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miércoles, abril 19, 2023

Cremas

Cuando era un joven imberbe y atormentado, no le veía sentido a las cremas antiarrugas.

Esa época en la que uno nace al mundo de los adultos con las hormonas revolucionadas, tras abandonar el paraíso de la infancia. Los años en los que comienzas a entender que los padres envejecen, que los abuelos mueren, que habrá un tiempo en el que tendrás que ganarte la vida sin red de protección.

Idealizamos la juventud, pero yo recuerdo con pánico la adolescencia.

En esos tiempos yo veía los anuncios de cremas hidratantes y me planteaba, dramático, para qué. ¿Qué sentido tenía echarse potingues si antes o después la piel se iba a caer a trozos?

Los años, con paciencia, te dan la sabiduría del presente. ¡Claro que viene bien una crema antiarrugas! Porque la única verdad es la de ahora. La única piel que existe es la de hoy. Cuanto más mayor te haces más te das cuenta de que ese futuro terrorífico que nos iba a comer no existe. No está en ningún lado.

Habrá otros presentes en los que seremos otras personas con diferentes ganas de vivir.

Hoy, en cambio, quiero verme guapo. Quiero verme bien. 

Discapacitado

Iba con prisa. No sé qué tenía qué hacer, pero se retrasaban al traerme la cuenta y quería pagar rápido.

Entonces me di cuenta de que el camarero tenía algún tipo de discapacidad. Desmontaba la mesa de al lado con cierta dificultad, lo que le obligaba a dar varios viajes para terminar de recogerla, limpiarla y volver a vestirla.

De pronto se me fueron los agobios. No había nada tan importante que no pudiese esperar unos minutos. Me asomé a la ventana del bar y respiré hondo, entregado al placer de ver a los peatones caminar. Apenas quedaba gente en el local, por lo que ese chaval no tardaría en venir, como así fue.

―¿Qué tal estaba todo? ―Me preguntó.

―Riquísimo ―Saqué mi cartera, pagué y le sonreí.

Algo estaremos haciendo bien.

martes, abril 18, 2023

Soportar

La fuerza de voluntad es una virtud que compensa a la brillantez a la hora de conseguir tus logros.

La brillantez, por sí sola, se queda demasiadas veces en nada. 

Tengo la suerte de haber nacido con una gran dosis de determinación, tanta que los días se me hacen cortos para todas las cosas que se me pasan por la cabeza y me hacen disfrutar. Que haya una parte de mí que se dedique al proceso creativo es un privilegio del que soy consciente, de ahí que me exija la mejora continua, el aprendizaje, experimentar, proponer, formarme, analizar lo que hace el otro, contemplar el mundo con los ojos de quien quiere encontrar la belleza, el sentido, la emoción.

De ahí que encadene mi trabajo en la empresa con cursos de edición, horas de escritura, actualización de contenidos, planificación de tareas, esquemas de proyectos nuevos.

A Fran lo tengo frito, porque convivir con una persona como yo casi que le obliga a estar alerta. Él, con negocio propio y amante de la decoración, llega a casa algunos días reventado. Me ve con mis cosas y me pregunta. Yo le explico lo que tengo previsto hacer antes y después de cenar y él me mira mal.

—No te soporto.

Si me lo dice con el morro demasiado fruncido, me lo llevo de cervezas.

lunes, abril 17, 2023

Congreso

Gracias a mi querido José de la Rosa, asistí la semana pasada a un congreso internacional de escritores independientes, traído a Sevilla desde Estados Unidos.

Qué nervios.

Los organizadores habían alquilado un espacio inmenso en un centro comercial, con varias salas de cine reservadas para las conferencias, algunas en inglés, otras en español, donde eminencias venidas de medio mundo nos iban a poner al día de todo lo que se cuece a nivel de métodos, marketing, tendencias...

Mi sensación era ambivalente, feliz en todo caso, porque se juntaba mi yo escritor con ese otro Salva que se ve como un intruso.

Ya en la recepción, mientras nos tomábamos el café, cientos de escritores, íbamos presentándonos de manera informal.

—Yo soy de novela romántica —me decía una, mientras me daba su tarjeta.

—Yo soy de novela criminal —me decía otro y me indicaba su instagram.

—Yo de histórica.

—Yo de ciencia ficción.

Dios mío, pensaba, y yo ¿de qué soy? ¿Qué escribo yo? 

¿Qué hago yo aquí?

Prefería sonreír y no dar muchas explicaciones. La gente estaba tan motivada que tampoco me iban a prestar mucha atención. Así que, según me venía a la cabeza iba inventándome el género.

Escribo novela social, lo mío es narrativa contemporánea, mi fuerte es la literatura psicológica, es escritura cinematográfica, humanista, urbana.

Cuando a mí me hubiera gustado decir que yo siempre he querido escribir como Patricia Highsmith, como Paul Auster, como John Irving. Que me gusta construir historias donde el ser humano y sus preocupaciones estén en el centro, novelas entretenidas con mucho corazón, que pueden ocurrir a cualquier tipo de persona en cualquier sitio.

Me venía a la cabeza la canción de los 'No me pises, que llevo chanclas'.

—¡Y tú, de quién eres!

—¡De Fulanita!

Venía otro con la tarjeta y yo tragaba saliva.

¿De quién soy yo?

Os quiero

Hay reuniones de trabajo con fábricas lejanas en las que, en contadas ocasiones, la tensión sube a la estratosfera. El hecho de estar a miles de kilómetros de distancia, en esas situaciones, aumenta la desconfianza. Les presento resultados con los que no están de acuerdo, con lo que el tono de voz empieza a descontrolarse, unos hablan por encima de otros, me interrumpen al hablar, se monta la de San Quintín.

Entonces, en esas contadísimas ocasiones, yo les digo.

—Os quiero.

Y los dejo planchados. Les hago partícipes de alguna anécdota del pasado en común para confirmarles el aprecio que les tengo, a ellos, a sus equipos, a sus fábricas.

—Estoy de vuestro lado —les insisto, porque, además, es verdad.

Es ahí cuando las aguas vuelven a su cauce, empezamos a escucharnos de nuevo con respeto y tratamos de llegar a una solución.

No hay un solo objetivo empresarial que merezca que se pierdan los modales.

jueves, abril 13, 2023

Corte Inglés

—¡Acelera! —Gritó Fran.

Sin poner en duda la orden, le di caña al coche. 

—He visto un hombre caído en la calle Crédito, cargado con unas bolsas de El Corte Inglés.

Había que dar un enorme rodeo por Lumbreras, Guadalquivir, Torneo y Calatrava para llegar de nuevo a ese cruce de la calle Crédito con Lumbreras.

Di un frenazo y nos asomamos. Ya había gente alrededor del chaval, con la cara blanca de haber sufrido una especie de síncope. Ya habían llamado a una ambulancia.

Qué de alegrías juntas. 

Que ese joven se recuperase, que la gente hubiese reaccionado en su ayuda, que mi marido me gritase para acelerar el paso.

Hay tardes preciosas.

Humanista

Está mal vista la reflexión profunda. El pensamiento humanista. Preguntarnos a nosotros mismos qué somos, por qué hemos llegado hasta aquí, qué tenemos, con qué contamos, dónde queremos ir.

Da pereza la gente así, nos decimos, la que se come la cabeza con inquietudes transcendentales.

Asustan.

Tal vez porque quienes así actúan nos ponen frente al espejo de nuestra superficialidad.

'Ya está Salva comiéndome la cabeza', pensarás.

Sí. Ya estoy aquí de nuevo. El Salva que disfruta con cuestiones que no llevan a ningún lado. 

Es más fácil desviarse a la sencillez de asomarse a Instagram para ver vídeos de gatos. 

Nos da miedo pensar, apagar la luz, hacer balance, poner la música flojita, quitarla incluso.

Da miedo quedarse solo, a oscuras, sin nadie más que uno mismo. Repasar qué es lo que no me gusta de mí, qué es lo que no cambiaría por nada del mundo. Buscar al chaval que fui, al ingeniero en el que me convertí, al viajero impertérrito, al escritor intruso, al filósofo frustrado, al hermano, al hijo, al amante, al amigo que soy, que fui, que seré.

Vamos corriendo, espantando moscas, pensando comidas, planeando compras, haciendo cuentas. Buscamos distraer la mente, que no nos ataquen los monstruos. ¡Pon la tele! No queremos admitir que existen, nos tapamos los oídos por dentro, cerramos los ojos de dentro, de ese interior al que no puedes acceder más que tú.

Por evitar los monstruos, no nos asomamos a la grandeza de lo que somos, ni practicamos la gimnasia de mirarnos lentamente, con cariño, para decirnos lo bien que lo hemos hecho hasta llegar a ser la persona que somos.

Por no querer ver nuestros monstruos, perdemos la oportunidad de disfrutar del ángel que hay en nosotros.

miércoles, abril 12, 2023

Brasil

Me gusta la gente que no duda un segundo cuando le haces una pregunta de cualquier tipo.

La cuestión es que también me gusta la gente que se queda bloqueada mientras busca la respuesta.

Yo soy de los dos equipos.

Ahora sí, las preguntas que tienen que ver con mis gustos culturales tienen respuesta inmediata en mí.

Si te interesas por saber qué libro, qué cuadro, que canción, qué poema... tengo clara las respuestas.

Si me cuestionas por la película de mi vida, te diré 'Estación Central de Brasil'.

La vi en el cine Avenida, con mi amiga La Polemique, en versión original. 

Acaba tan de golpe, tan en carne viva, que no pude retener la llantina al terminar. No sabía dejar de llorar. Quería que apagasen las luces del cine.

Una señora mayor escribe cartas a analfabetos en la estación central de Río de Janeiro. 

Una mujer muere atropellada tras dictarle una al padre de su hijo, un crío al que lleva de la mano. La escribidora de cartas, que presencia el accidente de la madre a la que acaba de atender, se apiada del niño, abandonado en medio de la estación, y usa la dirección que acababa de anotar en el sobre, nunca enviado, para atravesar todo Brasil, con el chaval, con el único objetivo de dejarlo en manos de su padre.

Sin apenas dinero, van de un autobús a un coche, de un coche a un autobús, a merced de quien los quiera transportar. 

Un camionero se apiada de ellos. La señora, arrebatada en su impotencia, cae rendida ante él. 

Hacen una parada en una venta perdida en medio de la nada y este hombre les invita a algo de comer, al verlos desfallecidos. Entusiasmada por la humanidad del hombre, entra en el baño para pintarse los labios, se atusa el pelo, se sonríe al espejo, loca por ese tipo que ha puesto sus ojos en ella, una mujer perdida desde siempre, que se siente transparente y sola. 

Cuando sale del baño, el camionero se ha escapado, aterrorizado por tal carga emocional. El niño, consciente de la escena, acude a consolarla, mientras ella llora con la frente en el cristal.

Nada más que esa escena, todo un tratado de vida, llenaba la película en sí.

Llegaron a su destino, vieja y niño. Encontraron al padre. Ella, sabedora de que la misión había terminado, se marcha cuando todos duermen y escribe una carta ya en el autobús, al chaval, que corre por las calles gritando su nombre.

Entonces se encendieron las luces de la sala de cine.

martes, abril 11, 2023

Caricias

Justo antes de dormir, Fran busca mis pies con los suyos, para que se los acaricie. 

Es un coscón.

Yo, que tardo en coger el sueño algo más, me esmero en hacer círculos con mi dedo gordo en la planta de sus pies. Esos momentos en los que voy perdiendo poco a poco la conciencia, que tan útiles son para un escritor, cuando descubro por qué esa escena aún no estaba redonda.

En cuanto cae rendido, Fran se convierte en un conejillo que da patadas hacia todos lados. A mí, hay veces que me despierta, otras no me doy cuenta y sigo a lo mío.

Con el masajillo del dedo gordo.

Entonces veo a Fran de frente y me pregunto, ¿a qué pie es al que le estoy haciendo cosquillas?

Resulta que es el mío, que en mi modorra nocturna comienzo a acariciarme a mí mismo. Mi pie derecho empieza un romance con el izquierdo, que se hace pasar por el de Fran, y no sé cuál de los dos pies disfruta más.

Qué gustazo es tener un rato para cuidar de nosotros mismos, aunque sea sin saberlo.

lunes, abril 10, 2023

Salud

Soy un analfabeto respecto a mi propio cuerpo.

Tengo la sensación de haber aprendido, lo poco que sé, a partir de enfermedades propias y ajenas. No tengo claro de qué tengo que estar pendiente, cómo interpretar los síntomas o cuántas veces trato mal a mi físico sin saberlo.

La única formación sanitaria que recibimos queda en los años del colegio y consistía en memorizar los nombres de las partes de los intestinos, la composición de la sangre y poco más. Lo más cercano que estábamos de tocar un cuerpo era un esqueleto de plástico lleno de polvo al que ya le faltaban tres vértebras.

Vivimos a diario con él, deberíamos ser especialistas en cuidarlo. Soy un huésped descuidado con mi propio caparazón, lo que me vuelve hipocondríaco por desconocimiento. Al no saber, siempre temo lo peor.

Hubiera sido precioso que me enseñaran a tocarme, a saber dónde están mis tendones, para qué sirve mi vesícula, que puede ser que me pase cuando me duele un costado, cómo se forman los gases, qué alimentos son buenos para mi corazón.

Seríamos una sociedad más sana, en lo físico y en lo mental, si la salud fuera una rama troncal de nuestros estudios. De poco sirve ser un genio en física cuántica o filosofía contemporánea si no vives seguro, y confiado, en tu propio cuerpo.

domingo, abril 09, 2023

Anonimato

El anonimato es el arma de los cobardes, de ahí que nuestros tiempos, plagados de sitios donde esconderse, sean su época dorada. 

La época de los miserables que se escudan en espacios que no se inventaron para ellos, sino para la creación, el libre pensamiento, el diálogo, la propuesta.

Aprovechan cualquier resquicio para escupir, arrojar piedras y esconder la mano. Personas con la piel muy fina cuando les contestas, aunque estés respondiendo a un nombre inventado con una foto sacada de una película de hadas.

Están por todos lados, agazapados, amargados, ávidos de carne, para pisotear a todo aquel que se mueve con libertad, a pecho descubierto y desnuda sus verdades, que serán ciertas o no, pero son las suyas. Disparan contra lo vivo, lo que se mueve, se ensañan contra el que ríe, insultan desde las tripas.

No soportan la felicidad de los otros.

No soportan, ni siquiera, la tristeza de los otros.

Son personajes con una característica común: la envidia. Esa serpiente que les corroe por dentro por no tener el valor de ser ellos mismos, ese veneno que les impulsa a destruir a aquellos que representan lo que un día quisieron ser y no pudieron.

Quieren arrasar con todo lo que esté vivo y arroje luz, para así habitar sin remordimientos en sus catacumbas de mediocridad.

Triunfo

Muchas veces los logros no se alcanzan porque olvidamos que los triunfos se consiguen poco a poco.

Por muy brillante que uno sea, o crea serlo, el camino hay que currárselo. Son pocos los que han pasado a ocupar portadas de periódico al día siguiente de ser desconocidos.

El enemigo es la prisa, creerse por encima del bien y el mal, que no merecemos sacrificio.

Yo creo en la constancia cuando algo te apasiona. Esa terquedad que nace del propio convencimiento, de saber que sabes, de creer en ti. Soy un convencido del conquistar a cachitos, de tardar meses en dar un salto de calidad, de llevarse años para conseguir un halago, de no desviar el camino pese a la indiferencia de los demás.

Veo a alguien con su pequeño negocio impecable, con su exposición de cuadros originalísimos, con la página web más cuidada de todo internet y me pongo a sus pies.

sábado, abril 08, 2023

Memoria

Tengo algo muy a mi favor, y es que tengo poca memoria.

Quizás por eso escriba, porque cuando aparece el fogonazo de la imagen. ya la quiero pintar con letras.

Así voy poniendo luz a la oscuridad del olvido. Leo lo que escribí hace veinte años y me sonrío, ya que no solo disfruto de lo que narraba, sino del personaje que era yo al redactarlo.

Hay temas sobre los que me repito, soy consciente, pero no me censuro, es más, disfruto leyendo la misma anécdota contada por mí con diez años de distancia. La esencia es la misma, los ojos son otros, el corazón está ya hecho a emociones diferentes.

De hecho, al releerme hay veces en las que me riño, por haber perdido la ingenuidad de entonces, tanto como que hay otras en las que me felicito, por ser un tipo más sabio que cuando creía conocer el mundo.

No tener memoria es tener más capacidad de sorprenderse, poder disfrutar mil veces por vez primera de una misma sensación.

Crisis

Los tacos tienen tal fuerza, que mejor decirlos en tu propio idioma.

Mi amigo Miguel nos había recomendado tomar una copa en el Marie's Crisis de Nueva York, tras alguna de nuestras cenas por Manhattan.

Así que allí nos plantamos mi hermana Raquel, Fran y yo, tras disfrutar en un mexicano fabuloso de comida muy picante y música a todo trapo que triunfaba en el subsuelo de la ciudad.

Mientras Fran se acercaba al baño, nos pedimos dos gintónics. El bar era famoso porque los cantantes de Broadway solían ir allí tras las actuaciones para cantar alrededor del piano. 

Saqué la tarjeta para pagar y el camarero, un señor bien mayor con cara de malas pulgas, nos gritó:

—Cash!!!

Le expliqué que no teníamos dinero en metálico y él, en un gesto que no había visto en mi vida, le quitó la copa de las manos a Raquel y la vació en el fregadero.

Fue tal mi indignación que grité, cabreadísimo, lo primero que se me vino a la cabeza.

—Fuck you!

Ese hombre se encendió como la cabeza de una cerilla y levantó la parte móvil de la barra para salir. Mi hermana y yo nos miramos y decidimos salir corriendo. Fran bajaba del baño y nos alertó. El hombre venía detrás con las manos en alto para agredirnos.

Tuvieron que separarnos, no sé cómo salimos de allí.

Ya en la calle, vimos un cajero justo en la puerta del bar. Con lo fácil que hubiera sido decírnoslo a la hora de pagar. 'No admito tarjetas, pero podéis sacar dinero justo a dos metros de la entrada'.

Cuando me cabreo mucho, digo para mis adentros, 'fuck you', y se monta la de dios en mi cabeza.

viernes, abril 07, 2023

Excursión

Soy de evitar los días iguales. 

Cuando mi padre planteaba una excursión, mi curiosidad siempre podía con mi pereza.

¿Y si ocurre algo y me lo pierdo?

Era, soy, una mezcla de aventurero, cotilla y peliculero.

Sabía que encerrado en mi habitación poca cosa iba a ocurrirme, tanto como que cada vez que salía por ahí venía con mil sensaciones en la cabeza y cosas que contar.

Ésa es la razón, desde entonces, por la que me ocurren tantas anécdotas. Me gusta meterme en todos los charcos. Acudo donde me invitan, me asomo donde hay jaleo, visito lo que me recomiendan, hago por conocer a aquel del que hablan bien.

Es más arriesgado vivir así, ¡claro! Se lleva uno muchos chascos, te topas con más impresentables de los previstos, llegas a sitios donde nunca hubieses querido estar.

Pero gana lo bueno. Gana la vida. 

Es mucha la gente que me dice, 'lo que no te pase a ti, Salva'.

Me pasa porque estuve allí, porque dije que sí, porque apagué la tele, me coloqué un jersey y me largué.

martes, abril 04, 2023

Veracruz

No soy creyente, pero ayer por la tarde, al terminar de trabajar, bajé a pasearme por las calles de Sevilla al encuentro de mi espiritualidad.

Vivir en el centro de esta bellísima ciudad es un regalo que no se debe despreciar, así que tiré de recuerdos para elegir un lugar donde apostarme y así disfrutar, de lleno, de alguna procesión.

Decidí ir a las puertas de la capilla de la Veracruz.

Sin prisas, porque no las tenía, esperé media hora a que se abriese la iglesia, instante en el que el silencio se apoderó de la calle. Ya la cruz de guía era un reclamo, 'Coge tu cruz y sígueme'. Un coro a capella, entre campanas, anunciaba la salida.

Con una austeridad sobrecogedora vi pasar a cientos de penitentes de riguroso negro, la mayoría descalzos, sosteniendo sus cruces. Sólo se ven las miradas, y manos de viejos, manos de mujer, manos de jóvenes, manos curtidas y manos aristocráticas agarrando la madera. Todos la agarran igual.

Con enseñas antiquísimas iba abriéndose cada tramo de nazarenos hasta aparecer el paso de madera, imponente, con cuatro hachones verdes.

Una saeta femenina, desgarrada, le daba la bienvenida al Señor, desde un balcón engalanado, a su recorrido por las calles de la ciudad. En cuanto acabó el quejío, una agrupación coral de voces masculinas emprendió la marcha, acompañando al crucificado más antiguo de Sevilla, pequeño, retorcido, venido desde los tiempos en los que la ciudad era puerto de América.

El silencio a su paso era estremecedor.

Silencio heredado de siglos.

Tras la representación colorida de nazarenos de las múltiples hermandades de Veracruz que existen por doquier, llegó el cortejo de la Virgen, a la que precedía una cruz de plata que todo el mundo quería besar, decenas de chavalillos repeinados vestidos de monaguillos repartiendo caramelos y un trío de músicos de cámara, con instrumentos de viento, anunciando la llegada del palio.

Al ver la imagen recordé a mi amigo Eduardo, el Conejo, al que no he vuelto a ver desde la etapa del colegio. Sí, también las procesiones nos llevan a la infancia.

El manto negro de la Virgen se fue alejando, lento, para dar por cerrada una procesión de puro clasicismo, elegancia, misticismo, armonía, majestuosidad. Todo estaba allí, nada sobraba. Cada cual tenía su función. Yo también.

Sí. No soy creyente. Pero ayer no fui a ver una escultura del siglo XVI ni a escuchar música de cámara. Ayer tarde fui a darle emoción al alma. Reivindico la espiritualidad de aquéllos que no creemos en Dios, la capacidad de sentir la pasión de la gente penitente, la emoción de quienes acompañan a su Cristo pidiendo por los que se fueron, el palpitar del corazón ante la grandeza de lo que ha creado el hombre en su búsqueda de la inmortalidad.

Claro que no bajé ayer a la calle como quien va a ver una exposición.

Bajé a sentir lo que siente el pueblo.

El pueblo del que soy yo.

lunes, abril 03, 2023

Tepesa

Tardé en empezar la mili lo que se me alargó terminar la carrera de Ingeniería. 

Podía haber optado por la objeción de conciencia, pero quería que ese capítulo de mi vida pasara lo antes posible, así que me enfundé en el traje de soldadito español en cuanto aprobé el último examen.

Fue una experiencia surrealista. Sacaba varios años a los reclutas, debido a mis prórrogas de estudio, lo que me dejaba aún más fuera de contexto.

Que me trataran como a un bulto con ojos me repateaba. Me gustaría decir que era diferente, pero no. Estuve allí y puedo opinar. En ese mundo era habitual la colleja al desfilar, el grito chusco al despertarte, el comentario de desprecio al que no llegaba. 

Cuando terminé la instrucción, y ya por fin podía dormir en casa, me programaba el despertador a las seis de la mañana para estar en estado de revista para la izada de bandera.

Iba en mi vespa. 

Justo antes de llegar al portón de entrada, había una indicación de tráfico que señalaba una fábrica de aceite, de la empresa Tepesa, que se encontraba a las espaldas del cuartel.

Todos los días, cuando aún la ciudad no se había despertado, veía ese cartel.

Tepesa. 

Y todos los días gritaba al viento.

—¡Muchísimo!

viernes, marzo 31, 2023

Escritora

Hacía tiempo en la Casa del Libro esperando a Fran.

Se me pueden pasar las horas de estantería en estantería, tocando, leyendo, oliendo.

—Perdona —se me acercó una joven alta, maquillada, hermosa, con una sonrisa que yo entendí forzada—. Estoy segura que este libro es el que estás buscando. —Me mostró la portada de un libro que entendí como de autoayuda.

—Lo siento —respondí—. No me gusta ese tipo de literatura.

Me resultó violento. Por ella, por mí. Seguí a lo mío. 

Tenía ganas de leer la sinopsis de la nueva novela de Juan Manuel Gil.

Entonces la escuché de nuevo. Con otro cliente. Puse el oído.

—Sí, yo soy la autora.

¡Dios!, —pensé—. Qué agresivo he sido.

¿A esto hemos llegado? ¿Dar vueltas con nuestro libro para convencer a clientes desconocidos de que lo que escribimos es lo que ellos buscan?

Sentí una profunda ternura, pero me dio apuro ir a comprarle un libro que ella sabía que no me iba a gustar.

Terremoto

Nos lo pasamos en grande en la noche tokiota.

Dimos tumbos, bebimos mucho, conocimos gente, bailamos, buscamos taxis, tomamos metros, llegamos reventados al hotel.

Al día siguiente, resacosos, salimos a una plaza a pasear. Había un mercadillo de artesanía. Yo sentí el suelo temblar. Corrí como pude hacia un extremo de la plaza y me apoyé en un muro. Mi amigo Pablo seguía a su bola, los objetos de los tenderetes no se movían, las hojas de los árboles tampoco.

—Salva, estás blanco.

¿Hubo un terremoto en Tokio o el terremoto estaba en mí?

Qué mal sienta el afamado whisky japonés.

Iniciativa

Es difícil de admitir sin provocar rechazo, pero hay gente que nace sin iniciativa para las relaciones humanas.

Yo les ponía la cruz, tras darle varias oportunidades. Lo tomaba como un feo hacia mí.

Con el tiempo he aprendido que no es necesariamente así. Tienen esa naturaleza.

Hay personas que desaparecerían de mi vida si no fuese porque las llamo de vez en cuando, porque las invitamos a cenar a casa, porque las animamos a venirse de excursión.

Casi siempre dicen que sí.

Sin embargo, nunca llaman.

Yo he aprendido a aceptar que dejan la responsabilidad en mí. La prueba de que me quieren es que siempre dicen que sí.

Nacieron con poca gasolina en el depósito, qué se le va a hacer.

Pollo

No había comida a la que hiciera más fiesta mi padre que a unas alitas de pollo.

Esos atardeceres de primavera en los que iba a visitarlo y me lo encontraba con su vaso de cerveza lleno de huellas pringosas de estarse ventilando el pollo a manos llenas.

Hay imágenes que quedan en la retina para siempre, tan nítidas en la cabeza que no hace falta esforzarse en sacarlas a la luz.

Paseábamos por Triana el domingo por la noche y entramos en uno de los pocos bares que tenía un hueco en la barra. Somos de barra. Tras pedir un par de tapas que ya estaban agotadas, 'hemos tenido un mediodía de infarto y se nos ha acabado casi todo', decidí que la chica me aconsejara qué tomar.

—Nuestra especialidad son las alitas de pollo.

De pronto mi padre se instalaba en mí. Yo me retiraba de allí para dejarle su sitio, le daba mis manos, que manchaban el vaso, y  le animaba a rebañar los huesecillos como un ratón. 

Hay una parte de mi cuerpo que es suya y le dejo, cada vez que se tercia, que disfrute de mí.

Mentirijillas

Soy experto en mentirijillas que tienen mucho de verdad.

Traduzco sentimientos que veo en frases que no se dijeron, pero que ayudan a destensar relaciones. Ataco inseguridades de otros fingiendo que no veo determinadas cosas. Exagero indignaciones que no me afectan tanto como a otra gente que quiero. Insinúo situaciones que no se han dado, pero que son posibles.

Hay veces, muchas, en las que conviene dar un empujoncillo para atravesar el último metro.

Al decirle a alguien querido que lo ves mejor, sin verlo, le ayudas a que dé un paso adelante. 

Si confiesas que tienes a alguien en tu pensamiento más de lo que realmente lo está, puedes hacerle mucho bien, porque no hay persona que no quiera ser querida.

No pasa nada si alguien no me habla mal de ti y yo te digo que está encantado contigo. Así el día que os veáis habrá un buen rollo de partida.

jueves, marzo 30, 2023

Pejigueras

Los pejigueras en cuestiones de derechos son los que hacen avanzar a la sociedad.

Situaciones que nos molestan en nuestro día a día, y que somos perezosos en denunciar, van desapareciendo gracias a que hay quien se empecina en protestar, manifestarse y reclamar.

Si no fuese por la testadurez de quien se siente maltratado, aunque sea en temas menores, no se acabaría legislando en favor del ciudadano.

Son ellos, los que llaman a la policía por que alguien está fumando en un local, por los decibelios de una obra en el bloque, por la falta de personal en una estación de tren, por la rampa que no existe para discapacitados, por la dificultad en realizar un papeleo.

La mayoría nos encendemos por dentro y pasamos a otra cosa. Los pejigueras, tal vez pensando sólo en ellos mismos, nos van liberando de piedras el camino.

miércoles, marzo 29, 2023

Alfombra

Fue la primera vez que visitaba Marruecos.

Se nos ocurrió sobre la marcha y, al no tener los pasaportes con nosotros, la única forma de entrar era mediante un tour organizado de un día completo, que incluía paseo en camello y comida en la medina de Tánger.

¡Qué bien nos lo pasamos!

Veíamos Tarifa desde la Alcazaba de la ciudad, donde jóvenes con chilaba se colocaban serpientes alrededor del cuello, y nos planteábamos cómo podía haber tal salto cultural a tan pocos kilómetros de distancia.

La ruta, en autobús, incluía paradas en el zoco, en tiendas compinchadas con la compañía turística que organizaba la visita. Entramos en una farmacia bereber, en un mercado de especias y en una tienda de alfombras. A pesar de la explosión de colores, y olores, de estos lugares, yo quería que nos sacaran de allí. ¡Había tantas cosas por ver!

—Nos tratan como a rebaño —protesté—, y todo para sacarle los cuartos al turista tonto que se acabará comprando una alfombra —insistí.

Entonces me saludó el de la tienda.

El único que iba con una alfombra a los hombros, en el ferry de vuelta a España, era yo.

martes, marzo 28, 2023

Gruñones

Hay a quien le toca nacer en una casa a oscuras con padres gruñones y rituales estúpidos para comer.

¿Qué se le puede echar en cara a ese niño si sale huraño?

Tengo conocidos tan miserables que no me extraña luego ver que sus hijos no levantan la mirada cuando les das un beso.

¿Dónde quedan las fronteras a partir de la cual se transfiere toda la responsabilidad al hijo? ¿Cuándo se termina uno de quitar de encima tanta basura?

Seguramente, nunca.

No podemos imaginar cuánto hay de imitación en la naturaleza de los humanos, que se llevan años preciosos al cobijo de personas que son su modelo de vida.

Supongo que los que han crecido en un hogar tremebundo sentirán, algún día, un clic, un fogonazo, tras el que dirán, ¡qué diantres han hecho de mí!

Afecto

Con alegría, leí este fin de semana el resultado de un estudio universitario acerca de la felicidad.

Una universidad americana había trabajado con decenas de miles de personas durante 70 años para analizar cuáles eran los principales motivos que a estos individuos les provocaban bienestar.

Era curioso porque las poblaciones más jóvenes marcaban el dinero como uno de los principales factores, pero esa misma generación, cuando ya se hacía madura, consideraba clave para su felicidad el no tener deudas. 

En cambio, había un elemento que unía de alguna manera u otra a todos a la hora de explicar el porqué su vida iba por buen camino y no era otro que el de tener un importante colchón afectivo. Una red importante de amigos y familia.

70 años de investigación. Miles de personas observadas. Una verdad simple, la vida la mueve el amor.

Moraleja

El gran reto del artista es evitar la moraleja.

Que no se tenga que explicar lo que se quiso decir, lo que se pintó, lo que se filmó.

Uno de los factores que dan el marchamo de calidad a un libro o a una fotografía es lo que te remueve por dentro sin que tú lo controles. Atravesar esa barrera de lo tangible para golpearte en las emociones.

A mí me gusta que las propuestas culturales me consideren inteligente, como receptor de lo que se me ofrece, no quiero que me lo den masticado, sino que me dejen participar.

Ésa es la clave del arte, que el que observe se sienta interpelado. Partícipe. Importante.

Que crezca.

Muchas veces despreciamos la cultura como algo superfluo, que no da de comer. Los gobiernos prescinden de ella a la primera ocasión en la que tienen que hacer recortes.

Quizás porque saben que un buen libro no da de comer, pero sí hace pensar y empodera a quien lo lee.

Inglés

Un truco tonto para vivir más ilusionado es proponerse el aprendizaje de temas concretos.

A mí me hace feliz el inglés.

Lo utilizo a diario en el trabajo, veo películas en versión original, investigo las letras de las canciones que me gustan y siempre hay algo que se me escapa. No hay reunión, película o canción que no presente un reto, en la que no tenga una expresión nueva que consultar o una pronunciación que corregir.

Es un aprendizaje infinito porque es imposible llegar a la perfección en un idioma que no has mamado desde pequeño. Puedes utilizarlo de forma brillante y, aun así, siempre faltará la precisión que dan las tripas, lo que no se piensa, lo que se ha escuchado de siempre y no te has parado a analizar.

Quien dice inglés dice Photoshop o repostería, lo importante es ese reto continuo de querer saber más y mejor acerca de un universo concreto. Navegar por él. Maravillarte en su salsa.

A veces voy por la calle y suelto un palabro en inglés que acabo de ver en algún cartel, para memorizarlo y estudiarlo más tarde. Fran me oye sin entender:

—¿Qué has dicho?

—Nada, nada...

jueves, marzo 23, 2023

Evasión

A veces pienso que falta algo fundamental por inventar.

Lo malo es que no sé lo que es, sólo intuyo por dónde irían los tiros.

Tendría que ver con la evasión, un territorio que vaya más allá del cine, de un balneario, de un crucero por el Mediterráneo.

Creo que ese invento se inventará, quizás ayude la electrónica, la informática y el progreso. Porque el invento con el que sueño tiene que ver con la desaparición voluntaria durante un tiempo determinado de nuestro yo.

¡Sería tan sano!

Conseguir un artilugio que nos saque de nosotros mismos y nos permita volar sin las ataduras de nuestros condicionantes de cada día. Un invento que no se esnife ni se tome en pastillas, sino una puerta que se atraviese para olvidarnos por un tiempo de nuestra propia unicidad, poder ver el universo sin ser nosotros mismos, sin aprioris, con la ingenuidad de un niño que no existe.

Algún día se inaugurará, no sé qué forma tendrá, y entrarán primero los valientes. Atravesarán la puerta dispuestos a sumergirse en una aventura deliciosa de desprenderse del propio cuerpo, porque confiarán en que haya alguien que les devolverá enteros a la puerta de salida.

Salir y decir 'he sabido por fin ser alguien que no soy yo'.

Futuro

Cuando pensemos mucho en el futuro lejano, estará en nuestras manos reorientarlo al futuro más presente.

Es sanador saber reconducir la mente, ejercitar esa gimnasia emocional de enfocar la mirada donde menos daño hace, a aquellos paisajes que nos hacen sanar más que sufrir.

De nada sirve volver una y otra vez a la imagen de cómo seremos cuando estemos desvalidos o a imaginar qué será de nosotros si se nos va la cabeza. Lo que tenga que llegar, llegará y seguro que sabremos afrontarlo. Somos más fuertes de lo que pensamos.

Sin embargo, muchas veces es mejor quitar la luz larga para centrarnos en lo que sí está a tocar con la punta de nuestros dedos. Desplazar hacia un terreno más cercano la mirada hacia lo que vendrá, porque a veces de tanto otear el horizonte se nos escapa la piedra contra la que tropezamos.

Al otro lado

Siempre queremos estar al otro lado.

Si hace calor echamos de menos el frío, si es invierno soñamos con el verano. Si salimos mucho, querríamos estar holgazaneando en casa, si, por fin, estamos tirados en el sofá añoramos no estar de tapas.

Nos llevamos media vida suspirando por lo que no tenemos sin regocijarnos en lo que está en nuestras manos.

A mí me gusta provocar la alabanza del aquí y del ahora. Verbalizarlo. Mucho. Por cualquier motivo.

Cantar al aire lo bonita que está la ciudad, la noche tan espléndida que hace, lo divertida que es esta película, lo buenísimas que están las alcachofas que me acabas de hacer. 

Lo bien que me lo paso contigo. 

Lo feliz que estoy aquí, conmigo.

Simpatizar

Se suele decir que no estamos vivos para satisfacer a los demás, pero a mí me produce mucho placer caer bien a la gente.

No es que mis actos los encamine a obtener el aprobado de los que me rodean, sería de tontos, lo que sí es cierto es que hago un esfuerzo para provocar buen rollo hacia los demás.

Pese a que se pueda pensar lo contrario, es una estrategia de triunfadores. Cuando te ganas la simpatía de los demás, estás labrando un futuro mucho más sano que de no hacerlo, y es que suele ocurrir que la gente responde bien a quienes un día les hicieron pasar un buen rato.

Despreciar el qué dirán queda bien sobre el papel, decir que me importa un pimiento lo que piensen de mí parece un atributo de alguien con carácter, afirmar que uno no está condicionado por la imagen que se hagan de él podría ser el colmo de la personalidad.

Yo opino lo contrario. A mí no se me caen prendas por decir que me gusta gustar, que me vean como alguien cercano, que me relacionen con emociones positivas.

El gran secreto de todo esto es que en el fondo no lo hago solo por los demás. Lo hago, fundamentalmente, por mí.

Me siento bien en mi piel cuando ofrezco lo mejor que tengo.

miércoles, marzo 22, 2023

Supuesto

Dar por supuesto el cariño es de torpes.

A mí no me vale eso de que no hace falta ofrecer muestras de amor, porque el amor va por dentro.

El amor hay que sacarlo, porque dentro se acartona, se pudre, se olvida de para qué sirve y se aborrega.

Soy muy partidario de materializar los ataques de cariño en un mensaje de móvil o una caricia, porque ese instante de conexión con la persona a la que quieres se pierde en la nada si no lo compartes.

Sé que hace mucho bien disfrutar nuestros afectos con nosotros mismos, pero mucho más bien hace el decírselo a quienes ocupan nuestros pensamientos.

De repente me acuerdo de ti, de esas carcajadas en la azotea, y te mando un corazón. No pido otro de tu parte, tan sólo te ofrezco el mío.

Así sabrás que, aunque ahora no me necesites, me tienes ahí.

martes, marzo 21, 2023

Indonesios

Llegamos a la fábrica tras pasar un fin de semana pletórico en la costa surfera del sur de Java.

Tras horas caóticas de carretera desde Yakarta, entramos a la hora prevista en la fábrica indonesia de Nissan. Un recinto pequeño, para lo que estábamos acostumbrados, rodeado de verde. Inmensas palmeras, árboles gigantes, una naturaleza desparramada que incluso atravesaba los muros de la factoría.

Hicimos una reunión donde nos presentaron al personal, simpatiquísimo, extrañados quizás por recibir la visita de dos ingenieros europeos de grandes narices, habituados como estaban a que los únicos extranjeros que aparecían por allí eran los grandes jefes japoneses.

Cuando nos dejaron ya libertad para recorrer las instalaciones, Pablo y yo sacamos la misma conclusión. Parecía que iban bailando. Como si el traje gris de Nissan no fuese otra cosa que un disfraz y viéramos, como con rayos X, el cuerpo de esos hombres con un collar de flores y una falda roja hasta los muslos por debajo del mono de operario.

El capitalismo se instala allí donde hace falta mano de obra barata y crea una realidad paralela para los indígenas del lugar. Les montan una fábrica en un lugar paradisíaco y los visten para la ocasión.

Afortunadamente, aún no han perdido la sonrisa ni ese bailecito interior que ese día supimos ver.

Hay esperanza.

viernes, marzo 17, 2023

Triunfitos

Miedo me dan los triunfadores que critican a quienes no llegan.

Esos que piensan que hay una relación directa entre querer y poder, los que no admiten la fuerza de lo casual, ni las debilidades ajenas, ni los condicionantes que hacen de mucha gente personas desdichadas.

Es precisamente cuando estás en lo alto de la ola cuando debes mirar con mayor humildad al mundo, porque de la ola uno siempre se cae, antes o después, y entonces entenderás, cuando vuelvas donde los mortales, que muchos no supieron subir ahí arriba por más que lo intentaron.

Nuestra sociedad se llena de discursos de odio porque está llena de egos. Si a mí me va bien es por mí, si me va mal la culpa es de los demás. 

De ahí que cuando uno triunfa no quiere saber nada del resto del mundo.

Pero el resto del mundo está ahí, siempre lo estuvo, buscando el camino para progresar, aunque sean dos pasos, por mucho que vean la ola a kilómetros de distancia. Hay quienes nacieron lejísimos de donde se permite triunfar, de ese lugar donde los poderosos dan zapatazos a los que pretenden llegar.

Despreciar al débil, al pobre, al fracasado, al torpe es despreciarnos a nosotros mismos antes o después.

Verse

Hay veces en las que no me veo hasta que no me ve alguien.

Entonces confirmo en sus ojos que está observando a alguien serio y fuerzo una sonrisa, no para quien me mira sino para mí, porque no soy consciente de lo huraño que puedo parecer hasta que no me siento reflejado en la mirada de quien me presta atención.

Sonrío, y al sonreír me doy cuenta de que puedo ser mucho más atractivo que con la cara de cuerno que traigo de serie, ésa que no refleja todo lo bien que me siento, habitualmente, con mi propio cuerpo.

Dicen que cuando sacas esa sonrisa, aunque sea falsa y presumida, tu cuerpo reajusta los huesos de puro placer, porque no sabe distinguir cuándo es real y cuánto fingida. 

El caso es que al forzarla, porque no quiero mostrarme tan seco, el propio gesto me hace sonreír por dentro, se me produce un cosquilleo en la barriga y, entonces sí, sale la expresión verdadera de mi felicidad.

Fuerzo la mueca y el cuerpo entiende que hay fiesta interior.

jueves, marzo 16, 2023

Único

Los chavales de mi generación nacíamos con el regalo de tener hermanos, los de hoy en día se han especializado en no tenerlos.

A mí me cuesta encontrar entre mis amigos quien no los tenga, pero abundan los que solo tienen un hijo.

Todos los argumentos para llegar aquí son entendibles, e incluso es lógico que hayamos llegado a este punto en el que lo que antes era una rareza, ser hijo único, se haya convertido en habitual.

Salvo excepciones, que de todo hay, tener hermanos supone una protección inconsciente, proporciona un bienestar emocional que nunca nos paramos a cuantificar, por muy distintos que sean a ti. Ahí están. Habrá situaciones fuertes. Allí estarán.

Nacer sin esa compañía seguro que te hace más avispado, facilitará el ahondar en tus amistades para encontrar el calorcito de gente querida que todos necesitamos, tanto como que te dificulta el tener con quien hablar de la familia propia, ésa que no ha vivido más que él.

Cuidar de los padres, avistar el futuro, no tener ese abrazo de amor animal que se dan los que han salido de la misma barriga es algo que les define.

Ser hijo único es nacer con un regalo menos.

Hay que cuidar de ellos.

miércoles, marzo 15, 2023

Albatros

Me conocía todos los pájaros que comenzaban por la A y el que más me impresionaba era el albatros. No sé muy bien cuál era la técnica que utilizaba, el caso es que conseguía hacer un calco de la foto que aparecía en la enciclopedia y traspasarlo a mi cuaderno.

Así iba montando mi libro de pájaros, a partir de la enorme enciclopedia de Espasa, de varios tomos, que teníamos en el salón de casa de mis padres.

Al lado de cada foto, una explicación. En qué región del mundo vivían, hacia dónde emigraban, qué comían, cuánto medían... Me esmeraba con la letra.

También era experto en los emperadores romanos que comenzaban por A, con especial fascinación por mi paisano Adriano, un sevillano que ya hace dos mil años llegó a lo más alto del poder en el mayor de los imperios.

Y montaba mi cuaderno de emperadores.

Me hice también especialista en ciudades que empezasen por A, ¡cuánto aprendí de Adis-Abeba!, y de escritores, como Vicente Aleixandre, o ríos, me encantaba dibujar los ríos en los mapas, como el Amazonas.

A veces llegaba a la D, otras me quedaba en la B, raramente alcanzaba la M.

Mientras los niños de mi edad jugaban al fútbol en el descampado, yo me sumergía en la Espasa para inventar un nuevo cuaderno, comenzar un nuevo estudio, investigar algo que me impresionara.

Entrar allí, en esos tomos, era salir de casa, soñar en grande, descubrir la vida. La curiosidad no me dejaba terminar de aprender acerca de los desiertos para empezar con el mágico mundo de las estrellas.

¿Dónde irían a parar esas libretas infantiles sin terminar? 

¿Dónde van a parar los sueños que desaparecen?

martes, marzo 14, 2023

Sólo

Soy de los que pienso, como amante de la lengua española, que la Real Academia metió bien la pata al suprimir las tildes en determinadas palabras, como 'solo'.

Cuando las normas no están claras se provoca inseguridad, porque a fin de cuentas las reglas se las da el hombre para vivir más tranquilo.

Si nos educaran con el mensaje de que en los semáforos en rojo solo te tienes que parar si ves que algún otro coche se puede cruzar, entonces tendríamos las ciudades llenas de heridos.

O uno se para o uno no se para.

No vale decir que los productos caducados se pueden consumir, en determinadas condiciones, una semana después de la fecha límite.

Todos sabemos que hay situaciones en las que podrías saltarte el semáforo o comerte el yogur caducado, sin problemas, pero ni nos lo saltamos ni nos lo comemos.

Yo quiero que la palabra 'solo' lleve tilde como adverbio y que 'este' la lleve como pronombre. 

Imaginaos la frase sin los entrecomillados.

'Yo quiero que la palabra solo lleve tilde como adverbio y que este la lleve como pronombre'. 

Sería una frase inentendible, absurda.

No me valen que me digan que coloque las tildes en el caso de que el significado sea ambiguo. 

Ambiguo es no saber legislar con criterio y a los que nos apasiona leer, y escribir, nos gusta que se cuide la lengua para no convertirla en un terreno con semáforos apagados y yogures fuera de la nevera.

Streetxo

La última vez que estuvimos en Londres nos encantó ese local, así que decidimos que nos pegaríamos un buen homenaje el día en el que volvimos.

Apenas tenían un hueco en la barra del restaurante y allí nos acomodamos, con el cosquilleo que produce el volver a sitios en los que has sido feliz.

Nos atendió una chica muy maja, que volvió a explicarnos, como entonces, las reglas del menú. Era divertido ver cómo cocinaban, justo al otro lado de la barra, cocineros disfrazados con camisas de fuerza.

—¿No es mucha comida? —Pregunté, a lo que la joven me respondió con una negativa rotunda.

Cuando ya íbamos por el tercer plato no podíamos más y quedaban otros tres, que quisimos anular y no pudimos.

No es mejor profesional quien consigue hacer mucha caja una noche, sino el que te anima a volver una y otra vez a tu local.

A nosotros nos perdieron para siempre.

Susto

—¡Qué te pasa! —Gritó Fran.

Yo venía de hacer unas compras, más feliz que una perdiz.

Ya había caído la tarde y me extrañó ver, desde el patio, la luz del salón apagada. Él estaba en un sillón en el que no se suele sentar y yo susurré su nombre al abrir la puerta. Por lo que fuese, él se asustó. Y con su susto, me asustó a mí.

—¿Estás bien? —Volvió a preguntar.

Tenía la cara desencajada. Me insistió varias veces.

—Estoy como una rosa —insistí.

Se me agarró y me dio un largo abrazo. Tal vez el sonido de mi voz al susurrar su nombre, o algún movimiento que hice al entrar cargado con las bolsas, quizás una perspectiva rara desde ese sillón, hubo algo que le inquietó.

Encendí las luces y le pregunté qué podíamos hacernos de cenar, mientras razonaba, para mí mismo, que acabábamos de improvisar, sin quererlo, un ensayo general de amor del bueno.

Y qué bien que nos salió.

domingo, marzo 12, 2023

Exposición

Hace muchos años, cuando fiché por una gran editorial, indagué en el mundo de la promoción literaria.

Ya tenía lo fundamental con lo que todo escritor sueña, una novela en el mercado, pero me faltaba algo aún más importante, lectores que le dieran una oportunidad.

Así que fiché a un experto en marketing, un tipo muy preparado.

Lo primero que me dijo fue.

—Exponte, Salvador.

Sí. Tenía que salir de mi madriguera. En mis publicaciones no había nada de mí, todo eran referencias a otros, comentarios de novelas, fotos de ciudades, artículos de prensa.

—Tienes que salir tú —me insistía—. La gente necesita un enganche emocional. Habla de ti en tus textos, aparece tú en las fotos.

Así me fui abriendo, la persona oculta que era yo, para quien no estuviera en mi círculo, fue mostrando su perfil y desnudando su interior. Luché contra mis pudores por la causa de la escritura, mi gran pasión. Me sabía afortunado por haber logrado llegar ahí, consciente de que no todo el mundo puede desarrollar la vocación con la que nace.

Entonces me di cuenta de que a la gente podía interesarle alguien como yo, que mis historias personales activaban en ellos resortes que hacían fluir emociones, sensaciones, recuerdos.

Con el tiempo me di cuenta de que el primer beneficiado era yo, no solo porque comenzase a fidelizar lectores a mis novelas, que era mi principal objetivo, el de consolidarme como escritor, sino porque las reacciones que recibía del otro lado del espejo me hacían crecer, no ya como narrador, que también, sino como persona.

Tantos años después, aquí sigo, contándote cómo veo la vida, sin barreras, para así lograr el mejor regalo, el retorno de esa mirada limpia que me ofreces tú.

Estrelli

En mis primeros años en la fábrica de Renault tenía un compañero con el que me tocaba hacer los turnos de noche. Por su edad, podría haber sido mi padre. Enorme físicamente, hablador y dormilón a partes iguales, aprovechaba los descansos entre avería y avería para contarme historias.

En casi todas había una protagonista.

—Yo a la Estrelli la quiero mucho.

La Estrelli, su mujer, era el suspiro de una golosina. No la conocí en persona, pero él me la retrataba como extremadamente delgada y con un carácter fortísimo.

—Recién casados, cuando sonaba el despertador para ir a trabajar, mi Estrelli se agarraba a mí y me decía 'no te vayas, mi amor', 'quédate aquí conmigo'.

Imaginaba la escena y me moría de la risa. Esa mujer no tendría brazos para abarcar a tanto hombre. 

Pero el tiempo pasó, ya él no hablaba más que de la jubilación y de la realidad de las cosas.

—Ahora, cuando suena el despertador, Estrelli me pega dos codazos y me dice, 'andando, que es gerundio'.

sábado, marzo 11, 2023

Radical

—Hay que huir de los radicalismos.

Esa era la conclusión de nuestras reuniones en la cafetería de la universidad. Cada uno pensábamos diferente, pero sabíamos escucharnos. Nos sentábamos durante horas a arreglar el mundo con veinte años. Éramos tres amigos inseparables que compartíamos aula en la escuela de Ingenieros de Sevilla.

Yo, por entonces, estaba en plena ebullición. Tras estudiar en un colegio de curas hasta los dieciocho, entrar en la universidad me abrió las puertas a un mundo inmenso donde todo era posible. Una vez pasada la peor parte del duelo por la muerte de mi madre, yo solo quería vivir, encontrar mi sitio, descubrirlo todo.

Ellos dos estaban ennoviados, lo que no evitaba que saliésemos los tres de cervezas cuando acababa la semana. Con poco más de veinte años, trabajaba en mi interior la manera de hacerles partícipe de algo que necesitaba compartir. Decirles que era homosexual.

Sin embargo, una noche, cuando paseábamos cerca de un bar de ambiente gay en Sevilla, uno de ellos dijo, señalando el local:

—Contra eso sí que hay que ser radical.

A mí se me heló la sangre. 

Retrocedí en un segundo varios años hacia atrás en la aceptación de mi homosexualidad. Me metí para dentro, integré que nadie nunca sabría nada, rechacé mi naturaleza como algo sucio. Tardaría casi una década en confesar a alguien de mi entorno mi condición.

Esa amistad se desvaneció al terminar la universidad, pero veinte años después el destino volvió a unirnos. Asistió a la presentación de una de mis novelas en su ciudad. Tras el acto, se acercó a mí, emocionado. Yo ya no escondía mi amor por Fran.

—Salva, siento mucho haber dicho barbaridades en el pasado.

Yo acepté las disculpas. No quise decirle cómo de inmenso fue el dolor que me provocó en su momento y los años de juventud que perdí por personas como él, como las que en su día fue él.

A día de hoy ese hombre tiene una hija lesbiana, nacida en esos nuestros años de universidad, de la que no se puede sentir más orgulloso. Como no puede ser de otra manera.

viernes, marzo 10, 2023

Soportar

—A ese sitio ya no vamos porque a Salva no le cae bien el dueño —explicó Fran a su hermana, cuando le preguntó por qué habíamos dejado de ir a un restaurante.

—A mí ese tío no me cae mal —protesté—. Lo que ocurre es que no lo soporto.

Desi soltó una carcajada de incomprensión.

Sí, hay gente insoportable que me cae bien. Personas de buen fondo, divertidas al contar las cosas, amables, serviciales, con una vida coherente, nobles incluso, puede que hasta luminosas, pero que a mí me ponen de los nervios.

Con el tiempo uno se vuelve más arisco con las compañías que no provocan bienestar. No hay necesidad de congeniar con quien vibra en distinta onda que la tuya, personas a las que me hace realmente ilusión saludar cuando me las encuentro, pero a las que nunca diré a ver cuándo quedamos.

jueves, marzo 09, 2023

Badajoz

La manipulación es un arma peligrosísima que está a la orden del día.

Leí hace un tiempo un reportaje sobre las ciudades con mayor y menor calidad de vida en España, un asunto espinoso, ya que siempre es subjetivo establecer cuáles son los parámetros para medir el bienestar de una población. ¿Cuánto cuenta la falta de ruidos? ¿Cuánto los días soleados? ¿Cómo puntúa la simpatía de los habitantes? ¿Cómo se mide? ¿Qué valor tiene la cantidad de parques? ¿Y el número de camas de hospital?

Demos por bueno que el periodista se basó en unos datos bien documentados y estableció unas bases. El salario medio puntuará tanto, el número de parados esto otro, las plazas de guardería por habitante otro poco más... hasta definir la ciudad ideal y aquella de la que más vale salir corriendo.

Pues el artículo se ilustraba con fotos de las dos ciudades, la buena y la mala. De la primera, por supuesto del Norte, aparecían maravillosas fotos en color, de parques, calles sin tráfico y gente sonriente. De la segunda, sin duda del Sur, las fotos eran en blanco y negro, de escombreras, atascos de coches y graffitis en la pared.

Qué poco elegante es retorcer el mensaje para llevarnos allá donde el manipulador quiere llegar.

Ésa es la historia de estos nuestros tiempos, en los que hay que estar ojo avizor, sin dejarse llevar por titulares que te explican evidencias que no lo son.

miércoles, marzo 08, 2023

Discriminación

Para entender la discriminación de la mujer no hace falta más que haber vivido.

No importa en qué familia, en qué barrio o en qué país. 

Por supuesto que hay grados, claro que hay avances. Muchos. No tengo más que echar la vista atrás para imaginar ese mundo de hace cincuenta años, cuando no existían mujeres en la mayoría de oficios, cuando era raro en el cole tener un compañero con los padres divorciados, porque en el matrimonio se aguantaban carros y carretas, tiempos en los que las niñas no tenían referentes en los que proyectarse si querían ser científicas, empresarias o deportistas.

Claro que como sociedad hemos conseguido avanzar para facilitar las cosas a la mitad de la población. Ese cincuenta por ciento que asume en gran parte el cuidado de los hijos, de los viejos, de los enfermos, que se preocupa de la casa, de la comida, de la ropa. 

Sí, claro que hay hombres que contribuyen. El problema es ese, que contribuyen. Como si determinadas facetas del vivir recayeran de forma natural en la mujer y el hombre hiciera un favor por echar un cable.

Recuerdo el enfado de mi amiga Irene cuando su chico le decía, tras comer:

—Ya te he lavado los platos.

—¿Me has lavado los platos? ¿Qué tengo yo, platos colgados de las orejas o me salen platos de la barriga?

Muchos hombres tienen aún el cerebro programado para pensar que al hacer tareas domésticas están haciendo un favor.

Es más fácil ser brillante cuando tu única preocupación eres tú.

martes, marzo 07, 2023

Organizados

Prefiero a la gente que intenta ser organizada que la que lo tiene todo bajo control o, también, que aquella que es un desastre.

Los que son muy organizados, y lo llevan todo para delante, me asustan. Suelen ser personas rígidas, acostumbradas a que si es martes y son las nueve tenemos que estar cenando alcachofas. 

Las que son un desastre me hacen gracia, pero me agotan. Su imprevisibilidad y dejadez acaban por agujerear la confianza.

En cambio, la gente que pretende estructurar las cosas y no lo consigue se convierte en la más atractiva para mí. No se dejan ir, suelen saber dónde van y son los que mejor se adaptan al día a día, porque no santifican los planes, especialistas como son en hacer lo contrario de lo previsto sin el mínimo síntoma de ahogo.

Son los que tienen la pechuga en la nevera para la cena de esta noche, pero que prefieren dejarla para mañana cuando te los cruzas y les invitas a una cerveza.

Nariz

Hay cosas de mi físico que no me gustan nada y con las que he aprendido a convivir, sin dejar por ello de ser presumido.

No me gusta mi nariz ni tener tan poco pelo, pero ya pasó el tiempo en el que me incomodaba la imagen que pudiese dar, cuando evitaba colocarme de perfil en las fotos o sentarme en las primeras filas de una sala de cine. 

Integré, con los años, que hay características de nosotros que son como son y no debe importarnos cómo nos vean los demás, porque, además, a la gente les importa bastante menos de lo que podamos temer. 

En el momento que atraviesas esa frontera, te quitas una mochila de complejos que no lleva a ningún lado, ganas en seguridad y tu sonrisa se hace más abierta, con lo que ganas en atractivo personal, que es la belleza que de verdad importa.

lunes, marzo 06, 2023

Escuchar

Teníamos ganas de conocerla porque Elisa nos había hablado maravillas de ella:

—Es mi mejor amiga de mi época manchega.

Y su época manchega ha sido media vida para Elisa. Así que nos citamos el pasado viernes a comer con las dos, ella y Montse.

Son esos ratos divinos en los que se para el mundo, ocasiones en las que se te ofrece una ventana para conocer a alguien nuevo, otra vida, una nueva forma de mirar las cosas. Una delicia en el caso de Montse, una mujer comprometida con lo social, asertiva, empática.

Cuando estábamos en los postres y Elisa fue al baño, ella nos soltó el mejor piropo que se nos puede soltar, a Fran y a mí.

—Sois grandes escuchadores.

viernes, marzo 03, 2023

Aragón

—¿Tomamos por Aragón o por Litoral?

—Por Aragón —respondió Fran, sin un atisbo de duda.

Íbamos dirección Plaza de España y yo lo miré con ojos de sorpresa. Ninguno de los dos conocemos Palma de Mallorca lo suficiente como para saber por dónde nos convenía que tomara el taxi.

Su respuesta gestual hacia mí, la de Fran, lo decía todo. Si dudamos, me hacía ver, tirará por el camino más largo. Suele ser la táctica de algunos taxistas para saber cómo de bien conocen el terreno sus clientes, hacer una pregunta de tanteo.

Me divierte la seguridad con la que Fran se maneja.

Así que tomamos por Aragón. La ciudad estaba llena de vida. Es precioso cuando viajas por lugares que apenas conoces, porque todo sorprende, a todo prestas atención, los carteles con conciertos, las viejas paseando, los chavales en sus patinetes, los puestos de flores.

—¿Dónde les dejo? —Nos preguntó.

—En la Plaza de España —respondió Fran, contundente.

El taxista frenó y se giró hacia nosotros, descubiertos en el último momento del trayecto. Comprendió que no teníamos ni idea de dónde estábamos ni por dónde veníamos.

—Esto es la Plaza de España, señores. Les pregunto que en qué zona les dejo…


miércoles, marzo 01, 2023

Vejiga

Estábamos seis amigos pasando unos días en el Algarve, en uno de esos viajes grupales en los que la convivencia desde el desayuno a la cena no hace sino afianzar relaciones, ya muy sólidas, que apenas se mantienen con cenas esporádicas en la ciudad.

Tras un largo paseo por la playa de Albandeira y el mercado de Armaçao, con cervezas al sol incluidas, volvíamos a casa. Fran llevaba un coche, yo iba en el otro. Ya en el ascensor pregunté si alguien tenía que ir al servicio, las cervezas tenían mi vejiga al límite.

En cuanto entré en casa, donde ya estaba Fran organizando comidas, me escabullí. Fue cerrar el pestillo del baño y llegarme su voz desde la cocina:

—¿Y mi marido?

Escuchar esa pregunta desde el otro lado de la casa, comprobar que alguien está siempre pendiente de ti, produce un cosquilleo en el estómago que no hay dinero que compre.