Los sábados que estamos en el Algarve nos gusta ir a comer al Ramires, en Gaia.
Es un establecimiento inmenso con un trasiego enorme en el que no hay carta: se come pollo. Puedes pedir una ensalada, un vino o unas aceitunas, pero ahí se va a lo que se va.
Lo más llamativo de ese restaurante, abierto desde 1964, es que dentro de su numeroso personal los que han sido elevados a categoría de encargados son mayoritariamente de origen indio.
A eso le llamo yo integración. Gente que viene a currar y, además, lo hace bien, mejor que la media.
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