x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

Mostrando entradas con la etiqueta Algarve. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Algarve. Mostrar todas las entradas

martes, octubre 27, 2026

Loulé

Puede hacer veinte años de ese viernes.

Ellos me esperaban en la estación de servicio de Loulé, en mitad del Algarve. Tenían aparcada su furgoneta en la parte trasera de la gasolinera, y paseaban al perro, ya no recuerdo su nombre. 

Yo llegué, nos abrazamos, y seguimos camino hacia nuestra casa de Armaçao. Tanto ella como él, jóvenes, desprendían la felicidad de quienes se creen infinitos.

Todo era bello en ellos dos.

Ese parking tras la estación está sobre un montículo que se aprecia desde la autopista. He podido pasar doscientas veces desde ese día y no hay una sola vez que no lamente lo efímero de su amor.

lunes, agosto 24, 2026

Día

La frase más peligrosa para una persona disciplinada es 'un día es un día'.

Porque si te agarras una vez a la excepción, ancha es Castilla.

Hace unos años, tras un sustillo de salud, decidí dejar la cerveza. Porque sí. Nadie me lo exigió, pero consideré que me vendría bien. ¡Al más cervecero del mundo!

La semana pasada, en el Algarve, con mis hermanas y Fran, en un sitio precioso y al caer la noche, hubiera vendido el alma por tomarme una.

Se me pasó.

viernes, abril 03, 2026

Brasileña

Hay un restaurante en el Algarve, de pescado, luces y cristaleras, donde te sirven unas ensaladas deliciosas.

Una chica brasileña nos atiende desde hace años con un trato exquisito, lo que hace que poco a poco hayamos ido sabiendo más los unos de los otros.

Hasta que un día nos preguntó por dónde teníamos nuestro piso en la zona.

—Menos mal, allí no tenéis muchos indios cerca.

Una emigrante criticando a otros emigrantes.

Tan ridículo.

A mí se me viene abajo una persona, del todo, cuando se muestra racista.

martes, enero 20, 2026

Huelva

Qué terrible puede presentarse la vida a veces.

Al mismo tiempo que entrábamos a Huelva desde el Algarve, con amigos onubenses, un tren que se dirigía a esa ciudad colisionaba con unos vagones que descarrilaban.

Toda tragedia duele, pero lo hace un poco más cuando toca a la tierra, a la gente cercana, a estaciones de trenes, paisajes y recorridos que uno está acostumbrado a hacer.

Qué pequeñito se vuelve el hombre cuando las certezas con las que vivimos se destrozan.

lunes, diciembre 08, 2025

Perro

Hay un camino de madera que me funciona como el mejor ansiolítico.

Cubre varios kilómetros entre Armaçao de Pera y Salgados, en el Algarve portugués. Caminarlo sin prisas los fines de semana es mi gimnasia preferida, para el corazón y para la cabeza. Atravesando un parque natural, recorres todos los olores y todos los paisajes, desde una zona de dunas a un humedal, pasando por zonas llenas de árboles que no sabría nombrar.

En invierno es un camino tranquilo, donde puedes recorrer mil metros sin encontrarte con nadie.

De vez en cuando te topas con un corredor y no es extraño que venga acompañado de su perro, algunos con la lengua fuera.

Hay veces que cruzo la mirada con ellos, con los perros, agotados tras el dueño.

"Menuda mala suerte tuve en el sorteo", me dicen, exhaustos, con la mirada.

lunes, diciembre 01, 2025

Bruno

Hay un restaurante del Algarve al que solemos acudir los viernes por la noche, directos, desde Sevilla, en cuanto terminamos de trabajar.

No es difícil enlazar que lo relacionamos con la pura felicidad.

Vamos a ese lugar no porque tenga la mejor comida, que la tiene, sino porque está Bruno.

Un portugués sumiller, casado con una sueca, recién padre de un pequeñín, que nos aconseja vinos de escándalo.

Cuando llevamos semanas sin ir, escribe a Fran:

"Me acaban de traer algo que os va a encantar".

sábado, noviembre 01, 2025

Arena

Miro la arena bajo el Arte Náutica y veo al pequeño Iván jugando al fútbol con la camarera.

Hay imágenes, benditas, que quedan para siempre.

Ese restaurante es nuestro refugio, donde Fran y yo acudimos tras el duro trabajo de la semana, desde hace veinte años, cada vez que nos acercamos a Portugal.

Lo descubrimos cuando mi sobrino era un renacuajo al que no le gustaba comer. Se venía con su balón y se liaba a pegar patadas a los pies del local, erigido sobre patas de madera en plena arena.

Una tarde, una camarera bajó a jugar con él.

jueves, octubre 30, 2025

Sillón

Para mí la felicidad son las mañanas de sábado sentado en mi sillón del piso del Algarve componiendo historias, con el pie de Fran buscando caricias de mis manos.

Ese placer del tiempo detenido, de no necesitar nada, de congraciarse con uno mismo.

El mayor grado de madurez de un ser humano radica en no conocer el aburrimiento, en saber sacarle partido a esos grandes ratos en los que el mundo no nos demanda nada.

Siento que mientras nuestro bienestar mental venga dado por rutinas que no se miden en dinero, estamos salvados.

domingo, agosto 31, 2025

Mendonça

Tomé un taxi para pocos kilómetros en el Algarve y, en cuanto me senté, me enamoró la música que sonaba.

Tenía la oportunidad de preguntar si era una cantante brasileña o quedarme callado.

De haber estado en silencio, el tipo, un emigrante de Sao Paulo, no me habría contado que quien cantaba había tenido una vida dramática que trasvasaba a sus canciones.

—Hazle una foto a la pantalla del coche —insistió.

De no haberme interesado no habría escuchado la historia de Marilia Mendonça, ni la de Cassia Eller, otra cantante desgarradora. 

Si no hubiese preguntado no habría visto la emoción nostálgica en sus ojos a través del retrovisor.

jueves, junio 19, 2025

Perfumes

Soy hombre de perfumes. 

Afortunadamente mi nariz grande no sirve solo para tener una cara incómoda, sino que tengo la suerte de apreciar aromas y distinguirlos con facilidad.

Desde que tuve criterio propio para elegir mi ropa, decidí los olores que me acompañarían. Tanto así que hay marcas concretas que me llevan a períodos muy definidos de mi pasado.

Un día que llegué a nuestra casa del Algarve sin mi neceser en la maleta, tomé prestado el bote de Don Algodón de mi suegro. Un perfume básico, potente, nada sutil. De eso hará 20 años.

Desde entonces, cada vez que llegó al país vecino me echo unas gotas en el cogote de ese botecito azul que  nunca se acaba.

Entonces Fran se ríe cuando me abraza.

—Hueles a Portugal.

Ya no quiero romper el mito.

jueves, mayo 01, 2025

Apagón

Siendo una semana más corta y para atemperar un poco el estrés de mi nuevo cargo, decidí teletrabajar estos días en Portugal, así que el domingo no me volví para Sevilla con Fran.

El apagón en el Algarve fue especialmente virulento, porque perdimos rápidamente la conexión a internet y, con ello, la capacidad de saber qué estaba pasando.

Sin conocer la dimensión de la crisis, practiqué el estoicismo de trabajar hasta que mi ordenador acabó la batería, mientras observaba como la del móvil no paraba de bajar sin posibilidad de hablar con nadie. No tenía un coche donde enchufar el teléfono o escuchar la radio.

Decidí hacerme una ensalada de alubias, busqué mi ebook y me puse a releer 'Crimenes imaginarios' de Patricia Highsmith, porque no dudaba de la llegada de mi ángel redentor.

A eso de las siete de la tarde sonó la cerradura.

El amor también es esto.


sábado, octubre 26, 2024

Salgados

Me gusta tanto hacer el camino entre Armaçao de Pera y Galé, atravesando un parque natural en plena costa portuguesa, que lo utilizo como terapia, el imaginarlo, cuando el estrés me coge por la garganta en los días duros de trabajo.

Son varios kilómetros sin apenas nadie, entre dunas, lagunas, pinos e higueras, perdido entre cantos de pájaros y el soplo de la brisa del Algarve. 

Me encanta recorrerlo al atardecer, así que suelo llegar  a la otra punta del camino cuando el sol ya se ha puesto.

De tantas veces que lo he tomado, Fran ha calculado el tiempo justo para llegar con el coche allí, unos minutos antes de que yo termine el paseo. 

Es entonces el momento en el que aparece con sus brazos desplegados al final del camino, viniendo hacia mí, justo cuando visualizo, exhausto, los primeros edificios que me conectan de nuevo con la civilización.

Yo abro los brazos igual de grandes, nos da igual quien nos mire, hasta llegar a él y fundirnos en un abrazo, de esos de llevarnos una vida sin vernos.


miércoles, agosto 28, 2024

Schumacher

Llevamos casi veinte años yendo a ese restaurante del Algarve, el Arte Náutica.

Siempre tranquilo, solemos pedir una de las mesas que dan a los ventanales que nos sitúan a pocos metros de la orilla, en un local de madera que está elevado sobre la arena a través de grandes pilotes.

Nunca presté demasiada atención, pero desde las primeras visitas ya vi la foto que tienen colocada del piloto de Fórmula 1 Michael Schumacher, al fondo del restaurante. El otro día, más lleno de lo habitual, nos sentaron frente a su retrato.

Entonces creí entender que la composición era una especie de altar dedicado a este hombre que lleva más de diez años en coma.

—¿Estuvo aquí Schumacher? —pregunté al más veterano de los camareros.

Sorprendido por la pregunta, se emocionó y nos hizo girar la cabeza hacia una esquina.

—Esa era su mesa —nos dijo.

Con las lágrimas saltadas, nos habló de su humildad, su educación, el respeto por todo el personal, su generosidad.

Yo me emocioné con su emoción y me lamenté por haber tardado tantos años en percibir esa historia en el ambiente.

lunes, agosto 19, 2024

Zeeland

—¿Eres la dueña del negocio? —le pregunté anoche a la mujer, amabilísima, que nos atiende en el restaurante del Algarve que ha sido el descubrimiento del verano.

—¡No!

Resolutiva, preocupada por cada mesa, simpática, nos contó que dejó su restaurante de toda la vida en Holanda para pasar su jubilación en el sur de Portugal.

—Pero hicimos mal las cuentas y, calculo, que me quedan 5 años de trabajo aquí.

Su marido, de 62 años, diez más que ella, sí hace ya vida de jubilado.

—Lo quiero matar cuando viene aquí con su bicicleta y se pide una cerveza —me dice, entre risas.

—¿Cómo te llamas? —le pregunto.

—Flor...

Ya con las últimas mesas por recoger, Flor se nos acerca para contarnos que su madre, con alzheimer, le reprocha haberse ido tan lejos, que a sus hijos, estudiantes en los Países Bajos, los echa enormemente de menos.

Se le nubla entonces la mirada.

—¿Cómo os llamáis vosotros?

Qué hermoso es romper muros.

—Yo soy Salva, él es Fran.

martes, julio 30, 2024

Achicharradinho

Hemos encontrado nuestro paraíso en una playa de difícil acceso de Ferragudo, frente a la marina de Portimão.

Con espacio más que sobrado para poder leer sin tener que estar pendientes de un balonazo ni estar obligados a escuchar las conversaciones de los de la toalla de al lado, vuelves a reconciliarte con el olvidado placer de leer, bañarte, adormilarte, charlar y tomar el sol.

Muy adecuado a su nombre, allí hemos encontrado un chiringuito rudimentario, de los de antes, con mesas de patas en la arena, que hace honor a su nombre, 'El escondidinho'.

La señora que nos atiende, seca y simpática por igual, nos riñe cada vez que pedimos de comer. 

—¿Eso vais a pedir otra vez?

La primera vez que fuimos, hace unos meses, nos puso un calamar chamuscado y decidimos no volver. Decidimos darle otra oportunidad, hasta que hoy nos puso unas sardinas negras como el carbón.

Lo perdonamos. Queda por encima el placer de sentirnos en el paraíso.

Basta con cambiarle el nombre al chiringuito, 'El achicharradinho'.


miércoles, junio 26, 2024

Orgullo

Me casé con Fran en el 2010 y utilicé días de vacaciones que fui acumulando durante meses para poderme ir de luna de miel.

No porque la empresa, como tal, no me fuera a conceder los días que me correspondían por ley, sino porque aún por aquella época entre mis compañeros se hablaba de maricones, tipos que perdían aceite y barbaridades de ese tipo. 

Yo me quería casar, no ser un héroe.

Afortunadamente la ley ha normalizado muchas cosas. Ya puedo pedir permiso si tengo que acompañar a Fran a una consulta médica, o estamos protegidos en caso de que al otro le ocurra algo. 

Incluso hablo con normalidad, con determinados compañeros de trabajo, de mis fines de semana con mi marido en el Algarve.

Algo tan sencillo como hablar de tu cotidianidad sin que te ridiculicen con sonrisitas y chismorreos.

Yo hubiera sido una persona más brillante, más feliz y luminosa, si no me hubieran tenido encerrado durante media vida por leyes que no reconocían mis derechos a tener una vida normal, ni mamarrachos escupiendo por la boca comentarios degradantes para hacerse los graciosos. 

Cada chiste me suponía un paso atrás.

Homofobia que no venía de tertulias de televisión o noticias en los periódicos, que también, sino de gente cercana que era importante para mí.

Todavía hoy hay gente que nos señala.

Todavía hoy hay quien no entiende que tengamos un día al año para celebrar el Orgullo de ser personas que luchan y lucharán por tener los mismos derechos y no ser, nunca más, discriminados ni insultados.

miércoles, marzo 01, 2023

Vejiga

Estábamos seis amigos pasando unos días en el Algarve, en uno de esos viajes grupales en los que la convivencia desde el desayuno a la cena no hace sino afianzar relaciones, ya muy sólidas, que apenas se mantienen con cenas esporádicas en la ciudad.

Tras un largo paseo por la playa de Albandeira y el mercado de Armaçao, con cervezas al sol incluidas, volvíamos a casa. Fran llevaba un coche, yo iba en el otro. Ya en el ascensor pregunté si alguien tenía que ir al servicio, las cervezas tenían mi vejiga al límite.

En cuanto entré en casa, donde ya estaba Fran organizando comidas, me escabullí. Fue cerrar el pestillo del baño y llegarme su voz desde la cocina:

—¿Y mi marido?

Escuchar esa pregunta desde el otro lado de la casa, comprobar que alguien está siempre pendiente de ti, produce un cosquilleo en el estómago que no hay dinero que compre.

sábado, septiembre 24, 2022

Pez

Tengo el privilegio de ser de las pocas personas que ha conocido a la auténtica mujer pez.

Es portuguesa, se rapa la cabeza, salvo una coleta que le nace desde la frente, y tiene una sonrisa preciosa.

Cada vez que voy al supermercado cercano al piso que mis suegros tienen en el Algarve, donde esta chica trabaja de cajera, y ella escucha mi acento español, siempre me explica:

—Yo he estudiado cuatro años tu idioma. —Lo dice entusiasmada, tal vez buscando mi conversación, pero siempre veo la fila llena tras de mí.

—Lo hablas perfecto —le respondo y me voy.

La semana siguiente puedo volver a por el paté de sardinas que tanto me gusta y cruzarme de nuevo en su caja.

—¿Eres español?

—Sí.

—Yo estudié cuatro años tu idioma, ¿sabes?

Cuando llevo algún tiempo sin ir, miro la línea de cajas por ver si no está. Pero allí está ella.

—¿Sabes que estudié español?

—Ah.

He pensado coger el coche para ir a otro supermercado, pero vuelvo al mismo con la esperanza de que ella no esté, aunque acaba apareciendo.

—¿Eres español?

—Siiiii...

lunes, mayo 02, 2022

Algarve

Tenemos la suerte de disponer de la casa de mis suegros en el Algarve para nosotros dos.

Cuando juntamos tres días, damos el salto desde Sevilla y nos atrincheramos en este lugar fuera del espacio y del tiempo, donde desaparecen las reglas y los despertadores para dar rienda suelta al no hacer nada y hacerlo todo, porque la vida está aquí donde uno es el verdadero protagonista, en nuestros silencios compartidos, en las noches abrazados, en las risas preparando una tortilla.

Nos enfoca la sociedad tan descaradamente para ser útiles, que nuestro cuerpo reacciona buscando lo contrario, el recluirnos en nosotros mismos para gritar que queremos libertad.

Uno tarda en darse cuenta de lo castrante que es vivir de lunes a viernes a golpe de alarmas, reuniones programadas y tareas nunca del todo terminadas. Somos parte de la cadena de producción. Nos pagan por nuestro trabajo, a los que tenemos la suerte de tenerlo, para nosotros pagar por propiedades y necesidades, no todas necesarias, que requieren de más dinero, en una espiral de la que es imposible salir. La vida siempre pide más madera.

Sueño con una sociedad diferente, donde el ser humano esté en el centro, por encima de esta economía que usa al hombre como una trituradora de carne para aportar el combustible necesario para que el mundo, tal como lo conocemos, siga rodando.

Sí, sé que es un sueño irrealizable, que tal vez no haya mejor sistema, que la vida será eterna competencia donde triunfa el más fuerte. Así somos y así, desgraciadamente, seremos.

Siempre hay carne joven para triturar.

Al final uno busca sus oasis donde escapar, de tanto en tanto, de la paranoia. Rendijas a través de las que vemos toda las ganas sanas de vivir que nos oculta el día a día. Todo mi propósito es rasgar con fuerza el decorado impuesto, para aumentar el tamaño de esas rendijas y así escaparme, sin hacer ruido, cuántas más veces mejor.