Fran tiene la teoría de que mi hermana Mónica y yo somos gemelos, pese a que entre ella y yo nació Raquel.
—Es igual, tú te quedaste esperando en la barriga de tu madre.
Todo lo que ve en Mónica, lo ve en mí: su constancia, su capacidad de aislarse, su torpeza para cocinar, su forma de menear la cabeza para decir que no.
Es tanto así que a los cuatro hermanos nos nombra así: la gemela (Mónica), la hermana de los gemelos (Raquel), el gemelo (yo) y el hermano de los gemelos (David).
Cuando actúo como lo haría ella, me grita:
—¡¡¡Gemelo!!!
Y es cierto que yo, a veces, antes de que él diga nada, me digo:
—Sí, gemelo.
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