Qué terrible puede presentarse la vida a veces.
Al mismo tiempo que entrábamos a Huelva desde el Algarve, con amigos onubenses, un tren que se dirigía a esa ciudad colisionaba con unos vagones que descarrilaban.
Toda tragedia duele, pero lo hace un poco más cuando toca a la tierra, a la gente cercana, a estaciones de trenes, paisajes y recorridos que uno está acostumbrado a hacer.
Qué pequeñito se vuelve el hombre cuando las certezas con las que vivimos se destrozan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario