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viernes, octubre 27, 2023

Papá

—¡Papá!

—¿Cómo sabes que soy yo?

Hay instantes que uno recuerda para siempre y éste es uno de los míos. El día, hace mil años, en el que estrené mi primer móvil. Me llamaba mi padre para saber de mí y yo vi su nombre grabado en mi teléfono.

—He visto tu nombre en la pantalla.

—¿En qué pantalla?

—En la de mi teléfono.

—¿Tu teléfono tiene una pantalla?

Asumimos como normales los avances tecnológicos, como si siempre, desde que nos hacemos a ellos, hubieran existido, pero es bueno echar la vista atrás y recordar la primera vez. Siempre hay una primera vez.

—Sí, papá, y tu teléfono es el primero que he grabado.

Sin sentido

Hay noches en las que un ruido me despierta y quiero volver rápido al mundo que abandoné, algo que a veces consigo, para incorporarme de nuevo al barco de 50 plantas que quiere llegar a la luna y del que soy un polizón.

Las veces que no consigo volver y pierdo el sueño, me planteo lo absurdo de la escena a la que quería regresar. No tenía ningún sentido.

Algo similar pasa con la realidad. Vamos de un sitio a otro, nos esforzamos, nos divertimos, nos agobiamos, en una aventura vital que no lleva a ninguna parte, pero que no queremos perder. Cuando una enfermedad amenaza con sacarnos de nuestro presente, nos agarramos a él con todas nuestras fuerzas.

Entender qué hacemos en este mundo no tiene explicación, pero que ningún ruido nos saque del barco de 50 plantas que quiere llegar a la luna, porque tiene todo el sentido mientras estamos en él.

domingo, octubre 22, 2023

Animal

Desde pequeño he sido un animal devorador de prensa. Ya le quitaba a mi padre el ABC para leérmelo de arriba abajo sin escatimar un solo artículo. Conforme fui teniendo uso de razón, entendí que no me gustaba como veía el mundo ese diario y me convertí a periódicos más progresistas.

Siempre he pensado que mi nivel cultural, más o menos sólido, me lo ha dado más la prensa escrita que la literatura.

Son granitos que se van sumando a diario, año tras año, durante varias décadas. Un aprendizaje sobre la naturaleza humana, la política, la sociedad, la cultura, los avances científicos, la salud que no se obtiene de ninguna forma más eficiente que a través de la gota malaya, constante, de la lectura diaria de un periódico.

Ocurre, a mi pesar, que hay épocas, recientes, en que he empezado a rehuirlos. Cuando la maldad se hace tan espantosamente presente, como en estos días, dejo a un lado las noticias, las leo de perfil, para no contaminarme de la falta de esperanza en el ser humano.

Volverán los días de sol.

viernes, octubre 20, 2023

Locura

Yo a veces entiendo más al loco que al cuerdo. Cuando me cruzo con gente que tiene todo bajo control y pocas dudas en su recorrido vital, empiezo a asustarme, porque la vida se compone de tantas incertidumbres que casa mal con lo racional. Tratar de esquematizar la existencia es como poner puertas al campo. Las circunstancias lo desbordan todo. Está más preparado para la batalla quien se enfrenta a ella con humor.

De ahí que un punto de locura, de salirse del tiesto, de carcajada sea el mejor antídoto contra la imprevisión. Para cuidar la salud mental hay que aplicarse un puntito de insensatez.

Es el extremadamente cuerdo el loco de nuestros días.

martes, octubre 17, 2023

Rabia

Me gusta consultar las opiniones de los lectores cuando leo un libro, o de los turistas cuando visito un museo, o del público cuando acudo a un concierto.

Son numerosos los comentarios que dejan traslucir rabia. Estos que son hirientes, despreciativos, ridiculizadores. Escritos con saña desde el anonimato.

A mí me apetece responderles para preguntarles qué han aportado ellos a la humanidad, qué ha nacido de su creatividad para permitirse infravalorar las propuestas de alguien que ha sabido ofrecer un trabajo más o menos acertado para el disfrute del gran público.

Hay quienes confunden la libertad de expresión con un derecho mal entendido de lanzar dardos al corazón de aquellos que no supieron emocionarle.

Intervenir

En los pocos meses que llevo en mi nueva responsabilidad laboral, participo en multitud de reuniones acordes con el puesto que estoy estrenando.

Son videoconferencias en las que participan decenas de personas de diferentes países.

Hay quien me insinúa que intervengo poco, quizás porque piensen que asociado al cargo viene el don de encontrar la palabra precisa con la que matizar, añadir o poner en cuestión los temas que se tratan.

—Intervendré —aclaro— cuando tenga algo que aportar.

Soy muy medido con mis silencios, pero aun lo soy más con mis palabras. Mientras lo que yo vaya a decir no sea estrictamente necesario, mejor seguir aprendiendo de la sabiduría, y las meteduras de pata, de los demás.

Ya llegará mi tiempo y mis intervenciones tendrán su aquel.

Money

Soy el maestro de no ahorrar.

Tal vez por ser un privilegiado, por tener un buen sueldo, el apoyo de una familia, un círculo de amigos fuerte. Sea por lo que sea, tengo un agujero en los bolsillos.

No hace mucho me llegó un comercial de un banco, alguien que en su momento se comportó muy bien conmigo, me sentó a tomar un café y me pidió que le describiese mis ingresos y mis ganancias. 

Puso el grito en el cielo.

—Eres un desastre, Salva —me dijo, con cariño.

Entonces me planteó qué edad tenía, cuánto me quedaba para jubilarme, la calidad de vida que iría deteriorándose, las incertidumbres del futuro...

El caso es que me convenció para apartar cada mes algo de dinero, del maldito dinero que me quema en las manos, para construir un futuro menos incierto.

Muy de vez en cuando miro esos ahorros y me digo 'te han convertido en un hombre mayor'.

Huerta

Hay gente que nunca será la alegría de la huerta.

Les falta esa dosis de energía que da la naturalidad de la sonrisa que nace de dentro y, por mucho que se lo propongan, no está en sus genes el ver la vida de colores.

Eso se ve desde bien pequeño, al que nace con la mirada torcida, el gesto desabrido, los hombros hacia abajo en una actitud de verlas venir.

No sé es mejor o peor persona por ser gris, lo que sí es cierto es que yo hace tiempo que decidí salir de ese jardín donde le gusta entrar a quienes no les apetece pasear por un campo sin vallas.

A mí, de joven, me hipnotizaban. Me seducían para hacerme creer que yo era uno de los suyos, querían convertirme en un adicto al drama. 

Es quizás por ello, por haberme metido en ese jardín, que no quiero ver el mundo con esos ojos.

Histórica

Cuando leo novela histórica, y leo mucha, siempre hay una variable que me estremece de entre las historias personales que inundan el relato, y no es otra que la enfermedad, porque aquí sí que podemos decir eso de que cualquier tiempo pasado fue peor.

Vivir no hace mucho tiempo era territorio vedado para quienes nacían con una genética a prueba de bomba. Cualquier infección podía llevarte al cementerio, incluso a partir de una muela en mal estado.

Hace apenas unas semanas visitaba el museo del hospital público de Venecia, sobre la escuela grande de San Marco, un espacio donde se exponían los utensilios con los que trataban a los enfermos y que daban grima de solo imaginar cómo podían utilizarlos sin anestesia, sin conocimientos hoy básicos de Medicina.

Tendemos a quejarnos de los tiempos que nos ha tocado vivir, sin saber apreciar lo mucho que nuestra sanidad pública, a todos, nos protege.


lunes, octubre 16, 2023

Cous cous

—¡Vaya cómo está el cous cous!

Te lo sirve de pollo o de cordero, siempre acompañado de la frase mágica. 

—Lo hace mi madre —la ilusión está en sus ojos.

¿Quién se resiste a una comida hecha por una mamá?

Lo conocimos en una cervecería de la Alameda e íbamos a menudo. Atento, sonriente, resuelto, ese chaval marroquí era un chute de simpatía y profesionalidad. Hasta que un día desapareció. 

Este verano Fran lo descubrió de nuevo en un local de nuestra calle. Trabajando de sol a sol para convertir un negocio cutre en un pequeño restaurante marroquí con alma.

Ahora lo tenemos a cien metros de casa.

—¿Tienes hoy cous cous de pollo? —le pregunto.

—Justo me queda uno para ti.

Querido

Yo me siento una persona muy querida, sea verdad o no, lo que me da una gran estabilidad emocional.

No es cuestión de autoengañarme, las cosas no funcionan así, sino de mirarme con afecto. Sé, en el fondo de mi corazón, que son muchos los que me aprecian, muchos los que se interesan por mí, muchos a quienes les importo. 

Será más o menos intenso el cariño que sienten por mí, pero lo importante es lo que mi corazón percibe.

Sentirse amado es el escenario perfecto para vivir en paz.

sábado, octubre 14, 2023

Extremismos

Para entender la carga venenosa de los extremismos, hay que observar con atención los lejanos a nosotros.

Es fácil asustarse cuando vemos tradiciones, religiones y costumbres de otras culturas, que defienden a sangre y fuego sus formas de actuar. Esos musulmanes dándose golpes en la cabeza, esos hindúes lavándose por cientos en un río, esas danzas tribales africanas, los cantos judíos de hombres con tirabuzones.

Criticamos que son pueblos talibanes, enardecidos por sus propias verdades.

Afortunadamente nuestras democracias occidentales nos protegen de tener que comulgar con ruedas de molino y yo puedo ser perfectamente ateo en mi país sin que nadie me obligue a nada que tenga que ver con creencias religiosas. Pero vienen pisando fuerte los que quieren volver a los tiempos de los comportamientos que se deben adecuar a lo que Dios manda. Claro, el Dios bueno, el de los cristianos de piel blanca.

miércoles, octubre 11, 2023

París

El día en el que pisé por primera vez París había un concierto de Madonna en la ciudad. 

Bajamos en la Gare de Austerlitz y comenzamos a caminar en la dirección opuesta al centro, hasta llegar a una desangelada Place d'Italie. No queríamos mirar mapas que nos orientasen, porque con menos de veinte años y una mochila a la espalda los tres amigos no teníamos prisa por conocer monumentos. Caminábamos extasiados, en una mañana fría, tras maldormir en un vagón de segunda clase que tomamos en Burdeos la noche anterior.

No imaginé por entonces que esa ciudad fuese a suponer tanto para mí, que acabaría trabajando en una empresa francesa y que viviría cuatro maravillosos años en un piso coqueto del Barrio Latino.

Reconozco el olor de las estaciones de metro, de las boulangeries, el frío otoñal de las Tullerías, los tremendos atascos en torno al Arco del Triunfo. Están impregnados para siempre en mí.

Uno llega a una edad en la que sabe que ya no habrá oportunidades como aquéllas, en las que decir que sí a hacerme parisino, en un período glorioso, golfo, en carne viva de mi juventud que ya nadie me podrá quitar.

martes, octubre 10, 2023

Yo tenía un jefe, al que apreciaba un montón, que siempre empezaba las respuestas por un 'no'. Fuese lo que fuese:

—No, Salva.

Bastaba luego con cruzar dos frases para llegar a un acuerdo.

Era divertido, porque una vez que le descubrías ese vicio, podías jugar con él (sin que se diera cuenta). Así, yo construía las preguntas en un sentido y en el inverso para explotar sus contradicciones.

Un día, en una comida de empresa, con dos cervezas de más, se lo dije.

—Siempre comienzas las respuestas con un 'no'.

Estuvo a punto de decirme que no, pero se contuvo, para no caer en su propia trampa. Me dejó que le expusiera mis argumentos, con varios ejemplos, y acabó por medio admitir que podía ser verdad.

Hay veces en las que deberíamos analizarnos a nosotros mismos, incluso, por qué no, con ayuda de los amigos, para encontrar esos tics que nos hacen peores, sin ser malas personas.

Porque sí, empezar cada frase con un 'no' es una mala manera de conversar.

Sabelotodos

Considerándome un tipo culto, sin excesos, tengo tirria a los tipos cultos con excesos. Esos sabelotodo que adoctrinan sobre lo que sí o lo que no.

En el mundo literario en el que yo me muevo los hay a patadas y son un coñazo, porque el salto de culto a cultureta es un camino de no retorno. Aquellos a los que les encanta escucharse, que sermonean sobre lo que sí y lo que no.

Son los que se ven con el derecho a poner etiquetas para clasificar quién tiene el visto bueno.

La cultura, en su base, se debe de caracterizar por justo lo contrario, por la apertura de miras y la humildad para dar oportunidad a todo aquel que quiera contarte una historia, crear un paisaje, componer una melodía que nadie nunca haya conocido.

Infarto

Hay gente a la que le dices que acabas de sufrir un infarto y no te preguntan cómo estás, sino que te enumeran la de personas que conocen que han pasado por lo mismo.

Sí, es un tema recurrente en mis textos, la falta de empatía. Sí, me obsesiona, me desanima, me desespera esa incapacidad endémica del ser humano por ponerse en la piel del otro.

Lo cierto es que todo el mundo me da la razón cuando lo comento y que nadie parece entender esa falta de solidaridad íntima con el prójimo. Tal vez yo sea el primero en caer en mis contradicciones.

Deberíamos introducir esos valores en casa, en el colegio, desde la infancia. Sacar a un chaval, voluntario, a la pizarra y pedirle que nos hable de él, de su familia, de sus miedos, de sus proyectos y hacer que sus compañeros aprendan a preguntar, de corazón, acerca de ese mundo del que les habla.

Conflicto

Desde que mi memoria alcanza, y recuerdo episodios muy atrás en mi niñez, me ha angustiado el conflicto entre Israel y Palestina.

Es el pecado original de nuestra generación, el eterno combate con el que nacimos y con el que, muy probablemente, moriremos, sin que una posibilidad de esperanza atisbe en el horizonte.

Cuanto más leo sobre el tema, que me apasiona y me atormenta, menos clara tengo mi posición.

Reflejo del alma humana, en el que las dos partes tienen sus razones y sus culpas, desenredar esa madeja se convierte en una misión imposible. Cuanto más nudos deshacemos, más se vuelve a enmarañar el resto.

¿Dónde está la sensatez?, nos preguntamos. Si dos pueblos quieren vivir en paz, ¿por qué no se sientan a dialogar?

Hay tanto odio, tantos muertos, tantos agravios acumulados que no hay quien sepa encontrar la vía de la concordia. 

La creación del estado de Israel es tan justa como injusta y ahí radica el problema. Intentamos resolver un dilema que no tiene una solución digna, porque parte de una ecuación mal planteada de base.

lunes, octubre 09, 2023

Muerte

Cada mañana, al despertarte, puedes pensar en que vas a morirte o en las muchas cosas que tienes por hacer en el día. Y las dos realidades son verdad. Está en cada uno el saber a cual engancharse.

Este finde le preguntaba a un amigo si no había ninguna mañana en la que, yendo al trabajo, sintiera un ataque de felicidad al pensar lo bien que le trata la vida.

—Jamás, Salva.

En cambio, yo sí. Yo tengo la fortuna de padecer esas explosiones internas de bienestar, aunque duren apenas lo que tardo en arrancar el coche.

Mi gran pregunta es ¿cuánto hay de nosotros mismos en ese pensamiento que surge cada vez que suena el despertador?

¿Hasta qué punto se nace con las ganas de vivir? 

Me asustaría pensar que nacemos destinados a observar la realidad con un filtro determinado.

domingo, octubre 08, 2023

Maldad

Hay días en los que agudo el oído y veo maldad por todos lados. La frase de que 'el hombre es un lobo para el hombre' se materializa y pierdo la esperanza, no solo en nuestro futuro colectivo, sino en el sentido mismo de nuestra existencia.

Esos momentos, afortunadamente, pasan, para volver a reconciliarme con el optimista que hay en mí. Me basta poco. Un mensaje cariñoso en el móvil, una entrevista ingeniosa en una revista, la sonrisa de un crío en un supermercado.

Lo que no adivino a descifrar es cuánto de ancho es ese subsuelo donde reside lo negro, hasta qué punto crece o disminuye, cómo de a salvo estamos de enredarnos por él, que un día pisemos mal y ese alquitrán nos agarre por las piernas para llevarnos a ese lugar que lo destruye todo.

¿Quién está a salvo?

Cáceres

Qué bonita es la ciudad de Cáceres. 

Los sevillanos tenemos la suerte de tenerla en el camino hacia el Norte, de ahí que haya tenido varias oportunidades de visitarla y recrearme en ella. Su centro medieval, desde cuyo interior es difícil comprobar en qué época de la historia te encuentras, es un compendio de palacios y leyendas.

Tras un par de tours guiados en los últimos años, me siento capaz de reconocerla incluso en una foto desde el aire. Sé qué pasó en la construcción de esa iglesia, por qué mandó elevar un muro el obispo o quién mandó desmochar sus torres.

Lo sé porque fui varias veces y escuché lo que me contaron de ella. 

Los conocimientos no se adquieren por ciencia infusa, sino a base de insistir.

No hay mejor profesor que la experiencia, ni mejor método que la insistencia. La fortuna es que, a veces, el aprendizaje va acompañado del placer.

Cremitas

—¡Cremitas!

Tirado en la cama, con la cabeza en los pies del colchón, lanzó el primer grito de guerra. Fran se hace el loco.

—¡Cremitas!

Tengo la suerte de tener una cuñada que es toda una eminencia en cuidados de la piel, y ese mujer, Desi, la hermana pequeña de Fran, le surte de todo tipo de cremas, lociones, mascarillas, serums... y, además, le explica como aplicarlos.

No hay cosa que me guste más que me mimen, que me toquen, que me masajeen. Así que, cuando el estrés me sube por las piernas, me tiro en la cama bocarriba.

—¡Cremitas!

Ya llegan entonces las risas de Fran, asumiendo que no tiene escapatoria. Ya escucho el ruido de choque entre botes de plástico y cristal que viene desde el baño. Entonces cierro los ojos a la espera de que me dé un beso en la frente y empiece la ceremonia del masaje facial de amor.

Déficit

Tengo que formarme en trastornos psicológicos para no tener problemas con gente a la que quiero, porque no estoy por la labor de echar por la borda relaciones hermosas que se ven afectadas por comportamientos que, pienso, son involuntarios por parte de quienes lo practican.

Quiero estudiar acerca del déficit de atención.

Hay personas en mi círculo más íntimo, alguno puede que incluso lea este texto, que son incapaces de mantener una conversación serena sin romperla cada dos por tres con interrupciones que no vienen a cuento. 

Estoy escuchando, con verdadera atención, una historia que me interesa de alguien a quien quiero y el de la silla de al lado, tan querido como el que habla, me empieza a contar algo que no viene a cuento.

Es muy incómodo llamar la atención en reuniones desenfadadas.

Son personas que te preguntan, de corazón, cómo estás y que, en cuanto empiezas a responderle, te interrumpen para decirte que se han comprado unos pantalones amarillos.

Creo, con total sinceridad, que no hay maldad, ni egocentrismo, sino un trastorno de déficit de atención que deben tratar para no acabar por dejar de ser invitados a cenas donde todos nos queremos escuchar.

Derecha

—¡Era a la derecha! —me gritan, más de una vez, cuando giro hacia el lugar equivocado.

—¿No era hacia esta derecha? —pregunto, con sorna, tras haber dado el volantazo a la izquierda.

Sí, a mi edad, aún me cuesta diferenciar de forma intuitiva las direcciones. 

Cuando escucho al hombre del tiempo decir que va a llover por el oeste, tengo que llevar a mi mente a las películas de vaqueros y recordar hacia dónde iban atacando a los indios. Si hablan de la zona oriental de la región de Murcia, tengo que pensar en Japón para saber por dónde queda el oriente.

Es otro de mis defectos de fábrica, no tener el instinto de saber hacia dónde salir corriendo cuando lo griten desde un altavoz.

Moriré sin saber dónde tengo mi mano derecha.

lunes, octubre 02, 2023

Delfines

El restaurante se llamaba Delfines, en francés, o algo parecido. Lo había buscado en Google mientras llegábamos en ferry a Tánger para trabajar.

Había mucha faena en la fábrica que visitábamos, así que fuimos tres compañeros del equipo de Calidad desde Sevilla: Rafa, cerca de cumplir los sesenta, yo, en los cuarenta, y Migue, el yogurcín.

Tras una paliza de jornada, les propuse ir al Delfines a cenar. Anochecía.

Tánger es una ciudad amable, en la que siempre me moví con tranquilidad, pero la zona donde nos marcaba el GPS se salía de los barrios que yo controlaba.

Así que preguntamos a un transeúnte, que nos miró con cara rara. 

—¿Allí queréis ir? —Preguntó, con expresión de espanto. Los tres dijimos que sí—. ¡Pero ya mismo va a ser de noche! —Nos asustamos!— Y tenéis que atravesar ese descampado —el descampado nos produjo terror—, y subir esa escalera... —¡altísima!

Nos infundió tal pánico que salimos los tres corriendo como alma que lleva el diablo. Migue llegó a lo alto de los escalones cuando yo no había llegado al primero y Rafael, asfixiado, corría tras de mí, maldiciéndonos y tocándose el corazón.

—Me va a dar un infarto —protestaba, sin resuello.

¡Qué contagioso es el miedo!


Quoi

Hasta el más culto de los franceses termina, de vez en cuando, alguna frase en 'quoi', una coletilla que no viene a decir nada y que todos reniegan pronunciar.

Pronúnciese 'kuá'.

Sería el equivalente a un ¿sabes? en español, pero en plan cutre.

He llegado a escuchárselo, más de una vez, al refinado Macron.

Cuando les hago ver que lo utilizan, me dicen que ellos no, que eso es "bajuno'. Entonces saco mi parte mala y me concentro en escucharlos.

—¡Lo dijiste!

—¡¡¡No!!!

—Pero si acabas de pronunciarlo....

No es cuestión de ser francés, nadie quiere admitir como propias las debilidades que critica en los demás. 

Catetos

Desde el momento en el que tú no admitas que otras ciudades sean más bellas que la tuya, otras personas más inteligentes que tú, otros paisajes más hermosos que los de tu infancia, tú eres un cateto.

Con mayúsculas.

Otro tema es amar lo que se tiene, extasiarse ante lo conocido, refugiarte en la hermosura de tus recuerdos de infancia.

Creer que lo propio es lo mejor es la semilla del más rancio de los nacionalismos. 

Y no hay nacionalismo bueno. 

Envidia

Tengo entre mis 'amigos' de Facebook a una chica sevillana, profesora, de mi generación, que lee todos los días, junto a su marido, al desayunar, una hoja del diario de un escritor inglés del siglo XVIII.

Él escribió su vida, cada día, sin imaginar que siglos después, en el sur de Europa, un matrimonio lo invitara cada día a tomar café con ellos.

Imagino esa lectura, corta, diaria. Transmutarse en otro que ya no es para entender una época, un país, pero, sobre todo, entender una vida entera. Sus ilusiones, sus hijos, sus derrotas, sus padres, el enamoramiento, la enfermedad, día a día.

Siento una enorme envidia de que no se me haya ocurrido a mí, porque yo soy de los fatigas que lo quieren vivir todo.

Levantarse cada mañana con tu vida a cuestas, con el secreto placer entre mermeladas de saber qué le va a pasar a ese hombre doscientos años atrás.

sábado, septiembre 30, 2023

Platitos

Hay formas muy elegantes de denigrar, con una sonrisa incluso. Maneras casi inconscientes en las que gente querida te dice, queriendo decir lo contrario, que te perdonan la vida, que no te dan el valor que mereces. 

Fran, que tiene una empresa online de vajillas y decoración para la mesa, con una clientela fiel, un gusto exquisito y mucho movimiento, tiene que aguantar comentarios de amigos en los que, de pasada y con desgana, tras comerle la cabeza con sus problemas de primer nivel, le preguntan:

-¿Y tus platitos?

¿Sus platitos?, me digo yo. Ya quisieras tener el éxito, bien trabajado, que tiene Fran con sus platitos. 

Como hace unos días, que me crucé con una periodista cultural en horas bajas, que nunca confió en mí.

-Y tú, Salva, ¿sigues con tus libritos?


Bailar

Desde pequeño, siempre me he planteado el baile como la actividad humana más absurda y, a día de hoy, aún digo viéndolo así.

Plantarse en el salón de tu casa, en una discoteca, frente al espejo y comenzar a realizar movimientos que no llevan a ningún lado.

Si, además, quitas la música a la escena, el despropósito se hace aún mayor para una mente racional que lo observe.

¡Ahí está la grandeza del ser humano! 

En haber inventado actividades absurdas, en apariencia inútiles, en la búsqueda de la felicidad. 

Al hombre le hace único el arte, la música, la danza, la capacidad en suma de transcender al puro ejercicio de sobrevivir. 

Raúl

—No imaginas lo contento que estoy contigo —le dije a un compañero de mi equipo tras unos meses de trabajo con él. 

Lo que sí que no imaginé fue la fuerza con la que se me devolvió ese halago sencillo y sincero.

—He estado celebrando con mis padres y con mi mujer las palabras que me dedicaste el otro día. Está toda la familia feliz.

Son las cosas que la universidad de la Vida te enseña, la potencia imparable del agradecer. 

Quien más salió ganando fui yo.

hambre

No puedes comerte el mundo al lado de alguien que no tiene hambre.

Es fundamental que las ambiciones, grandes, escasas o inexistentes, estén en niveles parecidos en una pareja. Así, ni uno frena al otro, ni el otro vive acelerado en torbellinos en los que no hubiera querido meterse.

Muy raramente el amor obra milagros y he llegado a ver relaciones felices por las que no aposté un duro en su momento. Historias en las que uno frenó y el otro aceleró.

No hay mayor verdad que en el amor hay que ceder, siempre, cuando se quiere de verdad.

Tan cierto como que no vale llevar a quien amas con la lengua siempre fuera.


jueves, septiembre 28, 2023

Buddenbrook

Uno de los grandes males de estos tiempos es la falta de concentración, como una epidemia que recorre el mundo entero. 

Mantener la mirada, escuchar sin interrumpir, no cambiar de canal cada cinco minutos, pasear sin rumbo son hábitos que se van perdiendo.

Yo, enfermo como el que más de este virus que nos acelera, tomo mis propias medicinas.

La última de llama 'Los Buddenbrook', la primera novela de Thomas Mann.

Digamos que es un medicamento que necesita prescripción, porque no todo el mundo está capacitado para tumbarse en el sofá a leer un libro inmenso en el que los sucesos se encadenan con una lentitud extrema.

Es esa circunstancia la que yo convierto en terapéutica, desde el momento en el que lo abandono todo para acompañar a esa familia aristocrática alemana de mediados del siglo XIX en sus cuitas para mantener a toda costa su estatus. Paso largos veranos con ellos en la costa báltica, acompaño a sus hijos en Ámsterdam, Munich o Londres, me paso las tardes entre ellos mientras comparten café en los jardines de su casa de Lübeck, 

Ya ha muerto el abuelo, y el padre, ahora es el nieto el jefe de la casa y acaba de tener un niño. Yo los espío, me meto en sus fiestas, me río con la descarada de Antoine y olvido quién soy durante un tiempo precioso en el que mi cuerpo se reacomoda a los ritmos de lo que debería ser natural.

miércoles, septiembre 27, 2023

Asceta

Será que soy un poco asceta, pero a mí me alivian mis amigos incluso sin tirar de ellos, porque sé que van a estar ahí.

Sí, claro que hay que demostrar que estamos vivos. Quedar, llamar, enviar mensajes, proponer excursiones. Seguro.

Lo que sí es verdad es que uno llega a unos niveles de compatibilidad emocional que incluso no necesita compartir los malos momentos para no dar problemas.

Si hay algo que me angustia, trato de resolverlo yo y no expandir la ansiedad, porque considero generoso el no dar más problemas de la cuenta, sobre la base cierta de que en el momento en el que grité al aire una petición de ayuda tendré a mi lado a quien sabrá cuidar de mí.

Soy más de compartir alegrías.

Es, considero, una forma evolucionada del querer.

Anécdota

Todo el mundo quiere venir a casa para ver los vasos de Venecia.

Un familiar nos había conseguido, este verano, una entrada VIP para visitar una fábrica de vidrio soplado en la isla de Murano. Nos recibieron como a marqueses, con el único coche de la isla en la puerta. 

—Por venir de parte de quien venís, tendréis un descuento del 50% en todo lo que compréis —nos dijeron, como bienvenida.

Yo, ufano del arte decorativo, pregunté por el precio de una lámpara.

—Son 350.000 euros —me respondieron, y yo tragué saliva.

Tras invitarnos a soplar nuestro propio objeto, nos pasaron a una sala de exposiciones. Fran preguntó por un globo de vidrio azul.

—4.000 euros.

¡La madre! 

Yo, que soy un bienqueda, no quería irme de allí sin comprar algo, obligado por el trato que nos estaban dispensando. Me fui al vaso más simple que vi.

—Vale 130 euros.

—Me llevo dos —respondí, valiente, ante lo que Fran mostró su desacuerdo con la mirada—. Nos rebajan el 50% —le aclaré.

Al ir a pagar nos dijeron que, precisamente a ese vaso, no se le podía aplicar el descuento.

Así que nos vimos en el vaporetto de vuelta a Venecia con un regalito envenenado de 260 euros. 

Cada vez que lo contamos, la gente se muere de risa. Porque nos conocen, mi rol de persona más cumplida que un luto, el de Fran, desconfiado de ese tipo de movidas.

Anoche estuvieron en casa Joaquín y Antonio. Nada más llegar, preguntaron.

—¿Dónde están esos vasos?

Fran me miró.

—Al menos, hemos pagado la anécdota.

lunes, septiembre 25, 2023

Sin decir

Qué coraje da las cosas que se quedan sin decir. 

Cuando llegas a casa y se te viene la imagen de ess oportunidad perdida para comentar eso que llevas rumiando desde hace tiempo.

Lo peor es que aumenta con la edad, ese despiste de dejar escapar oportunidades pintadas para contar aquello que tenía todo su sentido contar en ese preciso momento.

Vas al baño, te lavas los dientes y le recriminar a tu imagen en el espejo. 

—Volví a no decirle lo bien que me lo paso con ella.

Y lo que se deja pasar... ya no vuelve.

Porno

-Así me evito regalar cuarenta años de mi vida a un jefe metida en una oficina.

Respondía con tal seguridad que, como mínimo, daba autenticidad a su posición.

-Prefiero entregar mi cuerpo, mi sexo, por Internet.

Esa actriz porto no estaba andándose por las ramas, sino que tenía los pies bien sobre la tierra cuando respondía al periodista.

¿Hasta qué punto no criticamos las esclavitudes de los otros sin ver nuestras penitencias?

Pueblo

Saliendo de Sevilla hay un pueblo empinado en lo alto de una montaña altísima que sólo yo conozco. 

Lo visito, bajo un imponente sol, muchas noches. 

Una vez que llegó a él, la bajada es lenta y hay que ir a pie, por caminos de tierra desde donde lo mismo llego a la playa de mi infancia que a un bosque donde la luz del día queda cubierta por las copas de los árboles. 

Imagino que es Portugal, pero igual pudiera ser el país que me conviniese.

Ese pueblo empinadísimo está camino del oeste, como si enfilase para Doñana.

Incluso cuando lo atravieso, soy consciente de que no existe fuera del momento en que lo paseo.

Todos tienen ese pueblo, a cada uno se le aparece en un lugar distinto, más o menos cerca de si casa, y tiene calles diferentes de las que recorren el mío.

Yo lo visito a menudo, por la noches, para encontrarme con su luz y descansar de todas las certezas que me abruman.


lunes, septiembre 18, 2023

intangible

Hay beneficios intangibles que a algunos se les escapan.

Un claro ejemplo es preguntarle a alguien conocido por un tema que tú sabes que le preocupa. La salud de su madre, el porrazo que le dieron en el coche, la inadaptación de su niño al colegio, el mal rollo con su jefe.

Si lo quieres, siempre encuentras ese algo que le preocupa. 

Basta con preguntar por eso, por lo concreto.

Esa persona te explicará, tu le escucharás. 

Lo importante viene después. Ese bienestar que provoca esa conversación simple.

Lo intangible

domingo, septiembre 17, 2023

Narcisista

El egocéntrico es, ante todo, una persona mediocre.

Cuando tú te ves cercano a la perfección, que es lo que suele ocurrir con este tipo de personas, es porque te exiges poco. 

Así es más fácil ser ganador, si la meta está en la alfombrilla de entrada de tu casa.

El narcisista no quiere investigar demasiado el mundo, porque puede mostrarle gentes arrolladoras en su intelecto, en su belleza, en su bondad. Eso hace daño. Así que mejor no mirar más allá del espejo.

El horror es que no son un grupo pequeño, sino que están por todos lados, esos individuos que van por la vida encantados de haberse conocido, centros del universo, que siempre tienen en la boca un ejemplo que supera al tuyo, una hazaña mayor, una anécdota más divertida. 

Esos que no tienen tiempo para escuchar, porque todo lo interesante les ha pasado a ellos.

Repetir

Cuando algo nos hace pasar momentos inolvidables, queremos crear las bases para que vuelva a ocurrir.

Si aparece el amigo de un amigo, que se descubre como un conversador brillante, ya queremos invitarlo a la próxima cena. Si te presentan un plato de carpaccio de alcachofas con helado de queso payoyo inigualable, no ves el momento de volver a ese restaurante. Cada ciudad que te enamora, cada canción que se te graba, cada escritor que te desarbola.

Las veces que ves brillar en tu interior el inconfundible cosquilleo del disfrute, haces lo imposible por memorizar en tu interior la escena, para rescatarla en el futuro, para volver a ella mientras se pueda.

Lo decía Milan Kundera:

La felicidad es el deseo de repetir.

sábado, septiembre 16, 2023

Esfuerzo

Uno no puede ser culto por ciencia infusa, detrás debe de haber décadas de lecturas diarias del periódico, de novelas, tienes que haber visto cientos de películas, documentales; tras una persona formada hay un trabajo ímprovo, casi siempre placentero, de querer entender el mundo, los países, las sociedades, la historia, la ciencia, la humanidad. 

Ser una persona culta es una decisión que se toma en los albores de la vida y a la que pueden contribuir unos padres despiertos si captan ese plus de curiosidad necesario para que el proceso se desarrolle.

Ser culto no es sinónimo de bondad, pero sí está cercano al de la sabiduría. Ha habido monstruos bien sabios.

Cuando se juntan los dos, el conocimiento trabajado y la bondad innata, aparecen genios como José Saramago, como José Luis Sampedro, como Eric Fromm, que se yerguen como faroles serenos en el horizonte, para decirnos hacia dónde nos convendría caminar.

Novedades

Visitar sitios nuevos rejuvenece. 

Aunque sea en tu propio barrio. Un parque, un café, una terraza. Los paisajes desconocidos son savia fresca en la que recrearse.

Conforme cumple años, el ser humano tiende a hacerse fuerte en su territorio, coloca, sin ser consciente, empalizadas invisibles y se atrinchera, quizás en un movimiento atávico heredado en los genes tras miles de años de ancestros agazapados en la búsqueda de la protección instintiva que se busca cuando uno va perdiendo el arrojo de la juventud.

Esa trinchera, aparentemente segura, no hace sino acelerar la fragilidad, al desconectarte del mundo.

Hay que salir, probar, exponerse, oler otras flores, sentir otros fríos.

La trinchera de la madurez es el veneno que nos achica bajo el falso lema de lo calentito.

Mal gusto

Es algo que me repito a diario: 'El mal gusto es respetable'.

No se debe protestar por ver determinadas vestimentas, conversaciones, actitudes o propuestas que nos dañan los sentidos a los que tenemos un mínimo de sensibilidad por la estética. 

Sí tenemos derecho a decirles, telepáticamente, '¡Ya te vale!', sin abrir la boca.

Hay gente tan soez, tan chabacana, que por instantes consiguen que pierdas la esperanza en la belleza interior del ser humano.






Enfermedad

Cuando la enfermedad entra en una casa todo se revoluciona y lo más importante se vuelve absurdo, porque, de pronto, te quitan el suelo que pisas y el caminar se convierte en una odisea, porque nunca te habías planteado para qué te servían los pies.

Las reglas del juego del vivir se pervierten hasta convertirse en una sola: querer volver al tablero del que te han sacado por las malas.

Al expulsarte del territorio en el que aprendiste a vivir, te conviertes en un espectador del mundo de los otros, tras un cristal tintado, que impide que ellos te puedan ver.

Muchas veces, afortunadamente, la amenaza desaparece y se te abre la puerta al mundo de siempre, al tuyo, con las reglas del juego conocidas.

Lo que ocurre es que ya has visto lo que hay detrás de esos paisajes lejanos, tras cristales tintados, gente angustiada mirándote jugar.

miércoles, septiembre 13, 2023

Pudor

Hay quien se sorprende por mi falta de pudor para hablar de mi intimidad. Y hay quien me lo hace saber, no necesariamente como un reproche.

Yo sé que me desnudo cada tarde, como ejercicio de escritura tanto como terapia personal, en una dinámica que considero sanadora por lo que implica de ahondar en mí para llegar a entender el mundo.

En la vida hay que tomar decisiones, cada paso dado hacia una dirección es un camino alternativo que no andarás, así que podía haber elegido escribir acerca de lo que hay fuera de mí, poniéndome a resguardo, por mucho que opinar siempre sea una forma de mostrar el interior sin desvestirse.

Cuando, desde muchísimo tiempo atrás, empecé a compartir por las redes mis textos, hace ya dieciséis años, sentí que lo concreto llegaba mucho más que lo genérico, que no es lo mismo hablar de una madre que de mi madre, que no es igual escribir sobre el amor que sobre Fran, que emociona más empatizar con mis conflictos con la sexualidad que no lanzar discursos al aire.

En lo concreto estás tú, en lo genérico habita el hombre sin apellidos ni rostro, en mi Fran está tu Antonio, en mi madre está el olor de la tuya, en mis conflictos sexuales están los disfrutes de tu cuerpo.

Mi falta de pudor reconforta, estoy convencido, a muchos de cuantos me leen. 

Encanto

—Es un encanto.

Me gusta mucho utilizar esta frase corta de tres palabras cuando me preguntan por alguien. 

Basta con que sea una persona agradable en el trato, aquella por la que me preguntan, para que yo le regale esa puerta de entrada por la que dejar entrar a un desconocido que se interesa por ella.

Lo hago sin más contrapartidas que las de sentirme bien.

Sin falsedad, tampoco, no le concedo ese beneficio a cualquiera.

Lo que sé es que la predisposición hace mucho, esa primera impresión, ese encuentro inicial. No me refiero a historias de amor, puedo estar hablando de un camarero, de un compañero de trabajo, del amigo de un amigo, de una fisioterapeuta.

Ganamos todos.

—Oye, Salva, ¿qué tal Paca, la librera del Gusanito?

—Es un encanto.

Maldad

Ansiamos una primera página de la prensa mundial que diga que se ha derrotado a alguna de las enfermedades que nos amedrentan y que se llevan por delante tantas vidas e ilusiones.

Yo, por soñar que no quede, voy más allá. 

Confío tanto en la capacidad investigadora del hombre que quiero imaginar que, en unas cuantas generaciones, se llegue a encontrar la medicación contra la maldad.

Que te pasen por una máquina y encuentren los desequilibrios físico-químicos que nos hacen tener actitudes indeseables, para que a continuación nos receten las pastillas adecuadas.

Cada mañana, cada  uno de nosotros, nos tomaríamos con el café la combinación de medicamentos adecuada.

¡Sería un mundo tan bonito! 

Cursi, sí, pero bonito. 

Porque saber que detrás de cada mirada habría sentimientos nobles nos daría una seguridad terrible para construir proyectos juntos.

lunes, septiembre 11, 2023

Emma

Hay que estar muy loca para desplegar tanto amor.

En los mejores años de su vida, Emma decidió montar una ONG para socorrer a los habitantes de poblaciones cercanas al frente de guerra en Ucrania, gentes que no tenían recursos para escapar de una muerte más que probable, para llevarlas a un sitio seguro donde cuidasen de ellos.

Esta catalana de 32 años murió este fin de semana. La mató un misil ruso. Un suceso bélico más, que pronto se olvidará.

A mí son estas noticias las que se me graban, las de personas 'santas' en su acepción más radical. Una mujer capaz de poner la vida de los demás por encima de la suya, de complicarse hasta ese extremo por desconocidos a miles de kilómetros de aquí.

En estos tiempos de héroes de papel maché, desde la comodidad de nuestro móvil nos puede recorrer una cierta compasión al pensar en ella, sin imaginar que fue ella la que encontró, cientos de veces, una felicidad inalcanzable para la mayoría, la de dar un abrazo de esperanza a quien ya la había perdido.

domingo, septiembre 10, 2023

Silencios

Los silencios son una forma avanzada de comunicación.

Compartir una tarde de pocas palabras con personas a las que quieres es una experiencia sanísima, desde el momento en que se deja de lado todo convencionalismo para dar paso a la fluidez de darse espacios de libertad sin perder la compañía.

Debe ser un mutismo voluntario, deseado por cada uno, flexible a la palabra, abierto a la interrupción.

Saber que está ahí, a tu lado, en sus cosas, navegando por mundos que tú conoces, porque cuando mejor funcionan los silencios es en terrenos en los que uno sabe del otro lo suficiente como para no tener urgencias en decirle nada.

Reposar la palabra para llegar a la cena en la que se dejan móviles a un lado, se mira a los ojos y preguntas.

—¿Qué tal la tarde? 

sábado, septiembre 09, 2023

Reacción

Hay una reacción muy humana que suele seguir a una decepción con alguien.

—Me comportaré igual que esa persona cuando recurra a mí.

Sí, conocemos mil formas en las que nos han hecho mal en el pasado. Feos, plantones, malas respuestas, olvidos, desganas, gestos torcidos, comentarios dañinos.

—Compórtate igual la próxima vez—me dice mi conciencia, provocadora.

—Entonces no sería yo —le respondo, firme.

La reacción más sensata no es imitar los malos modos, sino evitar a quien los provoca.

Me encanta

En la propia felicidad cuenta, como lo que más, la predisposición.

Anoche nos tumbamos a ver la tele tras una cena, de amor y rodaballo, en casa. 

Giramos el sofá al estilo de las grandes ocasiones. Modulamos las luces. Investigamos entre ofertas de series y películas hasta dar, en pocos segundos, con lo que nos apetecía ver.

Aparece un parking, una mujer de mediana edad asustada, con un paquete, que busca una matrícula entre todos los coches aparcados.

—¡Me encanta! —lancé.

Fran me miró con la guasa que da el conocerme. Porque, efectivamente, aún no había pasado nada, pero mi cuerpo entero ya estaba feliz con esa escena de apenas cinco segundos, entregado a lo que me quisieran contar.

Cinco minutos después Fran ya estaba dormido, con los pies en mi barriga.

¿Qué más se necesita?

jueves, septiembre 07, 2023

Amor

No es suficiente el amor para el amor.

Es una fórmula química extraña que necesita de más componentes que hagan que una relación sea un éxito.

No es necesario tener las mismas aficiones, ni un carácter similar, ni hábitos parecidos, es más una cuestión de valores, de tripas, de emociones compartidas.

Se puede querer con locura, que si la visión de los fundamentos del vivir son antagónicas, no hay nada que hacer.

La dificultad reside en que eso no se ve en las primeras citas, ni en los primeros años, cuando explota la pasión, sino cuando el futuro comienza a mostrarles sus sorpresas y se dan cuenta de lo bien que saben enfrentarlas en equipo.

Trabajo

Qué trabajo cuesta decir ¡buen trabajo! en el trabajo.

Sí, las empresas nos contratan para resolver y está en nuestro salario el conseguir los objetivos que nos establezcan. Es la nómina a fin de mes la medida del reconocimiento a nuestros esfuerzos.

Tenemos la suerte de no ser máquinas, sin embargo, por lo que no todo tiene por qué ser un yo te pago tanto a cambio de tú haces tal cosa.

Alabar la faena bien hecha es un fantástico ejercicio de motivación. No solo para el que felicitan, también para el que elogia.

Hay quien cree que es mejor jefe cuanto más refunfuña y que la autoridad la da el número de defectos que no se le escapan, cuando la verdadera fuerza está en saber tratar a quien trabaja para ti con la calidez de quien se interesa por construir un gran equipo.

miércoles, septiembre 06, 2023

Amor

Tengo una amiga muy querida que perdió a su marido hace pocos años.

Tras mucho tiempo sin verla, me atreví a preguntarle si tenía alguna nueva historia en ciernes.

—¡Cómo voy a tener ninguna historia, Salva! Si yo estoy enamorada de mi marido.

A mí, su respuesta, me provocó un revoltijo de emociones, en los primeros segundos pensé 'a esta mujer se le ha ido la cabeza', porque había un punto de irracionalidad al confesar seguir enamorada de un hombre que ya no existía.

¿O no?

¿Cómo vamos a llenar un corazón que no se ha vaciado?

lunes, septiembre 04, 2023

To fuera eso

Es una expresión andaluza que me encanta y que practico muy a menudo.

—Todo fuera eso (to'fuera eso)

Sí. Sirve para desactivar la bomba, y así eliminar el dramatismo que a veces damos a cuestiones que no van a hacer descarrilar nuestra vida, ni siquiera nuestro día.

Hay quien dice que cuanto mayor es el bienestar más quejicas nos volvemos. No sé si estoy de acuerdo con la expresión, pero sí es cierto que muchas veces no somos conscientes de lo afortunados que somos ni sabemos valorar en su justa medida las dificultades con las que nos sorprende la vida.

—No sé si voy a superar esto.

—To' fuera eso.

Complejos

Todos tenemos un lado malo que no nos gusta mostrar.

Es comprensible que no queramos resaltar nuestro perfil izquierdo, la nariz, la barriga, las manos o ese diente torcido que no hemos conseguido arreglar.

Lo terrible es cuando quieres que te trague la tierra por avergonzarte de tu físico entero, personas que querrían parecer invisibles por haber nacido con proporciones distintas de las de la mayoría. Todos conocemos a alguien así, a diario nos cruzamos con gente que mira hacia el suelo por no querer ver cómo los otros les observan.

Si fueran conscientes de la poca importancia que le dan, del milisegundo que dedican a observarte, se relajarían.

Si pudiera les diría que los demás no tienen ningún poder sobre ellas, porque todo lo que les pueda hacer sufrir pasa por la cabeza de cada uno, de nadie más. 

Que no les guste tu cuerpo es problema de otros. Yo aprendí a hacerlo, a tomarle cariño a aquello que menos me luce. Y vivo más relajado.

Viejos

Los domingos nos gusta comer en Casa Maera.

No solo es que la comida sea casera, sino que el ambiente lo es aún más. Pepa te prepara siempre unos riquísimos tomates de Sierra Nevada de aperitivo, con aceite y sal, antes de cantarte los platos del día. Unas mesas están pendientes de lo que piden las otras para ir cerrando cada cual el menú.

Este último domingo había una pareja de ancianos allí sentados. Los respaldos de las sillas contra la pared y ellos dos, felices, mirando al ruedo desde su mesa de mantel blanco y vajilla de la Cartuja. Sin pudores, ¿para qué? Con lo divertido que es comer mientras se presencia el espectáculo de observar las conversaciones y las risásde los demás.

Total, si ya tienen el resto de sus horas para verse las caras.

Entrañable.

domingo, septiembre 03, 2023

Cuesta abajo

Tuve un compañero de clase de primaria que nació el mismo día que yo.

Desde siempre, estemos donde estemos, él se acuerda de escribirme por mi cumpleaños y yo le respondo con mi felicitación.

No volvemos a saber el uno del otro durante el resto del año, pero nos hemos ido haciendo mayores y mantenemos la tradición.

En esta última ocasión, su mensaje lo acompañó de una frase dura.

—Ya estamos en la cuesta abajo, Salva.

Yo le respondí que no. 

—Siempre hacia arriba, Jose. 

Hasta salirnos por el techo.

viernes, septiembre 01, 2023

En casa

—Yo, a mi mujer, no le cuento nada de trabajo —me decía un compañero de empresa, mientras tomábamos unas cervezas en un cumpleaños.

Me sorprendió lo que me decía y cómo lo expresaba, con un indisimulable tono de satisfacción.

—Yo lo hablo todo —le respondí.

Y a mí me lo cuenta todo. Es algo básico en mi comprensión de la naturaleza humana. Compartes la vida con una persona ¿y no le hablas de lo que te ocurre allí donde pasas la mayor parte del tiempo?

Yo quiero saber por qué llega tan contento, o con la cara cambiada, si le ha salido bien la reunión que llevaba tanto tiempo preparando, si por fin se ha reconciliado con quien le estuvo haciendo la puñeta.

Dejar a tu mujer, a tu pareja, a un lado de tus preocupaciones laborales es como decirle que no necesitas de ella en una parte central de tus inquietudes.

Presumir de ello es dejarla a ella, pero sobre todo a ti, en mal lugar.

Es construir muros innecesarios.


martes, agosto 29, 2023

Fromm

Aprender en ningún caso es memorizar.

He tenido que acudir a Google para recordar los títulos de los dos libros que leí de Eric Fromm, pero lo que sí tengo claro es que su lectura obró un crecimiento personal inmenso en mí y que de sus enseñanzas aún escarbo a diario para ser la persona que soy.

Este psicoanalista, gran comunicador, estableció una diferenciación entre las dos naturalezas que habitan en el ser humano, la biofilia y la necrofilia, y cómo el reparto entre una y otra nos hace ser como somos, y cómo, lo más importante, se puede potenciar la primera, el amor a la vida. Seguro que hay quienes son refractarios a sus teorías, pero para negar una corriente de pensamiento hay que conocerla primero y ahí está la grandeza del aprender, en el sentido literal de querer crecer.

Eric Fromm me convenció, desde su sabiduría vital, de que el hombre gana cuando huye del rebaño, al apoyarse en la meditación, al potenciar su lado creativo, lo espiritual. 

El hombre pierde cuando se convierte en un consumidor eterno que entiende el mundo como un objeto para calmar su apetito.

'El arte de amar' y 'El corazón del hombre' fueron esos dos libros. Sí, me lo chivó Google. Daba igual cómo se llamasen porque ya estaban, desde los maravillosos días de mi juventud en los que los disfruté, plenamente integrados en mí.


Grueso

Valoro a quien domina el arte de evitar la palabra gruesa.

La reacción fácil ante cualquier conflicto es ir a por todas, arrasar con lo que se ponga por delante con tal de manifestar nuestra opinión, y es por eso que respeto tanto al analista, al intelectual, al periodista, al escritor que nos ayuda a discernir desde la razón, no desde las tripas. Lo admiro en el compañero de trabajo, que no descalifica al jefe porque sí. Lo valoro en un amigo, que me sepa hacer ver que, de pronto, no todo es tan malo en aquel que me ha hecho un feo.

A mí me gustaría ser así, sutil, porque quiero ser como aquellos a los que me enseñan.

Lo trabajo desde hace tiempo y el trabajo da sus frutos.

Respirar, tomar las pinzas y apartar lo que sí y lo que no, hasta encontrar lo que hace daño sin tener que quemar todo el bosque.


Seguido

Yo soy muy seguido, de ahí que mi principal enemiga sea la pereza.

La detesto. 

Es una leona que yo no he criado y abre las fauces en cuanto quiero poner en pie alguno de los mil proyectos que tengo dentro de la cabeza.

Me condiciona, me ralentiza, me hace dudar, porque sí, porque tiene el don de utilizar artimañas para que no hagas lo que me apetece. 

¿A quién le interesa eso que escribes? Ese entrenamiento de pesas no te sirve para nada. Lo de hacer ahora una salsa de tomate es un absurdo, cómprala. ¿Otra vez vas a ir a un club de lectura? No entiendo que salgas de nuevo a la calle. Venga, quédate ahí, tirado, en el sofá, abre el teléfono, narcotízate con los gatos de Instagram.

Enviaría a la leona a pasearse por la selva tropical.

lunes, agosto 28, 2023

Belleza

Coincidimos en Venecia con un amigo malagueño, que estaba allí por vez primera. Acababa de llegar y le pregunté por sus sensaciones, envidioso de él por tener tan fresco ese golpe en el corazón, irrepetible, que provoca el descubrirla.

—Es impresionante, pero...

—¡Para! —le dije—. ¡Cómo puedes ponerle un 'pero' a Venecia en la primera frase! ¡Pónselo en la séptima!

A Venecia, sobre todo tras el primer encuentro, no le debes colocar una pega hasta que reacomodes todo tu cuerpo, en ese asalto de belleza provocado por lo maravilloso que ha conseguido crear el hombre allí.

El 'pero' de aguas estancadas e incomodidades de transporte vendrá a los postres, pero no en el aperitivo.

No podemos acostumbrarnos a poner la queja tan pronto, por todo, tan fácil. Tan gratis.

Llenamos la vida de 'peros' infantiles.

Si la vida te concede el regalo, que muchos quisieran, de poder pasearte por las calles de esa ciudad inmortal, concentra tu alma en disfrutar de ese milagro.

Paleta

Mis textos de las cinco son los puntos de color de la paleta que luego utilizo para pintar mis novelas.

Con cada reflexión, anécdota, recuerdo o denuncia voy metiendo una nueva pizca de pintura inventada de la que poder tirar.

Las preparo, esas pequeñas dosis, en el silencio de mi habitación al leer, al pasear camino de la tienda para comprar tomate para el gazpacho, al escuchar las risas de un amigo que me cuenta su verano, al emocionarme con una peli que me ha pillado con las defensas bajas. Me siento entonces frente al ordenador, como hago ahora, para rematar la mezcla. Desde los risas pastel hasta las tristezas lacadas, pasando por ternuras al temple y enamoramientos con brillantina, voy llenando la paleta de apenas unos gramos de emociones muy elaboradas, compuestas de multitud de elementos en proporciones precisas que no quiero dejar escapar, que están ahí, en ese texto que no dejé volar.

Cada día os presento una muestra y vuestra reacción me ayuda a saber cuál debo usar más, cuál menos, si tengo que descartarla, o meterle más negro al gris, o menos verde al turquesa. 

Así que, cuando compongo una historia larga, tengo todos los recursos bien ordenados, sé de dónde tirar para una confesión a un padre, dónde mojar el pincel si quiero hacerte reír, qué mijita de azul para conseguir tu melancolía, cuanto de rojo amor hay que meter cuando se niega un te quiero.

Ya de muy joven escribí mi primera novela, sin saber que mi paleta apenas tenía los colores primarios, el rojo, el amarillo y el azul.

Hoy, ya maduro, vivido, reposado y fuerte, he sabido construirme, gracias a tus reacciones al leerme, una panoplia de emociones sutiles a la que sé recurrir para moldear personajes, escenas y paisajes que, para mi felicidad, se hacen vivos en ti.

domingo, agosto 27, 2023

Serio

Me da mucha grima la gente que se toma muy en serio las cosas que no son serias, y lo serio, para mí, tiene que ver con el compromiso con uno mismo y con los que nos rodean.

Para todo lo demás hay que mirar con ojos libres de presión, para la vida del hoy y el ahora me gusta quien actúa con humor, sin dramas, con arte.

La seriedad implica rigidez, miradas firmes, exámenes constantes, comparaciones con el bien y el mal.

Quizás sea que hay algo de demasiado serio en mí que no me gusta y por eso viajo por la vida, desde que lo entendí, burlando a aquellos que me dan toques en la espalda para decirme cómo tienen que ser las cosas.

sábado, agosto 26, 2023

Magritte

La vida también se compone de tonterías y hay que saber disfrutarlas.

A mí, por ejemplo, siempre me gustó el efecto de las farolas cuando se encienden y aún no ha caído la noche. Me da igual de dónde venga esa debilidad, solo sé que viaja desde mi infancia y que cada vez que ocurre me quedo embobado y busco retratar la imagen con una cámara.

Tengo fotos maravillosas en mil sitios que tienen eso en común, una ciudad, una calle, la tarde haciéndose noche y una lámpara encendida.

Algún día las organizaré y montaré un collage.

Algún día, quizás, entenderé qué se desmonta dentro de mí cuando eso ocurre.

De ahí que cuando entré en la galería de Peggy Guggenheim y me choqué de frente con el cuadro de Magritte, entré en éxtasis. 

Nunca nadie es tan raro.


lunes, agosto 21, 2023

Aboretando

Mi familia paterna está cargada de Salvadores, abuelos, padres, tíos, primos, hijos... de forma que a ninguno nos llaman Salvador. A mí, para mi desgracia, me cayó el pijo-nombre de Borete, el hijo de Bori, que, con los años, y a petición de mi hermano David, se transformó en Bore.

—Lo de Borete suena a niño chico —arguyó.

Y con el Borete vinieron asociados varios defectos de fábrica, encabezados por el genuino arte del despiste.

Vivo tan en mi mundo que se puede caer un piano a mi lado y no me doy cuenta.

Cuando celebré mi cincuenta cumpleaños y llegué a casa, Fran había decorado todo el salón, en una casa en la que todo es salón, con grandes letras doradas que decían ¡FELICIDADES!

Yo llegué de trabajar, me llevé media tarde de lecturas en el sofá y no fue hasta la noche cuando, tras percatarme, di un respingo y grité, ¡GRACIAS!, antes de abalanzarme sobre él.

Ahora hay días, pocos, en los que Fran, el antidespiste que siempre está al loro de todo, tira para Huelva cuando queremos ir para Cádiz. Y no puedo contenerme.

—Te estás aboretando.

Mala educación

Me gustaría escribir lo contrario, decir que viajar es también una conexión cósmica con el ser humano, no una sucesión de escenas donde compruebas lo extendida que está la mala educación.

Salvo excepciones, que te hacen confiar en un futuro más solidario para nuevas generaciones, compartir trenes, aviones, estaciones, museos, aeropuertos o catedrales es darte cuenta de que la gente va al propio disfrute, lógico, sin importarle un comino el disfrute de los demás, algo decepcionante.

Hacen ruido, te golpean con la silla, se cuelan en tu fila, gritan junto a tu mesa, empujan, forcejean...

La pena de viajar con orejeras es no ser consciente de que el mayor placer de salir de tu territorio es encontrar otras gentes que buscan, como tú, abrir el mundo.

Lo que ocurre es que existen ángeles, siempre aparecen ángeles, los que te avisan, te ayudan, te sonríen y desbaratan todos los discursos que te hace construir la mala educación rampante.

domingo, agosto 20, 2023

Futbolistas

Aunque sea de refilón, cualquier niña española vio imágenes ayer de un grupo heroico de chicas levantando una copa del mundo.

Por poco caso que hiciesen, integraron que esas jóvenes habían hecho algo grande para su país.

Por primera vez, no eran hombres los que salían abrazados a una medalla como primera noticia de todos los telediarios.

Eso queda ahí, para siempre, en el corazoncillo de esas niñas quedisfrutaban de un domingo de verano.

Sin saberlo ni analizarlo, desde ayer son más fuertes, porque han comprobado que pueden ser tan triunfadoras como quieran.

20 años

Hace 20 años andaba yo recién llegado de Nueva York a una Sevilla desierta en agosto.

Mis amigos de vacaciones y toda una semana por delante para no hacer nada. Mi apartamento vacío, con todas mis cosas en mi piso de París, donde debía volver a trabajar en pocos días.

Tras desayunar, bajé a un ciber-café y me conecté a un chat, donde encontré a un chaval veinteañero que me hizo reír. Mucho. Seductor, inteligente, rápido, luminoso.

Esa misma tarde volví al mismo bar, a la búsqueda de ese joven internauta que me había alegrado la mañana.

Para mi fortuna, apareció en la pantalla de mi ordenador.

Fue ese mismo día, un 23 de agosto del 2003, la noche en la que quedamos. Él apareció con una camiseta roja y una sonrisa enorme. Yo no pude imaginar que iba a ser el día más feliz de mi vida.

Hoy hacemos 20 años juntos y no lo puedo querer más.


martes, agosto 15, 2023

Bran

Voy a llevar tanto tiempo con Fran como la edad de mi único sobrino, Iván.

20 años.

Así que, desde que nació, Iván integró a su tío Fran en mi vida. 

Con cierta dificultad para pronunciar las erres de pequeño, cada vez que aparecía yo por casa de mi hermana, mi sobrino me preguntaba:

—¿Y Bran?

Éramos un completo. Bore y Bran.

Pasados veinte años, siguen mis dos hombres ahí. Nos pegamos nuestras escapadas, nos contamos nuestras novedades, nos reímos de nuestras bromas.

Hay veces en las que me quedo rezagado atrás, mientras paseamos, para verlos charlar a los dos, y no puedo ser más feliz.

Manchas

—¿Qué miras? —Le pregunté, mientras cenábamos.

—A ti —contestó Fran.

—No. Te estoy hablando y no me estás mirando a los ojos. 

—Miraba tu mano —admitió—, se te está despellejando.

Me la miré.

—Eso es una mancha blanca, de estar haciéndome mayor.

—Lo sé —sonrió.

Le tomé el antebrazo.

—Tú tienes otra aquí.

—Lo sé.

Nos reímos. Tomábamos ensaladilla. La noche era la perfecta de verano, con el cielo aún iluminado y el ruido tenue de la ciudad.

—¿De qué te estaba hablando?

Entonces, sí, volvió a mis ojos.

lunes, agosto 14, 2023

Churros

Salíamos de Cáceres bien temprano, ya de vuelta a Sevilla, con ganas de desayunar un chocolate con churros.

Entramos en un pueblecito cercano a la autopista, donde vimos un local, pequeño y extraño, por sus formas y el material de las paredes, donde ponía 'churrería'. Aparcamos.

Bajo un sol radiante, Fran se asomó, tras apartar una cortinilla.

—¿Sirven churros?

—Sí.

Nos hizo un gesto y allí nos metimos los cuatro. En cuanto nuestras pupilas se hicieron a la oscuridad vimos el horror. Un anciano, tras una barra, regentaba un negocio sucio, desordenado, antiquísimo, tal como si hubiésemos atravesado un túnel del tiempo, hacia más de un siglo atrás. 

Nos dio apuro dejar allí a ese señor, vestido con ropa de muchos días, llena de lamparones por todos lados. La sensación de un hombre solo, viudo, al límite del abandono, pero firme tras la barra de su negocio.

—¿Nos pone cuatro chocolates con churros?

Estaban buenísimos.