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miércoles, febrero 25, 2026

Pichet

En España no se estila la tradición del 'pichet'.

Esa jarrita de cristal de vino de la casa para acompañar las comidas.

No paro de repetirle a Fran: tenemos que hacernos con uno. Aunque sea por recordar los maravillosos años vividos en París 

Pero en realidad no quiero ver pichets en España, porque si todo estuviera en cualquier sitio perderías el cosquilleo de llegar a Francia y darte el gustazo de pedir:

—Quiero un pichet.

sábado, diciembre 21, 2024

Gambas

Es probable que para cuando leas este texto ya me haya llamado Raquel para decirme qué me toca a mí comprar para la cena de Nochebuena.

Si no fuera por mi hermana, acabaríamos sentados esa noche delante de unos cuantos platos de comida preparada de última hora.

Nunca lo permitiría ella.

En toda familia, en todo grupo de amigos, está esa figura impagable del organizador, quien asume el rol de que las cosas marchen bien y no nos abandonemos.

Raquel se ocupará, como siempre, de la carne mechada y la ensalada de endivias con roquefort. 

Mantener las costumbres es, también, una prueba de amor.

martes, abril 12, 2022

Tradiciones

Las tradiciones te anclan al útero de tus ancestros por mucho que quieras cortar el cordón umbilical.

Ellas resuenan para decirte tú eres uno de los nuestros, mientras haces que miras para otro lado.

La música de las bandas de la Semana Santa sevillana trompetea en mis oídos en estas tardes portuguesas en las que me empapo de buena literatura, me tomo mi café de media tarde y miro de reojo en la prensa si va a salir el Dulce Nombre de la iglesia de San Lorenzo. En estos merecidos días de descanso me dispongo a recibir amigos y en mi corazón está la pequeña traición que le haré también este año a la Macarena en su majestuosa 'madrugá'.

No importa que me considere un ciudadano del mundo, que mis creencias religiosas no existan, que tenga ganas de estar donde estoy.

A veces pienso que me gustaría haber nacido en una ciudad de avenidas sin nombre en medio de ningún lugar, para no deber nada a nadie ni sentirme obligado a defenderla.

Pero nací en Sevilla. La grande, la exagerada, la bellísima, la que cría a sus hijos en el amor total a sus raíces. 

La tremenda.

jueves, marzo 31, 2022

Panaderos

La reconocí en un balcón, un Miércoles Santo de cuando yo era muy joven.

La vi emocionada y me emocioné, con esa capacidad tonta que tenemos algunos de contagiarnos del brillo de los ojos en los otros.

Por entonces yo era muy capillita, me recorría las calles de Sevilla como un poseso para no perderme el paso de ninguna hermandad. Conocía cada rincón, dónde mecían mejor a la Virgen, cuál era la salida más difícil, en qué lugares cantaban siempre saetas.

Allí estaba yo, en la diminuta acera de la Cuesta del Bacalao, esperando la llegada de los Panaderos y su imponente escena de entrega de Cristo a los judíos, con un montaje rebosante de personajes, donde incluso cabía un olivo.

Así que yo vi a esa actriz, María Fernanda D'Ocón, con las lágrimas saltadas, en el balcón que estaba justo frente a mí, que andaba entremezclado a solas entre la muchedumbre. Tanto me impactó la escena, y tan peliculero soy, que volví al año siguiente justo al mismo sitio. Allí estaba la señora. Y al año siguiente. Y el de después. Ella no sabía que yo me citaba cada Semana Santa para verla llorar.

La madurez me fue apartando de esas tradiciones, el intenso ritmo de trabajo me hacía escapar de la ciudad en cuanto podía, pero siempre me acordaba de sus ojos esa noche, cuando imaginaba el majestuoso paso de los Panaderos bajando una de las pocas cuestas que tiene mi ciudad.

Ayer leí que la actriz ha muerto esta semana. Esa gran dama del teatro de ojillos vivarachos y nariz chata que se emocionaba, sin saberlo, para mí. Murió en paz, dice la noticia, rodeada de sus sobrinos.

El mundo seguirá girando, impertérrito, sin saber que deja atrás episodios de una dulzura infinita que se pierden para siempre.