Transitando por las redes hay veces que me quedo pillado por la belleza, la inteligencia o el humor de alguien que se expone.
Mi dedo inmediatamente pulsa el botón de seguir.
Luego analizo. Tiro para delante y para atrás. Buceo entre sus publicaciones, hago por entender.
Hay veces en que llego al punto de descubrir que esa persona no sigue a nadie.
¿A nadie?
Entonces desactivo el botón de seguir.
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