los incidentes a los que a ella se hace responsable de resolver; en las reuniones lleva la voz cantante.

Uno piensa en Iran como un país complicado, falto de libertades y radical en sus posicionamientos religiosos. Todo es verdad. Como también lo es que existen Sardasthis y que yo tuve el placer de ponerle cara a una de ellas, una mujer trabajadora y brillante que recela del sistema politico de su país, que habla de su familia con pasión, tal vez evitando escalar posiciones por no abandonar su ciudad de siempre, y que resuelve los problemas técnicos de una gran empresa sin perder en ningún momento la sonrisa.

lunes, enero 29, 2018

Catar

Hordas de obreros enfilaban el páramo urbano al que me asomaba este amanecer desde la ventana de mi hotel de Doha. Su formación disciplinada y el color oscuro de piel me hizo pensar en sus vidas desprotegidas de todo lo que un occidental considera exigible.

Un país con fotos de su jeque en todas las calles y edificios, una bandera omnipresente y ausencia de elecciones libres en un estado donde sólo tienen la nacionalidad propia menos de una décima parte de sus habitantes es un cóctel complicado de digerir. ¿Quién se atreve a protestar?

Doha se muestra como una ciudad artificial en plena efervescencia urbana en la que los turistas deambulan sin saber muy bien qué ver. Todos, en cambio, tienen aprendido su rol para que el sistema funcione, a pesar de que falta, a simple vista, la alegría propia en las calles de quienes se sienten dueños de su ciudad.

La mejor noticia ha sido ver mujeres militares, azafatas, camareras, directivas... Y no siempre con el pelo tapado. No llegué a ver a ninguna conduciendo por más que puse interés.

Observaciones ligeras de un tipo curioso que se sustenta en los datos frágiles y escasamente estadísticos de un viajante más.

Ahora toca Teherán.

miércoles, julio 19, 2017

Azul

Estaba de Rodríguez la semana pasada. Con la nevera vacía, salí a pasear cuando el calor dio tregua, ya bien entrada la noche. El cuerpo me pedía algo frío y recordé un bar de la calle San Eloy donde tomar un plato de gambas y una cerveza, que me supieron deliciosas.

Tiré de vuelta por esa misma calle dirección a la Campana. A cien metros vi un grupo de mujeres con petos azules sacando material de una maleta. Me fui acercando y comprobé que eran tápers con comida. Las mujeres, por su vestimenta y el cardado del pelo, parecían de clase alta. Superaban los sesenta años.

Al avanzar, descubrí que bajo los soportales había un grupo de indigentes tendidos sobre mantas y plásticos. Ellas les repartían comida, ofrecían vasos de plástico con agua. Justo al pasar a su altura, uno de estos hombres, viejo, ajado, malhumorado, les tiró el táper, que estalló, contra los pies de las señoras.

Ellas se miraron sin rechistar y, glups, me miraron a mí.

Yo pasaba por ahí, como invitado de piedra, sin derecho a opinar, infiltrado, sintiéndome muy pequeñito al lado de esos inmensos petos azules.

domingo, junio 18, 2017

Abadía

Volando de vuelta a casa tras unos maravillosos días en Londres, traigo un regalo especialmente valioso en la maleta, intangible como todo buen tesoro, y no es otro que las horas pasadas en la Abadía de Westminster.
Soy de los de regurgitar recuerdos en mis sueños para aderezarlos con especias de irrealidad que los aderecen hasta llevarlos a la combinación perfecta con la que disfrutar de ellos en el futuro.
Aún frescas, y vírgenes, mis imágenes de ese templo habitado por reyes muertos, inquilinos de tumbas de madera reblandecida, no son sino un fogonazo de la grandeza del pueblo británico por retener a sus héroes adormecidos en el susurro de la eternidad, con piedras que se acumulan con formas humanas retando a la certidumbre de la muerte.
Dickens, Haendel, Newton, Lord Byron... dormidos para la posteridad entre escudos de armas, codeándose con los que no tuvieron más mérito que nacer reyes, humanos con el poder de crear un recinto mágico de piedra y cristal en la que derretir su carne como la madera para que ciudadanos de un tiempo futuro pudiéramos incluir en nuestros sueños las batallas cruentas entre la fama del hombre audaz y el designio feroz de un porvenir maldito.

jueves, junio 26, 2014

Certezas

Hay infinidad de temas sobre los que uno puede pensar firmemente en un sentido en el momento actual y tomar la posición contraria un rato después sin incurrir, aparentemente, en contradicciones. Normalmente esas cuestiones son abiertas y generalistas.

¿Qué razones llevan a una mujer de cuarenta y tantos años a tener su primer hijo por inseminación artificial?

El otro día tuvimos esa discusión en casa de mi amigo Migue y los argumentos eran demoledores o admirativos, aún más extremos cuando la conversación es pasional, hay confianza entre los que charlan y está aliñada de alcohol.

Con toda la limpieza que implica hacerlo cuando no hay nombres y apellidos detrás de la pregunta, nos planteábamos: ¿Qué lleva a esa mujer a inseminarse?

Hay razones para pensar que la cordura de una persona ya realizada consciente a esas alturas de la vida de lo que quiere y de lo que no, con una capacidad enorme para encauzar su amor; del mismo modo que se puede pensar que esa mujer va a proyectar todas sus frustraciones en una criatura que va a nacer con las cartas marcadas y una presión insoportable, soterrada, que la llevará a tener como retos aquéllos de su madre; aunque, seguramente, la verdadera motivación, estadísticamente hablando, esté en el centro.

Cada cual interpreta con su bagaje personal a cuestas y su forma de ver el mundo como guía.

Cuando la mujer X se convierte en una persona de carne y hueso es cuando sí se puede analizar, con criterio, qué la llevó un día a un gabinete médico para solicitar esa inseminación artificial, y ahí se juntarán frustraciones, mucho amor por dar y ganas de cumplir un sueño. O no.

Las conversaciones de café o sobremesa que tratan de temas universales, ¿tienen sentido entonces?

Siempre.

Charlar sobre lo divino y humano nos hace distinguirnos como personas; escuchar lo que el otro piensa y sus argumentos permiten conocer mejor a aquél con quien nos rozamos a diario; interpretar los comportamientos de los demás es una manera de ponernos en la piel de los otros para entenderlo, aun a sabiendas de que no hay respuestas categóricas para gran parte de los interrogantes acerca del devenir del ser humano. Afortunadamente.

Lo más divertido, cuando uno piensa que todos tienen su parte de razón, es escuchar.