Desde hace tiempo tengo una acerca de la salud buco-dental y de un indicador fiable, creo, para medir el nivel económico de un país: el uso del palillo de dientes.
Sé que en España ir al dentista es casi una actividad de lujo, pero también me consta que está en nuestras prioridades cuando la boca empieza a dar problemas.
Lo que es cierto es que, cuando termino una cena de trabajo, es más habitual ver a un portugués buscar, con educación, cómo hurgar entre sus dientes; mucho más cuando se trata de un turco; casi cotidiano si hablamos de un marroquí.
Siento que cuanto peor es la economía de un país, menos sanos son sus dientes.
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