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lunes, agosto 14, 2023

Churros

Salíamos de Cáceres bien temprano, ya de vuelta a Sevilla, con ganas de desayunar un chocolate con churros.

Entramos en un pueblecito cercano a la autopista, donde vimos un local, pequeño y extraño, por sus formas y el material de las paredes, donde ponía 'churrería'. Aparcamos.

Bajo un sol radiante, Fran se asomó, tras apartar una cortinilla.

—¿Sirven churros?

—Sí.

Nos hizo un gesto y allí nos metimos los cuatro. En cuanto nuestras pupilas se hicieron a la oscuridad vimos el horror. Un anciano, tras una barra, regentaba un negocio sucio, desordenado, antiquísimo, tal como si hubiésemos atravesado un túnel del tiempo, hacia más de un siglo atrás. 

Nos dio apuro dejar allí a ese señor, vestido con ropa de muchos días, llena de lamparones por todos lados. La sensación de un hombre solo, viudo, al límite del abandono, pero firme tras la barra de su negocio.

—¿Nos pone cuatro chocolates con churros?

Estaban buenísimos.

domingo, agosto 13, 2023

Pentecostés

Cuando era pequeño, y no tan pequeño, soñaba con tener el poder de las lenguas de Pentecostés.

Me ocurría en clase.

Me decía, que se le ponga una lengua de fuego en la cabeza a aquel que tenga padres separados, a quienes sean hijos únicos, a los que sean del Betis, a aquellos que vivan en familias de izquierda, a quienes tengan dudas sobre su homosexualidad. 

Fantaseado imaginando esas llamas encima de sus cabezas, con tener ese superpoder de jugar con ventaja.

La vida no obró milagros y tuve que rascar mucho para conocer qué había dentro del corazón de los compañeros que me importaban.

sábado, agosto 12, 2023

Pesadillas

Los años me confirman que la primera semana de vacaciones de verano son un disfrute de día y un infierno de pesadillas de noche, hasta que el subconsciente se da cuenta, al fin, de que la época del estrés está aparcada. 

Es entonces cuando el espíritu se une al cuerpo y los sueños se entrelazan con las jornadas del no hacer nada que se mida en horas y minutos.

Aparecen gentes venidas de otros tiempos, paisajes de infancia en los que las preocupaciones eran poder quedarme un rato más en la playa con los amigos 

jueves, agosto 10, 2023

Kazenbach

Katzenbach es el ejemplo de autor considerado creador de best-sellers, con lo que ello implica no tanto de desprecio, sino de desdén.

'El psicoanalista' es su novela más conocida, transcurre en Nueva York y es un libro de una intensidad desmesurada, en la que se despliegan todos los recursos del suspense con un lenguaje cinematográfico.

Es un libro gordo, propio del verano, de tardes largas, de siestas intermitentes, de colocarlo en el suelo y tumbarte bocabajo en la cama para cruzar no sé cuántas veces Central Park junto con el protagonista para entender quién le puede querer hacer tanto daño.

Para preguntarte, junto con él, a quiénes has podido provocar tanto dolor en tu vida. 

Todos tenemos víctimas.

Cada libro que leemos entra a formar parte de nuestra memoria vital, de modo que una persona leída es una persona mucho más vivida, porque tiene la ventaja de haber viajado en el tiempo, en el espacio, navegado todo tipo de circunstancias.

Yo soy también producto de Katzenbach, yo estuve allí con él, crucé ese parque, perdí el aliento.

Deportivas

En Sevilla capital, a las deportivas las llamamos botines.

Yo tenía 17 años y llegaba de mis campeonatos de España de remo en Mequinenza. Era puro verano y la familia ya estaba en una casa alquilada en la playa de La Antilla. Aceleré por tomar el primer autobús nada más llegar a Sevilla.

Solo quería abrazar a mi madre.

Me insistieron, en casa, para que no dejase de ir a esas regatas, porque llevaba todo el año entrenando; yo intuía, sin embargo, que querían retirarme unas semanas del declive pronunciado en la salud de ella. No podía imaginar, por entonces, que apenas le quedaban dos meses de vida.

—¡Mira qué botines te he comprado! —Me mostró, nada más caer yo en sus brazos, a la puerta de la casa, una tarde preciosa en la que se ponía el sol.

Quizás utilizaba las deportivas como señuelo para que no me fijase en ella, con el cuerpo ya machacado por tanta lucha, estéril, contra su enfermedad.

Fue el abrazo más hermoso.

—¿Te gustan?

—Me encantan, mamá.

lector

Al que no es lector lo único que le interesa de una novela es el desenlace; los que somos lectores sabemos que eso es lo de menos. 

Es como quien va a un restaurante simplemente a alimentarse, y le da igual el trato que le den, la presentación de los platos, la decoración del local, la carta de vinos o la sonoridad del sitio.

Introducirse en una novela no es mirar detrás del visillo, sino implicarse. No vale ser mirón, hay que cambiarse de zapatos.

La creación literaria muere en manos de quien no es capaz de jugar al juego.

Es cerrar los ojos exteriores, darle tu mano al autor y dejarte llevar por él.

martes, agosto 08, 2023

Naranja

A mí me sonaban las tripas a todas horas, lo que provocaba situaciones incómodas en reuniones de trabajo en las que, cuando se hacía el silencio, comenzaba a escucharse a mi barriga trabajar.

Yo sonreía con cara de pánfilo.

Algo había que no iba bien, porque todo ese proceso provocaba un reflujo que se manifestaba en fuego que subía del estómago hacia arriba. Las pastillas antiacidez eran parte de mi rutina.

Un día lo comenté a un amigo, siempre interesado en temas nutricionales, y me preguntó si desayunaba tostadas con zumo de naranja. 

—Sí, me encanta.

—¡Nunca combines el pan con el zumo de naranja!

No sé si fue el convencimiento con el que me lo dijo, pero cambié mis desayunos y, como por arte de magia, no volví a necesitar antiácidos ni volvieron a sonarme las tripas, como entonces, nunca más.

No recuerdo que un consejo tan simple me haya podido hacer más feliz.

domingo, agosto 06, 2023

Vigilancia

Soy un convencido de que solo funcionan los negocios que se vigilan, lo que me duele admitir, porque dice poco de la naturaleza humana.

Mi amor por la observación de los comportamientos sociales me ha demostrado que no se puede triunfar si dejas tus proyectos en manos de otros, por muy preparados que estén, por mucho que te quieran o buenas personas que sean.

Cuando el jefe no está, ni se le espera, cunde la desidia, la trampa, o la desorganización.

El jefe no suele estar por dos razones, o no tiene madera de líder o no le va la vida en el negocio.

Estar no es solo controlar, estar es también dar ejemplo. 

Cuando la persona a la que tienes que dar cuentas se parte más el lomo que tú, acabas por confiar en él y das lo mejor de ti.


Líneas rojas

Compartí una formación de trabajo, acerca de cómo potenciar nuestras fortalezas como mandos de la empresa, con una compañera a la que siempre consideré una persona mala.

Las personas malas existen, ¡vaya que sí!

Los cursos se impartían en París, así que nos veíamos en el avión, en el hotel, en el comedor.

Uno de los ejercicios consistía en elegir a diez personas de tu entorno laboral para que te evaluaran a partir de un cuestionario, que tú completabas al mismo tiempo.

Al final del curso nos entregaban los resultados en forma de gráfico. Cómo nos veíamos nosotros respecto a cómo nos percibían los demás. 

Si yo me veía mejor comunicador que cómo lo interpretaban mis colegas, me aparecía una línea roja, tan grande como la diferencia entre mi percepción y la media de mis compañeros. Si yo me veía peor como moderador de reuniones, aparecía en verde. Así, hasta cien comportamientos diferentes.

Lo habitual era un equilibrio de colores, tendente al verde por aquello de que no valoramos lo suficiente nuestras cualidades. 

Cuando nos entregaron el cuaderno con los resultados, yo estaba tras de ella, mi compañera, que se encontró un informe inundado de enormes líneas rojas. Ni un solo miligramos de verde.

Ella giró la cabeza, avergonzada, y vio que yo lo vi.

Vi cómo una persona engreída se sorprende de que el resto de la humanidad no se dé cuenta de lo mucho que ella cree que vale.

sábado, agosto 05, 2023

Ocho

A eso de las ocho de la tarde, a Fran le hace una videollamada su madre. Cada día.

Se hacen un par de morisquetas y él se aparta para estar un rato con ella. Yo, siempre en mis cosas, escucho el resumen que le hace de lo que llevamos de día y me resulta una escena enternecedora. Dónde hemos ido, qué hemos comido, los planes para el día siguiente. 

De vez en cuando se acerca donde yo estoy con el teléfono, yo me asomo a la pantalla y nos mandamos un beso.

Yo le insisto a Fran, ¡cuídala!

Él le insiste en que se dé un paseo diario y la escucha, sobre todo la escucha, en un diálogo lento acerca de las rutinas del vivir.

Qué no daría yo...


Portugueses

Dicen que es por haber visto siempre las películas en versión original, pero yo creo que no es la única explicación de que los portugueses hablen con tanta soltura otros idiomas. Hay mucho de humildad también.

Siempre hacen por adaptarse a ti, por entenderte, por explicarse, aunque sea con un castellano muy básico.

A mí me lo dijo un gran jefe que tuve, cuando comencé a asistir a reuniones en francés.

-Salva, mientras nadie frunza el ceño, tú tira 'palante'.

Es cierto, en los idiomas, como en la vida, hay que tirar hacia delante. Como te plantees mucho la pronunciación, el significado, lo apropiado de una palabra u otra, acabas por bloquearte.

Los españoles somos nuestros peores enemigos, porque nos reímos del que habla con soltura otra lengua, con un sentido del pudor inapropiado para un pueblo con el acervo cultural del nuestro.

Mientras no pongan rara, 'palante'. 

La gente inteligente valora mucho más el esfuerzo que el error.

Golfo

Una noche loca parisina me crucé con un golfo, muy golfo, en una discoteca. Llevaba gafas de sol grandes y naranjas, era muy delgado y me cogió de la mano. 

—Tú te vienes conmigo.

Acabamos en un after a las afueras de la ciudad, en un descampado lleno de gente que bailaba como loca, con el sol ya bien arriba. ¡Qué noche más divertida! Ni sé cómo volví a casa, ni sabría volver allí.

Meses después, en mi primer viaje a Nueva York, oí un grito en otro garito donde tomaba un gintónic.

—¡Salva!

¡Era el chico de las gafas naranjas!

Volvió a cogerme de la mano y me llevó a bailar con él. ¡Qué bien me lo pasé!

Esa noche recuerdo que pensé lo divertida que era la vida.

¿Aparecerá de nuevo el tipo de las gafas naranjas?

Ciencia ficción

A la hora de ver cine, tenemos conflicto en casa, porque me pirran las historias de futuros imaginados, con visitantes de otros planetas, artilugios que vuelan a velocidades imposibles, aparatos electrónicos que se insertan en el cuerpo humano, humanoides que se insertan entre nosotros, planetas replicantes de la Tierra, lunas paradisíacas y torneos interestelares.

Me gusta la ciencia-ficción porque desbarata mi mundo, me permite soñar despierto, entregarme al relato de alguien que quiere contarme cómo son sus pesadillas sobre el futuro o sus esperanzas de un mundo mejor.

Es un género sin reglas, salvo las lógicas del buen narrador, en el que todo está permitido; donde la dificultad es hacer creíble aquello que no existe, hasta desbordarte de emoción.

Es salir del escenario, atravesar el espejo, romper los relojes, olvidar las normas para poder pensar en grande, sin condicionantes.

Dame una novela o una peli de ciencia-ficción y no te molestaré hasta devorármelas.

viernes, agosto 04, 2023

Playa

—Ya estoy harto de playa —me dice Fran, mientras saca la sombrilla, la silla y las toallas del maletero.

—¿Nos vamos? —propongo yo.

—Vámonos.

Y volvemos a meter las cosas en el coche.

No es una, ni dos las veces que nos hemos ido de la playa en pleno mes de agosto antes de pisarla. 

Ese calor húmedo, ni un hueco visible en la arena, los gritos de los niños.

Es de las verdades menos compartidas, los días de playa en verano son un auténtico coñazo. Lo único que los salva son los chiringuitos, siempre que no estén inundados de grupos escandalosos con más tinto de verano en el cuerpo del que los demás podemos soportar.

De ahí que huyamos en cuanto podemos, a disfrutar de esos lugares a los que nadie va cuando el país se paraliza.

Hay días en los que llegamos a tender la toalla, en los que Fran se coloca en su silla y yo abro mi libro, incluso puede que nos bañemos, pero no podemos cruzar las miradas entre nosotros.

—¿Nos vamos?

—Mucho estamos tardando.

Helicóptero

Fue el regalo de boda que nos hizo Isa.

Al ser la luna de miel en Nueva York, nos sorprendió con un billete para sobrevolar Manhattan en helicóptero.

El día era fresco y soleado, nos pasaron a una sala para darnos instrucciones, en un pequeño edificio a orillas del East River.

Cuando nos lanzamos a las alturas, tan de golpe, tan alto, tan ruidoso, la emoción se desparramaba a borbotones. Fue llevándonos desde el Downtown, cerca del puentre de Manhattan, hasta Central Park, bordeamos el Empire State, el rascacielos de la Chrysler, vimos cómo Broadway rajaba la ciudad en diagonal. 

Yo no paraba de echar fotos, que cualquiera sabe dónde estarán hoy. 

Todavía me pesa no haber dejado el móvil en el bolsillo y haber disfrutado a pleno pulmón de ese espectáculo inigualable. 

Nos llevamos media vida atesorando recuerdos que luego olvidaremos y nos olvidamos de vivir el ahora, el aquí, despreciando los quince minutos de dar vueltas por los cielos de Nueva York.

jueves, agosto 03, 2023

Sardina

Fran siempre me deja la última sardina. O la última almeja. O la última porción de queso.

Es innegociable.

En ese justo momento en el que el plato está a punto de vaciarse, a él se le acaba el hambre, de golpe, y pone cara de empacho. Goloso como soy yo, salgo ganando, pero hay veces que lo veo disfrutar tanto que me niego en redondo.

—Antes me tiro desde la Giralda que comerme ese salmonete —amenazo.

Hay veces que ni aun así.

Que reconfortante es compartir la vida con alguien que siempre te pone a ti por delante.

Mataderos

Me narraba mi prima la visita a un matadero de cerdos en Extremadura.

Del mismo modo que me comentaba lo higiénicas que eran las condiciones, con los hangares limpios y cada cosa en su sitio, me explicaba el terror de los animales al ver que los van a matar.

—¡No imaginas los gruñidos de pánico! Ellos lo saben perfectamente—me explicaba, conocedora de esa industria.

Yo, omnívoro como soy, sufría con el relato. No es un sufrimiento naif, infantil, modernito, podemita o como se le quiera adjetivar. Es una cuestión de empatía con el animal. ¿No hay otra forma de hacerlo que no implique ponerlos en fila india, oliendo sangre y viendo a sus compañeros morir? ¿No podemos aplicar la compasión a la industria y dormirlos dulcemente antes de sacrificarlos?

A mí no me vale el discruso de 'eso siempre ha sido así'.

Avanzar como sociedad es también ser más humanos con quienes no tienen posibilidad de defenderse.

miércoles, agosto 02, 2023

Asaltos

Hay momentos en el día en los que me ataca un profundo sentimiento de desasosiego, otras veces de tristeza, de desgana, de hastío, de desilusión.

Aprendí a llevarlo mejor desde que admití que son normales esos bajones de espíritu.

Nuestra cabeza trabaja sin cesar durante toda su vida, como el corazón al latir. Es lógico que, aunque sea durante milésimas de segundo, haya instantes en que confluyan en sus circuitos tres o cuatro señales uqe nos lleven al desaliento.

Son punzadas, duran poco, hacen daño.

El riesgo es que cronifiquen, que al mirar para otro lado, por aparentar que no existen, vuelvan una y otra vez. 

Yo creo que hay que mirar a la aguja que nos pincha y entender dónde nos hace sangre, porque admitir que hay pensamientos que nos dañan es la mejor forma de saber canalizarnos hacia nuestro propio bien.

Cuando llegue el pinchazo, súdalo. Es parte de nuestra naturaleza, no hay que magnificar nuestras debilidades. Forman parte íntima de ti.

Casa

Yo lo que pretendo con mis novelas es llevaros a un sitio donde sentiros en casa.

Por muy diferentes que sean las tramas y los conflictos que allí suceden, voy dejando garbancitos que os señalan que ahí estoy yo, a vuestro lado, que el terreno es amigo, que esa luz ya la conocéis, que las sorpresas vendrán, porque son marca de la casa, sí, en giros imprevisibles en los que diréis 'ya me la ha vuelto a hacer'.

No hay mayor piropo que el reconocer ese mundo en mis libros. Que me lo digáis.

Hay escritores que manifiestan que escriben para ellos, sin pensar en nadie. Yo no os miento. Yo escribo para ti. Por eso me gusta jugar con los personajes, sacarlos de una novela para meterlos en otra, de ahí que se repitan a veces las cervezas en los mismos bares, que haya muchos paseos, mucha cocina, muchas charlas y aproveche siempre para meteros música nueva, libros que leer, sitios que visitar. Con vuestros paseos entre mis páginas le dais vida a cada una de mis propuestas.

Me emociona cuando os veo volver, al dedicarte de nuevo una de mis historias para que vuelvas a pasearte, conmigo, por ese mundo imaginario donde sabes que te voy a tratar bien.

viernes, julio 28, 2023

Contrato

He firmado un contrato, no importa de qué, y me han preguntado si tenía pareja.

No si tenía mujer.

Puede parecer una minucia para quien es hombre y tiene esposa, pero es un avance de siglos para quien es hombre y tiene marido.

Son estas actitudes sencillas que se consiguen desde la educación, las leyes y la empatía las que hacen que personas que históricamente hemos sido invisibles en nuestras vidas personales nos sintamos tan en el mundo como nos merecemos.

Ni más ni menos que nadie, del mismo mundo que el tuyo.

Neumáticos

Salía como un pollo sin cabeza de la fábrica para desayunar, entre reunión y reunión, sin apenas tiempo. Aparcaba el coche en el primer hueco para tener, al menos, unos minutos para mirar al infinito con el café por delante y recuperar el pulso.

Una de esas mañanas reventé el neumático al no querer maniobrar demasiado para dejar el coche en su sitio. Subía la rueda al bordillo con tanta fuerza que reventaba la goma.

Cuando lo reventé una segunda vez, años después, en un déjà vu que me dejó bloqueado, fue como recibir un fogonazo acerca de la importancia que tiene hacer las cosas con calma.

La calma es buena consejera de los pasos bien dados, aunque cada uno necesita romper sus neumáticos imaginarios para comprender que nada corre tanta prisa, ni nada es tan importante.

Qué dirán

Cada vez se nos educa menos en el 'qué dirán' y más en el 'cree en ti'.

Soy optimista en este sentido, creo que las cosas están cambiando, pero es cierto que antes se sacralizaba un título universitario por encima de la vocación de un chaval, que se miraba más con quién nos juntábamos que no si éramos felices, que importaba más con quién se casaba tu hija que no su futuro profesional. Existían demasiados códigos por cumplir de los que nos hemos ido liberando.

Hace no tanto la sociedad española estaba llena de bichos raros, porque todo el que no hacía lo que se suponía que debía hacer era tachado así.

No somos conscientes de lo mucho que han ayudado las leyes que dotan de derechos a las mujeres, a las minorías, para construir una sociedad más justa, donde nadie tiene que ser lo que se supone que debía ser.

Tenemos que quitarnos el sambenito de ser un país de criticones.

jueves, julio 27, 2023

Pies

Una de las primeras cosas en las que me fijo, cuando me pongo a comer con Fran fuera de casa, es si se nos ven los pies desde fuera.

Tenemos todo un código subterráneo del que nunca hemos hablado, pero que entendemos a la perfección.

Cuando él ve que yo me acelero, cuando creo que él se está aburriendo, cuando alguien mete la gamba. Pero, sobre todo, cuando queremos decirnos que nos queremos.

Tenemos esos asaltos de amor que materializamos por debajo de la mesa. Sí, hay mucho de aprendizaje, de autodefensa, de no querer que nadie mire con desprecio cómo dos hombres nos cogemos las manos.

Mejor, nos cogemos los pies.

Musulmanes

Los prejuicios se parten por la mitad cuando uno se interesa por las cosas.

Venía de vuelta en el AVE tras unos días de trabajo en Madrid y coincidí con un compañero turco que tenía programado visitar la fábrica de Sevilla.

Entablé una conversación para interesarme por él. Era la primera vez que viajaba a Sevilla y me permití comentarle algunas cosas.

—Allí vas a encontrar muchas muestras de su pasado musulmán —le sugerí.

—Estoy hasta el gorro de musulmanes —me respondió.

Tragué saliva. No era una respuesta prevista. 

Entonces me soltó todo un discurso contra el gobierno islamista de su país y yo me puse las orejas de escuchar.

miércoles, julio 26, 2023

Masajes

Si yo fuera rico, me gustaría gastar mi fortuna en placeres sencillos.

Me daría un masaje diario. Cada día un tipo. Los pies, el craneo, la espalda, las piernas... Me encanta que me toquen, que suene música flojita, que huela a aromas calmantes, que no haga ni frío ni calor.

Es maravilloso sentir que te acarician el cuerpo, que cuidan de ti, aunque sea un rato y por dinero. Esa conexión con tu casa carnal es de los mayores disfrutes. Regalarle a tu propia naturaleza, que siempre tira de ti, un rato de atención.

En muchas ocasiones, durante esos masajes, el cuerpo conecta con la mente, como una puesta a cero para sincronizar lo que la mayoría de las veces va desemparejado.

Si yo fuera rico, me construiría una habitación llena de alfombras para que alguien, cada día, viniese a cuidar de mí.

domingo, julio 23, 2023

Hormigas

Cuando te rodeas de gente interesante, no paras de aprender.

Anoche, entre tapas y copas en la terraza de mi amigo Joaquín, hablábamos de espiritualidad. De las creencias de cada uno, de lo que percibimos acerca de las religiones, de cuál es la definición del agnosticismo, de la capacidad de la gente de creer en algo superior o no.

Entonces Isa, a quien acababa de conocer, nos relató un cuento de una hormiga trabajadora. 

De cómo se afana a diario por seguir viva, con unos códigos bien establecidos y coherentes. Esa hormiga, que podría estar caminando entre nuestros pies, no podría imaginar, sin embargo, la complejidad de lo que se cocía en nuestra mesa, la potencia de nuestra conversación, la tecnología de los teléfonos móviles con los que nos enseñábamos fotos, el origen de la luz tenue que nos iluminaba, toda la grandeza del ser humano y sus logros.

Qué pasaría si nosotros, imbuidos en nuestros quehaceres diarios, no fuéramos sino hormigas del universo y supiésemos de él lo mismo que las hormigas conocen de nuestro mundo.

Radical

La gente muy radical me asusta, porque pasa de un extremo a justo el contrario con los mismos argumentos.

Cuando las ideas son tan excesivas, en fondo y forma, ocurre que la persona que las defiende se niega a bajar al terreno donde estamos el resto de los mortales para escuchar lo que podamos querer decir.

No digo que no haya que defender con fuerza las convicciones, lo que sí planteo es que cuando uno se aferra a pensamientos revolucionarios, de romper todo lo que existe, debe tener en cuenta que se está alejando de la realidad de las cosas y que al destrozar lo que no le gusta suele ocurrir que se lleva por delante lo que no había pensado hasta entonces que sí funcionaba.

Para cuando se da cuenta, ya es demasiado tarde.




sábado, julio 22, 2023

Villamartín

Entramos para comer algo con la resaca de la boda en un pueblo a los pies de la sierra de Cádiz y, de pronto, nos encontramos con un local que podría estar en el barrio más de moda de Manhattan.

Yo comí poco porque andaba con el estómago revuelto tras la boda, pero este fin de semana volvimos para disfrutarlo a todo lo que da.

La sonrisa del dueño al vernos repetir fue de las auténticas.

Le dijimos que repetíamos por lo enamorados que quedamos del lugar y él, antes de que comenzasen a llenarse las mesas, nos enseñó los salones, de exquisita decoración, nos explicó la carta, trabajadísima y nos contó su trayectoria, arriesgada para un pueblo de doce mil habitantes poco habituado a salir de las tabernas con menú de nueve euros.

¡Cómo me gusta la gente emprendedora! Los que creen en sí mismos y te montan una piscina en medio del desierto.

Lo escuchamos con atención y, nada más que por ver su cara explicándonos sus ilusiones, ya mereció la pena haber ido.

(Y por el bogavante con huevos fritos)

Amigos

Cada cierto tiempo me planteo si estoy cuidando a mis amigos como se merecen y me entra un ataque de mensajes y llamadas telefónicas.

Puede que haya una chispa que provoque ese incendio en mí, algún objeto, un recuerdo, un lugar por el que paseo que me haga traer a la mente a alguien a quien llevo tiempo sin ver. Ocurre que, en cascada, se me van apareciendo nombres y me digo que eso no puede seguir así.

Las amistades sinceras no necesitan de recordatorios, ni de una frecuencia mínima de llamadas. Hay personas que sé, con el corazón en la mano, que siempre estarán por mí. Y yo por ellas.

Sin embargo, aparece en una conversación su nombre y me entra la angustia por preguntarle, en los treinta segundos siguientes, 'oye, ¿tú cómo estás?'

El escudo

Cuando más consciente es uno del absurdo de la vida, más fino es el sentido del humor.

El humor se ceba con la muerte, con lo correcto, con lo formal, para fortalecernos con ese poder que nos da de hacer que no se nos vaya la vida con los golpetazos que esta nos da.

Un gran ejemplo son las abuelas, cuando sacan esa risa socarrona y contagiosa al hablar de cualquier tema. Ellas, que han enterrado amigas, hermanos, que disfrutan entre achaques los últimos años, son las que mejor saben reír y asumen, además, que esa es su salvación.

Perder el sentido del humor, o no haberlo tenido nunca, es carecer de un escudo protector que nunca gana la batalla a la realidad, pero la amortigua.

miércoles, julio 19, 2023

Mezquino

Todo se puede decir con buena educación.

Cuando aún tengo por enviar mi último gran informe del puesto que he ocupado hasta hace menos de un mes, sigo esperando resultados de una persona que no se digna a responderme.

Hoy se lo he dejado dicho, con claridad, por escrito.

'Lo que menos echaré de menos será trabajar con usted'.

No es que tarde en enviar los datos, que me son imprescindibles; no es solo que no me conteste cuando yo le saludo; es la capacidad que tienen determinadas personas para envenenar el ambiente, llámese laboral, familiar o social.

Mi nuevo jefe, una persona a la que admiro, lo repite constantemente. Quiero trabajar con gente que fluya.

No colaborar con un compañero no es dejadez, es falta de respeto. 

Así se lo he hecho saber, y me he quedado nuevo.

Sin los resultados aún, pero nuevo.

Previsible

Cada ser humano es tan único como previsible.

Yo me he cruzado con gente maravillosa, insulsa, mezquina, divertidísima, empática, egoísta, alegre y pretenciosa. Gentes con historias particularísimas, marcadas por familias raras, ambientes ricos en afectos o circunstancias castrantes. De todas he aprendido, de cada una he tomado lo que quiero y no quiero ser.

Todas estas experiencias las he vivido, fundamentalmente, en el Sur, pero igual me habrían ocurrido en Zaragoza o en Estocolmo, porque el ser humano es previsible, sus comportamientos se repiten, las cualidades y defectos son las mismas aquí que en Pekín.

Hay que prestar siempre atención al individuo, en toda su grandeza y peculiaridad, sin perder de vista que todo lo que siente, lo que sufre, lo que disfruta ya lo ha sentido, sufrido y disfrutado el global de la condición humana, de la que no somos sino un granito de arena más, minúsculo, en este juego absurdo, a veces maravilloso, del vivir.

martes, julio 18, 2023

Anchoas

Soy un cateto al que no le gustan las anchoas, pese a que a todo el mundo les parece una delicia.

De hecho, cuando la veo en la carta de los restaurantes, convenzo a Fran para que se las pida, tampoco hay que insistirle mucho, porque disfruto con la fiesta que les hace.

No es que no me guste el sabor, es que lo detesto. Ese amargor final tan específico.

Tengo la suerte de que es mi única tara en lo que a las comidas respecta, los mejillones no cuentan, porque un buen vividor no se puede permitir ser milindris con las alegrías que la vida nos ofrece.

Cuando organizamos cenas en casa, con los amigos, suelo ser yo el que prepara las gildas. Voy insertando la piparra, la anchoa y la aceituna. Así, una y otra vez, mientras miro las caras de mis amigos al comerlas.

En el fondo, mi yo infantil me dice que se están riendo de mí.

lunes, julio 17, 2023

Estrellitas

A día de hoy todo lo evaluamos, es el gran poder que las nuevas tecnologías le han dado al cliente.

Que te tratan bien en una ferretería, le pones cinco estrellas, que no te saludan al entrar en una confitería, le pones una, que la novela que te regalaron te gustó, cinco estrellas, que la carne estaba fría en el restaurante, una estrella. Que ni fu, ni fa, ¡tres!

Así, nos vamos acostumbrando a comprobar las puntuaciones del teléfono que vamos a comprarnos o del hotel donde vamos a alojarnos. 

Conociendo al ser humano, llegará el día en el que alguien invente las estrellas para personas. Que tú me digas 'que te zurzan' y yo te ponga una estrella, que yo le monte un pollo, y me ponga otra, que ella me desmonte con una sonrisa, cinco del tirón.

Nos cruzaremos por las calles con un luminoso que diga cómo estamos de bien o de mal puntuados, de modo que el mundo se dividirá entre estrellados y estrellones, momento el que comenzará el mercadeo de puntuaciones.

—Te invito a cenar, siempre que me quites la mala nota del otro día, que no me como una rosca.

Resolana

De mi padre he heredado el espíritu despistado, y es tal vez por eso que cada vez que me acuerdo de determinadas meteduras de pata suyas me siento identificado y no paro de reírme a solas.

Cuando empezó a tener problemas de corazón, que al final acabaron con su vida, comenzó una tournée interminable de pruebas médicas, a las que no se dejaba acompañar.

Una de las primeras que se hizo fue una resonancia magnética.

La clínica que estaba contratada para hacer ese tipo de estudios estaba situada en la calle Resolana.

Allí que se fue.

Recuerdo como si fuera ayer el mediodía en que me fui de tapas con él, al salir del trabajo, y me empezó a explicar las pruebas que le habían propuesto.

—Hoy me he tenido que hacer una Resolana magnética.

Yo lo miré, con cara de guasa, y no paré de reírme durante diez minutos.

El pobre se murió sin entender mi ataque de risa.

Hans

La tarde del sábado me la pasé recorriendo la isla de Hans. sin salir de casa.

Descubrí que allí puedes pasar, caminando, de Europa a América y de América a Europa y la historia me fascinó.

Cuando se establecieron las fronteras entre Canadá y Groenlandia, una reunión autónoma de Dinamarca, se dieron cuenta de que la línea trazada en el mar atravesaba por la mitad esa diminuta isla deshabitada, apenas una roca de un kilómetro de ancho y otro de largo situada en un paisaje inhóspito.

Empezó entonces la guerra del whisky, la más pacífica de todas las guerras. Llegaban los canadienses y plantaban una bandera con un whisky de su país a sus pies; luego venían los daneses, cambiaban la bandera, doblando la de Canadá con respeto, y ponían un licor de Groenlandia en el suelo. Así durante décadas.

Hace apenas un año firmaron la paz y trazaron una línea fronteriza que divide la isla en dos.

Podría parecer un cuento. Tal vez sea un cuento. De lo tonto que puede llegar a ser el hombre. De la importancia del sentido del humor. De cómo con educación se llega a cualquier lado. Un cuento de aventuras, de viajes, un sainete polar.

Deberían declarar la isla de Hans territorio universal, libre de banderas.

Sería un hermoso final del cuento. El principio de un tiempo de esperanzas.

domingo, julio 16, 2023

El niño del beso

Ni en el más utópico de mis sueños, cuando era un chaval, podría haber imaginado que, en mi cincuentena, tendría no solo nueve novelas publicadas, sino que estaría a punto de lanzar una décima en la que el protagonista fuese un adolescente homosexual, un chico que descubre la crudeza de nacer con una condición distinta a aquella que todos esperaban de él.

Sí, en esa época de mi vida yo sufrí terriblemente el saberme distinto. No tenía referentes en los que apoyarme, mi futuro lo veía en negro y la literatura me salvó. Me llevaba horas encerrado en mi habitación leyendo todo lo que poblaba las amplias librerías de mi casa. Ya por entonces, no tendría ni doce años, empecé a escribir. Era una forma de inventar historias que yo no podría vivir, porque nací maldito.

La gente heterosexual no puede imaginar lo duro que es entrar en la adolescencia, cuando la vida abre las puertas para ti, y darte cuenta de que vas por un carril diferente al de la mayoría. Que siempre irás por ese carril. Esa tremebunda sensación de soledad en el período más frágil de tu vida, cuando aún eres un crío y esperas cada noche el beso de tus padres al ir a dormir. 

Cuando tu madre te dice ¿qué te pasa? y tú le respondes, 'nada, mamá', mientras te mueres por dentro. 

Esa necesidad de gritar ¡socorro! pero no tener fuerzas para hacerlo porque temes que te vayan a señalar, a ridiculizar, que se vayan a avergonzar de ti.

Ese niño de entonces, treinta años después, lanza al mercado su décima novela, 'El niño del beso', una tierna historia de amor, divertida y cruda a partes iguales, en homenaje a todos los que un día sufrieron por ser diferentes.

Nueve novelas escribiendo sobre protagonistas heterosexuales he necesitado para encontrar el valor de enfrentarme al reto de denunciar todo mi dolor. De cantar al amor entre dos hombres.

En estos tiempos oscuros que se avecinan, es un grito desde lo más profundo de mi ser contra la homofobia. Y en ese grito van todos los gritos contra todas las formas de discriminación. Es un grito para que nunca nadie más consienta que un crío, que una cría, se sientan culpables por ser como son.

Reprimir a un adolescente es desbordar un río para siempre.

Nos robaron la juventud.

sábado, julio 15, 2023

Protestón

Me mosquea la gente con doble cara.

Tengo la oportunidad de trabajar, desde no hace mucho, con una persona encantadora en el trato, a quien conozco desde hace décadas.

En cuanto nuestros caminos profesionales se han cruzado, he descubierto a un tipo agrio, protestón, irascible, que no se corresponde con la imagen que tenía de él tras muchas charlas compartidas en la máquina de café.

Afortunadamente, mi trato actual con este hombre se limita a un par de reuniones al mes, porque me siento muy incómodo al descubrir el monstruo que había en él.

Yo intento bajar sus humos con argumentos sencillos, porque sus tareas no son rutinarias, su trabajo no es feo, no está sometido a un estrés excesivo, ni está mal pagado.

—Somos afortunados —le digo, metiéndome yo en el saco, para quitarle hierro a sus paranoias.

Él me escucha como si le hablase un loco y vuelve a rebuznar.

¿Cuál de los dos es el verdadero, el de la máquina de café o el de las reuniones?

jueves, julio 13, 2023

Izquierdas

Ser joven y no ser de izquierdas es una contradicción biológica.

No sé quién dijo esta frase, pero no puedo estar más de acuerdo. Si estás naciendo al mundo y no quieres cambiarlo, es que no tienes sangre en las venas.

Yo quiero ser joven por siempre.

Me muevo, mucho, entre gente de derechas, a las que quiero. A las que respeto. A las que escucho. 

Tengo, de hecho, todo para ser conservador. Fundamentalmente un buen sueldo, porque, no nos engañemos, la gráfica está clara. Cuanto más dinero se tiene, más a la derecha se vota. Es científico, no hay más que ver los mapas de los barrios de nuestro país. Cuanto más alta es la renta, más es azul su voto, e incluso verde oscuro. El ser humano es así. A mí, lo mío, que no me lo toquen. Conservar, se dice, conservador, se califica. Conservar.

Ser de izquierdas no es venderlo todo para dárselo a los pobres. Eso es de santos. Ser de izquierdas es querer pagar impuestos de acuerdo a tu nivel económico para que se redistribuya. Tan fácil como eso.

Yo no me voy a ir de España si gana la derecha. 

No. 

La democracia es esto, admitir que gobierne quien decida el pueblo, pese a que duela. 

No voy a caer en la trampa en la que nos quieren meter: 'votar por izquierdas o por España'. España somos todos. Y siempre lucharé, aunque esté en minoría, por la distribución de la riqueza, por la justicia social, por la protección del débil, del diferente, por no discriminar a nadie por su orientación sexual, ni por su raza, ni querré que a nadie se le juzgue por querer morir con dignidad, por abortar, por querer ser independiente. Ninguna de las leyes sociales, ninguna, las ha aprobado un gobierno de derechas. 

Me da una pena que me atormenta el pensar en ver a franquistas en el futuro gobierno. Sí, franquistas, racistas, homófobos, xenófobos, machistas, negacionistas. ¡Paletos! Llamemos a las cosas por su nombre. Tienen nombres y apellidos. Están en los parlamentos, en los ayuntamientos. Estarán en el gobierno de España si no los paramos.

Pienso en las lágrimas de mi madre, joven, viendo nacer la democracia y se me hace un nudo en la garganta imaginar que ella pudiera ver en lo que nos hemos convertido.

Quiero ser siempre joven, quiero un país ilustrado, moderno, empático, de colores, solidario, bien avenido, justo, vanguardista, culto.

Ésa es mi España, mi amada España, la de García Lorca, la de Cernuda, la de Machado.

Vienen tiempos feos, para mí. Para muchos.

Y me muero de la pena.

miércoles, julio 12, 2023

Helio

Mi amigo Helio hace perfumes.

Tiene su laboratorio en casa y se pasa las horas combinando esencias hasta dar con la fragancia soñada. Cuando te lo explica, se le iluminan los ojos de forma infantil y comienza a hablarte de moléculas, tiempos de reposo, tendencias nasales, aceites esenciales.

Mi amigo Helio es psicólogo, pero le pirran los perfumes.

Hace un mes hizo uno en exclusiva para mí y me dijo que lo dejara tres semanas en la oscuridad. Hoy lo estreno y ya no quiero que se me acabe.

¿Hay algo más bonito que alimentar toda tu vida una pasión?

Ojalá todo el mundo supiera encontrar el laboratorio para elaborar sus sueños, habría menos amargados suspirando por que todo vaya a peor.

martes, julio 11, 2023

Descarbonización

Cuando creía que mi recorrido profesional había atravesado todas las etapas posibles, me regalan el trabajo de mis sueños.

Porque uno quiere estar a gusto en el puesto que ocupa, pero si a eso le añades un componente ético que te motiva, la tarea diaria se convierte en un desafío en el que la recompensa toca las emociones.

Llevo una semana como responsable de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial de mi mastodóntica empresa. 

¡Que tiemble el cambio climático! 

De pronto, me veo como un estudiante universitario tomando apuntes, asistiendo a conferencias, organizando grupos de trabajo, proyectando acciones para contribuir a que, en un futuro no muy lejano, la industria del automóvil se convierta en una industria limpia.

Las ansias de hacerlo bien están muy por encima del miedo a defraudar.

lunes, julio 10, 2023

Aclarar

Casi nada es tan grave si se aclara, porque todos tenemos derecho a equivocarnos, incluso en temas importantes.

Podemos olvidar un compromiso, fallar en una cita ineludible, decir cosas que no debemos, hacer lo contrario de lo que pregonamos. Todo eso forma parte de la naturaleza humana y sus contradicciones. De ahí que exista ese hermoso verbo que se llama disculpar. Disculparse y disculpar. Sin medias tintas ni excusas baratas.

Sí, metí la gamba, te critiqué, no fui donde dije que iba a ir ni actué como se me suponía. Lo siento.

Yo soy de perdonar deslices si no se me cuentan milongas.

Romper

A mí me gusta que los días se me rompan por la mitad.

Amante de los imprevistos, me erotiza la llamada no esperada, la reunión de urgencia, la visita que llega sin avisar, el notición, la sorpresa, el cambio de planes, el viaje.

Un día repetido es un día que no existe, no llena la mochila de nada y me roba la energía.

La novedad, en cambio, es el combustible vital más eficaz. Si me tomo el mismo desayuno a la misma hora en el mismo sitio con la misma gente acabaré por no saber en qué día vivo.

Entiendo, claro que sí, al amante de la rutina, al que se agarra al calorcito de lo que siempre ocurre igual. Puedo, a veces, añorar esa felicidad de lo previsible.

Pero a mí me va la marcha y si no se me rompe el día, lo destrozo yo.

domingo, julio 09, 2023

Declaración

Mi primera declaración de amor fue fallida.

Afortunadamente para ella y para mí.

Todo lo que le dije, con apenas 16 años, era cierto. No podía dejar de pensar en ella.

El sexo aún no se había convertido en una limitación, aunque amenazaba con convertirse en un problema que yo no quería ver.

Fue una escena muy bonita. Inocente. Pasional. Tierna. Yo hacía dibujitos con el surco de agua de mi vaso de Coca Cola, mientras ella me miraba con dulzura, porque me quería.

Pero no dijo nada. Como la silla del jurado de La Voz, que nunca se gira. Ella se calló. Aún resuena en mi cabeza ese silencio atronador.

Me fui a casa y lloré, como un crío desconsolado, mi desamor.

viernes, julio 07, 2023

Lejía

Pasaba, muy temprano, por una callejuela estrecha del centro de Sevilla y atravesé una puerta recién fregada con agua con lejía.

Ese olor puro de otros tiempos en que el rocío del amanecer se junta a las rutinas familiares de antaño, para darte un golpetazo de melancolía.

Melancolía de la buena. Sanadora. No todo recuerdo lejano que nos aceche tenemos por qué no disfrutarlo, ni tampoco pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Aspirar ese aroma de patinillo fregado con lejía es saborear la vida, distinguir ese chaval que fui, disfrutar de ese hombre que hoy soy.

Oler el pasado es un privilegio de los vivos.

Carmona

Vi a lo lejos unas torres en lo alto de un cerro y pregunté:

—¿Qué pueblo es ese?

—Carmona.

Veníamos de los campeonatos de España de remo en Mequinenza, yo tendría quince años y a través de la ventana del autobús pude ver entonces una señal que indicaba que Carmona estaba a 30 km.

Memoricé para siempre ese instante, la silueta del pueblo en la fértil vega sevillana y el cartel con la distancia, que desde entonces me sirvió como patrón de medida.

Casi siempre acierto cuando viajo. Miro al horizonte y digo, eso está a 10, a 40 o a 5 km, tan solo con comparar con ese imagen del parador de Carmona que vi en mi juventud.

La vida es igual. Conforme te enfrentas a situaciones concretas de alegría, de dolor, de rabia, empiezas a tener la medida de cómo de importante son las cosas que te irán pasando en el futuro.

Guapo

Si puedes ir impecable a una cita, no lo dudes.

Aunque sea con alguien con quien quedas a menudo, no te pongas lo primero que encuentres por casa. Arreglarte es una forma de decirle 'me importas'.

La comunicación, a veces, se expresa mejor sin palabras. 

Del mismo modo que si invitas a alguien a casa, te gusta tenerla limpia y ordenada, igual hay que afrontar los encuentros con los demás. No hay nada que nos represente mejor que nosotros mismos.

No es una visión frívola de las relaciones humanas, todo lo contrario, es toda una declaración de intenciones.

Mira lo importante que eres para mí.

jueves, julio 06, 2023

Admiración

Admiro más a un negro que se ha jugado la vida para cruzar el Estrecho en patera que a un 'nini' que, con la misma edad, está tocándose la barriga viviendo del cuento en casa de sus padres.

Alguien que lo arriesga todo es una persona de un valor incalculable. Pura riqueza humana.

Me da igual si uno es senegalés y el otro español. La nacionalidad es un detalle, lo que cuenta, para mí, es la fuerza del corazón y mi patria es la misma que la del chico de Senegal.

Los ninis viven en un país que no es el mío. Muchos de ellos votarán por un partido que quiere expulsar a aquellos que vienen a trabajar donde ellos no quieren.

martes, julio 04, 2023

Tanatorio

Más que una papeleria parece un tanatorio.

—Buenos días —grité, ayer, al entrar.

Silencio total. Ni el jefe, que está en el mostrador de la entrada, ni los empleados, por los pasillos. Avanzo hasta el fondo, a la zona de copistería.

—Hola, vengo a imprimir unos documentos.

—¿Ha enviado el archivo?

—No.

Me entran ganas de decir que resulta gratis responder al 'hola' con otro 'hola', pero me lo tengo que tragar porque necesito esos papeles y la impresora de casa la tengo estropeada.

Situada en un lugar privilegiado del centro de la ciudad, con esa luz de Andalucía que se adivina por las ventanas y el olor siempre agradable a tinta y papel, allí pareciera que cumplen una condena.

Salgo con mis papeles y lanzo un 

—Hasta luego.

Nadie responde.

Cuando algo así ocurre en una empresa, el problema es del jefe. Si todos tienen cara de cuerno, si nadie responde a los saludos, si todos van con la mirada gacha, es una cuestión de dirección.

En cuanto salí, me lancé de cabeza a El Corte Inglés a comprarme una impresora. 

Ya habrá tiempo para tanatorios.

lunes, julio 03, 2023

Azúcar

Aprendí a tomar el café sin azúcar, luego conseguí tomarlo sin edulcorantes.

Es un recorrido que hice por salud, sin caer en la cuenta que es un reflejo de la vida. En el azúcar se encierra nuestra infancia, en el edulcorante nuestro intento de mantenerla.

Hay mil contradicciones entre los nutricionistas. Tan pronto te dicen que es muy bueno el café, como que es muy malo; que conviene una copa de vino al día para la salud cardiovascular, como que es una barbaridad tomar ese alcohol a diario.

Sobre lo que sí hay consenso es sobre el azúcar, enemigo sin careta de nuestro bienestar físico.

Sin embargo, la encontramos en todos lados, tentándonos desde las vitrinas de las pastelerías, en las cartas de postre de los restaurantes, en los zumos de frutas, en los alimentos procesados.

Yo me tomo mi café cada mañana en el trabajo, amargo, añorando para siempre la época gloriosa de las palmeras con chocolate, esos años en los que nuestro cuerpo no tenía enemigos.

Mejillones

Cuando vivía en París, me gustaba ir algunos viernes a comer paella a un restaurante español cerca del trabajo.

Lo regentaba un matrimonio salmantino que me hacía mucha fiesta cada vez que aparecía por allí. 

El problema es que esas paellas me sentaban mal. Los sábados se convertían en una odisea para mi estómago, con la sensación extraña de que alguien me hubiese envenenado.

Tardé en relacionarlo con ese restaurante, hasta que un día vi la luz y dejé de ir. Se me quedó un mal sabor de boca respecto a ellos y la sospecha de que había algo en ese plato que no estaba en condiciones.

Con el tiempo fui descubriendo, a partir de otras paellas, de otras tapas, de otros viajes, que lo que me sentaba mal eran los mejillones, que tanto me gustan. Hago por volver a ellos de vez en cuando, pero siempre acaba por hacérseme una bola en el estómago.

Muchos años después, cuando ya no vivía en París, pasé por el restaurante y ya no existía. 

Son muchas las veces que hacemos la cruz a los otros por desajustes que son exclusivamente nuestros.

viernes, junio 30, 2023

Sabio

Una persona es sabia cuando puede explicar lo más complejo a un niño.

Si no sabe traducir al lenguaje de los profanos sus conocimientos, será alguien brillante en lo suyo, pero le faltará el halo mágico que da la sabiduría.

Yo muero cuando alguien me aclara con cuatro frases la más compleja de las teorías.

La sabiduría, entendida en su acepción más autentica, tiene un componente ético que se alimenta de la bondad, del querer compartir, del enseñar.

Recuerdo a dos profesores, uno de Filosofía en COU, otro de Regulación Automática en Ingenieros, que me provocaban un orgasmo cerebral al desbrozar sus lecciones, me llevaban a momentos de un profundo placer al comprender, aunque fuera por décimas de segundo, la grandeza del pensamiento humano.


Liverpool

Desde que me señalaron la mesa ya supe que iba a hablar con ella, porque me sonrió.

La noche de ayer estaba perfecta, en la azotea del Unuk, el día había sido intenso para los dos. Queríamos regalarnos una cena fuera del mundo. Yo, estrenando camisa, y Fran, tan guapo como siempre.

—¿De dónde sois? 

El matrimonio, en la sesentena, tomando un vino blanco en la mesa de al lado, respondió al unísono.

—De Liverpool.

Venían de recorrer media España y nos hablaban con entusiasmo de su visita al Alcázar y la Catedral. Nos enseñaban fotos para pedir aclaraciones acerca de lo que habían visto, mientras yo les animaba a que me hablaran de Liverpool, del Brexit, de sus viajes.

—Ahora nos vamos a Lanzarote —nos dijo ella—. Tenemos casa allí.

—¡Qué vida más maravillosa! —exclamé.

—Sí, pero tras toda una vida de duro trabajo.

Lo repitieron muchas veces. Una vida de duro trabajo. Se interesaron por nosotros, insistiendo en que no querían molestar, que cenáramos tranquilos. Se pidieron unas copas más para alargar la velada.

—Yo estoy en la gloria hablando con ustedes —les aseguré, de corazón—. Admiro vuestras ganas de vivir —les dije.

Entonces, ella me mencionó a John Lenon, uno de esos Beatles nacidos en su ciudad.

—'La vida no es un ensayo', decía él.

Le brillaban los ojos. Sí. Esa es la clave. Y vi que la tenía guardada en su interior en cuando me ofrecieron la mesa para sentarme y vi su sonrisa. 

La vida está aquí, ahora, ya.

Hablar con el corazón con gente que nunca más volverás a ver es un ejercicio sanísimo.

miércoles, junio 28, 2023

Reñir

No me gusta que me riñan. Nada. Nunca. Desde pequeñito. Así que cuando lo hacían, ya me esmeraba yo en que no volviera a ocurrir.

Ese nivel de autoexigencia, con el que nací y que he alimentado con los años, es una de las claves para que la vida me haya tratado bien. Estoy convencido.

Está claro que es más estresante manejarse en ese escenario que implica no fallar, tanto como cierto es que los proyectos no se materializan si no se trabajan.

No sé hasta qué punto esa manera de actuar venía grabada en el espermatozoide o el óvulo que  se convirtieron en mí, pero sé que yo he alimentado esa forma de entender mi mundo.

La dignidad es, para mí, una palabra sagrada. El amor propio.

Cuando mi madre, un profesor, un jefe o un entrenador de remo me cantaban los cuarenta por haber hecho las cosas como no debía yo me encerraba en mi habitación, refunfuñando para dentro, para establecer un plan que garantizaría que no volvería a ocurrir.

Sí. Soy apretado.

martes, junio 27, 2023

Panchito

Me da pereza ser la voz de la conciencia de todo aquel que dice barbaridades.

No siempre tengo la confianza suficiente para poner la cara colorada a alguien que apenas conozco, lo que ocurre es que al no hacerlo se me hace bola el mal rollo en el estómago.

—Me trajo la comida a casa un panchito —decía el otro día un chaval al que aprecio.

¿Un panchito? A las alturas del siglo XXI en que vivimos, nombrar así a un sudamericano por tener rasgos indígenas es lo más paleto, rancio y estúpido que se puede escuchar.

Es degradante, supremacista, descorazonador. 

Pero es que se escucha. Mucho. Los moritos, los negratas, los machu-pichu. 

Trato de buscar la fórmula para levantar la mano y protestar ante estos comentarios, sin alterarme demasiado, con tono didáctico, con la idea de 'evangelizar' la mínima educación que se le supone a un ser humano.

El caso es que no me sale. Cuando protesto, me altero. Me indigno. Mucho.

lunes, junio 26, 2023

Isa

Eran cuatro amigos inseparables, una pequeña pandilla formada por dos matrimonios.

Pedro e Isa más conservadores, mis padres más liberales, en épocas en las que la religión o la política no desunían como ahora, nos veíamos las dos familias todos los domingos desde que yo tengo recuerdo.

Fueron teniendo los hijos de forma acompasada. Así, cada una de sus cuatro hijas tenía su equivalente en edad en alguno de nosotros cuatro. Ellas, las niñas, tenían una denominación que las abarcaba, 'las amigas'. Aun hoy en día, cuando entre mis hermanos decimos 'las amigas' sabemos que hablamos de las hijas de Pedro e Isa.

De orígenes catalanes, ya en las fotos en blanco y negro, de estudiantes, aparecen juntos. Las películas de super-8 de nuestra infancia están llenas de ellos. De bautizos, primeras comuniones y cervezas en el bar Avelino.

La muerte tan temprana de mi madre dejó cojo al cuarteto cuando aún eran muy jóvenes, pero mi padre mantuvo toda su vida los domingos al lado del matrimonio. Tras largas enfermedades, pero con una vida bien disfrutada, se fueron ellos dos, los amigos, con pocos años de diferencia.

Ayer, nada más aparcar el coche tras mi fin de semana en Mijas, me encontré con un mensaje de Belén, la pequeña:

'Hola Borete, mamá ha fallecido esta tarde. No ha sufrido nada, dormía la siesta'.

Un golpetazo de tristeza me sacudió.

Con Isa, cariñosa, se nos van los arroces del fin de semana, sus achuchones, los domingos en su casa viendo la Casa de la Pradera, la infancia imborrable de mediodías azules.

Ya se fueron los cuatro amigos...

jueves, junio 22, 2023

Final

No me acuerdo de los finales de las novelas que más he disfrutado.

Tiene que ver con mis despistes, pero quizás también con mi forma de apreciar la literatura, porque lo que a mí me embriaga de una historia tiene mucho más que ver con la atmósfera que con el desenlace.

La vida no se articula en tres actos, es más bien un caudal que corre desordenado hacia adelante, donde no hay una meta definida por alcanzar. Lo que a mí me gusta disfrutar es de la inmersión en ese río de emociones y dejarme llevar.

No hace mucho escribía acerca de mi novela fetiche, La Montaña Mágica, y los lectores en sus comentarios hacían mención a su impactante final.

¡Yo no lo recuerdo! No sé qué pasó con Hans Castorp. Incluso puedo invertarme un final para mí. No sé si murió su primo, ni dónde quedó Settembrini, ni si llegó a besarse con Madame Chauchat. ¡Me da igual!

Me gusta visitar ese balneario cada cierto tiempo, sin pensar en qué terminó todo. Los prefiero vivos, con sus paseos y sus charlas, para mí.

Hay quien dice que le gustan los finales abiertos, aunque la mayoría de los lectores prefiere que las novelas cierren bien todas las tramas y subtramas.

Yo soy novelista de desenlaces bien estructurados, pese a que, para mí, lo importante, es que aceptes mi invitación para sumergirte en el mundo que he creado para ti.

Mi triunfo sería que, tomando un café, te acordases, de vez en cuando, de la mesa de cocina de Lara.

Machuca

Tiene un rincón para los libros en su farmacia y un corazón grande para escuchar a todo el que acude a su local, porque entiende que su oficio no es solo recortar el trozo de cartón de la caja recetada de medicamentos.

Tanto es así, que lleva media vida como voluntario en las Tres Mil Viviendas, para ofrecerse como farmacéutico de barrio a quienes no tienen los conocimientos ni los recursos.

Así, en una de estas charlas con mujeres de la tercera edad, las más habituales en su negocio, a Manuel se le apareció Paula, una señora con enormes piernas con varices a la que no se quiso limitar a recomendarle una crema.

Ella entonces le contó, durante diez intensos minutos, que tuvo ocho hijos, pero que uno se lo robaron.

—Nadie me creyó —se lamentaba—. Ni siquiera mis niños.

Niños que consiguió criar sola, a base de limpiar escaleras y cuidar ancianos, niños que hoy son hombres y mujeres, alguno incluso profesor universitario.

Esta semana ha salido por fin a la luz 'Demasiada gente', la esperadísima novela de mi querido Manuel Machuca, donde nos cuenta la vida de esa mujer que un día se presentó en su farmacia para calmar sus dolores.

—Mi miedo era terminar de ponerle voz a su historia y que ella no viviese para leerla.

Afortunadamente, pudo acercarse a su casa para entregarle el libro, en el que Paula se convierte en Fernanda y nos narra su lucha.

Hubo 300.000 niños robados en época de Franco.

Hoy, un ángel como Manuel, empático, humilde, solidario y generoso, pone voz a tanto dolor vergonzante.

miércoles, junio 21, 2023

Basura

Soy basura.

Para una parte importante de la población de mi pais soy basura y merezco ser tirado a un contenedor.

Un partido político ha instalado una lona en pleno centro de Madrid en la que una mano con una pulsera con la banderita de España, de la que se apropian, arroja a una papelera a toda la comunidad homosexual, entre otros colectivos.

Esos que presumen, en su mayoría, de ser ultracatólicos. ¿Olvidaron el mensaje de Cristo?

No hace mucho publiqué un texto criticando a esa extrema derecha que quiere llevarnos de nuevo a la España cañí de blanco y negro, la de las palizas a la mujer de las que no se entera nadie, intrafamiliar es el eufemismo; la de los que contratan a sudamericanos para que cuiden a sus viejos y los quieren expulsar; la que pone el grito contra el aborto pero se paga los viajes a Londres para abortar. 

Ese mismo día en que lo publiqué perdí a decenas de seguidores. Bien perdidos. Que se vayan. Prefiero no tener entre mis lectores a gente que me quiera tirar a la basura. Mejor quedarse a solas.

Nunca jamás podré ser amigo de quien vota a Vox, de quien me quiere tirar a la basura. Si votas a Vox, por favor, deja de seguirme.

Estos reaccionarios no imaginan el dolor de perder una juventud por nacer en una sociedad que nos ridiculizaba, en la que tuvimos que camuflarnos para no ser vistos. No se les pasa por la cabeza el daño que se nos hizo para siempre.

¿Queremos hacer ese daño a las generaciones venideras?

No somos conscientes de la gravedad del desafío.

A mí no va a tirarme nadie a la papelera. Conmigo no podrán.

martes, junio 20, 2023

Abuela

Yo a mi abuela solo la vi fuera de su casa cuando iba a la catedral.

Ocurría muy de tarde en tarde y no sé cuál era la razón, pero ese día se preparaba con todas sus joyas y los mejores vestidos para acudir a misa en el inmenso templo sevillano.

Era una señora que venía con paisaje incorporado, que no era otro que su casa, su barrio, la iglesia de San Bernardo y el mercado de la Puerta de la Carne. Bueno, eso decía, porque yo nunca llegué a verla fuera del piso que tenía junto a la estación de autobuses.

De hecho, no sé si es un mito eso de que visitaba la catedral un par de veces al año. Tal vez lo decía para convencernos de que era capaz de salir de allí, de ese piso grande que llevaba pegado a la espalda. Quizás yo nunca la vi y construí una imagen ficticia de ella, bien maqueada, en los asientos de la catedral.

Recurrente en mi imaginario personal, mi abuela no es sino una mujer graciosísima dando vueltas por una casa de la que nos quería hacer creer que algún día podría escapar.


Pena

Hay gente que me produce mucha pena y es un sentimiento que quiero desterrar de mí.

La pena es degradante, para el que la siente y para aquel que la provoca. Es fea, incluso, la palabra, donde se encierran, con nada que destapemos, la prepotencia del que la siente, un tufillo desagradable que nos envenena, el estigma de quien es mirado con compasión.

La pena hay que transformarla, en cuanto se nos aparece, en comprensión, es mucho más sano, en empatía, porque nadie está a salvo de ser mañana objeto de ese misma reacción por parte de otros.

¿Quiénes somos para pensar que el otro es más infeliz?

Por fin

Por fin, fuimos al Jamaica.

Dejamos a Iván en su casa tras volver de Córdoba y le propuse a Fran tapear allí. Hacía años que no lo pisábamos.

Lo encontré triste, descuidado, eché en falta las vitrinas esplendorosas con los aliños y ensaladillas, aunque seguro que lo destartalado no estaba solo en el bar, sino en unos recuerdos idealizados.

Seguía la misma camarera de entonces, malhumorada y desaliñada como en esa época, más canosa. Fran fue al baño, yo me senté en la barra y ella me reconoció. No sabía que pudiese sacar una sonrisa tras ese gesto malencarado.

La última vez que estuve allí, con mi padre, a muy pocos días de su final, ella se acercó a él y le dio un beso en la frente, una escena que me emocionó en lo más profundo y que no vino a mi cabeza hasta que no la escuché preguntarme qué quería tomar.

—Ponme la cerveza más fresquita que tengas —le pedí.

—Claro que sí.

viernes, junio 16, 2023

Estar quieto

Mirar al infinito se ha convertido en una actividad excepcional.

Apenas nos queda la almohada, la luz apagada y el silencio para otear, si no el infinito, al menos nuestro interior.

Es la enfermedad y el gran avance de esta generación que nos ha tocado vivir. La sobreestimulación. El chaparrón de información. 

Viajar en metro es no cruzar ya la mirada con nadie, porque todos están asomados a esas ventanas para ver mundos lejanos a ese túnel por el que cruzan, más atentos al baile de una niña en Pekín que de la sonrisa tonta de la señora del asiento de enfrente.

Cuántas veces no tomamos el móvil sin saber qué queremos encontrar. Buceamos allí, al otro lado de la pantalla, para evitar bucear en nosotros mismos.

Bien, hoy lo dejo en casa. Pero, no podré contar los pasos, ¿y si me llaman? ¿Y si veo algo a lo que quiero hacer una foto? ¿Y si me pierdo y no sé volver? ¿Y si quiero recordar como se llamaba esa actriz? ¿Y si me da por buscar los ingredientes de una fideuá en el supermercado? ¿Y si quiero ver cómo va la guerra de Ucrania?

Y si... 

Vivimos esclavos de un dulce narcótico mental.

lunes, junio 12, 2023

Ego

Llevaba años siguiéndome en Instagram y poniendo corazones a todas mis publicaciones.

Hace poco, me envió un mensaje y se lo agradecí.

—Un placer que te gusten mis textos.

—¿Qué textos? —me respondió—. Pensé que eras pintor.

Se me vino el ánimo abajo. Tantos años de 'me gustas' y ni siquiera sabía que tras cada una de esas pinturas había una reflexión. 

Sorprendido por mi pequeña decepción, se comprometió a leer alguna de mis novelas.

—Así tendré distracción en el hospital —me dijo.

—¿Qué hospital? —Pregunté.

—Se ve que tú tampoco me lees a mí.


sábado, junio 10, 2023

Asturias

Tengo en Asturias tantos y tan fieles buenos lectores, que estoy seguro que me acogerían en sus pueblos como a un hermano si un día los visitase. 

No voy a hacerlo, porque soy muy de querer y muy poco de molestar, pero el hecho en sí de saberlo me provoca tremendo bienestar, que diría un cubano.

De entre los grandes regalos que nos han ofrecido las redes sociales está en un lugar privilegiado el de romper fronteras. Esa íntima sensación de tener tanta gente tan cerca, pese a los kilómetros de más. 

Hemos aprendido a romper prejuicios, a apreciar a gentes de otras tierras, a comprobar lo muy iguales que somos en lo esencial. 

Descubrirnos esa verdad tan evidente ya es motivo más que válido para dar un aprobado a esta nueva forma de comunicación. 

Humildad

La humildad comienza por uno mismo.

No vale ir de persona enrollada por la vida si te crees el rey del mambo.

Ser humilde con uno mismo no es falta de amor propio, es exceso. Porque me quiero tanto, no busco excusas para justificar mis malos pasos dados.

Así, cuando se nos vaya la olla, actuemos mal, dejemos cosas a medio terminar o despotriquemos de alguien, tenemos que hacérnoslo mirar.

Críticar al otro es fácil, aunque sea de pensamiento; hacer cuentas con nosotros, en cambio, siempre da pereza.

Calma

Siempre que hago las cosas con calma, me salen mejor.

No tiene por qué ser una novela o un texto, puede ser una tortilla de aguacates.

Queremos abarcar tanto que, a veces, olvidamos lo que tenemos entre manos, cuando lo que nos ocupa debe ser lo más importante siempre.

No sé cómo se llamará esa corriente filosófica o vital, que seguro que existe, pero no hay nada como poner todos los sentidos en lo que te traes entre manos. Disfrutarlo. Ralentizarlo. Regodearte en ello.

Cuántos paseos por la playa no habremos desperdiciado mirando el móvil. 

Potenciar

Todos tenemos algo bueno.

Sin excepciones.

Afortunado aquel que ha tenido quien se lo haya hecho ver cuando aún era inmaduro. Unos padres, un profesor, un hermano o unos amigos que le dijeran, en su momento, qué bien lo haces, tira por ahí.

Somos producto de muchos azares, entre otros, el de aquellos que nos acompañan desde nuestra más tierna infancia. Personas clave en nuestro desarrollo emocional. 

A un niño al que le potencias sus aptitudes le estás abriendo las puertas de par en par hacia una vida completa en la que sentirse fuerte.

No podemos ser grandes en todo, lo que sí es cierto es que hay cualidades en las que todos somos campeones. 

Aunque sea en saber mirar y sonreír. 

viernes, junio 09, 2023

La Caoba

Estábamos en una barbacoa dominguera, a rebosar de gente, y yo lo tuve clarísimo al tenerla de frente.

—Ayer te vi en el cine.

Ella me puso cara rara.

—Imposible, ayer no fui al cine.

Me hizo gracia su salida, así que le dije la película que vi.

—Tú estabas al otro lado de la pantalla. Me encantó tu interpretación.

—¿Cómo dices que se llamaba el personaje?

En ese preciso momento me di cuenta de que ella no era actriz. Traté de salir del paso con unas risas, pero no había salida posible.

—Esta semana iré a verla —me dijo.

Yo no sabía donde meterme, porque supe desde ese momento que me maldeciría cuando comprobase con quién la confundí.

jueves, junio 08, 2023

Rumano

Cuando era muy jovencillo y estaba soltero, en uno de mis viajes de trabajo,.quedé, en una cita a ciegas, con un tipo en Bucarest.

Fui a la estación de metro que él me indicó y allí apareció un guayabo de metro noventa, con cuerpo de atleta, bellísimo, en el sentido artístico de la palabra.

Sé que, al verme tan poca cosa, quiso deshacerse pronto de mí.

Propuso un paseo por el gran Bulevar de la Unión. Consciente de la situación, me crecí, era cuestión de que me concediera minutos, de que se alargara el paseo.

Obnubilado por su belleza, saqué toda la belleza que había en mí. Mi atractivo estaba en mi palabra, en la forma de contarle qué hacía allí, en la habilidad para hacerle preguntas que le tocaran el corazón, en el desparpajo para mostrarle, sin decirlo, que yo era consciente de su rechazo inicial, en la habilidad para provocarle curiosidad hacia mi visión de su país, en la simpatía precisa para convencerle de que mi vida iba mucho más allá de ese paseo por Bucarest.

Esa noche durmió en mi cama.

Dépayser

A veces el lugar es lo de menos.

Hay un verbo francés que describe con precisión, en una palabra, esa sensación de alejarse de todo.

Dépayser.

En el interior la palabra 'pays'. País. El prefijo 'dé' viene a negarlo.

Vendría a ser un 'despaisarse', quitarse el país de en medio, entendido como el terruño, el espacio natural en el que nos solemos mover, 

Esa es la potencia de viajar, aunque sea a un lugar perdido a pocos kilómetros de distancia, incluso a un barrio de la otra punta de la ciudad que no conocemos. 

Salirse del cascarón.

En no pocas ocasiones, la gente más cerrada de mollera es aquella que nunca se movió de su pequeño país, que apenas salió de su barrio, que no quiso alejarse del calor de lo conocido.

Mi amigo Guillaume me contaba que una tía suya, que no había salido en su vida de un pequeño pueblo en Normandía, votaba al Frente Nacional para 'defenderse' de los negros.

—Pero si no te has cruzado con ninguno en tu vida —le recriminaba él.

Cuando uno no sale de su agujero, todos los monstruos están fuera.

Encontrar paisajes nuevos descomprime el corazón.

martes, junio 06, 2023

Ascensor

Era el hotel más lujoso de la ciudad y había una mujer en el ascensor.

Una mujer perenne, allí, en una silla, con una revista en un revistero, con pelo teñido de un color imposible, ni rosa, ni caoba, peinado alto de pura laca, como la madre de los Simpson, horroroso, una mujer cercana a la jubilación, cansada, de sonrisa estudiada, movimientos automáticos y saludos en rumano.

Yo levantaba tres dedos y ella le daba al botón del tercer piso. Me acordaba entonces de que no sabía decir hola en su idioma. El silencio era eterno. Ella en posición marcial y yo pensando que ella pensaba que estaba hasta el gorro de tipos como yo. Harta de pulsar un botón que todos sabíamos pulsar, cansada de saber que los demás sabíamos que su trabajo era ridículo.

El ascensor era pequeño, apenas su silla ocupaba la cuarta parte. La silla, la mujer del pelo de laca, un huequillo de nada y yo. Las paredes de terciopelo rojo. Un escenario de comedia.

Cada tarde llegaba, reventado de trabajar, y dudaba si subir por la escalera, por evitar la tensión de ese paseo militar hasta el tercero.

Hace un cuarto de siglo, en la ciudad rumana de Pitesti, el mundo era también así.

Cosquilla

El miedo sería perder esa cosquilla en el estómago al verlo enredar con sus cosas por casa.

Que tomando unas cervezas no me entrasen ganas de meterle mano a sus rodillas por debajo de la mesa.

Que no esperase cada mañana su mensaje de buenos días, que no pusiera su cara sobre mi tripa al ver una peli para dormir.

El pánico vendría de no tener ganas de ir con él a la playa, de no apetecerme hacerle de desayunar, de imaginar que un día no me dé un abrazo al entrar.

El terror sería un día no sentir nada.

Montaña

Cuando me preguntan por mi novela preferida, respondo de inmediato 'La montaña mágica'.

Cuando, al ver mi convencimiento, se prestan a comprarla, advierto de su dificultad.

No tanto porque sea compleja su lectura, es una historia lineal en el tiempo en la que te sumerges con placer, ni por tener una trama enrevesada, a fin de cuentas es la historia de los miedos de un joven militar.

Su dificultad proviene de su lentitud, porque en los tiempos que corren todo lo lento es incómodo y tendemos a abandonar.

La montaña mágica es un balneario suizo para enfermos pulmonares millonarios de media Europa. Allí está ingresado el primo hermano que nuestro protagonista va a visitar. Un tipo de fuertes desarraigos familiares que encuentra entre los enfermos una rutina de horarios, comidas, paseos y charlas que le hacen alargar cada vez un poco más su estancia, hasta decidir forzar su propia enfermedad para que no le expulsen de ese lugar mágico.

Es igual que te cuenten la trama, lo maravilloso es entrar allí, escuchar esas charlas, sin prisas, pasear con los personajes por los bosques cercanos, entender las miradas entre ellos, esperar ver entrar a Madame Chauchat en el comedor.

Con esa novela me ocurre algo similar que al protagonista. No quiero salir de allí.

La leí hace media vida y ahí sigo, narcotizado entre baños termales y curas de vapor.

domingo, junio 04, 2023

Marrón

Siempre encuentras a la persona a quien cuentas un problema y ella te confiesa uno mayor.

Ni siquiera disimula con alguna pregunta, aunque sea falsa, para saber cómo te encuentras, sino que enlaza tu marrón con el suyo, para demostrarte todo lo que lleva para delante.

—He tenido un problema grave de salud —le dices, tras meses sin veros.

—Pues mis padres están fatal.

No hace ni el esfuerzo por preguntar qué problema de salud has podido tener, ni en qué estado te encuentras actualmente. Eso sí, sus padres están fatal. 

No sé hasta qué punto es un desvarío de esta generación el no saber escuchar de mucha gente, o si es una característica del alma humana desde el principio de los tiempos, pero qué incómodo es no saberse escuchado. Qué frustrante.

Quizás la frustración venga porque a mí no se me pasa por la cabeza que alguien me diga que lo han despedido del trabajo y yo le responda que estoy amargado con mi jefe.

¿Dónde se enseña la empatía?

viernes, junio 02, 2023

Isa

Me llamó una amiga de la infancia para saber de mí. 

Nos pusimos al día con cuatro datos fundamentales acerca de nosotros, las familias, nuestros trabajos, con el cosquilleo que produce escuchar voces que te meten en la máquina del tiempo.

Se ve que paseaba con su madre, ya muy mayor y sin la claridad mental de aquellos tiempos en que cuidaba de nosotros. Sin pedirle opinión, le zampó el teléfono a la señora para que hablase conmigo.

—Es Borete, mamá.

La mujer, cohibida después de media vida sin tener noticias de mí, no sabía sino mandarme besos y recordar tiempos pasados. 

Entonces su hija le explicó, a las bravas, que yo era homosexual. Tragué saliva.

—Está casado con un hombre, mamá.

Se hizo un silencio al otro lado, hasta que su madre, incómoda, reaccionó.

—Vaya... Pero, a pesar de todo, Borete siempre ha sido muy bueno.

Al menos no me lanzó a la hoguera.

Contradicciones

La vida es entender contradicciones, contradicciones que empiezan por uno mismo.

La vida debería ser resolverlas, para evitar decir una cosa y hacer la contraria.

A todos nos pasa. Asumir esa debilidad, la de nuestra falta de coherencia, también forma parte del recorrido.

Asumir que somos débiles, e incoherentes, no es excusa para no querer luchar contra nuestras contradicciones, porque somos más grandes cuanto más pequeñas las hacemos.

Es de los mayores piropos que me pueden hacer. 

-Eres coherente.

Al instalarse uno en el terreno de lo fiable, crece por dentro. No me valen las proclamas si no van acompañadas de actos que las confirmen. 

Choca que una persona tacaña pueda dar lecciones de solidaridad, que a alguien antipático se le llene la boca con la palabra bondad, que un tipo clasista presuma de pagar cuotas a ONG's, que quien no paga impuestos se queje de la Sanidad, que quien no sabe escuchar presuma de empatía.

No vale decir que soy lo que nunca he sabido ser.

jueves, junio 01, 2023

Publicidad

La publicidad, más veces de las que debiera, está basada en el engaño.

O en la exageración.

En la era de Internet empieza a estar unida a la manipulación y la mala praxis.

Cuántas veces no aparece un anuncio que no te interesa y esconden la cruz con la que poder cerrarlo, o te hacen pulsar donde no quieres al hacerte una pregunta, o utilizan tus gustos para avasallarte con propuestas que acabas detestando, o te ocultan el precio real hasta que no das al último clic de una compra.

El noble arte de anunciar un producto olvida, en manos de la avaricia, que no todo vale.

No todo se puede legislar, es más, no todo se puede vigilar, sin embargo, se echa de menos una red de protección al cliente, algún mecanismo sencillo que te permita denunciar lo que no es cierto, desactivar lo que molesta, ocultar para siempre lo que no quieres ver.

Estamos en manos de un progreso que de aquí a poco te traerá a un tipo con una hamburguesa recién hecha,que te parará por la calle en el momento que te vean mirar, un anuncio de McDonald's.

—Toma, cómetela, acabamos de hacerla para ti. 

Descartes

La escritura es una actividad de pura soledad.

Que a veces, muchas veces, queda ahí, sin que nadie destape el tarro de las palabras vertidas en el papel.

Somos pocos los privilegiados que podemos disfrutar del retorno que ese trabajo personal provoca en los demás, sentir así las emociones en el otro a través de dos juegos de soledades, del que se aísla para construir, del que se concentra para descifrar.

Como todo ejercicio realizado sin otra compañía que uno mismo, el escritor es vulnerable a la crítica, o a la falta de crítica. Cuando uno deposita sus textos en otras manos está dando el alma para ser juzgada, lo que no siempre es fácil de llevar.

Yo he tenido la suerte de haber conseguido construir bumeráns muy amables conmigo, repletos de emociones provocadas en quienes los reciben que retornan para decirme 'me llegas al corazón'.

Eso no impide que haya días en los que reina el desconcierto en mi yo escritor, días en los que se hace fuerte la parte insegura de mí para reprocharme mi vanidad, mis propuestas, ese monstruo que todos tenemos dentro que me vapulea, que me dice te repites, no llegas a la altura, no tienes nada que contar, que me acusa de perder el tiempo.

Cuando eso ocurre, recurro a Descartes, a su indestructible 'pienso, luego existo', de modo que me digo a mí mismo 'me emociono con mis escritos, luego valgo'.

Fresito

Parezco el Fresito.

Como esa concursante del Gran Hermano en sus inicios, una galleguita rubia que veía la vida color de rosa.

Estoy un poco así, y no me preocupa. Bueno, estoy bastante así y estoy encantado. Llevo meses en los que no para de salir de mi boca la expresión 'qué feliz estoy', 'qué contento estoy'.

El caso es que no me pasa nada especial, no me ha bajado ningún ángel del cielo, ni he ganado en este tiempo ningún premio de literatura, ni me han ascendido en el trabajo.

Será que con los años, si uno tiene suerte y se la trabaja, consigue dejar atrás tonterías que no llevan a ningún lado y se centra en lo que de verdad importa.

Yo estoy en esas.

Es seguro que llegarán momentos amargos, estoy en el mundo para saber de todas las injusticias del planeta, me consta que no tengo edad para vivir en modo frívolo, hago por estar ahí con quien me necesita.

Pero estoy feliz. Y solo el decirlo y el pensarlo me hace más feliz aún.