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salvador-navarro.com

sábado, septiembre 30, 2023

Platitos

Hay formas muy elegantes de denigrar, con una sonrisa incluso. Maneras casi inconscientes en las que gente querida te dice, queriendo decir lo contrario, que te perdonan la vida, que no te dan el valor que mereces. 

Fran, que tiene una empresa online de vajillas y decoración para la mesa, con una clientela fiel, un gusto exquisito y mucho movimiento, tiene que aguantar comentarios de amigos en los que, de pasada y con desgana, tras comerle la cabeza con sus problemas de primer nivel, le preguntan:

-¿Y tus platitos?

¿Sus platitos?, me digo yo. Ya quisieras tener el éxito, bien trabajado, que tiene Fran con sus platitos. 

Como hace unos días, que me crucé con una periodista cultural en horas bajas, que nunca confió en mí.

-Y tú, Salva, ¿sigues con tus libritos?


Bailar

Desde pequeño, siempre me he planteado el baile como la actividad humana más absurda y, a día de hoy, aún digo viéndolo así.

Plantarse en el salón de tu casa, en una discoteca, frente al espejo y comenzar a realizar movimientos que no llevan a ningún lado.

Si, además, quitas la música a la escena, el despropósito se hace aún mayor para una mente racional que lo observe.

¡Ahí está la grandeza del ser humano! 

En haber inventado actividades absurdas, en apariencia inútiles, en la búsqueda de la felicidad. 

Al hombre le hace único el arte, la música, la danza, la capacidad en suma de transcender al puro ejercicio de sobrevivir. 

Raúl

—No imaginas lo contento que estoy contigo —le dije a un compañero de mi equipo tras unos meses de trabajo con él. 

Lo que sí que no imaginé fue la fuerza con la que se me devolvió ese halago sencillo y sincero.

—He estado celebrando con mis padres y con mi mujer las palabras que me dedicaste el otro día. Está toda la familia feliz.

Son las cosas que la universidad de la Vida te enseña, la potencia imparable del agradecer. 

Quien más salió ganando fui yo.

hambre

No puedes comerte el mundo al lado de alguien que no tiene hambre.

Es fundamental que las ambiciones, grandes, escasas o inexistentes, estén en niveles parecidos en una pareja. Así, ni uno frena al otro, ni el otro vive acelerado en torbellinos en los que no hubiera querido meterse.

Muy raramente el amor obra milagros y he llegado a ver relaciones felices por las que no aposté un duro en su momento. Historias en las que uno frenó y el otro aceleró.

No hay mayor verdad que en el amor hay que ceder, siempre, cuando se quiere de verdad.

Tan cierto como que no vale llevar a quien amas con la lengua siempre fuera.


jueves, septiembre 28, 2023

Buddenbrook

Uno de los grandes males de estos tiempos es la falta de concentración, como una epidemia que recorre el mundo entero. 

Mantener la mirada, escuchar sin interrumpir, no cambiar de canal cada cinco minutos, pasear sin rumbo son hábitos que se van perdiendo.

Yo, enfermo como el que más de este virus que nos acelera, tomo mis propias medicinas.

La última de llama 'Los Buddenbrook', la primera novela de Thomas Mann.

Digamos que es un medicamento que necesita prescripción, porque no todo el mundo está capacitado para tumbarse en el sofá a leer un libro inmenso en el que los sucesos se encadenan con una lentitud extrema.

Es esa circunstancia la que yo convierto en terapéutica, desde el momento en el que lo abandono todo para acompañar a esa familia aristocrática alemana de mediados del siglo XIX en sus cuitas para mantener a toda costa su estatus. Paso largos veranos con ellos en la costa báltica, acompaño a sus hijos en Ámsterdam, Munich o Londres, me paso las tardes entre ellos mientras comparten café en los jardines de su casa de Lübeck, 

Ya ha muerto el abuelo, y el padre, ahora es el nieto el jefe de la casa y acaba de tener un niño. Yo los espío, me meto en sus fiestas, me río con la descarada de Antoine y olvido quién soy durante un tiempo precioso en el que mi cuerpo se reacomoda a los ritmos de lo que debería ser natural.

miércoles, septiembre 27, 2023

Asceta

Será que soy un poco asceta, pero a mí me alivian mis amigos incluso sin tirar de ellos, porque sé que van a estar ahí.

Sí, claro que hay que demostrar que estamos vivos. Quedar, llamar, enviar mensajes, proponer excursiones. Seguro.

Lo que sí es verdad es que uno llega a unos niveles de compatibilidad emocional que incluso no necesita compartir los malos momentos para no dar problemas.

Si hay algo que me angustia, trato de resolverlo yo y no expandir la ansiedad, porque considero generoso el no dar más problemas de la cuenta, sobre la base cierta de que en el momento en el que grité al aire una petición de ayuda tendré a mi lado a quien sabrá cuidar de mí.

Soy más de compartir alegrías.

Es, considero, una forma evolucionada del querer.

Anécdota

Todo el mundo quiere venir a casa para ver los vasos de Venecia.

Un familiar nos había conseguido, este verano, una entrada VIP para visitar una fábrica de vidrio soplado en la isla de Murano. Nos recibieron como a marqueses, con el único coche de la isla en la puerta. 

—Por venir de parte de quien venís, tendréis un descuento del 50% en todo lo que compréis —nos dijeron, como bienvenida.

Yo, ufano del arte decorativo, pregunté por el precio de una lámpara.

—Son 350.000 euros —me respondieron, y yo tragué saliva.

Tras invitarnos a soplar nuestro propio objeto, nos pasaron a una sala de exposiciones. Fran preguntó por un globo de vidrio azul.

—4.000 euros.

¡La madre! 

Yo, que soy un bienqueda, no quería irme de allí sin comprar algo, obligado por el trato que nos estaban dispensando. Me fui al vaso más simple que vi.

—Vale 130 euros.

—Me llevo dos —respondí, valiente, ante lo que Fran mostró su desacuerdo con la mirada—. Nos rebajan el 50% —le aclaré.

Al ir a pagar nos dijeron que, precisamente a ese vaso, no se le podía aplicar el descuento.

Así que nos vimos en el vaporetto de vuelta a Venecia con un regalito envenenado de 260 euros. 

Cada vez que lo contamos, la gente se muere de risa. Porque nos conocen, mi rol de persona más cumplida que un luto, el de Fran, desconfiado de ese tipo de movidas.

Anoche estuvieron en casa Joaquín y Antonio. Nada más llegar, preguntaron.

—¿Dónde están esos vasos?

Fran me miró.

—Al menos, hemos pagado la anécdota.

lunes, septiembre 25, 2023

Sin decir

Qué coraje da las cosas que se quedan sin decir. 

Cuando llegas a casa y se te viene la imagen de ess oportunidad perdida para comentar eso que llevas rumiando desde hace tiempo.

Lo peor es que aumenta con la edad, ese despiste de dejar escapar oportunidades pintadas para contar aquello que tenía todo su sentido contar en ese preciso momento.

Vas al baño, te lavas los dientes y le recriminar a tu imagen en el espejo. 

—Volví a no decirle lo bien que me lo paso con ella.

Y lo que se deja pasar... ya no vuelve.

Porno

-Así me evito regalar cuarenta años de mi vida a un jefe metida en una oficina.

Respondía con tal seguridad que, como mínimo, daba autenticidad a su posición.

-Prefiero entregar mi cuerpo, mi sexo, por Internet.

Esa actriz porto no estaba andándose por las ramas, sino que tenía los pies bien sobre la tierra cuando respondía al periodista.

¿Hasta qué punto no criticamos las esclavitudes de los otros sin ver nuestras penitencias?

Pueblo

Saliendo de Sevilla hay un pueblo empinado en lo alto de una montaña altísima que sólo yo conozco. 

Lo visito, bajo un imponente sol, muchas noches. 

Una vez que llegó a él, la bajada es lenta y hay que ir a pie, por caminos de tierra desde donde lo mismo llego a la playa de mi infancia que a un bosque donde la luz del día queda cubierta por las copas de los árboles. 

Imagino que es Portugal, pero igual pudiera ser el país que me conviniese.

Ese pueblo empinadísimo está camino del oeste, como si enfilase para Doñana.

Incluso cuando lo atravieso, soy consciente de que no existe fuera del momento en que lo paseo.

Todos tienen ese pueblo, a cada uno se le aparece en un lugar distinto, más o menos cerca de si casa, y tiene calles diferentes de las que recorren el mío.

Yo lo visito a menudo, por la noches, para encontrarme con su luz y descansar de todas las certezas que me abruman.


lunes, septiembre 18, 2023

intangible

Hay beneficios intangibles que a algunos se les escapan.

Un claro ejemplo es preguntarle a alguien conocido por un tema que tú sabes que le preocupa. La salud de su madre, el porrazo que le dieron en el coche, la inadaptación de su niño al colegio, el mal rollo con su jefe.

Si lo quieres, siempre encuentras ese algo que le preocupa. 

Basta con preguntar por eso, por lo concreto.

Esa persona te explicará, tu le escucharás. 

Lo importante viene después. Ese bienestar que provoca esa conversación simple.

Lo intangible

domingo, septiembre 17, 2023

Narcisista

El egocéntrico es, ante todo, una persona mediocre.

Cuando tú te ves cercano a la perfección, que es lo que suele ocurrir con este tipo de personas, es porque te exiges poco. 

Así es más fácil ser ganador, si la meta está en la alfombrilla de entrada de tu casa.

El narcisista no quiere investigar demasiado el mundo, porque puede mostrarle gentes arrolladoras en su intelecto, en su belleza, en su bondad. Eso hace daño. Así que mejor no mirar más allá del espejo.

El horror es que no son un grupo pequeño, sino que están por todos lados, esos individuos que van por la vida encantados de haberse conocido, centros del universo, que siempre tienen en la boca un ejemplo que supera al tuyo, una hazaña mayor, una anécdota más divertida. 

Esos que no tienen tiempo para escuchar, porque todo lo interesante les ha pasado a ellos.

Repetir

Cuando algo nos hace pasar momentos inolvidables, queremos crear las bases para que vuelva a ocurrir.

Si aparece el amigo de un amigo, que se descubre como un conversador brillante, ya queremos invitarlo a la próxima cena. Si te presentan un plato de carpaccio de alcachofas con helado de queso payoyo inigualable, no ves el momento de volver a ese restaurante. Cada ciudad que te enamora, cada canción que se te graba, cada escritor que te desarbola.

Las veces que ves brillar en tu interior el inconfundible cosquilleo del disfrute, haces lo imposible por memorizar en tu interior la escena, para rescatarla en el futuro, para volver a ella mientras se pueda.

Lo decía Milan Kundera:

La felicidad es el deseo de repetir.

sábado, septiembre 16, 2023

Esfuerzo

Uno no puede ser culto por ciencia infusa, detrás debe de haber décadas de lecturas diarias del periódico, de novelas, tienes que haber visto cientos de películas, documentales; tras una persona formada hay un trabajo ímprovo, casi siempre placentero, de querer entender el mundo, los países, las sociedades, la historia, la ciencia, la humanidad. 

Ser una persona culta es una decisión que se toma en los albores de la vida y a la que pueden contribuir unos padres despiertos si captan ese plus de curiosidad necesario para que el proceso se desarrolle.

Ser culto no es sinónimo de bondad, pero sí está cercano al de la sabiduría. Ha habido monstruos bien sabios.

Cuando se juntan los dos, el conocimiento trabajado y la bondad innata, aparecen genios como José Saramago, como José Luis Sampedro, como Eric Fromm, que se yerguen como faroles serenos en el horizonte, para decirnos hacia dónde nos convendría caminar.

Novedades

Visitar sitios nuevos rejuvenece. 

Aunque sea en tu propio barrio. Un parque, un café, una terraza. Los paisajes desconocidos son savia fresca en la que recrearse.

Conforme cumple años, el ser humano tiende a hacerse fuerte en su territorio, coloca, sin ser consciente, empalizadas invisibles y se atrinchera, quizás en un movimiento atávico heredado en los genes tras miles de años de ancestros agazapados en la búsqueda de la protección instintiva que se busca cuando uno va perdiendo el arrojo de la juventud.

Esa trinchera, aparentemente segura, no hace sino acelerar la fragilidad, al desconectarte del mundo.

Hay que salir, probar, exponerse, oler otras flores, sentir otros fríos.

La trinchera de la madurez es el veneno que nos achica bajo el falso lema de lo calentito.

Mal gusto

Es algo que me repito a diario: 'El mal gusto es respetable'.

No se debe protestar por ver determinadas vestimentas, conversaciones, actitudes o propuestas que nos dañan los sentidos a los que tenemos un mínimo de sensibilidad por la estética. 

Sí tenemos derecho a decirles, telepáticamente, '¡Ya te vale!', sin abrir la boca.

Hay gente tan soez, tan chabacana, que por instantes consiguen que pierdas la esperanza en la belleza interior del ser humano.






Enfermedad

Cuando la enfermedad entra en una casa todo se revoluciona y lo más importante se vuelve absurdo, porque, de pronto, te quitan el suelo que pisas y el caminar se convierte en una odisea, porque nunca te habías planteado para qué te servían los pies.

Las reglas del juego del vivir se pervierten hasta convertirse en una sola: querer volver al tablero del que te han sacado por las malas.

Al expulsarte del territorio en el que aprendiste a vivir, te conviertes en un espectador del mundo de los otros, tras un cristal tintado, que impide que ellos te puedan ver.

Muchas veces, afortunadamente, la amenaza desaparece y se te abre la puerta al mundo de siempre, al tuyo, con las reglas del juego conocidas.

Lo que ocurre es que ya has visto lo que hay detrás de esos paisajes lejanos, tras cristales tintados, gente angustiada mirándote jugar.

miércoles, septiembre 13, 2023

Pudor

Hay quien se sorprende por mi falta de pudor para hablar de mi intimidad. Y hay quien me lo hace saber, no necesariamente como un reproche.

Yo sé que me desnudo cada tarde, como ejercicio de escritura tanto como terapia personal, en una dinámica que considero sanadora por lo que implica de ahondar en mí para llegar a entender el mundo.

En la vida hay que tomar decisiones, cada paso dado hacia una dirección es un camino alternativo que no andarás, así que podía haber elegido escribir acerca de lo que hay fuera de mí, poniéndome a resguardo, por mucho que opinar siempre sea una forma de mostrar el interior sin desvestirse.

Cuando, desde muchísimo tiempo atrás, empecé a compartir por las redes mis textos, hace ya dieciséis años, sentí que lo concreto llegaba mucho más que lo genérico, que no es lo mismo hablar de una madre que de mi madre, que no es igual escribir sobre el amor que sobre Fran, que emociona más empatizar con mis conflictos con la sexualidad que no lanzar discursos al aire.

En lo concreto estás tú, en lo genérico habita el hombre sin apellidos ni rostro, en mi Fran está tu Antonio, en mi madre está el olor de la tuya, en mis conflictos sexuales están los disfrutes de tu cuerpo.

Mi falta de pudor reconforta, estoy convencido, a muchos de cuantos me leen. 

Encanto

—Es un encanto.

Me gusta mucho utilizar esta frase corta de tres palabras cuando me preguntan por alguien. 

Basta con que sea una persona agradable en el trato, aquella por la que me preguntan, para que yo le regale esa puerta de entrada por la que dejar entrar a un desconocido que se interesa por ella.

Lo hago sin más contrapartidas que las de sentirme bien.

Sin falsedad, tampoco, no le concedo ese beneficio a cualquiera.

Lo que sé es que la predisposición hace mucho, esa primera impresión, ese encuentro inicial. No me refiero a historias de amor, puedo estar hablando de un camarero, de un compañero de trabajo, del amigo de un amigo, de una fisioterapeuta.

Ganamos todos.

—Oye, Salva, ¿qué tal Paca, la librera del Gusanito?

—Es un encanto.

Maldad

Ansiamos una primera página de la prensa mundial que diga que se ha derrotado a alguna de las enfermedades que nos amedrentan y que se llevan por delante tantas vidas e ilusiones.

Yo, por soñar que no quede, voy más allá. 

Confío tanto en la capacidad investigadora del hombre que quiero imaginar que, en unas cuantas generaciones, se llegue a encontrar la medicación contra la maldad.

Que te pasen por una máquina y encuentren los desequilibrios físico-químicos que nos hacen tener actitudes indeseables, para que a continuación nos receten las pastillas adecuadas.

Cada mañana, cada  uno de nosotros, nos tomaríamos con el café la combinación de medicamentos adecuada.

¡Sería un mundo tan bonito! 

Cursi, sí, pero bonito. 

Porque saber que detrás de cada mirada habría sentimientos nobles nos daría una seguridad terrible para construir proyectos juntos.