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jueves, febrero 05, 2026

Cappuccino

Bajando en coche desde Valladolid, tras una semana intensa de trabajo, paré en Salamanca para tomar un café y así evitar quedarme dormido al volante.

Y ya que paro en Salamanca, paro en Salamanca.

Así que aparqué junto a la Plaza Mayor, para extasiarme, y busqué una buena cafetería desde donde disfrutar del ambiente de la ciudad, aunque fuera 15 minutos hasta continuar la ruta a Sevilla.

La chica que me sirvió no podía ser más linda.

Un capuchino, por favor.

Cuando no conozco el sitio, el capuchino suele ser la mejor opción para evitar tomarme un café sin gracia.

La niña le puso tanta simpatía, tanto esmero, ¡tanto chocolate!, que no había quien se lo bebiera. Apenas estábamos ella y yo en el local. Así que aproveché que entraba en el almacén para correr con el café hasta el baño y tirar ese mejunje al lavabo. 

Volví a tiempo de que no se diera cuenta.

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