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jueves, septiembre 11, 2025

Música

Qué fuera de lugar estaba mi profesora de música.

Yo tendría ocho o diez años, no tengo idea de qué edad se tenía cuando a uno le hacían tocar la flauta en clase, pero sé que era la EGB porque recuerdo mis ensayos en la puerta enladrillada de entrada al colegio.

Ella era alta, delgada, ¡moderna!, en un ambiente rancio como era el de la institución religiosa donde yo estudiaba. No sé definir cómo vestía, ni qué cosas decía, ni cómo nos hablaba, solo sé que era una mujer rompedora, interesante, ¡viva!

Hasta que llegué a la universidad nunca había sacado un suspenso, yo era el niño empollón, ejemplar, sabelotodo. Salvo con ella, que me suspendió un trimestre de música.

—¡Para!, ¡para! —me gritó, cuando empecé a desafinar con la flauta.

La admiración, entendí, no siempre es de ida y vuelta.

viernes, diciembre 01, 2023

Filosofía

Pese a lo poco clerical que soy, cuando pienso en el bachillerato recuerdo al cura que nos enseñaba Filosofía. No impartía la asignatura, la enseñaba.

No podría escribir una lista del resto de profesores, sí recuerdo en cambio su semblante serio, la ironía seca, el pelo a medio teñir y su impaciencia con los perezosos.

—Sé que tu madre está mal —me dijo una mañana, tras sacarme al pasillo entre clase y clase, un aliento impagable para un chaval perdido que tenía en él un referente de poderío humanista—. Sé fuerte, Salvador.

Con él no hacía falta abrir el libro, casi ni tomar apuntes. Bastaba con escucharlo.

La Filosofía, la madre de todas las sabidurías, la ciencia que tiene su fortaleza en las preguntas, la única rama del conocimiento que no tiene respuestas.

Fue quizás desde entonces que establecí una distinción entre las personas que se interesan por el fondo del corazón. 

No hay mente brillante que me subyugue si no arrastra tras de sí una preocupación sincera por el alma humana.


martes, octubre 10, 2023

Infarto

Hay gente a la que le dices que acabas de sufrir un infarto y no te preguntan cómo estás, sino que te enumeran la de personas que conocen que han pasado por lo mismo.

Sí, es un tema recurrente en mis textos, la falta de empatía. Sí, me obsesiona, me desanima, me desespera esa incapacidad endémica del ser humano por ponerse en la piel del otro.

Lo cierto es que todo el mundo me da la razón cuando lo comento y que nadie parece entender esa falta de solidaridad íntima con el prójimo. Tal vez yo sea el primero en caer en mis contradicciones.

Deberíamos introducir esos valores en casa, en el colegio, desde la infancia. Sacar a un chaval, voluntario, a la pizarra y pedirle que nos hable de él, de su familia, de sus miedos, de sus proyectos y hacer que sus compañeros aprendan a preguntar, de corazón, acerca de ese mundo del que les habla.

domingo, agosto 13, 2023

Pentecostés

Cuando era pequeño, y no tan pequeño, soñaba con tener el poder de las lenguas de Pentecostés.

Me ocurría en clase.

Me decía, que se le ponga una lengua de fuego en la cabeza a aquel que tenga padres separados, a quienes sean hijos únicos, a los que sean del Betis, a aquellos que vivan en familias de izquierda, a quienes tengan dudas sobre su homosexualidad. 

Fantaseado imaginando esas llamas encima de sus cabezas, con tener ese superpoder de jugar con ventaja.

La vida no obró milagros y tuve que rascar mucho para conocer qué había dentro del corazón de los compañeros que me importaban.

lunes, mayo 29, 2023

Confirmación

No quise hacer la confirmación, lo que era pura contradicción, porque estaba en un colegio de curas.

El caso es que yo lo tenía claro. Era un jovencito imberbe y enclenque, pero no creía en Dios. 

Así que cuando llegaba la hora semanal para preparar el evento, a mí y a otro más nos soltaban al patio. Allí nos quedábamos los dos, paseando de un lado a otro, como dos apestados.

Para mí era tan doloroso como heróico, porque ponía por encima de todo mis convicciones. De muy pequeño había sido muy capillita, como se dice en Sevilla. Era un alumno modelo, con buenas notas y buen comportamiento. Los curas estaban encantados conmigo.

Pero yo no creía en esa historia que me contaban. Me daba coraje, porque yo quería ser como los demás. Pero no me entraba en la cabeza. Había demasiado ruido en mi interior, mi madre estaba muy enferma, yo vivía el nacimiento de mi homosexualidad, no me gustaba el ambiente tan conservador del colegio. Todo se juntaba en un cóctel molotov interno.

El día de la confirmación llegó.

Yo no fui y, pese a mis pesadillas, no se acabó el mundo.

sábado, marzo 11, 2023

Radical

—Hay que huir de los radicalismos.

Esa era la conclusión de nuestras reuniones en la cafetería de la universidad. Cada uno pensábamos diferente, pero sabíamos escucharnos. Nos sentábamos durante horas a arreglar el mundo con veinte años. Éramos tres amigos inseparables que compartíamos aula en la escuela de Ingenieros de Sevilla.

Yo, por entonces, estaba en plena ebullición. Tras estudiar en un colegio de curas hasta los dieciocho, entrar en la universidad me abrió las puertas a un mundo inmenso donde todo era posible. Una vez pasada la peor parte del duelo por la muerte de mi madre, yo solo quería vivir, encontrar mi sitio, descubrirlo todo.

Ellos dos estaban ennoviados, lo que no evitaba que saliésemos los tres de cervezas cuando acababa la semana. Con poco más de veinte años, trabajaba en mi interior la manera de hacerles partícipe de algo que necesitaba compartir. Decirles que era homosexual.

Sin embargo, una noche, cuando paseábamos cerca de un bar de ambiente gay en Sevilla, uno de ellos dijo, señalando el local:

—Contra eso sí que hay que ser radical.

A mí se me heló la sangre. 

Retrocedí en un segundo varios años hacia atrás en la aceptación de mi homosexualidad. Me metí para dentro, integré que nadie nunca sabría nada, rechacé mi naturaleza como algo sucio. Tardaría casi una década en confesar a alguien de mi entorno mi condición.

Esa amistad se desvaneció al terminar la universidad, pero veinte años después el destino volvió a unirnos. Asistió a la presentación de una de mis novelas en su ciudad. Tras el acto, se acercó a mí, emocionado. Yo ya no escondía mi amor por Fran.

—Salva, siento mucho haber dicho barbaridades en el pasado.

Yo acepté las disculpas. No quise decirle cómo de inmenso fue el dolor que me provocó en su momento y los años de juventud que perdí por personas como él, como las que en su día fue él.

A día de hoy ese hombre tiene una hija lesbiana, nacida en esos nuestros años de universidad, de la que no se puede sentir más orgulloso. Como no puede ser de otra manera.

domingo, febrero 05, 2023

Mi madre

Yo era tan poca cosa que verla aparecer era una subida de autoestima.

Había nacido con bizquera, más pequeño que mis hermanos y había tenido una enfermedad que me hizo quedarme en los huesos. Iba al colegio con unas gafas enormes con un parche en mi ojo vago. Tenía todos los condicionantes para ser un chaval acomplejado, de no ser por haber tenido la fortuna de poseer un fuerte carácter desde que era un renacuajo.

Lo bueno, además, es que era sorpresa el día en el que venía a recogerme. Yo solía volver a casa solo, rodeando el campo del Betis, con mi mochila a cuestas.

Había mediodías, en cambio, en los que ella aparecía. La más alta, la más guapa de entre todas las madres, con su melena rubia y sus gafas de sol resplandecientes. Me daba un vuelco entonces el corazón, mi cuerpecillo infantil ganaba dos centímetros de altura y me agarraba a ella. Yo sabía que todos miraban cómo me daba dos besos y me achuchaba. ¡Era mi madre!

No podía ser más feliz.

miércoles, noviembre 23, 2022

Escaqueo

Con todo lo buen estudiante que siempre he sido, nunca perdí la ocasión de hacerme el enfermo para no ir a clase.

A veces ponía tal empeño que mi madre, aún confirmando con el termómetro que no tenía fiebre, se lo creía.

Esas mañanas metido en la cama, escuchando los movimientos de ella por la casa, la radio en la cocina, los sonidos desde el patio, no tenían precio.

No tenía problemas de integración en el colegio, ni me lo pasaba mal en el recreo, ni siquiera echaba de menos mi casa cuando estaba en clase pero, de vez en cuando, forzaba mi espíritu novelero y ponía cara de puchero al despertar, esperando el veredicto de mamá.

miércoles, marzo 09, 2022

Pervertido

Quien es pervertido piensa que todo el mundo lo es.

Me di cuenta ya de pequeño en el colegio. Había gente que malmetía con el argumento de que todo el mundo era igual que ellos.

Pero no es una cualidad exclusiva de los retorcidos, también de los inocentes, de los santurrones, de los estresados, de todos aquéllos que no tienen la inteligencia emocional para saber que cada persona es un universo con filtros diferentes a los suyos.

Es clave para entender el mundo, y para situarse en él con cierta estabilidad, asumir que tu visión de las cosas es particularmente tuya, que lo que a ti te hace feliz a los demás les puede resultar indiferente y que las razones para vivir no están escritas en mármol.

Por eso tenemos que potenciar, en la medida de lo posible, la empatía. Para entender mejor las reglas en el otro y, así, comprender mejor nuestro papel en el tablero de juego, tan divertido como doloroso, que es el estar vivo.

jueves, febrero 17, 2022

Enseñar

Siempre que explico un tema que domino experimento un burbujeo cerebral.

Gustosísimo, como unas cosquillas sutiles en la cabeza que deben tener mucho con la química, cuando mis neuronas, generosas, se afanan en organizarse para poner en pie todo esa masa de información que fluye por mi cerebro como Pedro por su casa.

Desde pequeño ya tuve claro que no quería ser maestro, tal vez porque endiosaba la profesión. ¡Los admiraba tanto! Entendía que ir todos los días a dar clase implicaba un esfuerzo enorme, para saberlo todo en todo momento y poder responder a las preguntas de los alumnos más perversos.

Eso no quita que, fundamentalmente en el trabajo, cuando me piden que explique algo, algo que controlo, mis niveles de dopamina suben por las nubes, y alcanzan la estratosfera cuando alguien me pregunta y sé, con todo lujo de detalles, cómo aclarar sus dudas.

lunes, enero 11, 2021

Filosofía

Al mejor profesor que he tenido le llamaban 'El Simio'.

La adolescencia es muy cruel.

Se llamaba Julio, era sacerdote, se llevaba mal con el tinte y su voz era tremendamente grave.

Recuerdo con veneración sus clases de Filosofía en COU. Sí. Filosofía. Nos llevaba donde quería, sin prisas, no era necesario tomar apuntes, sino escucharlo. Platón, Kant, Descartes. Toda la sabiduría estaba ahí.

Yo, ingeniero de formación, no valoro ninguna otra materia tanto como la Filosofía.

Ahí está el meollo de nuestra existencia. ¿De qué sirve construir puentes si no sabemos dónde queremos ir? 

La Filosofía es la base de todo conocimiento. Despreciarla es despreciar la historia del hombre y el significado de lo que somos. Es la única ciencia que apoya su valor en las preguntas, no en las respuestas. Tras cada avance tecnológico hay una cuestión ética que resolver, tras cada conflicto político, detrás de todo drama personal, en cualquiera de los descubrimientos científicos.

Toda carrera universitaria o profesional debería llevar asociada un temario filosófico en el que se plantee a lo largo de todo el recorrido de esos estudios cómo ellos están imbuidos de un sentido ético.

Cada vez más apartada de los currículos escolares, yo me rebelo contra esa tendencia omnipresente de desprestigiar la apertura de mente que nos proporciona el preguntarnos ¿por qué?