Porque si te agarras una vez a la excepción, ancha es Castilla.
Hace unos años, tras un sustillo de salud, decidí dejar la cerveza. Porque sí. Nadie me lo exigió, pero consideré que me vendría bien. ¡Al más cervecero del mundo!
La semana pasada, en el Algarve, con mis hermanas y Fran, en un sitio precioso y al caer la noche, hubiera vendido el alma por tomarme una.
Se me pasó.
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