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viernes, julio 27, 2018

Contadores

Independientemente de dioses, integro en pensamientos subconscientes el embrujo de una justicia universal que nos arropa desde no sabemos dónde. Algún mecanismo automático o apuntador omnipresente que toma nota, hace fotos, graba conversaciones y vigila cada uno de nuestros pasos. Discos duros espirituales con trillones de trillones de datos en los que contadores individuales almacenan sonrisas como puntos verdes y gritos como rojos, desplantes que descuentan, favores que incrementan. Memorias imparciales que nada olvidan en algún lugar del infinito espacio acerca de lo que fuimos, acotando nuestras virtudes como ventajas para calificar con limpieza comportamientos que no siempre son puros, aliviando las cargas negativas a quienes arrastran dolores congénitos de cabeza o ruinas familiares de las que no fueron culpables. Dispositivos que son más benevolentes con humanos nacidos en Uganda que con aquéllos que crecieron en California, aparatos empáticos que no se censuran, ni se estropean, que no juzgan con sesgo ni evalúan los reconcomes de miedo al vivir, sino que almacenan actos, posturas, alardes, besos y empujones sin atender a pensamientos que no saben descifrar; hadas electrónicas notarias de nuestras líneas de conducta.

El subconsciente tiene esos miedos que la razón ignora, aunque sus teorías sean todo lo difusas que su condición subterránea implica.

Mi subconsciente, en duermevelas pausados de soledades, quiere pensar que en algún lugar alguien sabe cómo fuimos, cómo estamos siendo; tal vez porque mi subconsciente tenga elaborada la teoría de que si no existiera esa justicia sabelotodo la gente no tendría escrúpulos en mostrar su peor cara a escondidas de la justicia humana.

miércoles, agosto 24, 2011

Millón y medio

Ése es el número oficial de asistentes a la misa principal que celebró el Papa en Madrid, y a la vista de las imágenes me lo creo. 

Una enorme masa de gente joven entusiasta con el Jefe de la Iglesia Católica. 

 Además, comprobado personalmente en la antesala de estas jornadas en Sevilla y San Sebastián, estos jóvenes actuaban con alegría. No dudo que una alegría sincera. Cánticos, bailes, corrillos, rezos. 

Y yo me pregunto, ¿en qué mundo vivo? ¿Qué proporción de esos jóvenes utiliza preservativo? ¿Cuántos de entre ellos eran homosexuales?,¿Cuántas de esas niñas no habrán abortado? ¿No habría ninguno con padres divorciados? ¿Ninguno ha tenido relaciones sexuales sin casarse? 

Si yo fuera Papa cogería los bártulos y me iría a Somalia, porque es allí donde se necesita piedad y compasión, actitudes ejemplares. 

Hay una historia muy hermosa contada en el Nuevo Testamento. Habla de un hombre bueno, humilde, que pregonaba el amor a los otros sin condiciones, que se ofrecía como siervo al resto. Yo, de esa historia, me quedo con la bondad. Del resto no tengo capacidad de creer nada, pero respeto a quien tiene fe. 

Un millón y medio de jóvenes gritan: 'Ola, ola, ola, Benedicto sí que mola'.  

Y yo me pregunto, ¿en qué mundo viven?

miércoles, abril 20, 2011

Huida

Decía Luis García Berlanga que, cada vez que había Fallas en su tierra, huía de Valencia. Pero, al mismo tiempo, echaba de menos no estar allí.

Mi madre, muy creyente, me llevaba a ver las procesiones cuando pequeño. Me emocionaba viéndola llorar a lágrima viva viendo pasar el palio de la Macarena. Ella me lo contaba muy fácil.

'Mira, mira cómo vienen meciéndola, mira cómo le tocan música para quitarle el dolor. Todos los años viene con su gran manto para arrastrar con él todas nuestras penas'.

El paso llegaba, ella se quedaba paralizada, me agarraba y se iba ese cortejo de duelo, dejando lleno de plañideras sevillanas el recorrido a su paso.

Siendo chaval me hice hermano de la Soledad de San Lorenzo. No podían procesionar mujeres por entonces y yo, el primer varón de su mejor amigo, era lo más parecido que tenía Pedro a un hijo. Fueron muchos años llegando puntual a la cita de cada sábado santo. Desfilando descalzo, primero con cirio, luego con cruz.

Hasta que la fe se me fue. Se me fue por completo.

Hay quien es tan tradicional que, incluso no creyendo, acompaña cada año a su hermandad camino de la catedral.

Yo no sé.

Me gusta enseñar la Semana Santa a mis amigos de fuera. Lo sé explicar todo, desde las imágenes a las sensaciones, y creo saber resumir la belleza de cada momento.

Hubo un tiempo en que, casi a escondidas, veía la Madrugá recordando los arrechuchos de mi madre, o me acercaba a la Plaza de San Lorenzo a ver recogerse a mi Soledad.

Hoy, como Berlanga de su ciudad, me voy de Sevilla a disfrutar de mi merecido puente de vacaciones. Me esperan Portugal y los míos.

miércoles, febrero 23, 2011

¿Dónde quedan?

Leí que en Bengasi, en la costa este de Libia, los manifestantes contra el régimen de Gadafi se acercaron a una comisaría para solicitarles unirse al pueblo. Los policías abrieron las puertas y la gente, entusiasmada, entró. Pocos minutos después, con 23 manifestantes ya en el interior, cerraron a cal y canto y los acribillaron con balas en la frente.

Todos somos culpables de haber asumido como normal que existiesen Libias.

Un Diablo vestido de túnica insulta al Islam escupiendo amenazas contra su pueblo, invocando ríos de sangre, bombardeando con la aviación a la patria que dice defender.

La gente, en cambio, sale, grita, se lanza contra la sinrazón de haber aguantado decenios, tal vez milenios de sometimiento a dictadorzuelos de harenes, banquetes y piedras de diamante.

No puedo acostarme estos días sin sentir una doble emoción, la de quien se sabe partícipe de la ruptura del mundo islámico con el fatalismo que suponía tener que asumir vivir en la edad media en plena época digital y el dolor de pensar en los muertos, héroes anónimos que están sacando a sus vecinos, a familiares y conciudadanos anónimos, de la postergación.

Yo sería seguramente el cobarde que miraría la tele horrorizado, maldiciendo a Gadafi, sin tener el valor de salir a la calle para gritarle ¡basta! por el temor egoísta a que una bala me borrara de este mundo.

Sin embargo, pienso en esos 23 valientes de la comisaría de Bengasi y me planteo, ¿dónde quedan esos héroes?

miércoles, diciembre 29, 2010

Una broma

Como buen vividor que soy, pienso a menudo en la muerte.

Ya no lo hago con el pánico helador de la infancia-adolescencia, en esos tiempos en que descubres la verdadera naturaleza del hombre y nuestra temporalidad.

En mi caso aparece una tabla de planchar, la cocina de la casa de mis padres y una conversación con mi madre.

Mi pregunta, inocente, esperando una respuesta tranquilizadora:

'Pero, mamá, ¿todos nos tenemos que morir?'.

'Sí, hijo'.

Esa época en que aún no te ha salido vello en las axilas y ya piensas en la oscuridad de tu cama que habrá un momento que estés enterrado bajo tierra, que nunca más existirás.

La muerte es arrebatadora y no es fácil endulzarla a base de razonamientos, que no llevan a otro término que a constatar que sólo hay un final.

Sin embargo, al madurar vamos entendiendo de otra forma el mundo y nuestro lugar en él.

Sería horripilante también pensar en una existencia eterna en este mundo, ¿hacia dónde nos llevarían nuestras relaciones?, ¿cómo estableceríamos mecanismos para proponernos nuevos objetivos e ilusiones por los siglos de los siglos?, ¿cómo sería posible seguir madurando?, ¿habría infinitas generaciones viviendo al mismo tiempo?

Desde mi perspectiva agnóstica, como desde cualquier otra, es duro asumir el dolor de la desaparición total. A fin de cuentas, es más duro el morir de los otros que la propia muerte, porque una vez desaparecido uno ya no habrá vida pero tampoco sufrimiento.

A veces, en sueños, alguien me explica que todo esto es una broma y siento una placidez total. Pero los sueños acaban también.

Entender que somos finitos es lo que me hace vivir la vida plenamente.

viernes, octubre 29, 2010

La columna

La inmensidad, hablan de 16 millones de habitantes, y el caos de Chennai, en la India, nos hizo contratar un circuito de 3 horas con chófer para hacernos con las distancias de la ciudad y visitar sus puntos más emblemáticos.

Tras pasearnos por su inmensa playa de arena fina, con barcas de pescadores, mucha suciedad y un mar infestado de tiburones, visitamos el fuerte montado hace siglos por los ingleses y la basílica de Santo Tomás, donde aparentemente está enterrado el santo, antes de llegar al fastuoso templo indú de Parthasarati...

Impresionado por su contundencia, en pirámides de piedra labradas con personajes minuciosamente perfilados que dan entrada al visitante, nos recibieron parias desaliñados, niñas que se hacían fotos con nosotros y viejas que nos untaban de polvo rojo el entrecejo. En los exteriores de cemento, tiendecitas vendiendo velas y flores para el templo, mujeres tiradas por el suelo y viejos famélicos pidiendo de comer.

A gritos me expulsaron cuando vieron que entré con zapatos. Me descalcé y volvieron a decirme que no, al llevar los zapatos en la mano.

Es un templo del siglo VIII, descuidado pero impactante, terrorífico diría yo. Multitud de pasadizos se hacen remolinos en su interior y no sabes hasta qué punto estás participando en un sacrilegio.

Los fieles entraban por diversas puertas, presenciaban a lo que deberían ser santones con falda blanca que, introducidos en pequeñas capillas doradas, los atraían hacia sí. Yo no entendía nada. Había quien se untaba con polvo amarillo colocado sobre las paredes, quien se tumbaba en el suelo, quien daba vueltas a una de las múltiples columnas negras, con personajes casi-aztecas labrados sobre ellas, siempre en el sentido de las agujas del reloj.

Me cogieron haciendo una foto y volvieron a gritarme.

Intenté salir, y de nuevo bronca.

Según dedujo Pablo, estábamos girando en el sentido contrario. Los giros sobre la columna, dentro del propio templo, alrededor de cada fuente... eran siguiendo las agujas del reloj. Incluso una maqueta del templo representaba a todos los muñequitos girando en el mismo sentido.

Hoy hemos salido tan tarde de trabajar que sólo nos apetecía una cerveza. Hemos cenado en el restaurante del hotel comida india, tratando de que no fuera tan picante como la de ayer. Arroz con yogur y patatas con especias, muy rico.

Luego hemos ido a la discoteca del mismo hotel donde nos hospedamos. Según dicen las guías el mejor night-club de la ciudad. Un local que cierra a las once y media de la noche y es considerado el mejor garito de una metrópolis de 16 millones de habitantes. Y pareciera que estábamos en la discoteca de Cazalla de la Sierra.

Es un país difícil para un europeo. Tanta pobreza ¡duele tanto!

Mirábamos, con un gintónic en la mano, a la gente bailar, tan torpe... apurando los cinco minutos hasta el cierre del mejor night-club de Chennai, que Pablo sentenció:

'No me extraña que le anden dando vueltas a una columna'

Y es que no encontramos ciudad más triste y aburrida que Chennai.

Tristeza y aburrimiento para dos occidentales que no olvidarán la miseria de las calles de la India.

martes, octubre 26, 2010

Tailandia

Hoy hemos dejado atrás la caótica ciudad de Yakarta, en un despegue espectacular para la vista. Las costas estaban inundadas por la gran tempestad que vivimos ayer y al norte, conforme el avión ascendía, pudimos comprobar las paradisíacas islas que se extienden por el mar de Java.

Hubo un momento en que las nubes desaparecieron, y sólo quedaba un inmenso mar azul turquesa bajo nosotros. Tan turquesa que se confundía en el horizonte con el cielo. Por entonces saboreaba un gintónic de aperitivo y ese puntito de alcohol junto con la visión infinita de azul en todo el espacio inmediato, me hizo sentir que estaba en otra esfera, eterna y sin fronteras, donde no había norte ni sur ni coordenadas posibles. Todo rodeado de azul viajando hacia ninguna parte.

Tailandia también se nos ofreció con las costas inundadas y grandes campos anegados.

Los edificios y autopistas a vista de pájaro, el aeropuerto y el tren hasta el hotel, el metro intermedio, los edificios, la gente moviéndose y el tono de éstas al hablar implicaban un giro radical, positivo y no esperado, frente a su vecina y desordenada Indonesia.

Yo quería pasearme Bangkok toda la tarde oscura que nos quedaba por delante, pero Bangkok es otra megalópolis imposible de pasearse a pie. Tomamos un taxi que tuvimos que dejar, por el colapso de tráfico, aprovechando la aparición de un templo budista.

Un templo budista de barrio. Un martes cualquiera en la vida de esta ciudad, con los 'parroquianos' arremolinados quemando incienso, arrodillados, ausentes, escribiendo deseos en papel para ofrecerlos a Buda.

En Tailandia el poder religioso parece estar excesivamente valorado. Y eso no me agrada.

Frente a la espiritualidad, la carne y el desenfreno de Patong. Nos acercamos al barrio rojo, donde todo se nos ofrecía. Sin escrúpulos. Tomamos cervezas rodeados de mujeres que nos proponían una compañía interesada, de chavales enseñándonos catálogos de DVD pornos o entradas para espectáculos similares en locales que aparecían cutres.

Pero nosotros queríamos una tranquila cena tailandesa. Encontramos el lugar. Allí llegaron cuatro asturianos recién llegados de vacaciones. Nos invitaron a una copa de Marqués de Cáceres que traían en la mochila y entablamos una conversación deliciosa.

Entonces una de ellas, al explicarles el objetivo de nuestro viaje, nos preguntó por Roberto Ruiz, amigo íntimo de ella que trabaja en nuestra fábrica.

Te vas al otro lugar del mundo y, en la mesa de al lado, hay alguien cercano a ti.

jueves, octubre 14, 2010

Corea

Amanece en Pusán.

Cuando aterrizamos ayer y para evitar caer en la tentación de mantener el ciclo del sueño, tomamos un plano de la ciudad y nos lanzamos a la calle a preguntar ‘¿qué visitamos?’

Los coreanos son solícitos, se paran, te escuchan, pero no te entienden. Dedujimos rápidamente que ésta es una ciudad enorme pero no turística y que, si algo merecía la pena visitar era el templo de Beomeosa. Medieval y budista.

Las informaciones para llegar eran contradictorias. Al menos la estación de metro se llamaba así, Beomeosa, y estaba subtitulada en caracteres occidentales.

Una vez allí, preguntábamos cómo llegar al templo. A falta de inglés, todas las explicaciones eran onomatopéyicas. Muy gestuales, movían todo el cuerpo, incluso las caderas y con el brazo nos señalaban dónde creían que se encontraba el templo acompañándolo de sonidos tipo ‘yyyyyyyysáká’, ‘rrrrrooooopushú’, ‘tooooliiiiidá’. Afortunadamente dimos con alguien que nos explicó que si hubiésemos ido andando como nos dijo el primer informante, habríamos necesitado dos horas para llegar a lo alto de la montaña donde estaba el templo. Tomamos el autobús 90.

Impresionante y descuidado, nos introdujimos por sus callejuelas, que seguramente indicaban prohibiciones en coreano que no entendíamos, y es que de pronto nos vimos en un templete de madera reconvertido en gimnasio lleno de monjes budistas. Al menos, todos nos sonreían.

Anoche, Hojin Lee nos paseó por la bahía de Pusán, en barco, tras invitarnos a cenar en una barbacoa coreana. Una vez embarcados y contemplando la inmensidad de la ciudad iluminadísima, me contó que al día siguiente nos llevarían a comer sushi. Cuando le pregunté si era sushi japonés se le cambió el rostro. ‘¡¡¡No!!!’. El sushi coreano se toma con el pescado recién muerto. Lo degüellan, y te hace el gesto correspondiente, y lo cortan en trozos directamente al plato. Buena oportunidad de callarme.

Y es que la suerte o desgracia de Corea es estar tan cerca de Japón. Tienen empresas reconocidas a nivel mundial como para sentirse plenamente orgullosos: Samsung, LG, Hyunday, Daewoo, Kia… Tienen una cultura milenaria, pero demasiado similar a la japonesa a ojos vista de un occidental. Su gastronomía, templos, avenidas de neones, mercados de pescado, vestimentas, rasgos físicos, idioma, escritura o gesticulaciones son demasiado similares a las del gran hermano japonés.

Daría la sensación, tras venticuatro horas deambulándola, que Corea no está acostumbrada a que la miren. Fuera del círculo del hotel, no te cruzas con nadie que no tenga rasgos asiáticos.

Cuando preguntas por un templo, te observan, preguntándose ‘¿qué hace este guiri aquí?

jueves, agosto 12, 2010

Coacciones

Pocas cosas me revientan más que la falta de libertad, pero no hablando de ello como concepto abstracto y alejado de nosotros, sino cuando se traduce en una realidad física y, sobre todo, cuando se excusa basándose en otras 'verdades' que suelen tener mucho que ver con religiones, dictaduras o nacionalismos de mira estrecha.

Es una coacción enorme la que provoca el mundo extremo islámico sobre el libre pensamiento. A mí mismo, aún siendo leído por pocas personas, me da pánico pensar en las consecuencias de una crítica a esas yihads o fatuas que condenan al que piensa distinto. Juegan con el miedo para imponer un pensamiento único. Ahora nos llegan ecos de lapidaciones a mujeres por el hecho de llevar una vida sexual independiente, antes nos llegaron condenas a escritores o a dibujantes. Es indignante pensar en dirigentes como Ahmadineyah, el dictador iraní que 'ganó' unas elecciones fraudulentas, que utiliza con esa risa socarrona soflamas negacionistas del holocausto para justificarse ante un pueblo narcotizado por informaciones que sólo llegan de un bando. Como su amigo Hugo Chávez, otro impresentable que cierra las televisiones y periódicos que no comulgan con su populismo cateto, trasnochado, apoyado en argumentos interesados en que la culpa, siempre, es del otro, llámese Colombia, el Capital o los yanquis. No de él, que gestiona el país como una finca.

En menor grado, pero no por ello más aceptable, hemos vivido y vivimos los últimos decenios en regiones, nacionalidades o naciones de España (no tengo problemas en llamarlas de acuerdo a esas tres distintas acepciones, porque entiendo que cada cuál la pueda sentir a su manera) que sufrieron enormemente en el pasado una falta de libertad para hablar su lengua, proteger su autogobierno o mantener su cultura. Hablo, efectivamente, de Euskadi y Cataluña. De la coacción que supone para cualquier ciudadano que no se sienta nacionalista expresarse en libertad. No lo puede hacer aún más si vive en una pequeña población guipuzcoana donde el único discurso es el del odio a lo español. Ni siquiera en temas tan banales como el fútbol. En este último Mundial, las calles del País Vasco estaban desiertas pero los gritos de gol de la selección se cantaban con las ventanas cerradas y con sordina, porque nunca se sabe qué pueda pensar, o a quién conocer, el vecino...

En el caso catalán el sibilinismo nacionalista es aún mayor. Es cierto que las encuestas hablan de un 20-25% de independentistas. Pero eso implica un 75-80% que no lo son. En cambio, el patio de vecinos está tomado por los que forman la minoría. Volvamos con el fútbol. En un país, como el catalán, donde más del 50% de la población se siente tan catalana como española, ¿por qué no se ve una sola bandera de nuestro país en el campo del Barça?, ¿hay libertad real para hacerlo o te juegas el tipo? Todo está tamizado por el pedigrí del buen nacionalista. A mí las banderas me traen al pairo, pero un chaval que vaya al fútbol en ese ambiente sólo ve un sentimiento permitido. Y Cataluña es más grande que eso.

Cuando desde pequeño el discurso correcto que oyes es el del odio, salvo que uno tenga mucho valor, convicciones fuertes y ganas de complicarse la vida, el discurso contrario queda diluido y arrinconado.

Es como cuando un homosexual lleva toda la vida oyendo chistes homófobos y ridiculizaciones de su condición, ¿quién es el valiente que se manifiesta tal como es?, o aún más, ¿quién se atreve a defenderlos sin que le acusen de 'mariquita'? Afortunadamente, en este campo, la sociedad va avanzando gracias a leyes que protegen al que es minoría. Del mismo modo que Patxi López ha hecho mucho bien luchando contra la ignominia de permitir cartelería de asesinos por las calles vascas.

Yo quiero una cultura islámica justa, abierta, como la que se dio en sus orígenes. Quiero una España abierta, plurilingüe, en que Cataluña y Euskadi sean lo que quieran ser, pero sin coacciones.

viernes, junio 25, 2010

Claret

Nací en una familia de clase media, éramos cuatro hermanos y nos matricularon desde parvulario en colegios religiosos, de curas, el Claret, David y yo, y de monjas, las Irlandesas, Mónica y Raquel.

En todo ello influirían dos hechos, la cercanía de los 'coles' a nuestro barrio y la religiosidad de mi madre.

En cualquier caso significaba por entonces un importante desembolso económico. Cuando llegué al Bachillerato mis padres me propusieron ir a un Instituto Público, que además era conocido por su calidad educativa, el Herrera. Yo me negué en redondo. En el Claret tenía a mis amigos del alma y suponía un drama dejarlo todo y empezar de cero, en esa época de la vida en que todo se magnifica.

El caso es que poco a poco me daba cuenta que mi mentalidad no casaba con unos compañeros que venían de familias muy de derechas, pronto decidí que no creía en Dios y mi mundo futuro no podía ser ése.

El paso del tiempo me demostró que, efectivamente, mi visión de la vida no coincide en absoluto con la que se me adoctrinó por entonces.

Recuerdo, incluso, la tristeza con la que muchos vivieron la derrota de Tejero en el famoso Golpe de Estado del 23-F.

Ahora me tengo claramente por una persona alejada de dogmas, de banderas, patrias y hermandades religiosas.

Sin embargo, hace algo más de un mes recibí un correo de la que fue mi promoción del Claret. Hace la friolera de 25 años que terminamos los estudios y proponían un encuentro para volver a vernos.

Ese correo me sirvió para volver a contactar con antiguos 'compas' de los que sí guardaba buen recuerdo: Jose, ahora médico en Badajoz, Gonzalo, arquitecto, Enrique, trabajando en una compañía de seguros y con dos niños, Francis, con el que quedé en tomarme una cerveza en unos días y que me contará si terminó definitivamente su carrera de abogado.

Tuve claro desde el principio que no iba a ir, pero eso no impedía un remover de tripas imaginando esa escena de verlos tanto tiempo después.

El encuentro, por lo que sé, fue un éxito rotundo. Yo no estuve.

Sé que los años no tienen vuelta atrás, que nadie arrancará mis años de infancia y adolescencia en el Claret, que ni siquiera quiero que lo hagan, porque esa experiencia conforma lo que hoy soy.

Me emociono en la distancia viendo fotos colgadas en redes sociales de esos niños que fuimos en épocas que, por encima de todo, fueron dulces.

martes, marzo 16, 2010

Lopus

Vienen de la habitación de soltera de mi tía Elo, en la casa de mi abuela materna, mis primeros recuerdos de esa ciudad, Lopus.

Hablaban mi madre y mi tía, y al nombrar a las personas nacidas o venidas de ese lugar, casi siempre se trataba de mujeres mayores, con pelo de peluquería, mucha laca, de familias con muchos hijos y beatas.

También había hombres, 'su marido también es de Lopus', pero por regla general eran mujeres de las que yo oía hablar con esa procedencia.

No sabía si eran nacidas allí o empadronadas, porque a veces venían a decir: Ella también se ha hecho de Lopus.

Parecía que hablasen de una secta en vez de una ciudad y que las normas fuesen muy rígidas para entrar. Incluso creí entender en algún momento que tenían que pagar dinero por ello. ¡Por ser de un lugar!

Debía ser una urbanización cerrada, con vigilantes en la puerta que no te dejarían pasar si no fuera previo pago. Y daba miedo pensar que una vez entraras, no te dejasen salir.

Yo no sabía si estaría ese sitio cerca o lejos de Sevilla, porque mi tía Elo salía con un novio madrileño y, al parecer, allí también había mucha gente de Lopus.

En esa ciudad o pueblo debía de haber muchos colegios, por la cantidad de niños que tenían, y muchas iglesias, por todo lo que rezaban.

Tendría yo tres o cuatro años, y ya sabía yo que prefería haber nacido en Sevilla, y no en Lopus.

viernes, enero 29, 2010

La Ética

Es una de mis palabras preferidas por todo el significado que contiene.

Sus formas austeras corresponden con su esencia. Su pronunciación, metálica, sonora, marmórea, le concede majestuosidad. Y acompañada de su artículo, La Ética, resulta definitiva.

Ética contra nada, sino a favor del hombre.

Biblia laica de personas valientes.

Lo leí a una escritora irlandesa, Julia O'Faolain, 'cuando la religión te abandona, la ética funciona bastante bien'.

La mayor parte de los seres humanos tienen un sentido de transcendencia en su sentir personal, sean creyentes o no. La espiritualidad puede ser perfectamente asumida por un agnóstico si definimos ésta como la capacidad de expresar sentimientos, de comunicar emociones, de proyectar ilusiones.

Independientemente de la creencia en un ser superior o no, el hecho innegable es que los seres humanos existimos, que convivimos, nos relacionamos, tenemos que compenetrarnos para evitar el caos que sería no tenernos en cuenta los unos a los otros.

¿Cuál sería entonces la Regla Suprema para moderar estas conexiones entre humanos, sujetas por hilos que siempre rozan, cuando no entran de lleno, en el conflicto?

¿Qué es lo que nos debe guiar a la hora de definir una buena práctica, para considerar quién tiene razón?, ¿cuál es el mejor comportamiento?

¿En qué Principios morales apoyarse cuando te enfrentas a situaciones injustas, cuando la desesperación se apodera de ti, en esos momentos en que todo pierde sentido?

¿Bajo qué prisma valorar al otro?, ¿cómo valorar y valorarse?

Yo encuentro todas las respuestas en La Ética, a la que, independientemente de lo que diga la Real Academia de la Lengua, yo la definiría de una forma sencilla.

Es la forma más correcta de actuar, entendiendo por correcto todo lo que emana de la bondad.

La Ética es actuar pensando en el otro como si estuvieses pensando en ti.

Ir de frente, evitar las medias verdades, boicotear al mal, entendido como aquello que hace daño, que denigra, que embrutece, que estropea, que saca de nosotros la persona que viviría feliz en el caos.

jueves, diciembre 17, 2009

Masajes de amor

Por mi familia y mis amigos es conocido mi casi eterno dolor de espalda. Yo lo relaciono con mi época de remo, en que compartí bote durante años con un chaval a quien llamaban 'El Muerto' y del que cogí la anti-ese de su espalda a base de intentar nivelar el barco con los movimientos antisimétricos al suyo.

Los años estudiando en la Biblioteca de la Universidad tampoco ayudaron a calmar esos dolores de columna desviada.

Los mayores arrechuchos los relaciono con el susto que para mí supuso el problema de corazón que padeció mi padre y su larguísima, y tensa, operación.

Voy cambiando de fisioterapeuta, osteópata o masajista como quien cambia de pantalones vaqueros. La seducción de sus artes dura unos meses. Me envían deberes a casa para realizar todo tipo de posturas, me proponen cambiar de lado de la cama, me aconsejan pilates, natación...

En la Seguridad Social me hicieron una radiografía y me dijeron que lo que yo tenía era una pequeña desviación de columna sin mayor importancia y con una sonrisa gritaron '¡que pase el siguiente!', sin saber que el tipo al que tenían enfrente es un gran defensor de la Sanidad Pública. Snifff...

A través de mi amigo Miguel, di con la última masajista diplomada.

Llevo ya dos sesiones.

Cuando le expliqué con calma el dolor concreto que siento, dónde está situado, cómo me crujen las costillas y se me comprime todo el pecho, ella me escuchó atentamente. Puso música oriental, apagó luces, extendió gotas de aroma anti-estrés por mi pecho desnudo y me dijo que me colocase boca abajo.

Colocó sus manos sobre mi trozo de espalda dolorida y me dijo que esa zona le transmitía una infinita tristeza y muchas ganas de llorar.

¿Has sufrido alguna muerte cercana en tu vida?

Le hablé de mi madre muerta a mis 18 años.

Entonces ella me propuso un juego. Mi desesperación dorsal no podía no dejarse llevar por sus propuestas.

Mientras me masajeaba, suavemente, la espalda, me dijo que visualizara a mi madre. ¿Cómo la ves?, sonriendo -le contesté-, ¿cómo de lejos estás de ella?, a dos metros, ¿qué hacéis?, nos miramos, ¿no os tocáis?, no...

Me pidió que le hablase, a mi madre, que le dijese que la quería, y yo me agarraba a las patas de la camilla.

En ese momento me relató un cuento muy dulce, en que la Tristeza y la Rabia se iban a bañar a un arroyo. Cuando terminó el baño, la Tristeza se puso por error el traje de la Rabia.

'Eso veo en tu espalda, Salvador, tristeza y rabia que no ha podido evacuarse'

¿Hiciste el duelo debido por su muerte o lo reprimiste?; lo reprimí -le confesé.

Entonces me hizo agachar la cabeza imaginariamente y pedirle perdón por esa rabia inconsciente hacia ella por haberme abandonado. 'Ofrécele la mano, Salvador, dile a tu madre que comprendes su infinito dolor'. Yo le di la mano y mi madre me la acarició.

Mi espalda estaba relajada como nunca.

La espalda del humano más racional que conozco estaba relajada.

¿Y si fuese verdad?

domingo, agosto 02, 2009

Pecado original

Confieso mi lejanía infinita de la religión católica.

Creo que, de haber sido obligado a elegir una religión al nacer, para adoptar como propia, me hubiera sentido mucho más atraído por el budismo, aún estando bien lejos de tomarlo como religión de forma voluntaria.

Nos ponen en este mundo sin que nadie nos pregunte. Nos plantan en una ciudad, en una familia, con un físico y un intelecto, sin darnos un manual de instrucciones.

Con el paso de los años entendemos que esta existencia, no solicitada, es además caduca. Y que no hay nada que hacer contra ello.

Títeres, se podría llamar la película.

La religión católica, para más inri (nunca mejor dicho), nos coloca otra mochila más a trasportar: El pecado original.

No vale con haber aparecido sin haber sido preguntados, ni saber que por muy bien que hagamos las cosas nuestro destino es morir, sino que además nacemos pecadores.

El drama, a mi entender, pasa a ser cómico.

Claro, eso sí, pórtate bien y entonces encontrarás el perdón de tus pecados y la vida eterna.

La vida eterna…

La vida mundana, la que sí sabemos que existe, porque la pensamos, sufrimos y disfrutamos, ya es suficiente prueba como para andarla con cadenas de más y amenazas subterráneas.

La bondad, para mí, es la única clave. No podemos pretender que existan seis mil millones de ‘Vicentes Ferrer’, no aspiro, porque yo soy el primero que no tengo la fuerza, ni la calidad humana suficiente, en abandonarlo todo por los pobres, por los que sufren. No creo que ese espíritu, además, case con la naturaleza humana, demasiado imperfecta sin necesidad de pecados originales.

Buscar la santidad, la perfección, es encontrar la frustración.

La bondad como clave en el sentido de actuar teniendo como lema el hacer por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti. Sencillo. Con el más cercano, con tu gente, en tu barrio, en tu trabajo… La bondad es una cualidad difícil de trabajar pero enriquecedora al máximo.

Es cuestión de ponerse a ello, y las marionetas comenzaremos a sentir menos tensas las cuerdas que nos manejan.

Lo que tenga que venir después, vendrá… no hay que preocuparse, porque no nos preguntarán.

viernes, junio 26, 2009

Hojin Lee

Ha sido al terminar la última copa (the fourth level) cuando me ha ofrecido, ceremoniosamente, un llavero en el que está plastificada para la eternidad una flor nacida en metal, en una estatua de Buda de la que su madre es muy devota.


No hace falta ser muy perspicaz para comprender la asociación de ideas que rápidamente he hecho con tantas otras madres sevillanas y las vírgenes correspondientes.



Hojin Lee es un coreano de 40 años que apareció, con previo aviso, hace dos semanas en Sevilla para realizar un trabajo de largo plazo con la fábrica de Renault. Lo recibí, organicé sus jornadas de trabajo y hoy, un día antes de su partida definitiva hacia su ciudad, Pusan, le ofrecí cenar conmigo.



No hizo falta más que dos cervezas para que me leyera la mano (si no mueres a los setenta, serás centenario), que tres cervezas para que me hablara de la decisión de tener su segundo hijo (un día después de que muriera su suegro, justo tras celebrar su setenta cumpleaños), que cuatro cervezas para decirme que el mundo es pequeño, que las gentes son iguales, que la vida es corta...



Me enseñó fotos de sus hijos (de pronunciación imposible), me habló de las otras vidas en las que cree, me invitó al último gintónic y me agradeció en el alma, con un abrazo fuerte y tímido en la puerta del hotel, haberle invitado a esta cena.



Mediocres los que ven en los rasgos asiáticos simplemente chinos, estúpidos quienes ven en la raza un signo de diferenciación.



En Hojin Lee he encontrado a Corea, unos ojos agradecidos, ganas de conocer el mundo. Pena que mi inglés no llegara a las sutilezas de entender cada risa, cada gesto de Hojin Lee.



Para siempre su llavero.

domingo, mayo 31, 2009

El cordero de oro

En mi ciudad es delicado tocar determinados temas, y no debiera serlo.

Todo lo que se trate desde el respeto, con una óptica personal y razonada, más a sabiendas que en el terreno en que voy a entrar conozco gente, cercana, a la que quiero, todo lo que atañe a cada cual es opinable.

Mi reflexión versa sobre la romería del Rocío.

A mi modesto entender, la peor publicidad que se puede hacer de nuestra tierra. Soy sevillano, tengo 41 años y, por tanto, argumentos, experiencias e historial al respecto.

Tengo un gran factor en mi contra. Nunca fui a esa romería.

Cuando se mezcla la religión con el alcohol, malo. Si la devoción se confunde con idolatría, peor.

Estoy cansado de lágrimas falsas, de sevillanas a la Blanca Paloma, de grandes dosis de incultura disfrazadas de gracia y salero, de hipocresía vestida de faralaes.

Cuando se ven imágenes de Kerbala y ese peregrinaje de 'fanáticos' golpeándose la cabeza, pienso que no está tan lejos del Rocío. Es más bonito éste, más romántico, pero en el fondo hay la misma materia.

Haría una gráfica e iría anotando los peregrinos que acuden cada año a este festejo. Que la curva de asistentes bajara sería, en mi opinión, el mejor síntoma de que nuestra tierra está dando saltos en positivo.

¿Mi lucha va contra el floklore?, ¿contra la cultura popular?, ¿contra la tradición?

Tal vez.

Tengo el derecho a tomar postura.

Quizás por eso defienda la Feria de Abril, con las críticas correspondiente a su exclusivismo y demás (que se podrán corregir en el futuro), donde para divertirnos, cantar a la vida y los amigos, bailar sevillanas y beber (con o sin) moderación, no hace falta buscar corderos de oro.

lunes, mayo 18, 2009

Ser de izquierdas

En un foro de literatura en que suelo entrar de vez en cuando, una discusión derivó en el tema del aborto. Dando mi opinión sobre el asunto, una mujer que estaba allí conectada me llamó ‘rojo’. No contenta con ello, pasó a llamarme ‘rojeras’. No sólo no me molesté, sino que me reafirmé en mis convicciones. Como el tono de la charla era, a pesar de todo, amable, me permití preguntarle a esta mujer de dónde era. Me contestó: ‘De la tierra de Esperanza’. ¿De la Esperanza Macarena?, me atreví a interrogarle. ‘No, de Esperanza Aguirre’.

Con la iglesia hemos topado.

Hay mucha gente que critica el hablar de izquierdas y derechas. Todo se mezcla, ya no hay fronteras, son estigmas del pasado, ya no hay principios políticos…

Yo, en cambio, me reivindico de izquierdas. Sin ambigüedades ni tapujos. De izquierdas.

¿Qué entiendo yo por ser de izquierdas?

Ante todo, un principio básico. El convencimiento de que los seres humanos no pueden ser tratados todos por igual.

‘Horror, ¡Eso es lo contrario al socialismo!’

No. A quien realmente es de izquierdas, le preocupa un mundo en que se sabe que no todos tenemos las mismas capacidades (intelectuales, físicas, emocionales, económicas, culturales…). A mí, como persona de izquierdas, me gustaría pensar en una sociedad que apoya con los recursos necesarios a quien no puede llegar.

¿En qué baso este razonamiento? En mi propia experiencia.

Sé que soy un ser privilegiado. He vivido en una familia de clase media, he recibido unos estudios universitarios, he tenido la capacidad de sacar una ingeniería adelante, tengo un gran trabajo y una nómina más que decente a fin de mes.

Una persona de derechas diría, y su razonamiento sería perfectamente respetable: ‘Tú te lo has ganado y tienes todo el derecho a disfrutar de tu esfuerzo’.

Yo, que vivo con gente a mi alrededor que, no por ser menos válida que yo, no ha llegado tan lejos, voto izquierda. Quiero que mis impuestos sean importantes porque considero que hay que apoyar a quien no tiene la fuerza, el intelecto o las ganas de vivir con las que yo he nacido. Esas cualidades, en un gran porcentaje, me han venido dadas.

El votante de derechas cree en la compasión como base de las políticas sociales, el de izquierdas cree en la justicia social.

Como buen demócrata entiendo que son necesarias las dos corrientes en un mundo civilizado. Los extremos son peligrosos. Una política exclusivamente de izquierdas, sin el contrapeso de una fuerza de derechas, tendería a sacar el lado perverso del ser humano, haciendo flaquear las bases del esfuerzo personal para conseguir manejar nuestro futuro.

Soy de izquierdas porque quiero una sociedad progresista, porque creo que hay que apoyar de forma especial a la mujer al estar en desventaja, porque hay que desterrar intolerancias contra los grupos minoritarios, porque no entiendo de nacionalismos basados en banderas, porque mi sociedad anhelada es multicultural.

Ser de izquierdas es no creer en herencias, ni en posiciones de privilegio. Cada cual debe tener las mismas oportunidades y, al que realmente le cuesta trabajo tirar del carro, ayudarle.

Una sociedad generosa con los débiles.

martes, marzo 31, 2009

Los muertos del Papa

Hay determinados temas que, de tan diáfanos, parece imposible tener que discutirlos. 

No es difícil ver la cadena de transmisión. Desde las pantallas de televisión del África Negra católica llega un mensaje del adorado Papa, que se desplaza en su Boeing para transmitirles lo que se supone ya debían saber, que los 540.000 infectados de SIDA del Camerún son pecadores y que no sirve de nada utilizar el condón. Quien no sea pecador no se contagiará. Un 6% de la población en un país donde las posibilidades de tratarse son mínimas. Quien no viese la tele, recibirá el mensaje directamente en la homilía de su iglesia de madera, o se lo dirá el vecino, o le pondrán la cara colorada si consigue juntar el dinero para ir a una farmacia a comprar un preservativo. 

Al Papa le hubiese gustado que los seres humanos fuésemos figuras geométricas asexuales, que se quisieran por programa y que, para que no se perdiera la especie, surgiera un cable que transmitiera una señal que posibilitara a la pareja para la que estaba programada tener otra figurita de porcelana. Al Papa le dan miedo las relaciones humanas, porque no sabe lo que son. No sabe lo que es el sexo y lo odia, escupe todo sus miedos y represiones, no sabe lo que es el amor real tras esa capa blanca de hipocresía. 

Se permite coger un avión de vez en cuando para salir de su celda dorada y decir al mundo lo que no es el mundo. 

No somos figuritas de porcelana, somos seres de carne y hueso que vivimos una realidad más dura de la que se ve desde ningún púlpito. 

Ya vale de acusar por follar, de pedir cárcel para las mujeres que abortan, de compadecer a los homosexuales, de castigar al infierno de una enfermedad sin cura a millones de negros a quienes se les educó en el amor a un Dios que tiene un representante impresentable en la Tierra.

domingo, febrero 08, 2009

Cinismo a la italiana

Son muchas las ocasiones en que he estado en Italia, por diversos motivos, y observo con cierta sorpresa la incapacidad de esta sociedad pujante para quitarse de encima determinadas lacras.

Tener como gobernante a un tipo como Berlusconi justifica de por sí mi sorpresa.

¿Cómo una sociedad civilizada y culta puede elegir a semejante payaso para dirigir un país? Un fascista, machista, retrógrado, de chistes fáciles y denigrantes, contra los gitanos, contra la inteligencia de la mujer, del homosexual, del que no piensa como él.

Que el Vaticano acuse al padre de Eluana de ‘criminal abominable’ no me sorprende. Mi respeto por las decisiones de la Iglesia Católica se limita a escribir estas dos palabras con mayúsculas, poco más, pero que un Presidente de un país civilizado de una Europa culta en pleno siglo XXI monte tal opereta para que no desconecten a una chica que lleva desde 1992 en estado vegetal, con el cerebro en estado de necrosis desde 1993, es simplemente inaceptable.

¿Quién puede querer más a Eluana que su padre?

¡Qué falta de respeto!, ¡qué lejos de saber enfrentar la vida tal y como es!

Por la vida de Eluana, dicen, para que siga viviendo. Es el culmen de la hipocresía basada en argumentos populistas, infantiles, demagogos.

La pena es que es el pueblo italiano, donde el integrismo católico se palpa en cada paseo, sea responsable de este tipo de elecciones.

No puedo tener respeto por un miserable como Berlusconi. Nunca respeto por gente así. El mundo necesita desquitarse de la maldad, de la chulería, de la incultura y el insoportable tufillo a fascismo que desprende este mamarracho.

viernes, noviembre 28, 2008

Desasosiego

Buscar respuesta con determinación a preguntas esenciales lleva al desequilibrio personal, si entendemos por esenciales todas aquellas cuestiones que se plantean el porqué de la existencia humana.

El punto de sensatez, donde se encuentra la zona de reposo desde la que se puede optar a la felicidad, o a un bienestar personal duradero, sólido, se encuentra en el término medio entre la frivolidad de quienes viven la vida en el terreno de las ambiciones huecas y aquellos que dramatizan al extremo cada decisión propia.

Analizando con microscopio hacia dónde nos lleva este teatro del ser y cuáles son los argumentos para vivir, podemos debilitar las bases de nuestro existir. Comprobar que nuestro paso por este mundo tiene un final determinante llamado muerte, sentir con lucidez que la gente a la que amamos llegará un momento en que no la tendremos más a nuestro lado, que toda nuestra inversión en afectos será menos que nada, porque no seremos, resulta aterrador.

Ante estas incertidumbres el hombre ha ido construyendo mitos y religiones, ha creado leyendas y ha inventado respuestas. Reacción a la brutalidad de la mortalidad.

Yo no creo que haya Dios. En mi fuero interno sé que no hay Dios. Es doloroso reconocerlo, pero entiendo que es valiente.

¿Qué mueve entonces mi vida?, ¿cómo evitar el desasosiego de pensar en un final total?

No hay respuestas mágicas, pero hay actitudes.

En mi caso las actitudes que hacen que a día de hoy me sienta una persona realizada y con un alto grado de felicidad pasan por compartir estos días regalados, en este juego de locos que es la vida, con mi gente cercana. Disfrutarlos con toda la fuerza y tratar de que no se asomen al precipicio del dolor. Mi estabilidad personal la encuentro en la cultura y el arte, en admirar hasta dónde ha llegado el hombre con sus limitadas armas, siempre perdedoras en el combate contra la muerte, sí, pero creativas. El sentido de la vida lo encuentro en madurar tratando de mejorar como persona, en hacerme cómplice del hombre con mayúsculas, del emprendedor, del sabio, del sensible, del que busca la verdad y no la encuentra.

Se puede entender la vida sin creer en otra cosa que en el hombre, imaginarlo en paz consigo mismo, no dislocado y egoísta, sino solidario con los suyos en su búsqueda de la Verdad, a sabiendas que esa Verdad nunca se encuentre.

No hay mejor Dios que un hombre bueno.