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martes, enero 28, 2025

Catalanes

Mi trabajo me obliga a viajar mucho y esos viajes implican convivir con compañeros a los que tengo que tratar, con bastante frecuencia, fuera del horario laboral. 

Estaciones de trenes, aeropuertos, cenas, paseos por la ciudad.

Hago, siempre, por establecer un vínculo sano que facilite las cosas. No tanto por ellos, que también, sino por mí. Las compañías no elegidas hay que cuidarlas más, incluso, que las que nacen del corazón.

En el último proyecto en el que estoy inmerso, he vuelto a tener que construir vínculos nuevos, con la suerte de que, casi siempre, doy con gente muy apañada.

El otro día, comiendo, en Valladolid, una de estas personas, a la que aprecio, me hizo un comentario, indignado, muy en contra de mis pensamientos políticos, tal vez por tantear de qué pie cojeaba yo.

—Me temo que opino justo lo opuesto que tú —afirmé, con calma.

—Entiendo, Salva.

Y cambiamos de conversación. ¡Tan fácil!

domingo, enero 26, 2025

Clave

Soy también feliz sin Fran, él lo es también sin tenerme al lado y esa es una clave más de nuestro éxito como pareja, saber disfrutarnos tanto como mantener un rumbo propio, querer hacer feliz al otro sin renunciar a nuestros propios sueños.

Nadie mejor que él me anima a aceptar retos que sabe que me harán realizarme como persona, aunque impliquen alejamiento y renuncias como pareja.

Nadie como yo le empuja más a hacerse grande en aquello que le apasiona, por mucho que sean universos que nada tienen que ver con los míos.

Quererse es también eso.

Chinos

Le hablaba a Fran de una vecina en la que me estoy inspirando para construir un personaje secundario de mi próxima novela.

Esa mujer ya no vive aquí.

Cierto contesté, hace tiempo que no la veo.

Entonces él me contó que en el piso donde vivía ahora hay una familia china.

¡No sé cómo haces para enterarte de esas cosas!

Me miró como él hace, cada vez que me ve en Babia.

¿Sabes cómo me informo? Pues verás, cuando antes aparcaba la moto, veía a esa mujer en su terraza. Ahora, cuando la aparco y miro al mismo sitio, veo chinos.

sábado, enero 25, 2025

500

Era muy pequeño cuando me enfrenté por primera vez al concepto del dinero.

Una cena de navidad en casa de mi abuela fue el escenario. Con unas copas de más, mi tío Jesus Mari sacó quinientas pesetas y lanzó una frase, a todos los allí presentes, que me impactó.

—¡Este billete se te va de las manos en cuanto te descuidas! —gritó.

A mí, por entonces, quinientas pesetas me parecían una fortuna. ¡Cuántos dónuts se podían comprar! ¡Cuántos cromos del álbum de ciudades del mundo! ¡Cuántos chicles de menta!

Hay veces en las que me asomo a mi cuenta bancaria y visualizo a mi tío Jesús Mari, con las venas del cuello llenas de sangre, agitando el billete de 500 pesetas entre botellas de champán.

viernes, enero 24, 2025

Actualidad

Me duele que cada vez me duela menos la actualidad.

Que mis muchas esperanzas, de joven, en el ser humano, se desvanezcan cada tiempo un poquito, que los telediarios no dejen de ser un bucle que tiende a volver a lo más ruin en ciclos que estamos condenados a repetir.

Buceo en las páginas de los periódicos por encontrar la noticia que me diga que sí, que ese investigador, aquella escritora, este músico, aquel emprendedor, esa filósofa me han acercado, una vez más, al menos una vez más, a la utopía de creer que sí que es posible.

Que aún es posible.

jueves, enero 23, 2025

Ruán

Tengo una amiga francesa a la que veo menos de lo que me gustaría. 

Vive en Ruán y, siempre que voy allí, ceno con ella y su marido. 

Conocedora de mi amor por la cultura, le ilusiona cuando yo le digo que siempre intento dormir en el hotel al lado de la Catedral.

-Me puedo llevar horas mirándola. 

Retratada en todas las épocas del año por Monet, es un prodigio cómo el hombre ha conseguido tallar la piedra para realizar algo tan hermoso.

Cada cierto tiempo, Véronique se pasa por la catedral para enviarme una foto. 

Qué alegría da que se acuerden de uno a partir de las cosas bellas. 

miércoles, enero 22, 2025

Salsa

Cenábamos ayer en Valladolid tras una jornada maratoniana de trabajo y nos sorprendimos gratamente, en un local que al que suelo ir, con un plato riquísimo, una base semilíquida de aguacates, atún y mango con un toque picante.

Un compañero me comentó que, en ocasiones así, le explica a su mujer el plato y ella llega a descifrarlo, a través de sus explicaciones, hasta componer la misma receta.

Me decía que le había pasado varias veces.

—Me hace el plato exactamente igual.

Al instante, rectificó.

—Hace el plato exactamente igual.

Nadie prestó atención a la aclaración, pero yo se lo agradecí y él valoró mi agradecimiento.

martes, enero 21, 2025

Socializar

Todos albergamos, en mayor o menor medida, una inclinación a la insociabilidad que tratamos de combatir.

Lidiamos con esa parte perezosa de nosotros que se hace la loca cuando nos cruzamos en la calle con un conocido, que no coge el teléfono cuando nos llaman, que evita poner un 'me gusta' a un comentario por evitar la reacción en el otro, por muy bien que nos caiga.

Dejarse meter en ese caparazón es tan respetable como no hacerlo. 

Yo pertenezco a aquellos que se proponen no ser así, porque cuando no vuelves la cara, respondes al teléfono y le das al 'me gusta', dejando a un lado la reacción de la persona con quien actúas, acabas sintiéndote mejor.

lunes, enero 20, 2025

Conchita

Fue un viaje inolvidable a Gran Canaria.

Mariángeles, recién salida de una larga relación, Fran y yo. Los tres nos largamos ese verano a Maspalomas, alquilamos un coche y nos dedicamos a meternos entre pecho y espalda unos desayunos de marajá, recorrer cada rincón de esa maravillosa isla y disfrutar del placer de las charlas al sol.

Eran otros tiempos y el descapotable que cogimos tenía aparato de compact disc's, lo que no sé es cómo se nos ocurrió comprar en la primera gasolinera en la que paramos un CD de Conchita.

—Qué tía más cursi —dijimos cuando empezó a sonar—. ¡Qué música más ñoña!

El caso es que nos acompañó durante todos esos días; cada vez que nos montábamos en el coche, sonaba ella. Si en cualquier lugar del mundo oigo una de sus canciones, me transporto de inmediato a las islas y esos días felices.

Hace poco, bajaba en coche a Sevilla, en una ruta larga, yo solo, y me puse colorado al pedirle a Google que me pusiera música de Conchita.

Me encantan sus letras, cursis y poéticas, me gusta su música ñoña y su voz de no haber roto nunca un plato.

Qué le voy a hacer.

sábado, enero 18, 2025

Trump

Ya tenemos a un delincuente en la Casa Blanca, elegido por una amplia mayoría de estadounidenses.

Un defraudador fiscal, machista, xenófobo, imperialista, negacionista, involucionista.

Ya está aquí.

El pueblo ha decidido que lo gobierne un multimillonario sin escrúpulos y así nos irá.

La historia universal del hombre está plagada de capítulos como el que hoy se inicia, donde triunfa lo soez, lo violento, la brutalidad, el desprecio al otro, la ética de la no ética, la negación de la empatía.

Llegan momentos duros para los que queremos creer en un devenir luminoso para el planeta.

A nosotros quizás no nos dé tiempo a sufrir las consecuencias de este enorme paso atrás, pero las generaciones venideras nos maldecirán.

Cerveza

Me quité de la cerveza de un día para otro y por decisión propia.

Cervecero hasta la médula, me bebía las cañas como vasos de agua. Más en una ciudad como Sevilla, tan dada al tapeo, donde el calor te pide líquido casi helado para refrescar el cuerpo.

Que nadie me explique el placer de beberla, que me lo sé. Me ha acompañado en momentos muy felices y no reniego de ello.

La vida, sin embargo, es evolución y hay que saber dar pasos en la buena dirección.

Las mejores decisiones son aquellas que tomas de forma voluntaria, cuando eres tú quien decides que eso ya no te hace bien, que pesan más los pros que los contras.

Vivir con el 'sí, pero no' es más complejo, porque entras en la montaña rusa de las flagelaciones y los desquites.

Soy muy partidario de las decisiones firmes. Te hacen confiar más en ti.

Maldad

Sufrir de muy cerca, durante el último año, a una persona mala, perversa, me ha servido para aprender a ser un tipo mejor.

Lo decía una notable jurista, 'no nos engañemos, hay gente mala malísima'.

Puede que tenga que ver con mi carácter optimista, o luchador, pero es la gente sin principios la que me hace reafirmar los míos. Cuando tratas con quien no tiene escrúpulos, percibes cuán necesarios son.

Al enfrentar a alguien que solo busca destruir tienes dos alternativas principales, entrar en la batalla o confirmar qué es lo que nunca querrías ser. Y alejarte. 

Observas, analizas y valoras que tú siempre podrás mirarte al espejo cada mañana sintiéndote bien en tu cuerpo.

Descubres qué parte de ti, en tus reacciones, en tu vocabulario, en tus gestos podría tener algo similar a quien actúa tan mal y, entonces, tiendes a corregirlo, para ganar paz, para limpiarte.

Hay quienes tienen que convivir cada minuto con su mala sangre. Ese es su castigo.

viernes, enero 17, 2025

Limón

—Tienes toda la cara de haber chupado un limón —me dice día sí y día no mi querido Fran.

No le quito razón, nací con un semblante serio, tanto que hay gente que me dice, tras conocerme, que soy mucho más simpático de la imagen que doy.

—Te voy a comprar unas naranjitas dulces —me provoca Fran otras veces, antes de hacerme una foto—, para ver si se te cambia la expresión al comértelas.

Yo me doy cuenta en las reuniones de trabajo que hacemos por videoconferencia. Miro mi cara en la pantalla y me digo, qué pinta de malaje tiene ese tipo que soy yo.

Entonces, me sonrío y cada célula de mi cuerpo se reposiciona para hacerme aún más feliz.

martes, enero 14, 2025

Jaime

Tengo un amigo que escribe muy distinto a mí, y muy parecido.

Un hombre, como yo, al que le pesa, por momentos, la etiqueta de intruso, que nadie más que nosotros nos ponemos.

Su mirada desvergonzada a su propia realidad es todo un disfrute para los que lo leemos, porque Jaime tiene esa virtud de hacer de lo personal algo entrañable.

Alejado de poses, incluso torpe con el bien quedar, sus relatos carecen de filtros y abundan en inocencia, maravilloso cuando llevas una mochila detrás, como él, de más de cincuenta años de pura vida bebida a borbotones.

Hay días en los que piensa que no le lee nadie, que no evoluciona, que sus historias no llegan como tienen que llegar. Yo le insisto en que siga, en que tiene un lenguaje propio, una fuerza grande para ser reconocible y reconocido.

No dejéis de seguirlo. Es, por encima de todo, un hombre bueno.

lunes, enero 13, 2025

Foto

Estamos en una época en la que parece que no ha existido aquello que no hemos fotografiado.

Reconozco que una de las maravillas, entre tantas, que ofrecen las redes sociales es tener tu álbum vital, que te permite, en tardes tontas, ir hacia atrás en el tiempo para ver cómo fue ese viaje a Japón o como ibas vestido en la boda de Cristina.

De ahí al otro extremo, el hacerse una foto hasta para cepillarse los dientes, hay apenas un paso.

Recuerdo los viajes de fin de curso, en los que ibas con uno o dos carretes Kodak en tu cámara y tacañeabas antes de darle al botón para evitar quedarte sin fotos en los días finales.

Es un buen ejercicio, también para esto, el de la contención.

Hay lugares mágicos en los que se ven turistas fotografiando cada esquina, sin pararse a respirar lo que están viendo, acumulando miles y miles de imágenes que nunca tendrán tiempo de ver.

Escena

Hay veces en que una escena es suficiente para calificar a una persona para siempre.

Recuerdo ese jefe al que alguien de su equipo, un tipo competente y comprometido, le solicitó un cambio de horario.

Acaban de ingresar a mi madre por un problema grave, voy a quedarme esta noche con ella. Si le parece mañana entro dos horas más tarde y las recupero en el siguiente turno.

Su encargado le respondió:

A mí no me vengas con historias personales. Tú entras a tu hora y punto.

Hablo de una empresa enorme, donde los trabajadores tienen consolidados sus derechos y hay medidas de flexibilidad que se pueden adoptar ante situaciones como estas.

Cuando llegó a mis oídos esta historia, ya no necesité, ni quise, saber más de esa persona.

domingo, enero 12, 2025

Reverte

Tras publicar 'Andrea no está loca', una novela iniciática donde descubro mi vida como escritor al tiempo que la ciudad de Nueva York, me invitaron desde una asociación literaria a compartir espacio con Javier Reverte en una mesa redonda en La Casa Encendida, para hablar de literatura de viajes.

¡Qué responsabilidad!

Al avisarme con tiempo, no desperdicié la oportunidad de leer varios de los libros de viaje que Reverte había publicado en su larga vida de escritor, a los que uní alguna que otra novela de grandes autores, de las que guardo un gran recuerdo.

Y allí estaba yo, un escritor que apenas daba sus primeros pasos, junto a él, generoso, en las etapas finales de su carrera.

Hace unos meses, tras un viaje a Roma, me topé con su Un otoño romano, un encargo que le hicieron para retratar la ciudad. Entre sus páginas, describe cómo tuvo que volver a Madrid para dar una conferencia, y no pude evitar hacer cuentas: ¿habría sido aquella charla en La Casa Encendida, la que compartí con él hace veinte años?

Las fechas cuadraban. Busqué en mis archivos y encontré la foto de esa tarde.

De golpe, sentí un estremecimiento. Me vi formando parte de un libro, de su libro, y me dije qué afortunado he sido en la vida.

Mi recuerdo para Javier Reverte, un maestro que siempre tuvo la generosidad de tender la mano a quienes comenzábamos. No dejéis de leerle, es viajar a través de las palabras.

Santuarios

Hay lugares en ciudades lejanas donde, estoy seguro, piensan que vivo allí.

Mi recorrido vital me lleva a ciertos puntos que visito con frecuencia: Madrid, París, Bucarest, Valladolid, Aveiro, Córdoba... Y en cada uno de esos destinos hay rincones a los que siempre regreso. Cafeterías donde me siento con mi ordenador a pedir un café y dejar que las palabras fluyan. Restaurantes donde las cenas de trabajo se transforman en deliciosos momentos de complicidad.

Son mis pequeños santuarios. Espacios donde, sin ser de allí, me atienden como si lo fuera, con la familiaridad de quien ve al vecino entrar cada día. Quizás es porque siempre pido lo mismo, o porque sonrío al cruzar la puerta como si volviera a casa.

Es curioso cómo buscamos calor en lo cotidiano. Crear estos refugios, donde el anonimato se transforma en una rutina conocida, es mi manera de sentirme menos lejos. Una técnica sencilla, casi infantil, para engañar al desarraigo.

Quizás no importe dónde estamos, siempre y cuando podamos encontrar esos espacios que nos recuerden que somos humanos, que necesitamos cercanía, incluso en la distancia.

sábado, enero 11, 2025

Bien

Hacía tiempo que no nos veíamos. Tras ponerme al tanto, con dos frases, de sus últimos meses, me preguntó.

—Y tú, ¿cómo estás, Salva?

—Estoy muy bien —le contesté.

—Es una alegría escuchar eso de alguien. Pero, cuéntame, de salud, tu trabajo, con Fran...

—Todo muy bien, Raúl. Estoy feliz con mi vida.

Se quedó bloqueado, mirándome a los ojos con una sonrisa amable. Dándome el tiempo para que yo buscara algo de lo que lamentarme, ofreciéndome la noble generosidad de descargarme de algo, algún hilo del que tirar, pero yo no iba a entrar por ahí, porque no era necesario y porque, con mi respuesta, estaba siendo tremendamente sincero.

Siempre tenemos algo de lo que quejarnos, no hacerlo es una opción tan sana como las demás.


viernes, enero 10, 2025

Intento

Cada vez que escribo la palabra 'intentar' en el trabajo, siempre la termino borrando.

'Voy a intentar hablar con el director...', mal, 'voy a hablar con el director'. 'Intentaré tenerte al tanto', mal, 'te tendré al tanto'.

Es un mantra que me repito y que ha hecho que la vida laboral me haya ido bien, hablar con decisión, no andarme con rodeos, ni con frases que empiecen por 'es que...'. 

Si alguien me solicita algo justo y está en mis manos hacerlo, le respondo con un sí.

Cuando estás todo el día con el 'intento' en la boca, acaban por no fiarse de ti.

jueves, enero 09, 2025

Democracia

En mi empresa comparto muchas horas con compañeros que son, mayoritariamente, de derechas. Es una realidad, del mismo modo que mi familia, más allá de mi núcleo más cercano, también piensa en modo conservador.

Mis amigos, en cambio, son, en general, de izquierdas, mucho más afines a mí. Los he elegido yo. No porque les haya pedido un carnet para afianzar la amistad, sino porque las cosas funcionan así.

La gente se busca de forma natural.

A una persona sí la define su tendencia política, no nos engañemos. Pero también la define su sentido de la lealtad, su grado de empatía, sus ganas, o no, de comerse el mundo, su capacidad de amar, su espíritu combativo, su humor, su percepción de la realidad.

Asistimos a tiempos convulsos en los que no puedes hablar de política sin dar gritos, cuando la política es un tema central de nuestra sociedad, que está en la base de la democracia que muchos, cada vez más, quieren liquidar.

No nos permitamos odiarnos.

lunes, enero 06, 2025

Íntima

Abusamos del adjetivo íntimo cuando nos referimos a los amigos.

Hablamos de palabras mayores, de esas personas que sabes que nunca te dejarán tirado. 

¿Cuántas tienes así?

Aquí se puede aplicar con claridad el viejo refrán de pedro ladrador poco mordedor.

Le escuché a un conocido con quien hablaba que tenía una íntima amiga en una determinada empresa. Como resultó que yo la conocía, le dije:

Sí, la conozco, esa mujer que está casada con un japonés, ¿verdad?

¡Ah! ¿Está casada con un japonés?

Desde hace veinte años.

Material

En estos tiempos de regalos que acaban de pasar me reafirmo en mi idea de que no hay nada material que me vuelva loco.

Tengo todo lo necesario.

Mis ilusiones tienen que ver con seguir viviendo con serenidad, no perder la capacidad de emocionarme, querer y querer bien.

Quiero, eso sí, seguir viajando, probando comidas originales, comprando libros nuevos.

Quiero seguir amando.

Del resto, me sobra todo.

domingo, enero 05, 2025

Paparajote

—Os voy a invitar a paparajote para el postre.

Nos explicó que a alguien de Murcia se le ocurrió aprovechar el resto de la masa de las empanadas, de modo que con una hoja de un limonero raspaba para no dejar nada sobre la bandeja y lo espolvoreaba de azúcar.

Antes habíamos comido zarangollo, un plato de la huerta murciana del que no habíamos oído hablar.

Riquísimo.

Así hemos pasado días felices, entre vinos de Jumilla y Yecla, porque la clave de viajar, a mi entender, es sumergirte en la tierra que visitas, en escuchar con las orejas bien abiertas lo que te quieran contar de ella, en observar con ánimo de aprendiz. Olvidar de dónde vienes.

Viajar, también, es empatizar. 

A ver quién se mete ahora con Murcia en mi presencia.


sábado, enero 04, 2025

Mimar

Nos exigimos mucho y nos cuidamos poco.

No hablo de repetirnos cuánto nos queremos ni mantras de ese tipo, pero sí de sentarnos en la cama, antes de acostarnos, y masajearnos durante un rato los pies, sin pensar en otra cosa que en buscar el propio bienestar y desencontrarnos de tanto barullo externo.

No digo que tengamos que decir yo, yo y, después, yo, pero sí escucharnos desde dentro. Tumbarnos en el suelo, poner las piernas en alto y dejar que el tiempo pase sin atender a otro ruido que al bombeo de nuestro corazón.

Hay técnicas orientales, cursos de relajación, métodos de todo tipo, pero nadie como uno para darse regalos tontos de paz en los que concentrarnos en nosotros para mimarnos un poco.

Miramos, demasiado, para fuera.

lunes, diciembre 30, 2024

Huelva

Llevábamos toda la semana esperando esa comida en Huelva y el día llegó este pasado sábado.

Tras un maravilloso paseo soleado por el muelle con nuestros amigos onubenses, llegó el momento de buscar el restaurante.

A quien no esperábamos era al camarero y a su entrada en escena, en la que se dedicó a alabar, sin venir a cuento, a la Hungría de Víctor Orban, incluso permitiéndose mofarse del mundo homosexual con bromas de muy poca gracia.

—Me temo que en esta mesa pinchas en hueso —protesté.

Sí. Lo fácil es lanzar media sonrisa, esperar que nos cuente los fuera de carta y hacer que uno no ha escuchado nada. 

Yo no sé ser así.

El resto de la comida, deliciosa en todos los sentidos, fuimos servidos por un señor mayor, al parecer dueño del restaurante.

Al día siguiente me enteré de que una de las personas, muy querida, que se sentaba en esa mesa, la organizadora de la comida, se levantó discretamente y pidió que ese camarero no nos volviera a servir.

La clase.


viernes, diciembre 27, 2024

Escena

Es la escena más bonita que retengo de estas Navidades.

Mis hermanas nos daban los regalos a los tres hombres de la familia, mi hermano David, mi sobrino Iván y yo.

Cuando este recibió el suyo, se abrazó a Raquel, su madre, y luego fue, gateando por el sofá, hasta su tía Mónica, en quien se desparramó con sus enormes 21 años, como si fuera un crío.

Iván ha tenido la suerte de contar con dos madres y él no para de mostrar, con toda su inocencia, que las quiere, muchísimo, a las dos.

jueves, diciembre 26, 2024

Ventanas

Son tres ventanas de arco redondo, pequeñas, que asoman a una plaza sin salida, desde un tercer piso, y que puedo ver a menudo desde la calle Peris Mencheta.

La imagino allí, entre sus cosas, por darme el placer de pensar en ella. 

Que abre una de las tres ventanas y aparece con su pelo negro gritando:

—¡Sube, Salva!

No quiero que se rompa ese sueño, no quiero que quiten esas tres ventanas, ni que se abran para que aparezca alguien que no sea Montse.

Yo sigo caminando por allí, da igual con quién o hacia dónde; no hay vez que no mire para allá por si se produce el milagro.

(—Ay, mi Salva)


Correos

Tengo la fortuna de enviar muchos libros dedicados, más en estas fechas, de ahí que un día de cada dos baje a Correos a mandar paquetes.

Intento acudir a horas en las que no esté una determinada funcionaria, desagradable en el trato como ella sola. Tanto es así, que me apetece acercarme al director de la oficina para pedir el cuadrante de los trabajadores, para organizarme en función de sus agendas.

Cuando la veo allí y saco el tiquet, juego como un niño a imaginar en cual de las tres ventanillas me va a tocar. Si, llegado el momento, me aparece su número y no tengo prisa, me hago el loco y vuelvo a sacar un tiquet para evitarla.

Son placeres pequeñitos.

Marbella

Estando en Marbella, fuimos a visitarla.

Teníamos el nombre de la calle y no fui difícil encontrarla. Era un mediodía caluroso de finales de primavera. Ella no pudo hacernos más fiesta.

—Pero ¡qué alegría!

Nos colocó en un lugar privilegiado, nos preparó unos cócteles y se afanó en contarnos lo que había sido de ella en los últimos años desde que se fue de Sevilla.

—¿Y cómo te va en el trabajo? —le preguntó Fran.

—¿Qué trabajo, Fran? Yo no estoy trabajando...

—Y esto, entonces, ¿qué es?

—Ah, ¡el bar!, es que estoy aquí tan bien...

Que no lo consideraba trabajo.

Álex

Viene cada año por Navidad y siempre lo recibimos con los brazos abiertos.

No sabemos nada el uno del otro durante el resto del año, pero cuando él baja a ver a la familia, me llama.

Ocurre que, de no observarnos, de no compartir, de no mensajearnos, hemos ido volviéndonos dos desconocidos, tanto que la cena de estas fiestas ha sido un completo desastre.

En las antípodas en todo lo que tiene que ver con la visión del mundo, la conversación fue derivando hacia temas que nos definen tanto como personas que los dos nos dimos cuenta de que el hilo que nos unía ya se había roto.

Estábamos en casa, Fran se acostó y nos quedamos a solas.

Por todo lo que te quiero le dije, creo que sería bueno que esta cena se acabase ya.

Él me dio la razón, nos abrazamos y se fue.

No creo que haya ninguna otra.

martes, diciembre 24, 2024

Pánico

Hay quien tiene pánico a la Navidad.

Suele coincidir con aquellos que han sufrido pérdidas en fechas cercanas a las de estos días, días que ejercen de impulsores del vacío que supone no contar con esos seres queridos.

Estas fechas potencian recuerdos de casas llenas, de risas tontas, de escenas tiernas que puede que no vuelvan, o no en el mismo grado, con las personas de entonces ni la alegría de nuestros tiempos jóvenes.

Ese pánico se vuelve odio al villancico, al turrón y a los programas enlatados que se repiten una y otra vez para recordarles que hubo un tiempo en el que sí creyeron en la Navidad.

Tele

Me gusta tener la tele apagada, porque padezco el síndrome infantil de quedarme tonto si la encienden.

Cuando llegamos a un local en el que la tienen conectada, Fran se ocupa de buscarme el asiento apropiado para darle yo la espalda a la pantalla.

—Es que se queda embobado —aclara a los demás.

Sí, debo conservar esa patología de indefensión de cuando era un renacuajo. Me encienden una tele y se me olvida el mundo.

De ahí que, en mi casa, sea un aparato, negro, de decoración.

Reservas

Nos ocurrió en un restaurante de nuestro querido San Sebastián. Habíamos llamado a última hora para cenar y solo quedaba un rincón para nosotros.

Cuando llegamos allí, nos encontramos una enorme mesa preparada para una celebración. Apenas esa gran mesa y la nuestra. Fran y yo nos miramos un poco mosqueados, por lo que eso implicaría de jaleo a nuestro lado.

La noche fue pasando y no llegaba nadie. El local lo llenábamos Fran y yo. La cena estuvo exquisita y ya al final, cuando pagábamos la cuenta, preguntamos al encargado del restaurante.

—Nos han dejado la reserva tirada —se lamentaba—, con las neveras llenas de género y ni siquiera se han dignado a responder al teléfono.

Hace poco, en un restaurante de Sevilla, nos encontramos con una escena similar.

La falta de empatía, y decencia, del ser humano es universal.

Estrella

Allí me había llevado una estrella que había creído en mí, a ese inmenso salón de tapices donde celebró sus bodas Carlos V, en los Reales Alcázares de Sevilla.

Días antes le pregunté qué vestimenta era la apropiada, sin imaginar el ceremonial.

—Chaqueta y corbata, Salva.

Fue Rocío Gálvez, escritora, a quien conocí en un encuentro literario, quien me avisó del premio cultural que acababa de nacer. Fue ella quien me animó a presentarme.

—He pensado que tus escritos diarios podrían ser dignos de premio.

Un tiempo después recibí un mensaje de Ana de la Peña, alma mater del evento y mujer emprendedora, confirmándome que me habían seleccionado entre los nominados.

Esa noche mágica comprobé que un jurado presidido por el Ateneo de Sevilla, políticos de izquierda y derecha, artistas consagrados como el pintor Salustiano García y patrocinado por grandes multinacionales, bufetes de abogados y entidades culturales, habían elegido mi nombre entre todos los nominados.

—El 'Premio digital de Sevilla a la mejor columna de opinión' es para el escritor Salvador Navarro —anunció la conductora del acto, Mónica Rosón.

No me habrían elegido si no les hubieran convencido mis textos durante todos estos años, lo sé. Pero también sé que no me habría llevado esa alegría inesperada sin la intervención de un ángel.

Es el mayor aliciente para mí y mi carrera literaria en este año que termina.

Gracias, Rocío Gálvez, por creer en mí.

lunes, diciembre 23, 2024

Cabanás

Iba camino de Oporto en coche y escuchaba una radio española, en la que entrevistaban a una oftalmóloga sevillana de apellido Cabanás.

'Tengo que memorizar ese apellido', me dije.

Acababan de premiarla en Filipinas por su labor social en países del África negra, donde se va temporadas largas, de forma altruista, a operar de enfermedades complejas a gentes que no se lo podrían pagar.

Esta mujer, Margarita de nombre, no solo asumía como lógica su tarea, sino que se sentía privilegiada de poder realizarla.

La que sale ganando decía soy yo.


Luxemburgo

No hace mucho me acerqué a visitar la boulangerie que tenía abajo de casa cuando vivía en París.

En un paseo emocional, volviendo veinte atrás al lugar donde tan feliz fui, me asomé por ver si seguían vendiendo croissants de almendras. 

Las chicas que atendían no eran las de entonces, lo que tenía claro no tanto por recordar sus caras sino por su juventud.

Recordé entonces las tardes de invierno en las que bajaba casi a escondidas de mí mismo para saborear uno de esos croissants rellenos de crema recién hechos. 

Mi penitencia era correr todo el perímetro de los Jardines de Luxemburgo por cada uno que me comía. Así que, si no quería correr, no bajaba a pecar.

Veinte años después echo de menos no solo los croissants, sino la carrera de penitencia entre maravillosas alamedas bajo un frío glacial.

domingo, diciembre 22, 2024

Montsant

—Os propongo un tinto del Montsant para celebrarlo.

Era el cumpleaños de Fran y nos fuimos a nuestro restaurante favorito a cenar.

—¡Qué te gustan los vinos catalanes! —le dije a Ana, la chica que lleva la cava del lugar.

—Me fascinan, Salva. Pero yo soy sevillana, y no tengo nada que ver con...

—A mí me encanta que nos los propongas —no dejé que tuviera que explicarse—. Haces mucho bien.

Vivimos en un ambiente tan odioso que todo se vuelve política. Justificarse se convierte en una obligación. Los pueblos se encariñan entre sí por un vino, por una canción, por una novela, por una película, antídotos emocionales contra aquellos que colocan cristales deformados para hacernos ver monstruos donde no los hay.

—Queremos una botella de Montsant.

sábado, diciembre 21, 2024

Gambas

Es probable que para cuando leas este texto ya me haya llamado Raquel para decirme qué me toca a mí comprar para la cena de Nochebuena.

Si no fuera por mi hermana, acabaríamos sentados esa noche delante de unos cuantos platos de comida preparada de última hora.

Nunca lo permitiría ella.

En toda familia, en todo grupo de amigos, está esa figura impagable del organizador, quien asume el rol de que las cosas marchen bien y no nos abandonemos.

Raquel se ocupará, como siempre, de la carne mechada y la ensalada de endivias con roquefort. 

Mantener las costumbres es, también, una prueba de amor.

domingo, diciembre 15, 2024

Hormonas

Fran duerme menos que yo, así que los días de fiesta él hace de mi despertador natural. 

Se despereza, consulta el móvil, se levanta, viene, va... 

Las veces que veo la oportunidad, lo abrazo, porque los años han demostrado que poseo el poder de adormecerlo de nuevo. No es necesario más que rodearlo con mis brazos para que, en cuestión de segundos, le baje el ritmo cardíaco, los músculos se le destensen y acabe expulsando ese ligero resoplido que indica que está dormido.

Lo que ocurre, algunas veces, es que el que se despierta soy yo y acabo con el brazo dormido de sostenerlo, sin quererlo despertar.

Colectiva

Estoy subyugado por la inteligencia artificial.

Sí, da cierto vértigo.

Poder establecer una comunicación con un sistema que responde en segundos a preguntas muy complejas es, en todo caso, excitante. Rebatirle, redirigir la conversación, solicitarle detalles, descifrar sus respuestas, 

Sí, da cierto miedo.

En todo caso, yo la rebautizaría, porque lo de artificial puede sonar a que está creada a partir de la nada y no es así. Esta inteligencia se alimenta de toda la inteligencia acumulada en trillones de archivos, documentos, ensayos, tesis, investigaciones, enciclopedias, experimentos creados por el hombre y es el propio ser humano el que ha conseguido construirla.

¿No sería más hermoso llamarla inteligencia colectiva?

Sábato

Decía Sábato que el sufrimiento es mucho más didáctico que la felicidad.

Duele admitirlo, pese a la carga de certeza que encierra la afirmación, por mucho que estas aseveraciones no sean fácilmente demostrables por la ciencia.

¿Qué investigador se atrevería a meterle mano a esta teoría? ¿Cómo medir cuánto nos enseña el dolor?

Lo cierto es que cada uno de nosotros tenemos nuestro bagaje personal, sabemos a los precipicios a los que nos hemos asomado y situamos con rapidez los dos o tres momentos más desgarradores de nuestras vidas.

Fue en esos instantes cuando descubrimos la tremebunda realidad del alma humana.

Camafeo

Yo aprendí hace tiempo a despojarme del pudor de no saber.

Al asumir nuevos retos en mi empresa cada cierto tiempo, me he acostumbrado a preguntar con naturalidad acerca de aquello que desconozco. Entiendo que es una forma sana de comunicación.

Cuando estoy a solas, no tengo más remedio que interrogar al señor Google.

Le doy un pellizco a la página de la novela y le consulto:

¿Qué es camafeo?

Entonces integro que se trata de una piedra preciosa con una figura tallada en relieve.

Reabro el libro y sigo leyendo.

No hay nunca que dejar de preguntar, ni sentir vergüenza por no saber.

Alesia

Llegué muy tarde a Roma la noche del sábado y el código de entrada en el apartamento que había pagado no funcionaba. Llamé al teléfono del propietario, que sabía que aterrizaba a esa hora, y no respondía. Tras un buen rato tirado en la puerta, en una noche helada, un matrimonio mayor abrió el portón y pude entrar. Una vez en el apartamento, no estaban las llaves que se indicaban en el documento que me enviaron, por lo que al día siguiente no pude salir en toda la mañana hasta conseguir dar con la propiedad.

Les expliqué que había pedido unos días de vacaciones para bajar el estrés, no para subirlo y que me parecía escandaloso tratar tan mal a un cliente.

La chica se disculpó y me prometió resarcirme con el pago de esa noche.

No llegó el dinero. Pasó un mes y reclamé. No hubo respuesta.

Coloqué entonces una reseña al alojamiento explicando exactamente lo que me encontré y el maltrato recibido.

De inmediato esa chica me escribió para preguntar dónde podía ingresarme el dinero para que yo retirase la reseña.

Yo le contesté categórico.

'No necesito el dinero'.

Lavaplatos

—¡Tenemos un lavaplatos! —me grita Fran, cuando me meto en el fregadero.

Entonces le respondo que soy como la Pantoja.

—¡Me gusta limpiar!

Hacerlo, incluso, con esmero. Con agua caliente en invierno. Secando bien los cubiertos. Dejando las copas relucientes.

Creo que es un ejercicio que baja el cortisol, al menos, a mí, me permite concentrarme en algo manual, concreto, ordenado, mecánico para así reducir la aceleración a la que muchas veces me encuentro sometido.

Intento no abusar del agua, ni del termo, para no encontrar razones medioambientales que justifiquen que es más ecológico usar el lavaplatos.

sábado, diciembre 14, 2024

Zurrón

Los instantes previos a despertarme tiendo a estar más desprotegido y aparecen, envalentonadas, amenazas que me desconsuelan, gran parte de ellas relacionadas con mi mundo laboral. Una reunión con un compañero que me desagrada, una presentación que no tengo del todo controlada, una entrevista con algún gran jefe que sé que me creará ansiedad.

Hace unos meses encontré el antídoto. ¡El zurrón!

La técnica es la siguiente, en cuanto aparecen esos monstruos por mi cabeza no les permito que se hagan fuertes en mis pensamientos.

¡Al zurrón!

Y desaparecen. Por completo. Ésa es la regla del juego y me he concedido tres oportunidades cada amanecer. Que aparece un malnacido por mi cabeza.

¡Al zurrón!

Desde que he creado este método, nunca he llegado a meter ahí a más de tres impresentables, con lo que me despierto como una rosa.

Soy un especialista en respetar las normas de los juegos que me invento.

domingo, diciembre 08, 2024

Generosidad

Hay días en los que vamos a la carrera y apenas tenemos tiempo para comer juntos.

Hay otros en los que confirmo que llegaré tarde y no lo podré ver.

Es en esas ocasiones cuando sé que allí estará la mesa con mis antojos preferidos. Que si hay solo un filete empanado, lo habrá guardado para mí, que si quedaba un culillo de vino, me lo habrá reservado, que si no había más que un trozo de empanada, que él hace tan bien, ese trozo estará allí.

Si había varios sandwiches, sé los que dejará para mí.


Málaga

Salí corriendo para entrar en el ascensor de El Corte Inglés de Sevilla antes de que cerrara.

Una mujer, que ya estaba dentro, sola, que no pudo anticipar mi llegada, ni me vio entrar, lanzó una frase a través de su teléfono.

—Acabo de llegar a Málaga, cariño.

Entonces, para su horror, giró la cabeza y me vio. Nos cruzamos la mirada y ella, una mujer hermosa en los 40, estuvo a punto de darme una explicación, como si yo tuviera derecho a meterme en su vida, pero, en cambio, miró al suelo y se calló.

Si yo hubiera sido el protagonista de alguna de mis novelas habría encontrado la forma de entablar una conversación, pero soy el escritor que las escribe y no tuve el valor de decirle que yo también he contado más de una vez que estoy donde no estoy.

Seguidores

Que sepáis que presumo de vosotros, de quienes reseñáis mis novelas, de los que compartís mis textos, de quienes los comentáis, les ponéis un corazón o, simplemente, los leéis.

La otra tarde, antes de empezar una entrevista, la periodista me preguntaba cómo había conseguido tanta fidelidad de mis lectores y yo le explicaba lo que considero que es una clave en esta comunión con vosotros: la coherencia.

Soy lo que veis, sabéis de qué pie cojeo, las actitudes que me irritan y las cualidades que me enamoran. Así, día tras día, he conseguido establecer un nexo de unión que me hace sentir muy orgulloso de teneros, porque vibráis en ondas muy parecidas a las mías, porque nos damos, así lo siento, amor en las dos direcciones.

Son muchos los que pasan y no se quedan, lo sé, por eso aprecio tanto vuestra fidelidad y presumo, cada día más, de la gente tan interesante que he conseguido reunir en torno a mi mesa-camilla.

Hay sitio para todos.

Albufeira

Hay una ciudad preciosa del Algarve portugués a la que me resisto a ir cada vez que Fran me lo propone, Albufeira.

Pese a su ubicación privilegiada, las calles encaladas y su playa de arena fina, integrada en la trama urbana, esta localidad se ha convertido en una franquicia de lo británico.

Toda la cartelería en inglés, pubs transmitiendo fútbol de la Premier, grupos de borrachos venidos en tropel desde Londres, comida propia de otros territorios donde lo que predomina es la hamburguesa, los fish & chips y las patatas fritas.

No hace mucho leí un artículo de un rotativo londinense que pedía que en España no dieran de cenar a las siete para los turistas. 'Cuando vamos a España, queremos ir a España y sentirnos en España'.

La portuguesa Albufeira, como tantas otras españolas, ha preferido prostituirse y plantar un decorado falso para hacer dinero fácil.

Con lo bonito que es viajar para no encontrarse con lo que ya tienes en casa.

Saturación

Cuando entré en la Galería Doria Pamphili me dirigí del tirón a la pequeña sala donde me esperaba desde hace siglos Inocencio X.

Velázquez consiguió que, nada más entrar en la estancia, ese Papa de mal genio me desbordase con su mirada inquisitorial. 

Qué habilidad para captar, para toda la eternidad, el carácter de un individuo.

En ese espacio mágico ocurre algo que te hace ferviente creyente en la potencia del arte, porque justo al lado del retrato de Inocencio X de Velázquez está el busto de Inocencio X de Bernini. 

¡Son iguales! 

La mejor prueba de la fidelidad a las facciones del pontífice es que dos artistas, pintor y escultor, consiguieron poner en lienzo y piedra a la misma persona.

Siempre tenemos la duda de si los retratos de gente que no existe reflejan en realidad a esa persona que nunca podríamos conocer. Visitar esa galería es la demostración de que sí.

Recorrí el resto de salas con cierta prisa, quería salir a la luz de Roma sin empaparme de más belleza que me distrajera del impacto que me produjo viajar siglos atrás a dejarme avasallar por esa mirada.

viernes, diciembre 06, 2024

Planteos

Es bueno plantearte qué estás haciendo con tu vida.

No a cada momento, ni con ansiedades, sino de forma calmada, en soledad, cuando la vida te regala un rato sin prisas.

Nos movemos tantas veces como autómatas, que hacen lo que se supone que toca hacer, que nos quitamos oportunidades de modificar el rumbo, desconocedores de nuestra propia fortaleza para cambiar las cosas.

Rendirse es lo fácil, aletargados por el poderoso aroma perverso de la rutina.

Podemos ser mejores, tenemos más capacidades de las que pensamos, surgen más posibilidades para demostrarlo de lo que creemos. En temas concretos, en decir sí o no a alguien, en ir a ese evento o no, en invertir tu esfuerzo en sacar ese proyecto o mirar hacia otro lado. No hay límite de edad para cambiar nuestro mundo.

Cada decisión que tomamos es un camino hacia una vida u otra. 

Yo me niego a dejarme llevar por el sendero de lo previsible.

Yo quiero más de mí.

Personas

Las personas no son como nosotros pensamos que deberían ser y ahí radica parte de nuestras frustraciones con ellas, que no nos damos tiempo a conocerlas e, inconscientemente, les pedimos que actúen como nosostros vemos lógico actuar.

Pero ellas no son nosotros y de ahí viene el desengaño muchas veces, por reflejar en los demás nuestras expectativas, que no son propias a esa persona.

Porque somos detallistas, pensamos que los demás lo serán, porque nos consideramos sociables damos por descontado que los otros saben socializar. Cuando eso no llega, nos frustramos, pero tal vez la culpa no está en ellos, sino en nosotros, por no habernos dado el tiempo de conocerlas, por pedirles que sean como no son, por juzgarlas con los ojos con los que nos juzgamos a nosotros mismos.

España

El primer vuelo que cogí en mi vida fue para ir a la República Dominicana. No me gusta andar con tonterías.

Si, a mi edad, soy todavía impresionable, no podéis imaginar cómo lo era por entonces. Cruzar el Atlántico y aterrizar entre palmeras y un mar turquesa puso a prueba mi corazón.

Era el viaje fin de carrera y un buen puñado de ingenieritos nos lanzábamos a la aventura del ron, la bachata y las pieles achicharradas.

Yo me apuntaba a un bombardeo.

Al ser mi escuela, por entonces, casi en exclusiva de chicos, el grupo iba de discoteca en discoteca a la búsqueda del sexo femenino. No me quedaba otra que estar ahí.

Cuando nos diluíamos entre la muchedumbre, las chicas locales se nos acercaban, experimentadas, imagino, en tratar con universitarios venidos de Europa. 

Yo, con dos Brugal en la cabeza, era presa fácil y las niñas se me acercaban, llamándome por el nombre de donde venía.

Hola España, ¿me invitas a un roncito?

Qué responsabilidad, pensaba yo, representar a mi país.

Fácil como siempre he sido, invitaba a todos los roncitos del mundo, hasta que empezaban a meterme mano. Ya tenía experiencia para escabullirme a tiempo.

Algunas me enviaban mensajitos en servilletas de papel.

'España, estás muy rico'.

Yo levantaba la cabeza y veía a una chica guiñándome el ojo, que se me acercaba.

¿Cómo está mi España?

Tu España está como una cuba.

Respeto

Si analizo las escasísimas veces en las que Fran y yo nos hemos enfadado, seriamente, en más de veinte años, el uno con el otro, han tenido su origen siempre en la consideración de falta de respeto por parte de uno de los dos, sensación real que quizás no viniese, tal vez sí, de un acto de mala intención por parte del otro.

Es fundamental, para que una pareja funcione, que no se permitan trasvasar determinadas fronteras. Por mucho amor que exista, si esa barrera del absoluto respeto se atraviesa una vez y no hay reacción de la otra parte, volverá a cruzarse más veces y cada vez se llegará más lejos.

Si uno se siente ofendido, aunque el otro no lo vea ni lo entienda, debe escucharlo, porque ha tocado un punto de dolor al que no debe volver a recurrir.

El amor asienta sus bases en el respeto y la admiración.

martes, diciembre 03, 2024

Blanco

Íbamos a un concesionario de Renault para que mis hermanas se compraran un coche.

Algún descuento tiene la familia después de 30 años trabajando en la empresa.

Dejé que ellas se pasearan, que vieran, hasta que ya por fin un comercial se nos acercó. 

Yo no quería influir en nada, así que dejé que, tras comentarles ellas su presupuesto, este les explicara las motorizaciones, los consumos, las tapicerías, los posibles extras, los maleteros, los tipos de conducción, los pros y los contras de cada modelo. Un buen rato. Hasta que les preguntó qué es exactamente lo que buscaban.

—Yo lo que quiero es un coche blanco —respondió Mónica.

Fango

Ha sido tan impactante el último mes con las trágicas noticias de Valencia que las pesadillas se han hecho presentes de forma continua.

Si a eso le unimos los diez días que pasé en Roma, donde quedé subyugado, los dos acontecimientos, el personal y el humano, se unen en un delirio nocturno que me hace no parar de dar vueltas en la cama.

Me desperté el domingo tras pasar toda la noche entre ruinas romanas llenas de barro, así que, perdido, me planté en el centro comercial de mis sueños. 

Una señora, al verme tan sucio, se me acercó y me tendió una tarjeta.

Es mi negocio, ¡ven!, te voy a vestir nuevo de la cabeza a los pies.

Yo leí el nombre del negocio, 'El trenecito de las algas'.

¿El trenecito de las algas?

Ya desayunando, se lo conté a Fran.

¿Existe algún negocio que se llame así?

Él me pasó la tostada y la mantequilla.

Estás como una regadera, Borete.

domingo, diciembre 01, 2024

Putrefacto

Cuando aparece un personaje putrefacto en mi vida empiezo a temblar, sobre todo si pertenece a la esfera del trabajo, porque ahí tengo difícil escapatoria. 

Lo que ocurre es que el otro Salva que habita en mí, el escritor, comienza a frotarse las manos de placer, disfrutando de escenas que vendrán que ni pintadas para próximas historias.

La gente mala no sabe lo atractiva que es para un novelista.

Si lo supieran, a mí no me harían daño, porque averiguarían que me están haciendo un regalo y eso es más de lo que podrían soportar. 

Así que mi yo ingeniero se sacrifica por mi yo novelista y le cede, gustoso, la venganza.

Sin ir más lejos de este año, he vivido en persona escenas de tan baja catadura moral, de tan miserables, tan ruines, que no veo el momento de ponerlas en boca de algunos de mis personajes, porque no hay nada más creíble que lo que uno ha vivido en primera persona.

sábado, noviembre 30, 2024

escenario

Venía de hacerme con una novela de Auster y las calles de Sevilla se rompieron por la mitad.

Rápido, entra, cuánto más natural seas más tiempo estarás con ella.

Me metieron por una rendija del escenario y allí la vi, sentada, esperándome.

Mamá. Me derrumbé. Vengo de comprar este libro de Paul Auster.

Borete... me acogió en su cuerpo.

Este libro de Paul Auster... no dejaba de llorar, mientras ella me acariciaba.

No supe ser natural, ¿o sí?, pero no me concedieron más tiempo.

Las calles volvieron a su sitio, ella desapareció y yo, agarrado a mi libro, pensé en cuántas cosas nos podríamos habernos contado.

miércoles, noviembre 27, 2024

Platos

—Fran, tenemos un problema con los platos.

Él me miró con cara de mosqueo.

—No hay donde colocarlos todos —insistí—. Y somos dos personas viviendo en esta casa.

—¿Y qué hacemos cuando invitamos a cenar?

Es cierto que nuestra casa es un templo de las celebraciones entre amigos, al que nunca vamos a renunciar, pero le aclaré que su empresa tiene un almacén donde organizar tanta vajilla.

—Ve cambiando los platos de vez en cuando —le propuse.

Cuando se le pasó el sofocón, me dio la razón. Teníamos platos, vasos y cubiertos para cincuenta personas.

—Es cierto que ahora está todo más cómodo —me confesó hace poco.

Cada día necesito menos objetos, más espacios libres de todo; el paso de los años me pide, nos pide, simplicidad.


Hamburgo

Era sevillano, pero vivía en Hamburgo.

Una noche, en una cena que compartí con él y otros amigos, les comenté que me habían ofrecido un puesto en Bucarest.

—Lo he rechazado —expliqué.

Entonces este hombre soltó un discurso sobre lo catetos que somos la gente del Sur, que estamos atrasados, que no hacemos más que mirarnos el ombligo.

Yo, con calma, le hablé de mis años viviendo en Francia, mis largas temporadas en México o Japón, pero que ya había atravesado la barrera de los cincuenta y no me parecía la oferta lo suficientemente interesante como para dejar atrás la familia.

Él insistió.

—Vivís con 20 años de retraso respecto a Hamburgo. ¡Allí se vive el futuro!

Entonces yo, que sabía de sus búsquedas inmobiliarias, le espeté.

—Por eso estás buscando piso en Sevilla entonces, para hacer un viaje astral al pasado.

Se levantó indignado, tiró 50 euros con soberbia para pagar su cuenta y se largó. Mi amiga Susana se quiso acercar a calmarlo, pero yo la paré.

—Deja que se vaya, por favor...

Fantasma

Conocí en Conil a un tipo que te vendía felicidad.

Simpático, sociable, liante, siempre tenía un buen plan y anécdotas divertidísimas por contar.

El día que se enteró que presentaba mi novela 'Andrea no está loca' en Madrid, donde él vivía, me aseguró:

—Salva ¡cuenta conmigo!

Y no se quedó ahí:

—¿Qué tipo de gente te interesa que vaya? ¿Cuánto es el aforo? ¿Te viene bien gente de la farándula o mejor políticos?

Yo, emocionado, le dije que todo aquel a quien le gustase leer era bienvenido y me planteé si el local se me iba a quedar pequeño.

El acto lo presentaba mi querida Montse, con su ciruelita gateando entre las mesas de los muchos que me acompañaron. ¡Qué evento más bonito!

Estaba en mis inicios y había cariño del bueno hacia mí en ese café, pero ni el tipo de la felicidad apareció, ni vino nadie en su nombre.

Sí, yo creo en los fantasmas.

martes, noviembre 26, 2024

Bol

Fran tiene modales tan exquisitos que no me deja pasar ni una.

Con lo que a mí me gusta empujar con la punta del dedo el último trozo del pastel para que no se me escape del tenedor, o bascular el plato sopero para cazar la última cucharada de la crema de verduras.

Borete, ¡por favor!

Parece que viviera con un príncipe, que ni acomodados en la mesa de casa viendo una peli me deja juguetear con el cuchillo para hacerme con los restos del pescado.

Entonces nos disfrazamos de gato y de ratón, yo aprovecho que él se distrae con una llamada para sacar al gamberro que habita en mí.

Borete, que te he visto.

lunes, noviembre 25, 2024

Jabonera

Es un restaurante al que nos gusta ir cuando tenemos alegrías que celebrar.

No es un lugar al que puedan habituarse la media de los mortales, porque el menú, delicioso, tiene unos precios muy por encima de la media.

De hecho, mucha gente no podría permitirse ir nunca.

La pareja que lo regenta, majísima, nos contaba la otra noche la incapacidad de mantener los baños al nivel del resto del local, coquetísimo.

—Teníamos unas jaboneras muy chulas, que no han dejado de robar.

Es una clientela que no necesita meterse en el bolso o la chaqueta un objeto de decoración, ni destrozar la tapa del váter, ni reventar los espejos; una clientela que presume de elegancia y sonrisas cuando abre el pestillo del baño.

Así se está volviendo nuestra sociedad, exquisita por fuera, tremebunda cuando se encierra y no la ven.

viernes, noviembre 22, 2024

Elegancia

La elegancia es un don con el que se nace, pero que estoy seguro de que se puede aprender.

Para ello, hay que saber cómo de útil es, y para saberlo hay que ser sensible y disponer de un estante lleno de bondad.

Saber dar su sitio a la gente que lo merece, agradecer de corazón los favores recibidos, interesarte por aquellos que te hicieron bien, escuchar con atención a quien tiene una historia que le oprime el corazón, visibilizar al que otros transparentan, guiñar el ojo a aquel que ha pensado en ti.

La elegancia es saber estar y saber que estén.

Azotea

Tras una conversación tensísima de teletrabajo, cerré el ordenador y me asomé a la cristalera de mi balcón.

Las nubes pasaban rápidas y vi ropa tendida en la azotea.

Pensé entonces en lo infiel que le he sido desde entonces, recordé las mañanas enteras tumbados al sol, los paseos en círculo, las charlas calmadas con los vecinos, las sillas subidas desde casa y esas mismas nubes, rápidas, sobre mi cabeza.

Infiel a los tiempos de cuando, encerrados, nos dimos cuenta de que la vida se podía vivir con otros ritmos y cabía en nuestra cabeza la posibilidad, incluso el placer, de perderse en las nubes y seguirles el rumbo con la mirada.

Periodismo

Nos encontramos en los pasillos de un hospital. Ella iba con una mascarilla y tardé en reconocerla.

—¡Salva!

Le expliqué qué hacía yo por allí.

—Recibí tu libro dedicado...

Ella es una de las periodistas culturales que siempre me ha apoyado en mi carrera literaria, con la fuerza que me proporciona el que lo haga desde un medio de prestigio.

Yo noté el desgarro en su voz.

—Me han detectado un cáncer.

Todo se paralizó en ese momento, en ese pasillo, en ese hospital. Sus ojos me miraban fijo y dejé de ver a la periodista.

—Todo va a salir bien —le susurré.

Todo, me consta, le está saliendo bien.

Lejía

Fran y yo le llamamos lejía.

A ese momento, no siempre fácil de encontrar en un buen queso, en el que asoma un regusto a amoniaco que sube por la nariz justo antes de terminar de ingerirlo.

Tiene la fuerza de una reacción química en la que aparecen todas las descomposiciones que ha sufrido la leche antes de transformarse en queso y convierte la experiencia de comerlo en sublime.

Si luego das un sorbo, lento, al tinto, para mezclar sabores en la boca, el orgasmo culinario está servido.

La vida es compleja, sí, pero también tiene su lejía.



jueves, noviembre 21, 2024

Gracia

Hay gente que me cae bien y no me hace gracia.

Personas a las que le reconozco su atractivo, pero que no me atraen, muy probablemente porque vivamos en mundos paralelos que no se cruzan, por tener aspiraciones diferentes en la vida, por explicarnos las cosas con relatos discordantes.

A mí me gusta cruzarlos en mi camino, escucharlos atentamente durante una cena, ponerme en sus cuerpos para empatizar un rato con ellos, incluso sabiendo que luego nuestros caminos continuarán separados.

A veces, incluso me hacen replantearme mis propias certidumbres. Oye, pues a lo mejor se vive mejor sintiendo así.

Es enriquecedor aprender de quienes nada tienen que ver con uno.

martes, noviembre 19, 2024

Decir que no

Hay veces que me enfrento a la ridícula sensación de ver que me dicen que no a cosas que no he propuesto.

Me encuentro a alguien por la calle, lo saludo y me suelta que anda muy liado, como si yo pretendiera bloquearlo allí para someterlo a un interrogatorio y no simplemente ser cortés con él.

—Lo siento —se disculpan—, me tengo que ir.

Los hay que me buscan para que les aconseje un modelo de coche para comprar y me advierten, de antemano, 'me resulta imposible tomarme una cerveza contigo, estoy hasta arriba'. Como si yo le hubiese pedido consejo, y no él, o le hubiese propuesto irnos de cañas.

—Ay, Salva, me encantaría leer tus novelas, pero no tengo tiempo.

—Pero, ¿cuándo te he pedido a ti que lo hagas, que sé que no lees ni las cartas del banco?

O cuando muestro fotos mías en algún lugar de España y alguien de allí me dice, 'siento no poder tomarme un café contigo'.




Polemizar

Si me planteo el juego de elaborar un texto que concite unanimidad, tengo todas las de perder. ¿De qué tendría que hablar? ¿Qué mensaje no crearía controversia? 

Incluso si ensalzara el amor entre los pueblos del mundo, alguien diría que está en contra.

Se hable de lo que se hable, siempre hay quien pone el punto sobre las íes, que polemiza, que opina justo lo contrario, que verá tu razonamiento demasiado ingenuo, provocador, sesgado, que lo puede tachar de simplón o de enrevesado.

Afortunadamente es así, claro. 

Desgraciadamente, también.

Somos máquinas de protestar. A veces viene bien, a veces cansa.

lunes, noviembre 18, 2024

Incertidumbre

Cada vez que organizo eventos asociados a mis novelas atravieso por varios picos de inquietud al tirar de agenda.

¿Qué será de este hombre? ¿Cómo le irá a esta mujer? 

Hay personas queridas a las que no ves durante años, salvo que se encuentren ocasiones felices en las que aprovechar para decirles que cuentas con ellas. Tenemos el alma llena de personas que nos importan, pero que quedaron en la distancia de los días pasados, sin necesidad de buscar culpables de por qué hubo un tiempo en el que nos dejamos de llamar.

Entonces vienen las respuestas, que en algunos casos confirman enfermedades, despidos, divorcios o que traen consigo la alegría de un nuevo amor o el trabajo soñado.

¡Qué vertigo da llamar a puertas a las que llevas tiempo sin asomarte!

jueves, noviembre 14, 2024

Serenidad

Tras leer dos de mis novelas y comentar mis textos durante años, dio la casualidad de que Rosa coincidió conmigo en su viaje a Roma con dos amigas granadinas, Encarni, puro nervio vitalista, y Maren.

Ella, malagueña de biografía dura, recién entrada en la sesentena, me reconoció rápido al encontrarme en nuestro lugar de encuentro de Piazza di Spagna, bajo una luz templada de noviembre.

Nos dimos un achuchón sincero.

Encontramos, tras varios intentos fallidos, un café donde instalarnos. Cuatro capuccinos y cuatro cornettos dieron para mucho. Tres mujeres libres me abrieron su corazón.

Hay quienes utilizan las redes sociales desde el rencor, y no saben lo que se pierden.

Maren, sanitaria que brega por casas de ancianos, de mirada tan cansada como curiosa, me dijo, cuando nos despedimos, algo que no olvidaré:

—Salva, transmites serenidad.

martes, noviembre 12, 2024

Azafata

Porque soy muy despistado, era la segunda vez que me pasaba en pocos meses. Me ocurrió en el vuelo a Bucarest de septiembre y en este de noviembre a Roma.

La compañía aérea Wizz-air te cobra las maletas pero, además, debes facturarla previamente en el mostrador.

Harto de viajar, me parece una práctica antediluviana, así que se me olvida y aparezco con la maleta en el embarque.

—Señor, no puede embarcar, a no ser que pague 50 euros por la maleta.

—Pero, ¡si la he pagado!

—Tenía que facturarla previamente.

No era yo el único, sino que había unas diez personas en mi situación. Es una forma poco elegante de sacarte los cuartos.

En el vuelo a Bucarest enfurecí y pagué los 50 euros. En el de Roma calmé a la gente, saqué mi mejor sonrisa, me excusé con la azafata y conseguimos pasar todos, gratis, gracias a su 'simpatía'.

—Excúsanos, no volverá a ocurrir.

Siempre gana la sonrisa.

Ragú

Comía unos tagliatelle al ragú en una esquina de la Vía del Corso, con un pichet de tinto de la casa y un sol de otoño de temperatura perfecta. Había visitado todo lo visitable entre Santa María Maggiore y la Piazza del Populo. Tan feliz como cansado, no tenía piernas para volver al apartamento.

Cuando fui a pedir un Uber vi que apenas tenía batería y me impacienté por pedir la cuenta, que tardaron en traer. Ya en la calle, el móvil se me apagó por completo.

Estaba a tres kilómetros de mi alojamiento y no sabía ni hacia dónde tirar. Sin Google maps ni Uber, pensé en meterme en un kiosco a comprar un plano de la ciudad.

De pronto tuve una visión. ¡Un taxi con la luz verde!

La tecnología nos vuelve tontos. No tuve más que levantar la mano.

Hamaca

Hay quien relaciona las vacaciones con una hamaca.

Y suena bien.

¡El dolce far niente!

Yo, en cambio, casi nunca lo he visto así, porque creo que el descanso tiene más que ver con vaciar la mente, de lo de siempre, más que con poner las piernas en alto.

Estos días que llegan a su fin en Roma son buena prueba de ello. Tengo las piernas reventadas, pero la cabeza renovada, limpia, rejuvenecida y el alma abierta a retomar la vida con más ganas que nunca.

Ya habrá tiempo de dormir.

Roma

Roma me desborda de belleza.

Suena tan cursi como lo es en realidad, pero no hay que acomplejarse de expresar lo que uno siente, y a mí, esta ciudad, tras decenas de kilómetros recorridos en todas las direcciones posibles, me resulta arrebatadora.

Es una cura terapéutica, porque a determinadas edades uno cree que va menguando la disposición a la emoción, que uno empieza a estar de vuelta de todo, sin embargo uno llega aquí y se da de bruces con la grandeza del hombre para construir belleza.

Con mucha sangre por medio, sí, con intolerancias, envidias, saqueos, guerras, epidemias y persecuciones.

En Roma todo eso se mete en una minipimer y te encuentras con algo que supera las expectativas de cualquier persona que se considere sensible.

Hay momentos, ¡muchos!, en que te reconcilias con el ser humano. ¡Hemos sabido crear algo así!

Maps

Hay un verbo francés, 'flâner', que viene a expresar lo que es pasear sin rumbo, deambular, pero sin la connotación negativa que implica este último, porque añade al término un concepto que no integra el español, el de voluntariedad. ¡Querer perderse! ¡Estar abierto a todo lo que vaya saliendo al paso! ¡No tener necesidad de llegar a ningún lado!

Esta semana en Roma es de puro 'flâner'.

Lo que no esperaba es construirme una técnica que combina lo mejor del pasado y del futuro, que no consiste sino en pararse allí donde ves algo que te llama la atención y buscarlo en el mapa del móvil. Si el sitio en cuestión tiene muchas estrellas y variadas opiniones, entonces lo busco en Wikipedia para saber más y, la mayoría de las veces, acabo entre los pasillos o caminos de ese recinto, con la lección recién aprendida de qué es lo que paso allí, los lienzos, las estatuas, las fuentes que hay que ver, las leyendas que fraguaron el mito de ese palacio, parque o iglesia.

Entonces, con el alma llena de belleza, salgo de nuevo a 'flâner' hacia donde el cuerpo me pida.

(Sí, hay ocasiones en que me permito hacerme con términos en otras lenguas)

jueves, noviembre 07, 2024

Zuzto

Jugaba, hace años, con el hijo de un amigo en la orilla de la playa. 

Era la primera vez que veía el mar.

Apenas sabía decir dos palabras, pero cuando llegaba una ola y le mojaba los pies, me miraba y gritaba:

-¡¡¡Zuzto!!!

Así, con dos zetas. Yo lo agarraba y lo llevaba tierra adentro, pero a él le iba la marcha y volvía de nuevo en busca de la ola. Cuando le llegaba, de nuevo levantaba las manos pidiendo ayuda.

-¡¡¡Zuzto!!!

A mí se me quedó tan grabada esa escena que la integré en el niño que hay en mí, de forma que cuando me encuentro en situaciones desagradables en las que no sé si indignarme o llorar, mi crío interior grita dentro de mi cabeza: 

'¡¡¡Zuzto!!!'

miércoles, noviembre 06, 2024

Horror

He pasado media noche en blanco con la esperanza de que el pueblo estadounidense asumiera la responsabilidad de no dar el poder a un delincuente convicto que habla de los inmigrantes como asesinos, que trata a las mujeres como objetos sexuales y que lidera asaltos contra las instituciones democráticas cuando el resultado no le conviene.

Pero no, nos quedan cuatro años por delante para soportarlo al frente de la primera potencia mundial, cuando el cambio climático, que él desprecia, empieza a mostrar sus fauces.

Que lo estén celebrando Putin, Netanyahu, Milei, Orban y Kim Jong-un es la mejor prueba del horror que se avecina.

Hoy, más que nunca, es necesario defender la democracia.

Triste

Gana el fascismo. 

Mi profundo lamento por el devenir del planeta. 


martes, noviembre 05, 2024

Imitar

A mí me gusta imitar.

Imito aquello que me deslumbra de los demás, sea una técnica para organizar reuniones, una forma de escribir capítulos, un gesto elegante al saludar, una expresión de gratitud.

Lo hago de forma inconsciente, aunque a veces me descubro en los ojos de otro, en las manos de otro, en la mente de otro, y me digo que es inteligente eso de robar sin violencia las cualidades que disfruto de la gente que me muestra lo mucho que siempre hay por ser mejor.

Química

Es un hecho humano, natural, que no con todos los amigos de Fran yo tenga química. Y viceversa.

¡Faltaría más!

Eso sí, cuando esa química se da, la vida se hace más bonita, porque ese regalo que es suyo, currado desde siempre, idolatrado como solo lo pueden ser las amistades auténticas, se convierte en un tesoro que nos une más como pareja.

¿O no es hermosísimo ver como se abrazan, sin pudor, dos personas a las que no puedes querer más?

Mueble-bar

Mucha gente tiene más tontería que un mueble-bar.

Dentro de ese círculo están los que se regocijan usando términos en inglés en el trabajo.

Salva, tenemos que hacer un call.

Por ahorrarse decir videollamada. 

Yo entiendo determinados términos anglosajones que se han ido integrando en nuestro lenguaje laboral, a pesar de que exista siempre el sinónimo en español, pero hay compañeros que se regocijan con cada nueva expresión que introducen.

¿Hacemos un wrap-up tras su speech antes de programar el kick-off del despliegue del roadmap?

Cuando lo que viene a decir es ¿qué es lo que nos interesa de lo que nos ha dicho este tipo antes de organizar el nuevo proyecto?

Hay gente a la que le das un carguito y se le sube la idiotez a la cabeza.

Roma

Era un regalo que llevaba años esperando, ofrecerme una semana de vacaciones fuera de temporada.

Adaptado a hacerlo en verano y navidad, acorde con el cierre de las fábricas, hacía tiempo que llevaba maquinando la idea de agrupar unos días para regalarme una pausa larga en algún paraíso conocido o por conocer.

Esta noche vuelo a Roma.

Ya la visitamos hace mucho tiempo, apenas un par de días, aprisa y corriendo por querer abarcarlo todo. Me deslumbró y me angustió a partes iguales. Por las prisas, por la grandeza, por las expectativas, por el despiste.

Esta vez tengo a Roma para mí. Ella y yo. Sin intermediarios. Desayunos a primerísima hora para patearme la ciudad, sin rumbo, sin ansiedades, mientras dejo que el resto del mundo se ocupe de que el mundo funcione.

Ya el miércoles aterrizará Fran, para el que habré colocado todas las alfombras rojas que él merece.

domingo, noviembre 03, 2024

Importancia

Creo que en demasiadas ocasiones nos damos mucha importancia.

La vida es más sencilla que todo eso.

Esos aires de complicación llegan incluso a mis textos.

-Salva, te desnudas demasiado frente a tus lectores.

Y yo me digo, ¿qué más da? ¿qué transcendencia tienen las historias que yo cuente sobre mí, más allá de establecer un vínculo de conexión contigo?

Soy de la opinión de que deberíamos ser más transparentes, menos encorsetados, más abiertos a hablar de lo que nos preocupa, de lo que nos ilumina la vida. Al abrirnos a los demás estamos liberando la naftalina que muchas veces se apodera de la vida de tantos por no querer compartir nuestros miedos y alegrías.

Nada es tan importante.

Siesta

Soy dormilón y me encanta leer, dos características en mí que se han ido entremezclando en la mente de Fran durante la media vida que llevamos juntos.

Al tener siempre la compañía de un libro, es habitual que pase tardes o noches de lectura. No hay espacio para el aburrimiento si tienes una novela a mano. Así que, en cualquier momento de cualquier día le comunico mis planes a Fran:

—Voy a leer.

Me produce tanto placer el hacerlo, me desconecta tan rápido de la realidad, me siento tan cómodo que, en menos que canta un gallo, me quedo frito.

Así que Fran ha modificado nuestro vocabulario, de forma que, cuando se va a dormir una siesta o se acuesta un poco antes porque tiene que madrugar, yo le pregunto:

—¿Dónde vas?

Y él, con guasa, me responde:

—Voy a leer.


viernes, noviembre 01, 2024

Pareja

Qué equivocado está quien piensa que la felicidad es sinónimo de vivir en pareja.

Lo dice quien lleva media vida durmiendo agarrado por las noches, pero quien sabe de tantas personas queridas bien felices sin nadie a su lado ni necesidades de tenerlo. Es más, conocedor de primera mano de tantas vidas frustradas por aguantar al melón (o melona) de turno y no tener las agallas para decir 'hasta aquí hemos llegado'.

Nos venden vidas ideales y se nos educa en lo que es una existencia triunfante, en la que no caben aquellos que decidieron que no quieren unir su destino a otra persona.

Realizarse depende de uno, de nadie más.

Juanmi

La vida te lleva por senderos que te enseñan a comprender conceptos manoseados, como el de la amistad de conveniencia, y te das cuenta de que las cosas no son blanco ni negro, que en la sutileza está la explicación de la naturaleza humana.

Antes de la pandemia comencé a trabajar en París, donde me encontré con antiguos compañeros de la fábrica de Sevilla que también tomaban el mismo vuelo los lunes por la mañana, con quienes cené noches frías de invierno en restaurantes franceses vacíos de turistas, a quienes les hablé de mi familia y quienes me hablaron de las suyas, de sus sueños y sus miedos.

El tiempo pasó y hubo un momento en que nuestros destinos laborales se separaron.

La relación se deshizo tal como se provocó, con madurez, sin reproches. Nos utilizamos de buenas maneras el tiempo en el que nos necesitamos.


Muertos

Los muertos son más muertos cuando te cogen cerca.

Empatizas más si cabe porque escuchas los gritos de desesperación en tu idioma, porque la fisionomía de los pueblos es muy parecida a la de los tuyos, porque, sin tiempo a analizarlo, sientes que esas personas son parte de ti.

Ya no es solo que uno vea que la catástrofe no es un imposible, sino que conoces personas con nombres y apellidos que viven allí donde aún se busca a los muertos.

Ahora es tiempo de demostrar lo que queremos a nuestro país, no con proclamas políticas ni golpes de pecho. 

Nos tenéis aquí.

Vamos a salir de esta.