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domingo, noviembre 27, 2022

Váter

Apenas llevaba unos meses en la fábrica de Renault, más perdido que el barco del arroz.

Me habían contratado para el departamento de Mantenimiento, para lo que la dirección me organizó un período de formación con los eléctricos y mecánicos de la factoría, a los que yo me pegaba para aprender cómo solucionar averías, bajo la presión de un programa de producción que no podía parar.

Aprendí mucho más de esos compañeros que en seis cursos de Ingeniería en la universidad. Me enfrentaba al mundo real y ahí no había que sacar sobresalientes, sino resolver problemas. Entendí la importancia de términos como solidaridad, escucha o fiabilidad.

Una mañana, cuando andábamos viendo las líneas de producción que estaban paradas, llegó mi jefe a mi sitio.

El director quiere verte.

A mí se me heló la sangre. Era tanta la inseguridad en mí que pensé que me despedían, o que me dirían que no era lo rápido, efectivo y resolutivo que se esperaba de mí.

Entonces, un compañero de mantenimiento, al ver mi cara desencajada me dijo:

Salva, cuando te sientes frente a él, imagínatelo cagando.

Cuántas veces no me habré acordado de esa frase el resto de mi vida. Cuando alguien me impone, cuando participo en una reunión con algún gran jefe, cuando hago una presentación delante de un tipo que se toma por importante, entonces lo visualizo, con los pantalones bajados, en el váter.

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