¿Hay algo más absurdo? ¿Algo más hermoso?
Cuando te cruzas por las calles de mi ciudad a turistas extranjeras con esa rosa en el moño, te das cuenta de que es una seña de identidad, un intento de asimilarse al paisaje que visitan.
Anoche una dominicana me servía una tarta de queso en un restaurante del centro, con todo el arte del país caribeño. Al darse la vuelta, le vi el clavel prendido a su cola.
«Soy mujer y soy luz».
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