Me llevaba el taxista a la fábrica burgalesa que iba a visitar.
—Aquí tenemos grandes industrias.
—Lo sé —le contesté, y le enumeré un buen número de compañías implantadas en esa tierra.
Entonces el hombre, en un ataque de patriotismo, se vino arriba:
—Lo que no entiendo es que en los anuncios salga «L'Oréal París», cuando L'Oréal es de Burgos.
—Ajá —dije, por no meterme en berenjenales a dos minutos de llegar a mi destino.
La empresa francesa tiene centros de producción en cuatro continentes, pero el taxista burgalés solo veía el mundo desde su coche.
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