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salvador-navarro.com

jueves, abril 02, 2026

Irrepetible

Pertenecemos a la época de la humanidad más explosiva de las que jamás hayan existido.

Siempre ha habido progresos, retrocesos, cambios, pero nunca tanto y tan deprisa: estamos viviendo la ciencia-ficción de los años 70.

Todo lo imaginable parece hacerse realidad, cada invento supera al siguiente: los teléfonos fijos son dinosaurios olvidados, los discos de vinilo reliquias de las que presumir y la inteligencia artificial ya empieza a hacernos dudar de por cuánto tiempo gobernaremos el mundo.

Cuanto más avanzamos da la sensación de que menos somos el centro de nuestras vidas.

Es hermoso. Es aterrador.

Marabunta

Hay situaciones reales que se convierten en sueños y quedan allí instaladas para reaparecer cuando menos las esperas.

Estábamos rodeando Central Station, en Manhattan. Hubo un momento en el que había tal cantidad de gente caminando hacia todos lados que perdí pie: descubrí una grieta por la que se asomaba un dios juguetón. ¡Nadie sabía dónde iba! Sus criaturas se le habían ido de las manos. Íbamos como ositos de Duralex en todas las direcciones.

En décimas de segundo me recompuse y seguí mi camino para escapar.

Sé que estuve allí. ¿Lo estuve?

Sena

El tiempo que estuve trabajando en Francia, con treinta y pocos años, fue uno de los períodos en que más dudas tuve sobre mi capacidad como ingeniero. Me encomendaban proyectos diversos que implicaban tratar con gentes desconocidas para conseguir unos objetivos complicados. 

Viviendo solo en el centro de París, había tardes en las que me escapaba al gimnasio desfondado por la presión.

Ocurrió que llegó el día, tras cuatro años, de volver a Sevilla. 

─Salvador, no hagas planes para mañana al mediodía ─me comunicaron la última semana de trabajo.

Jefazos que controlaban Renault a nivel mundial me invitaron a comer, ¡a mí!, en un barco-restaurante sobre el Sena. Conociendo mi espíritu literario, me regalaron libros sobre literatura francesa y me entregaron una placa de reconocimiento por mi labor.

Esa comida podría no haber ocurrido, pero los libros están ahí, en casa, bien colocados, para recordarme que sí sucedió.

martes, marzo 31, 2026

Memoria

Mariángeles es mi memoria.

En todos los momentos especiales de nuestras vidas, hemos estado allí. Los tres: ella, su memoria y yo.

En Nueva York, Berlín, París, Londres, Lisboa. En su Huelva, en mi Sevilla.

Me vienen chispazos de un pasado feliz y ella lo dibuja con sus recuerdos.

Eso ocurrió el 14 de diciembre del 2013, tú llevabas un polo rojo y acababas de volver de Japón.

No sé dónde almacena tantas fotos sin papel, cómo enlaza una historia con otra, hasta saber qué comimos ese día, de qué hablamos.

Fogonazos de una vida que ella caza para mí.

Fontanero

Los seguros son rápidos para cobrar y lentísimos para solucionar.

Una intervención no muy complicada ha requerido de no sé cuántas llamadas y visitas infructuosas de fontaneros que se quitaban de en medio sin solventar nada y prometían reparaciones que dejaban sin hacer.

Desesperado, Fran me decía el pasado viernes que ya había dado con uno que iba a resolver el entuerto.

Ya nos han fallado otros tres le recordé.

Este no. Este vendrá el lunes y lo dejará todo arreglado.

Le pregunté por qué tanta confianza.

Porque es el único que ha rodeado la alfombra de entrada al baño sin pisotearla.

Ayer fue lunes. El baño ya está impecable.

viernes, marzo 27, 2026

Soria

Para ver Soria hay que ir a Soria.

No pilla camino de ningún lado.

Esta semana he ido por trabajo y confirmé que me embelesa, con el encanto propio de lo sencillo.

A mí, sevillano, me enamoran los enclaves machadianos. Me identifico con esa tristeza andaluza que el genio proyectó en ellas. Ciudades de piedra lejanas a las paredes de cal blanca de su infancia. Tanto que me cuesta distinguir, cuando ya no son más que recuerdo, si aquel portón era de Baeza, si ese instituto era de Segovia, si los paseos bajos árboles sin hojas eran de Soria. 

Cada cierto tiempo vuelvo para reencontrarme con la verdad de cada una de ellas.

Este miércoles bajé hasta el Duero por donde imaginé que bajaba él, paseé sus orillas con su caminar pausado, agarrado a su abrigo en noches invernales, aguantando el viento que yo aguanté.

Asomado a su río, al caer la noche, sin que nadie nos viera, le dejé mis ojos por un buen rato.

jueves, marzo 26, 2026

Anónimo

Cuando uno pasea con espíritu anónimo, sin mirar para adentro, se da cuenta de cuántos mundos hay en este.

Personas que cavilan sus entripados con caras serias, parejas que hablan entre sí, niños que se parten de risa delante de un balón, ancianos que te ven pasar con la melancolía de sus mejores años.

Hacer ese ejercicio es una forma de derretirse: ¡miles de millones de personas con sus cuitas!

Nos comunicamos poco: desconocidos que se cruzan con desconocidos.

Por eso me gusta defender esta ventana, donde nos hablamos pese a no habernos mirado a los ojos.

Saber del extraño es sentirse menos solo.

Berlín

Yo iría cada cierto tiempo a Berlín para recordar la brutalidad de la guerra.

Es más, de poder hacerlo, enviaría a colegios enteros a visitar lo que fueron los campos de concentración, a entender lo que supuso el muro, a observar los restos de la iglesia conmemorativa del káiser Guillermo.

Entender cómo todo se puede ir al precipicio por el horror de lo peor del alma humana.

Yo llevaría allí a Trump y lo dejaría una semana, a solas, en el horror de Sachsenhausen.

domingo, marzo 22, 2026

Gracias

Me gusta que me den las gracias cuando las merezco.

Llevo mal el que se actúe sin ese comportamiento mínimo de educación en nuestras relaciones personales. 

Mis baterías se cargan, en cualquier aspecto de la vida, cuando se me agradece, aunque sea con la mirada, el haber estado ahí.

No creo a quien dice hacer las cosas sin pensar en la reacción de los demás.

Yo no actúo para ser reconocido, pero sí necesito de la otra parte una sonrisa. Un gesto.

Porque yo siempre intento darlo. Porque no entiendo la vida sin afectos.

sábado, marzo 21, 2026

Papel

Los perros también se cansan de ser perros.

Es tierno cuando ves a uno achacoso, siguiendo a duras penas los pasos de su dueño. Ya quedaron lejanos los tiempos en los que tiraba impetuoso de la correa, para ser ahora el perezoso al que tienen que jalearle para que siga caminando.

Son esos que se sientan al solecito en la terraza de un bar, junto a su humano, cotilleando con ojos somnolientos todo lo que se mueve alrededor.

Hasta que alguien se acerca y lanza, simulando oficio, dos ladridos.

Alhóndiga

Yiyi y yo lo vimos claro en cuanto le conté nuestro viaje a Bilbao.

─Esos días nosotros estamos en Castro Urdiales ─me dijo.

Maquinamos no decirle nada a mis hermanas y nos plantamos en Sondika. El punto clave era la Alhóndiga y la hora, las cinco.

'Vamos cincuenta metros por detrás', me dijo por WhatsApp.

Yo mantenía la conversación con Raquel, Fran entretenía a Mónica.

'Entra por aquí', le escribí, 'nosotros lo haremos por el otro lado'.

─Qué sitio más chulo ─comentaba Mónica, siempre reacia a viajar, pero la más entusiasta cuando lo hace.

Rodeamos el parque de columnas, les hice mirar la piscina colgada del techo, el juego de luces en el hall central.

─¡¡¡Ah!!! ─gritó mi hermana─. ¡Si es el tío Yiyi! ─exclamó─. Pero ¡qué casualidad!

Nos gusta jugar a emocionar.

Casera

En la cafetería de la estación de trenes de Valladolid aprendí que las manchas de la ropa se quitan con Casera blanca.

─Mira, reluciente ─me dijo la camarera que me solucionó el manchurrón de tomate en el pantalón─. Vete ahora al baño y pon la pierna bajo el secador.

Así que ya siempre tenemos una botella en la nevera.

Recién llegado a casa del trabajo, esta semana, le pregunté a Fran por una camisa que no encontraba.

─¿La de la mancha? ─me preguntó.

─¿Cómo sabes que...?

─Pues porque me la encontré chorreando sobre la silla con una botella de Casera abierta en medio de la mesa.

─Ahá.

Izquierda

Llegaba apurado a la cita de las siete del museo del Patio Herreriano.

─¿Ha empezado ya?

─Hace dos minutos, en la primera planta ─me dijo la chica de la entrada─. En cuanto salgas al patio, gira a la derecha y ahí tienes ascensor y escalera.

Con mi dislexia de considerar las indicaciones al revés, giré a la izquierda y me encontré con una cinta que impedía el paso. Tenía tanta prisa y la indicación había sido tan clara, que atravesé la cinta en busca de esa escalera.

Ante el conflicto, pudo más la orden que la lógica.

Una mujer de seguridad se asomó.

─Caballero, ¿no ha visto que ahí no se puede entrar?

─La chica de la taquilla me ha dicho a la derecha ─me excusé.

Entonces la vigilante me destrozó con la mirada.

─Claro ─señalé al otro lado del patio─, es la derecha de allí.

¡Hala!

Siempre que puedo, que es siempre, me acerco a las visitas guiadas de las siete de la tarde del museo de arte contemporáneo de Valladolid.

Yo me planto allí a que me cuenten lo que me quieran contar sobre la exposición temporal que haya en esos días.

Esta semana tocó descubrir, con mucha emoción, la obra del sensibilísimo Xisco Mensua.

El guía, no dejéis de acudir a esos recorridos gratuitos, nos hablaba de los encuentros con escolares de Primaria.

Sean de colegios públicos o privados, del centro de Valladolid o de Cabezón, los niños más pequeños siempre sueltan la misma expresión al entrar en una de estas salas.

Los cinco visitantes preguntamos cuál.

Todos se quedan paralizados y dicen: ¡Hala!

Cuenta cómo entonces se acercan con extrema curiosidad a analizar colores, figuras, a girar las cabezas, a imaginar historias.

En cambio, cuando vienen los mayores, en muchos casos sus expresiones son muy distintas: 'vaya mamarrachada de cuadro' o 'eso lo hago yo con los pies'.

Yo soy bastante de Primaria.


domingo, marzo 15, 2026

Fáciles

Fran y yo somos muy fáciles para decir sí. En cuanto nos llaman para quedar, lo hacemos.

No hay más impedimento que el que físicamente estemos allí donde se nos requiere. Todo lo demás se puede arreglar.

Porque toda la gente a la que queremos es mezclable, así que no hay excusa basada en el ya hemos quedado.

Solo nos faltabas tú.

Nuestra vida es una mesa abierta con una silla siempre libre para ti.

Beneficios

Cuando una empresa española presenta un balance anual de beneficios multimillonarios lo primero que hago es alegrarme y lo segundo es preguntarme ¿es sano?

Porque si esta compañía pongamos, por ejemplo, que se dedica a la venta de productos de alimentación y limpieza, artículos de primera necesidad, cada año gana miles de millones de euros, pienso dos cosas: está muy bien gestionada y, me resulta evidente, los precios están inflados. 

¿Alguien duda de que tienen un acuerdo tácito para no hacerse daño entre ellas?

Ocurre lo mismo con la banca, las eléctricas, las petroleras... 

Esos beneficios galácticos van a la cartera de unos pocos, ¿es eso sano?

¿Puede existir beneficio ilimitado en sectores donde el cliente no tiene alternativa real?

No soy ningún bolivariano ni revolucionario comunista, sino una persona con sensibilidad social. ¿No debería el ser humano, a nivel transnacional, establecer unas reglas que permitan revertir hacia la ciudadanía una parte de esos ingentes beneficios que no vienen sino del consumidor?

Cuando las ganancias pasen de lo rentable a la usura tiene que haber un retorno hacia lo público.

Es obsceno que nos hablen de miles de millones de euros de beneficios y que, además, protesten cuando se les dice que hay que mejorar el salario mínimo o disminuir la jornada laboral.

Es buena gestión, sí. Y es avaricia.

Remo

Mi tío Yiyi me salvó cuando yo era un renacuajo de 12 años.

Celebrábamos un bautizo y él se me acercó:

Borete, estás muy delgado. Te convendría hacer deporte, socializar, no estar todo el día encerrado en casa haciendo deberes.

Yo lo miraría con mezcla de pánico y súplica. Pánico por lo que pudiera proponerme, súplica por que me lo propusiera. Necesitaba que alguien me sacara de mi agujero.

A la semana siguiente ya estaba entrenando, ¡todas las tardes!, en un club de remo. Anchoa, íntimo de mi tío, sabía qué hacer conmigo.

Tenía que coger un autobús, plantarme allí, sufrir lo más grande con ejercicios espartanos que no había practicado nunca.

Estaba naciendo otra persona en mí.

Mi tío Yiyi, ¡cómo lo echo de menos!, me salvó.

Huyendo

Creo escribir las novelas desde la libertad más absoluta, sin controlar hasta qué punto mi pasado guía mis letras. Todo aquel mejunje de emociones acumulado en no sé qué lugar de mí.

Cenaba con Leo en Madrid y me comentó que el primero de mis libros que le llegó a Bolivia fue 'Huyendo de mí', una novela en la que retrato mi eterna crisis con una vida laboral que no termina de casar conmigo.

El protagonista era Leo me decía Leo y su profesión era la arquitectura como la suya.

Cuando construí esa historia hacía 20 años que no nos veíamos y pensé que ese nombre y esa profesión las saqué de la nada. Sin embargo, al otro lado del océano, alguien se vio reflejado.

Seguramente porque era así.

Dormir

Se habla del placer del sexo y la comida, pero poco del disfrute del dormir bien.

Desde pequeño siempre ha sido una cualidad que me define. Sí, una cualidad, como puede serlo tener una dentadura perfecta o habilidad para hacer buenas paellas. 

Yo sé dormir bien.

Puedo caer rendido donde sea a cualquier hora con solo proponérmelo. Y al despertar, empiezo, otra vez, un nuevo día.

Hay veces en las que Fran llega muerto del trabajo y tenemos alguna movida social comprometida. Entonces le insisto:

Échate un rato.

Pero si tenemos que salir en media hora.

Inténtalo.

¡Yo no soy tú!

sábado, marzo 14, 2026

Rosalía

Enganchado a un vídeo de la actuación de Rosalía en los premios Brit en Manchester, cuando me dio por mirar al público me horroricé al ver que todos alzaban el móvil para captar vídeos intrascendentes que luego podrían tener sin problemas por canales oficiales.

El otro día, en cambio, me dio por ver el último concierto en directo de Michael Jackson. Un disfrute total en el que los espectadores se entregaban al baile mientras observaban la coreografía de su ídolo.

Qué torpes somos.

Champú

Tras mi cena con Leo en Madrid, me di una ducha en el hotel para calmar el cuerpo.

Desprevenido, el olor del champú me llevó a México. Fue un electroshock sensorial.

Apagué la luz, volví a la ducha y me embadurné la cara de espuma para intentar encontrar dónde en México. Si fue también el champú del hotel donde estuve alojado cuatro meses, si lo fue el ambientador de la enorme habitación o de aquel restaurante cuadrado, en medio de la avenida principal de Torreón, donde solía comer arracheras.

El caso es que viajé en un instante allí donde, también, fui muy feliz.

Me resulta curioso analizar el comportamiento de aquellas personas que siempre responden con un 'no'.

Eso no existe diría una de ellas.

Al menos en el círculo en el que me muevo, sí que las encuentro. A veces, incluso me gusta ponerlas a prueba, sin que ellos lo sepan. Como ya los tengo catalogados, lanzo una afirmación sin mayor importancia:

Ya se va notando que llega la primavera.

No, Salva. Aún vendrán días de mucho frío.

Pero si me muevo a su terreno, tampoco cambian.

Es cierto, el tiempo a veces nos confunde.

No, Salva, siempre ha sido así.

Tienes razón.

No, si lo que tú dices tiene sentido.

Qué majo eres.

No, no te creas, Salva.

¿Te tomas un café?

No, prefiero un té.

¿Verde?

No, negro.

martes, marzo 10, 2026

Dientes

Viajar a menudo y compartir horas con gente de otras culturas me hace construir teorías que no sé si se sostendrían científicamente.

Desde hace tiempo tengo una acerca de la salud buco-dental y de un indicador fiable, creo, para medir el nivel económico de un país: el uso del palillo de dientes.

Sé que en España ir al dentista es casi una actividad de lujo, pero también me consta que está en nuestras prioridades cuando la boca empieza a dar problemas.

Lo que es cierto es que, cuando termino una cena de trabajo, es más habitual ver a un portugués buscar, con educación, cómo hurgar entre sus dientes; mucho más cuando se trata de un turco; casi cotidiano si hablamos de un marroquí.

Siento que cuanto peor es la economía de un país, menos sanos son sus dientes.

lunes, marzo 09, 2026

Perfección

Soy muy enemigo de la perfección.

A mi equipo le insisto en esa idea: no nos dejemos llevar por el purismo de hacer que no haya un solo reproche a nuestros trabajos, porque es la mejor forma de paralizarnos. 

Igual de aplicable a la vida cotidiana: querer lucir divino, caer bien a todos, ser impecable en las formas es un generador de sufrimiento.

Nuestro mundo avanza cuando se actúa, buscando, eso sí, lo mejor de nosotros mismos.

Pero saber decir hasta aquí.

Porque somos, en esencia, imperfectos. Actuemos con nuestra mejor voluntad. Es lo máximo que debemos exigirnos.

domingo, marzo 08, 2026

Iraníes

A los defensores de las brutalidades cometidas en Gaza e Irán se les llena la boca defendiendo las causas feministas y LGTB de esos países como argumento principal para defender que se los masacre.

Deberían empezar por defenderlo en su propio país.

¿Quién es tan inocente para creer que Trump está devastando Irán para liberar a sus mujeres? 

¿Quién, en su sano juicio, duda de que no lo haría de no ser por las cantidades ingentes de petróleo que atesora en su suelo?

Yo estuve trabajando en Teherán y vi esa realidad infame del trato a la mujer. Un país gobernado por una teocracia intolerante que no respeta los derechos de su pueblo. Y no es buscando la destrucción total, como se jacta el payaso americano, como se busca el bien de un país.

De esas bombas saldrá más odio aún. Más destrucción.

Hay medidas mucho más eficaces para hacer cambiar el destino de un pueblo sometido: condicionar la compra de bienes materiales a que se respeten derechos básicos sería un buen principio. El persa es un pueblo viejo, que entendería bien que para vender caviar o petróleo tendría que reorganizar su mundo.

Medidas que tienen que ver con las leyes y la palabra. Pero debemos querer utilizarlas.

Y ni siquiera la vieja Europa ha querido hacerlo. Puede más la codicia. Por eso, casi todos, miran para otro lado.

Leo

Cuando yo era un jovencito en la veintena muy metido en el armario, tras escribirme durante meses con un chico boliviano que me enviaba cartas preciosas desde el otro lado del Atlántico, reuní todos mis ahorros para viajar a verlo.

El encuentro no fue lo esperado porque no hubo química, pero sí un profundo respeto entre los dos. Allí pasé dos semanas maravillosas recorriendo un país que quedó para siempre en mi corazón.

Poco después él me devolvió la visita a Sevilla, cargada del mismo cariño. De eso hace media vida.

En todo este tiempo hubo contacto esporádico gracias a que nos reencontramos por las redes sociales. Entonces supe que se había ido a vivir a Barcelona, que había adoptado a una niña, que triunfaba con su carrera de arquitecto.

Hace unos días me envió un mensaje:

Tengo el corazón hecho pedacitos, Salva.

Esta noche seremos dos señores maduros los que nos encontremos, treinta años después, en un restaurante en Madrid.

Hay abrazos que no pueden esperar.

Flor

En la Feria de Sevilla las mujeres se colocan una flor en el pelo.

¿Hay algo más absurdo? ¿Algo más hermoso?

Cuando te cruzas por las calles de mi ciudad a turistas extranjeras con esa rosa en el moño, te das cuenta de que es una seña de identidad, un intento de asimilarse al paisaje que visitan.

Anoche una dominicana me servía una tarta de queso en un restaurante del centro, con todo el arte del país caribeño. Al darse la vuelta, le vi el clavel prendido a su cola.

«Soy mujer y soy luz».

jueves, marzo 05, 2026

Carmen

"Salva, vente a Valencia", me animó Carmen Estellés hace unos días.

Allí se reunía con dos amigas, Jone y Ana, que llegaban desde Bilbao y Zaragoza para visitarla.

Vi que esos días estaba en Valladolid, que este viernes tenía el estreno de la obra de mi querida Carmen Tamayo, que no me cuadraban las fechas y me disculpé, dolido por no tener la libertad de unirme a ellas.

El jueves me envió fotos desde la plaza de la Catedral. 

Se conocieron a través de mis textos de cada tarde, de comentarlos.

¿Quién me dice que no merece la pena este abrirme en canal diario?

Solo por esa foto, por la amistad entre ellas tres, ya todo tiene sentido.

sábado, febrero 28, 2026

Viernes

Todos los viernes me hago la misma pregunta al comenzar a cenar: ¿merece la pena tanta ansiedad?

Entonces me siento frente a Fran en alguno de nuestros lugares favoritos, descargo durante quince minutos la carga emocional de la semana de trabajo y termino con un brindis con las pulsaciones más controladas.

La vida es muchas veces algo distinto de lo que un día soñé, pero el balance al terminar la cena de los viernes es que, quizás, no me equivoqué del todo.

Cuando tocaba tomar las grandes decisiones, era joven e inexperto. No imaginaba lo que supondría vivir.

Ramires

Los sábados que estamos en el Algarve nos gusta ir a comer al Ramires, en Gaia.

Es un establecimiento inmenso con un trasiego enorme en el que no hay carta: se come pollo. Puedes pedir una ensalada, un vino o unas aceitunas, pero ahí se va a lo que se va.

Lo más llamativo de ese restaurante, abierto desde 1964, es que dentro de su numeroso personal los que han sido elevados a categoría de encargados son mayoritariamente de origen indio.

A eso le llamo yo integración. Gente que viene a currar y, además, lo hace bien, mejor que la media.

Interés

Tengo la amarga virtud de prestar nula atención a lo que no me interesa.

Y es amarga porque no me conviene: no me gustan los coches y me dedico a fabricarlos.

Así que tengo que tirar de Fran cuando me preguntan por el último modelo de Renault. 

—He pensado comprarme un Mégane, Salva ¿qué acabado me aconsejas? me preguntan por WhatsApp.

Entonces miro a Fran.

Dile que el híbrido, acabado Techno.

Yo transmito el mensaje.

Gracias, Salva me responden—. Eres un crack.

Y yo vuelvo a mis libros.

822

De vez en cuando nos gusta escaparnos a un bar en las afueras de Sevilla donde sirven un cachopo delicioso.

Son cuajones al servir, sin dejar de ser amables. Tienen una buena carta de vinos, pero casi nunca les queda lo que pides. Fran, nuestro enólogo particular, acertó tras dos intentos fallidos:

Un 822.

El camarero, al rato, vino con la cabeza gacha para darnos malas noticias. 

Me temo que no nos queda...

Tan bajito hablaba, tan mal pronunciado, tan mirando para abajo... que confundimos la mala noticia.

No nos queda o-cho-dos-dos —dijo en un susurro.

¡Que no queda cachopo! gritamos al unísono.

No, ca-cho-po sí, o-cho-dos-dos no.

Inservible

Cuando las cenas en casa son de postín, y siempre hay excusa para que lo sean, Fran monta una mesa espectacular.

Y si la noche se tercia, planta el barnacle en el centro: una concha fosilizada de muchos agujeros que compró, una noche fría, en Cambados.

Un precioso objeto inútil de azules y blancos.

Tener cosas que no sirven para nada es entenderlo todo.

Papa

Hay días en que te miras en el baño de un bar y te dices:

—Vaya cara de torta de aceite que se me está poniendo.

El rostro va configurándose con los mandamientos dictados por la genética y antes que después saldrá una aplicación de inteligencia artificial que te mostrará una foto hiperrealista para decirte:

—Ese viejo serás tú.

Entonces, antes de volver al bar, le guiño el ojo al espejo.

Teléfono

A los que nos gusta resolver se nos utiliza:

Oye, Salva, ¿podrías enterarte de qué medidas están tomando en la fábrica X para solucionar el problema Y?

Por no crear conflicto, me ocupo de mover todos mis resortes para darle la información al compañero, así que tiro de mi contacto Zutano.

Una vez que le explico cómo la fábrica X pretende solucionar el tema Y, me repregunta:

¿Y cómo van a organizarse?

Entonces sale el Farruco que hay en mí:

Pues puedo pedirle a Zutano que le pregunte a Mengano si es posible que Salustiano le diga cómo se va a organizar Filipino, pero sería más sencillo que tú llamases a tu contacto Filipino.

Condenados

Más de cuatro mil hombres encarcelados y casi cuarenta mil condenas el año pasado por violencia contra la mujer.

No es un hecho interpretable, es la realidad.

Son hombres los encarcelados y mujeres las muertas.

Y por cada mujer muerta hay cientos que han sido ultrajadas, miles que sufren los empujones como lenguaje familiar.

Ocurre que hubo un tiempo en el que la sociedad conjuntamente se conjuró para atacar el problema de raíz, dando herramientas a la mujer amenazada para que tuviera espacios seguros, protección policial, sistemas de alerta.

Hoy, por desgracia, más de un quince por ciento de la población vota a un partido que niega la mayor, que promete eliminar esos lugares seguros, que afirma que esa realidad no existe. Hoy, por desgracia, un partido que gobernó España, que siempre votó, sin entusiasmo, a favor de las políticas contra la violencia de género, ahora empieza a rebajar esa protección con la intención de gobernar. Un partido que comienza a asumir que su feminismo es el de Vox. El feminismo de Vox.

Vergüenza.

Tele

El mejor momento del día es la cena, la ocasión de sentarnos frente a frente y contarnos qué tal nos ha ido el día.

La lucha, a veces, es contra la tele. Mientras que uno pone la mesa y el otro termina de preparar la ensalada, suena el telediario, que nos va provocando paraditas para ver la última barbaridad de Trump o los insultos cruzados en el Congreso.

El caso es que nos sentamos y, en algunas ocasiones, se nos olvida apagarla. Y comemos hipnotizados, sin mirarnos.

Cuando uno de los dos cae, toma el mando y deja la casa en silencio. 

Es cuando empezamos a disfrutar.

jueves, febrero 26, 2026

Uuuuuuu

Teníamos un amigo en el País Vasco del que me acuerdo cada vez que lo imito.

Fueron tantos años de amistad que se me pegó un tic sonoro que él utilizaba cuando nos enfrentábamos a alguna situación esperpéntica, de estas en las que una persona te cuenta una milonga.

Entonces él soltaba un 'uuuuuuuuuu' bajito, agudo y casi infinito.

Gentes tan incoherentes que me obligan a soltar ese ruido, como el de una olla a presión muy caliente, para evitar que explote:

Uuuuuuuuuuuuuu...

Fran me escucha y se muere de la risa.

miércoles, febrero 25, 2026

Pichet

En España no se estila la tradición del 'pichet'.

Esa jarrita de cristal de vino de la casa para acompañar las comidas.

No paro de repetirle a Fran: tenemos que hacernos con uno. Aunque sea por recordar los maravillosos años vividos en París 

Pero en realidad no quiero ver pichets en España, porque si todo estuviera en cualquier sitio perderías el cosquilleo de llegar a Francia y darte el gustazo de pedir:

Quiero un pichet.

martes, febrero 24, 2026

Calabacines

 Deme un calabacín, por favor.

Soy de ir a la frutería y pedir así la verdura, porque no tengo integrado cuánto es medio kilo de nada. Y lo que yo quería era un calabacín.

Tres filetes empanados pido en la carnicería.

Te pongo cuatro, que son muy pequeños.

Vale.

La mujer se sonrió con mi respuesta.

Soy fácil —le aclaré.

No cambies nunca —me dijo—. Así le haces la vida más agradable a los demás y te sientes mejor contigo mismo.

Espero que estén buenos, porque ya solo quiero filetes de esa carnicería.

lunes, febrero 23, 2026

Gemelo

Fran tiene la teoría de que mi hermana Mónica y yo somos gemelos, pese a que entre ella y yo nació Raquel.

Es igual, tú te quedaste esperando en la barriga de tu madre.

Todo lo que ve en Mónica, lo ve en mí: su constancia, su capacidad de aislarse, su torpeza para cocinar, su forma de menear la cabeza para decir que no.

Es tanto así que a los cuatro hermanos nos nombra así: la gemela (Mónica), la hermana de los gemelos (Raquel), el gemelo (yo) y el hermano de los gemelos (David).

Cuando actúo como lo haría ella, me grita:

¡¡¡Gemelo!!!

Y es cierto que yo, a veces, antes de que él diga nada, me digo:

Sí, gemelo.

domingo, febrero 22, 2026

Tráfico

Conducir mucho en carretera también da lecciones de vida.

Sin ir a los casos extremos de accidentes que quedan grabados para siempre en la memoria, hay determinados comportamientos que te hacen reflexionar sobre el alma humana.

Y hay uno especialmente delicado: el comportamiento de los mosquitas muertas.

Son esas personas que, a la búsqueda de su propia seguridad, ponen en peligro la de los demás. Conductores que van a 40 kilómetros por hora en carreteras que permiten ir a 90, lo que bloquea a quien va detrás y necesita llegar a su cita en un tiempo razonable. Obliga a la otra persona a maniobrar con una tensión innecesaria. No se mata el que entorpece, se mata el que acaba arriesgando.

La seguridad no es ir más lento, sino a la velocidad adecuada.

No es frenar al mundo, sino circular con él.

jueves, febrero 19, 2026

Agradable

Ser agradable no está de moda.

Soltar una barbaridad con la excusa de que ya no se puede hablar de nada es la nueva tendencia. Denigrar al diferente argumentando que tenemos la piel muy fina. 

Es que me gusta hablar claro —se vanaglorian algunos.

Se cuentan por multitudes quienes no son conscientes del valor del respeto hacia el otro.

¿Quién iba a decirnos que daríamos tantos pasos hacia atrás?

Educación

La verdadera educación se descubre en el anonimato, en cómo se comporta uno cuando nadie lo ve. Qué dejas tras de ti al salir del baño, al abandonar tu habitación de hotel, al pasear sin gente alrededor.

Educación no es solo actuar de forma correcta en público; es, sobre todo, manejarte con elegancia en privado.

martes, febrero 17, 2026

Agridulce

A mí la comida asiática me entusiasma tanto como me cansa.

Si voy a un japonés o a un chino, que disfruto como un enano, ya estoy vacunado para varios meses. Como si ese arroz frito o los rollitos de primavera se quedaran en mi estómago como defensores de un castillo.

No es el caso de Fran, que me trata de camelar siempre que bajo la guardia, sobre todo usando el argumento de la modernidad:

—El chino de la calle Trajano es espectacular, el japonés que han abierto en Miguel de Mañara, todo el mundo habla de él.

Acaba por convencerme. Lo que ocurre es que leo la carta y acabo pidiendo lo mismo:

—Quiero cerdo agridulce —le digo.

—¡Esto es un japonés!

—Ah, entonces pollo teriyaki.

—¡Cateto!

Prefiero que arriesgue él antes que jugármela.

Aliñado

Tengo una compañera brasileña con la que trabajo a menudo.

Ella desde su fábrica de Curitiba, yo desde el lugar en el que ese día me toque estar. El caso es que nos llevamos muy bien, tenemos una visión similar de cómo orientar a los equipos y, sobre todo, de lo que no hay nunca que hacer.

Su español es perfecto, aunque de vez en cuando mete alguna palabra en portuñol.

Entre ellas está mi preferida, una que utiliza a menudo precisamente para constatar que estamos bien alineados.

Estamos aliñados, Salva.

Claro que sí. Siempre aliñados.

lunes, febrero 16, 2026

Rutina

En cuanto entro en días que se repiten, rompo la baraja.

Me asusta la comodidad de los días iguales, cuando sé que gran parte de la humanidad sueña con el calmado discurrir de escenas copiadas de un día para otro.

Si adquiero unos hábitos, los destrozo. Escribir siempre de seis a ocho, ver por castigo los programas que me gustan, cenar crema de calabacines los jueves, hacer la compra los lunes en el Carrefour. Si voy mucho al teatro, ya quiero cine; si paseo por el parque, ya busco el río.

Lo que no quiero es perder el abrazo de cada noche al dormir.

domingo, febrero 15, 2026

Empatía

El más peligroso de los humanos es aquel que desconoce la empatía.

El que cree que su país es el único mapa posible, que su calle es el centro del universo, que su rellano es la frontera definitiva.

No sé cómo se mide la empatía de un pueblo. No hay termómetros en las plazas ni análisis de sangre colectivos, pero es seguro que la hemos dejado caer sin darnos cuenta.

Qué bueno que surgiera un científico prodigioso que supiera encontrar la vacuna contra la desgana hacia el otro. Vacuna obligatoria, de esas que nada más pinchártela te hiciera decirle al enfermero:

Gracias por cuidar tan bien de mí.

viernes, febrero 13, 2026

Beticucho

Hay quien dice las cosas con gracia y le admites casi todo. Hay otros que, aunque te elogien, te incomodan.

El otro día, alguien que me quiere bien me llamaba, con mucha guasa:

Beticucho, ateo y rojillo.

Oye, pues sí. Qué bien sienta que a uno lo definan en tres palabras.

Visión

En nuestras oficinas de Madrid hay menos salas de trabajo de las que necesitaríamos. Nos llevamos las horas creyendo que solucionamos el mundo con nuestras reuniones.

La teníamos reservada y, llegada la hora, seguían dentro. Así que tuvimos que abrir la puerta para recordarles que había gente esperando.

Cuando pasaron las dos horas de nuestra reserva, enredados en nuestros planes de acción para acabar con esto y rematar lo otro, vi a un hombre desde fuera del cristal haciendo gestos.

Mira, Manuel, ese hombre te está saludando.

No, Salva, está haciendo aspavientos para que desalojemos la sala.

Voyeurs

Es gracioso el juego del voyeurismo en redes sociales.

Gente que dice estar al margen y se delata, por querer presumir de una pureza que los demás ya perdimos.

Me ocurre con personas que frecuento, con las que charlo y a las que nunca he visto poner un comentario, un 'me gusta' o una sola publicación. Hasta que hacen mención a algo que solo pueden saber de mí por mis escritos diarios.

—Ya eres el único con el culito de vino para el postre —me dicen, cuando terminamos la cena.

No hay marcha atrás. Ya no tiene arreglo. Al soltarlo saben que acabo de averiguar que me leen, cuando insisten en no saber de mis textos.

—¿Qué es eso del culito de vino? —les pregunto.

Les delata, entonces, su sonrisa.

lunes, febrero 09, 2026

Carca

Casi todos los medios de comunicación tienen una empresa detrás que busca beneficios. Como es normal en una empresa.

Hay excepciones, agradabilísimas, en que son los lectores quienes pagan una suscripción para mantener una línea editorial independiente de los grandes conglomerados informativos.

Lo cierto es que una parte inmensa de la información nos llega sesgada por intereses empresariales que, habitualmente, no están con la clase trabajadora, sino con la que decide. Con la que quiere más beneficios, menos impuestos, más liberalización. Algo respetable, faltaría más, pero muy de derechas.

A un consejo editorial le sienta mal que aumenten los derechos de los trabajadores, los permisos por maternidad, las horas semanales de trabajo.

Todo es muy sutil, pero a nosotros nos llega una información sesgada. No leemos lo que nos conviene, sino lo que les conviene.


Ella

La gente que es ella, ella y ella... acaba sola.

Lo hablábamos hace poco y, los que lo hacíamos, coincidíamos: hay personas que no saben no hablar más que de sí mismas.

Que desconocen lo que es abstraerse del yo para pensar en el otro.

Todo lo llevan a su terreno, cortan siempre para introducir sus vidas, buscan al hueco para colarse dentro, entran en la pista para desalojarla.

¿Qué ocurre? Que dejas de llamarlas, de contar con ellas, de proponerles citas, de invitarlas a cenar.

Aunque las quieras.

El problema, grave, es que no son conscientes.

Pero ¿quién se moja tanto para ponerles el espejo?

¿Qué derecho tenemos a decirles a los demás cómo pensamos que tienen que ser?

Vida

Tu vida depende de cómo te la cuentes: todo está en tu relato.

Puedes ser un triunfador a ojos de los demás que, a veces sin tú quererlo, tu propia mente puede devolverte una imagen cuarteada de ti, alimentada por complejos que te hacen engrandecer la parte gris que todos tenemos.

Tampoco es cuestión de endulzar tu día a día para hacerte creer el rey del mambo, los desequilibrios no se sostienen.

Yo lucho por valorar en su justa medida aquello que soy, los méritos que tengo, mis fortalezas para fomentarlas, mis flaquezas para currármelas, pero siempre desde una óptica benevolente conmigo mismo.

Somos nuestros mejores cómplices, no nos destrocemos por no haber llegado hasta allí.

(Allí no llega nadie).

Pijos

Hay adjetivos que son difíciles de definir, porque tienen que ver mucho con la experiencia de aquel al que le preguntes, con el lugar donde nació, en qué colegio estudió o dónde le gusta tapear.

Uno de esos calificativos es pijo. ¿Qué es ser pijo?

No tiene que ver con el carácter, seguro que no, porque los hay divertidísimos, me consta, y grises como ceniza.

Sí podría tener mucho que ver con venir de una familia de dinero, pero yo he conocido pijos cuyos padres no llegaban a fin de mes. También suele relacionarse con tener ideología de derechas y algo de eso puede que haya, aunque me cuesta pensar que tenga que ser así. Tal vez con amar las tradiciones, aunque conozco mucho revolucionario que sale con su hermandad de procesión.

A mí, cuando me dicen de una persona que es pija, pienso que no perdona la hora de merendar.

domingo, febrero 08, 2026

Ridículo

Si Trump tuviera un mínimo de inteligencia emocional comprendería que el ser humano lo recordará como uno de los personajes más ridículos de la historia.

De los más incapaces y, sobre todo, de los más abyectos.

Tiempo al tiempo.

Y eso, para un narcisista de libro, es la peor pesadilla imaginable. Lo que ocurre es que tiene una camarilla a su alrededor, riéndole las barbaridades que salen por su boca, que bloquean cualquier conexión con la realidad de la imbecilidad que él representa.

Estar en ese altar de lo abominable junto a gobernantes infames, por los siglos de los siglos, sería un factor que podría ayudar a convencerlo, pero de un tipo tan rastrero no se puede esperar la mínima sensibilidad.

Ya caerá.

sábado, febrero 07, 2026

Irlandés

Dábamos un paseo por el centro de Sevilla cuando un extranjero rubio de unos cincuenta años se nos acercó con el móvil y nos mostró el nombre de un bar irlandés, hablándonos con sonidos onomatopéyicos, como si fuéramos monos.

Le indiqué, en inglés, que se encontraba cerca de allí, así que le acompañamos deshaciendo nuestro camino para mostrarle dónde.

Es ese edificio rojo de allí le señaló Fran.

El tipo se fue hacia allá sin dirigirnos la mirada.

You're welcome le dije.

Pero ni se coscó.

Así que grité todo lo fuerte que pude.

You are welcome!!!

Entonces sí, se giró, avergonzado, y subió el pulgar hacia arriba.

¿En qué hogar se han educado determinadas criaturas?

viernes, febrero 06, 2026

Cena con Iván Filipina

Cenábamos esta semana los tres en El Contenedor, Iván, Fran y yo.

¿Entre tus amigos hay quienes simpaticen con la extrema derecha? le pregunté a Iván, ávido de hablar de todo.

¿Cómo va a haberlos, Bore? Me encanta que me llame Bore. Si en mi pandilla hay una filipina, un chino y un boliviano.

—Cierto —reflexioné.

Con 23 esplendorosos años, me inquieta que mi sobrino se deje llevar por esos cantos de sirena de quienes no tienen idea de lo que fue el fascismo.

No sabes cuánto me alegro, Iván.

jueves, febrero 05, 2026

Cappuccino

Bajando en coche desde Valladolid, tras una semana intensa de trabajo, paré en Salamanca para tomar un café y así evitar quedarme dormido al volante.

Y ya que paro en Salamanca, paro en Salamanca.

Así que aparqué junto a la Plaza Mayor, para extasiarme, y busqué una buena cafetería desde donde disfrutar del ambiente de la ciudad, aunque fuera 15 minutos hasta continuar la ruta a Sevilla.

La chica que me sirvió no podía ser más linda.

Un capuchino, por favor.

Cuando no conozco el sitio, el capuchino suele ser la mejor opción para evitar tomarme un café sin gracia.

La niña le puso tanta simpatía, tanto esmero, ¡tanto chocolate!, que no había quien se lo bebiera. Apenas estábamos ella y yo en el local. Así que aproveché que entraba en el almacén para correr con el café hasta el baño y tirar ese mejunje al lavabo. 

Volví a tiempo de que no se diera cuenta.

lunes, febrero 02, 2026

Andamios

A lo largo de mi vida me he encontrado con gente que me imponía, en todos los ámbitos. Personas con las que me ponía un peldaño por debajo solo de estar a su lado, con quienes me costaba establecer una comunicación de igual a igual. Se me vienen a la cabeza rostros muy concretos.

Superar eso me ha costado media vida. Saber que nadie vale más que nadie.

Por eso cuando alguien se acerca a mí con un excesivo respeto, hago rápido por desmontar andamios artificiales.

Motivación

Cuando uno lleva más de treinta años en una empresa, resulta complicado que le motiven los resultados de ventas, de calidad o de producción. Uno quiere, por supuesto, que la compañía vaya bien, pero también necesita otro tipo de estímulos que se centren en lo humano, en el equipo, en la alegría de compartir café con la gente que aprecias.

La vida laboral no se puede extender indefinidamente, porque el cuerpo va diseñando anticuerpos que se rebelan contra toda forma de alienación y, salvo que tu trabajo te apasione, algo que muy pocos afortunados tienen el placer de decir, llega un punto que estás hasta el gorro de aguantar presiones para conseguir objetivos.

Ya no es ésa la ficha de la que tienen que tirar para motivarte, ésa ya está amortizada por mucho que la cambien de forma y de color.

La clave está en la sonrisa de los compañeros a los que quieres.

Noticias

Siendo muy de periódicos y de telediarios, atravieso rachas en que solo me interesa, al margen de mi vida, la ficción.

Poner las noticias en la tele es tener la sensación de que no hay esperanza y no quiero vivir así.

Pasará lo peor, estoy seguro, volverán los días de luz, no lo dudo, pero, mientras tanto, prefiero tomar la última novela de Juan Manuel Gil o recorrerme el listado de películas de Filmin para olvidarme por un rato de la época que me tocó vivir.

domingo, febrero 01, 2026

Tortilla

Cuando trabajo en Madrid, me gusta cenar en un gallego donde se come riquísimo.

Siempre voy con compañeros y repetimos menú: una ensalada de lechugas vivas y tortilla de Betanzos.

Esta pasada semana me vi obligado a ir solo, pero no quería renunciar al menú. La camarera, al retirarme la ensalada y acercarme la tortilla, me preguntó, con la bandeja en la mano:

¿Quieres que te sirva media?

Vi el cielo abierto y se lo agradecí.

Me vendrá bien, la ensalada era enorme y no me gusta cenar tanto.

Entonces ella la partió, dejando salir la yema cruda, antes de servírmela en el plato. Babeaba de solo verla.

Aquí le dejo la otra media la colocó sobre mi mesa. Esa ya se la sirve usted.

Novela

Hace apenas unos minutos que he terminado mi última novela y ya siento el vacío de no volver a ella por un tiempo.

Me resulta aun sorprendente mi capacidad para conmoverme con historias que yo mismo he inventado, ese pellizco en el corazón al sentirse descubierta Marita por su hijo, mis lágrimas al acompañar a Iker para ayudar en la mudanza de su padre, la belleza de la devoción del protagonista por su primo Gorka, el dolor aterrador de perder a una segunda madre...

Entiendo que me emociono hasta los huesos porque las historias que escribo no hablan de mí, pero se construyen desde lo más íntimo de mis inquietudes: la pérdida de la infancia, la maternidad rota, el trabajo no deseado, las amistades que no fallan, lo azaroso del destino, la salud mental de nuestros mayores, el amor como solución a todo.

Y, para ayudarme en el viaje, tiro de personajes que se hicieron ya reales en novelas anteriores. Aquí volveremos a la cocina de Patri o al gabinete de rayos uva de Reyes. Son amigas leales en este mi mundo de ficción, tan real dentro de mí, como actrices de un director de cine que las necesita en el plató.

Si en 'Lo que hicieron de mí' hablaba de Álvaro, un hombre que cargaba con una culpa infantil que no le correspondía, en esta nueva novela os hablaré de Iker, un joven de salud frágil que se maneja como puede tras haber sido sobreprotegido desde muy pequeño.

¡La infancia!

Feliz de haber pasado tanto tiempo en Donosti con las Urzaiz, ahora toca corregirla, maquetarla, ponerla bonita para que en unos meses seas tú, quizás, quien te remuevas con esta historia arriesgada de herencias familiares donde la torpeza, a veces, desluce al amor.

viernes, enero 30, 2026

Cuchara

A Fran le gusta saborear los yogures con cuchara grande.

Entregárselo con una pequeña es una cierta forma de traición, porque es en esos detalles donde se concreta una relación de más de veinte años, en saber que la persona a la que quieres le gusta tomar así los yogures.

Dicen que una relación se rompe cuando empezamos a no ver al otro.

El día que me ponga una ensalada con tomates cherry, empezaré a temblar.

miércoles, enero 28, 2026

Soñar

Para mí es una victoria soñar bonito.

Porque tengo la suerte, mala o buena, de recordar con precisión los sueños. 

Así, los días en los que me levanto tras un vuelo nocturno sobre Venecia ya comienzo con buen pie.

No sé cuánto hay de ciencia en la positividad de las historias que transcurren al otro lado de la almohada, lo que sí sé es que en mis peores períodos de  estrés las pesadillas eran una noche sí y la otra también.

Así que cuando abro los ojos y recuerdo paseos infinitos en bicicleta por la luna, sé que no lo estaré haciendo del todo mal.

Alterado

Llevo dos encuentros con amigos —muy amigos en los que he saltado como una fiera.

Por situaciones en las que puedo tener razón, pero con formas que me quitan toda la razón.

No sé qué virus nos han inoculado en estos tiempos que nos hacen estar tan viscerales: yo me niego a ser así.

Porque yo quiero transmitir calma, saber escuchar, tener paciencia, ser como siempre he presumido ser. Pero, de pronto, pierdo los papeles, levanto la voz más de la cuenta y me digo:

Ese no soy yo.

Tengo que currármelo.

lunes, enero 26, 2026

Eternidad

El ser humano está obsesionado con la eternidad, sin ponerse a pensar que, tal vez, sería una pesadilla.

Existir para siempre. Qué horror. Un futuro eterno de felicidad celestial. ¿Cómo se come eso?

¿No sería más sensato pensar que la realidad está aquí y ahora? ¿Que no hay necesidad de ocupar el tiempo en pensar en otras vidas que, quizás, no vengan?

Que hay que comportarse bien porque sí, no buscando un premio.

Vivir intuyendo que esto se acaba afina la mirada.

Porque si ocurre que cuando desaparezcamos, lo hacemos para siempre, bien está. No sufriremos, porque no existiremos.

El sentido de la vida, si lo hay, está en el presente, en querernos y querer. En apreciar lo bello, en aprender de los otros, en ser cada día mejor.

No olvidemos que estamos libres de toda culpa, porque nadie nos preguntó si queríamos plantarnos aquí. Nos han educado en lo contrario, en la puñetera culpabilidad. Eso sí, ya que estamos, saquemos nuestra mejor versión.

¿Ser eternos? Qué pereza...

Uber

Lo que más me gusta de este trabajo es no tener jefe.

El conductor de Uber estaba suelto para hablar y yo aproveché.

¿Vuestro salario va asociado al número de carreras que hacéis?

No, cobramos una cantidad fija. Para que nos den un plus tenemos que echar muchísimas horas y no compensa.

Entonces comenzó a explicar el modo de funcionamiento.

—No podemos estar con el coche parado, siempre debemos estar moviéndonos —explicaba—. Si nos quedamos parados cinco minutos, porque haya un coche de la basura en la calle, nos llaman.

—¿Y si paras para ir al baño?

—Nos llaman para pedirnos explicaciones.

—Ahá...

A cualquier cosa le llama uno no tener jefe.







domingo, enero 25, 2026

Políptico

Llevaba años sin ver el Políptico y pude entrar por cuestión de minutos en la catedral de San Bavón.

Si usted no tiene prisa me dijo quien me vendió la entrada, quédese hasta el final. Es el momento más bonito del día.

Apenas éramos cinco personas, una pareja de tortolitos japoneses, un matrimonio belga de avanzada edad y yo.

Cada tarde cerraban el retablo de Van Eyck como ceremonia final, cuando ya apenas entraba luz por las vidrieras en el viejo templo gantés.

Con toda la paciencia sanísima de una espera de media hora contemplando cada detalle, el ritual comenzó.

Con un mecanismo sencillo, empezó a cerrarse de forma automática el tablero mientras un viejo canónigo nos explicaba las pinturas, tan llenas de colores en el frontal, a las que iban tapando los tablones grises que imitaban a esculturas.

La historia de este políptico es la historia de los últimos siglos en Europa, de su espiritualidad, de los movimientos políticos que lo llevaron de un país a otro.

Tuve la suerte de llegar unos minutos antes de que cerrasen las puertas para sentir la emoción de una de las escenas más bellas.

Siempre hay tiempo para el recogimiento.