jueves, septiembre 11, 2025
Música
viernes, diciembre 01, 2023
Filosofía
Pese a lo poco clerical que soy, cuando pienso en el bachillerato recuerdo al cura que nos enseñaba Filosofía. No impartía la asignatura, la enseñaba.
No podría escribir una lista del resto de profesores, sí recuerdo en cambio su semblante serio, la ironía seca, el pelo a medio teñir y su impaciencia con los perezosos.
—Sé que tu madre está mal —me dijo una mañana, tras sacarme al pasillo entre clase y clase, un aliento impagable para un chaval perdido que tenía en él un referente de poderío humanista—. Sé fuerte, Salvador.
Con él no hacía falta abrir el libro, casi ni tomar apuntes. Bastaba con escucharlo.
La Filosofía, la madre de todas las sabidurías, la ciencia que tiene su fortaleza en las preguntas, la única rama del conocimiento que no tiene respuestas.
Fue quizás desde entonces que establecí una distinción entre las personas que se interesan por el fondo del corazón.
No hay mente brillante que me subyugue si no arrastra tras de sí una preocupación sincera por el alma humana.
martes, octubre 10, 2023
Infarto
domingo, agosto 13, 2023
Pentecostés
lunes, mayo 29, 2023
Confirmación
sábado, marzo 11, 2023
Radical
—Hay que huir de los radicalismos.
Esa era la conclusión de nuestras reuniones en la cafetería de la universidad. Cada uno pensábamos diferente, pero sabíamos escucharnos. Nos sentábamos durante horas a arreglar el mundo con veinte años. Éramos tres amigos inseparables que compartíamos aula en la escuela de Ingenieros de Sevilla.
Yo, por entonces, estaba en plena ebullición. Tras estudiar en un colegio de curas hasta los dieciocho, entrar en la universidad me abrió las puertas a un mundo inmenso donde todo era posible. Una vez pasada la peor parte del duelo por la muerte de mi madre, yo solo quería vivir, encontrar mi sitio, descubrirlo todo.
Ellos dos estaban ennoviados, lo que no evitaba que saliésemos los tres de cervezas cuando acababa la semana. Con poco más de veinte años, trabajaba en mi interior la manera de hacerles partícipe de algo que necesitaba compartir. Decirles que era homosexual.
Sin embargo, una noche, cuando paseábamos cerca de un bar de ambiente gay en Sevilla, uno de ellos dijo, señalando el local:
—Contra eso sí que hay que ser radical.
A mí se me heló la sangre.
Retrocedí en un segundo varios años hacia atrás en la aceptación de mi homosexualidad. Me metí para dentro, integré que nadie nunca sabría nada, rechacé mi naturaleza como algo sucio. Tardaría casi una década en confesar a alguien de mi entorno mi condición.
Esa amistad se desvaneció al terminar la universidad, pero veinte años después el destino volvió a unirnos. Asistió a la presentación de una de mis novelas en su ciudad. Tras el acto, se acercó a mí, emocionado. Yo ya no escondía mi amor por Fran.
—Salva, siento mucho haber dicho barbaridades en el pasado.
Yo acepté las disculpas. No quise decirle cómo de inmenso fue el dolor que me provocó en su momento y los años de juventud que perdí por personas como él, como las que en su día fue él.
A día de hoy ese hombre tiene una hija lesbiana, nacida en esos nuestros años de universidad, de la que no se puede sentir más orgulloso. Como no puede ser de otra manera.
domingo, febrero 05, 2023
Mi madre
Yo era tan poca cosa que verla aparecer era una subida de autoestima.
Había nacido con bizquera, más pequeño que mis hermanos y
había tenido una enfermedad que me hizo quedarme en los huesos. Iba al colegio
con unas gafas enormes con un parche en mi ojo vago. Tenía todos los condicionantes
para ser un chaval acomplejado, de no ser por haber tenido la fortuna de poseer
un fuerte carácter desde que era un renacuajo.
Lo bueno, además, es que era sorpresa el día en el que venía
a recogerme. Yo solía volver a casa solo, rodeando el campo del Betis, con mi
mochila a cuestas.
Había mediodías, en cambio, en los que ella aparecía. La más
alta, la más guapa de entre todas las madres, con su melena rubia y sus gafas
de sol resplandecientes. Me daba un vuelco entonces el corazón, mi cuerpecillo infantil
ganaba dos centímetros de altura y me agarraba a ella. Yo sabía que todos miraban
cómo me daba dos besos y me achuchaba. ¡Era mi madre!
No podía ser más feliz.
miércoles, noviembre 23, 2022
Escaqueo
Con todo lo buen estudiante que siempre he sido, nunca perdí la ocasión de hacerme el enfermo para no ir a clase.
A veces ponía tal empeño que mi madre, aún confirmando con el termómetro que no tenía fiebre, se lo creía.
Esas mañanas metido en la cama, escuchando los movimientos de ella por la casa, la radio en la cocina, los sonidos desde el patio, no tenían precio.
No tenía problemas de integración en el colegio, ni me lo pasaba mal en el recreo, ni siquiera echaba de menos mi casa cuando estaba en clase pero, de vez en cuando, forzaba mi espíritu novelero y ponía cara de puchero al despertar, esperando el veredicto de mamá.