Cuando una empresa española presenta un balance anual de beneficios multimillonarios lo primero que hago es alegrarme y lo segundo es preguntarme ¿es sano?
Porque si esta compañía pongamos, por ejemplo, que se dedica a la venta de productos de alimentación y limpieza, artículos de primera necesidad, cada año gana miles de millones de euros, pienso dos cosas: está muy bien gestionada y, me resulta evidente, los precios están inflados.
¿Alguien duda de que tienen un acuerdo tácito para no hacerse daño entre ellas?
Ocurre lo mismo con la banca, las eléctricas, las petroleras...
Esos beneficios galácticos van a la cartera de unos pocos, ¿es eso sano?
¿Puede existir beneficio ilimitado en sectores donde el cliente no tiene alternativa real?
No soy ningún bolivariano ni revolucionario comunista, sino una persona con sensibilidad social. ¿No debería el ser humano, a nivel transnacional, establecer unas reglas que permitan revertir hacia la ciudadanía una parte de esos ingentes beneficios que no vienen sino del consumidor?
Cuando las ganancias pasen de lo rentable a la usura tiene que haber un retorno hacia lo público.
Es obsceno que nos hablen de miles de millones de euros de beneficios y que, además, protesten cuando se les dice que hay que mejorar el salario mínimo o disminuir la jornada laboral.
Es buena gestión, sí. Y es avaricia.
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