Estudié en un colegio muy de derechas y me sorprende que nadie de los que conocí haya atravesado al otro lado. Experimentaron la explosión de la adolescencia, descubrieron la grandiosidad del mundo, pudieron salir del paisaje programado para ellos y, aun así, volvieron a educar a sus hijos en el mismo colegio, con las mismas convicciones.
En el sentido contrario sí he conocido casos.
Sin dar por supuesta ninguna superioridad moral en ningún bando: ¿Nadie de entre ellos se planteó que otro mundo era posible? ¿Tan bien se vive en las propias convicciones?
Lo que me sorprende es que yo sí estudié allí.
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