Hay excepciones, agradabilísimas, en que son los lectores quienes pagan una suscripción para mantener una línea editorial independiente de los grandes conglomerados informativos.
Lo cierto es que una parte inmensa de la información nos llega sesgada por intereses empresariales que, habitualmente, no están con la clase trabajadora, sino con la que decide. Con la que quiere más beneficios, menos impuestos, más liberalización. Algo respetable, faltaría más, pero muy de derechas.
A un consejo editorial le sienta mal que aumenten los derechos de los trabajadores, los permisos por maternidad, las horas semanales de trabajo.
Todo es muy sutil, pero a nosotros nos llega una información sesgada. No leemos lo que nos conviene, sino lo que les conviene.
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