x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

miércoles, abril 20, 2022

Malhablados

Qué miedo da quien habla mal de todo el mundo.

Más miedo aún cuando a esa persona la quieres, a ese incansable criticón.

A mí me gusta ponerles su propio espejo y explicarles el mal rollo que dan al no perdonar un defecto en el otro, pero mis intentos son vanos porque aparece la justificación.

—¿No lo has visto con tus propios ojos?

Todos vemos con nuestros ojos defectos en los demás. Muchísimos. No hay quien se salve.

A mí no me gusta llevar el ejercicio a preguntarle:

—¿Es que no te has visto tú a ti?

Porque es cruel y peca de soberbia, sobre todo cuando yo sé cuántas cosas en mí no funcionan. Y es que yo conmigo no tengo postureos que me liberen de mi mirada crítica, ni me puedo camelar a mí mismo ni mirar para otro lado. No hay un solo comportamiento básico en el que yo no haya fallado más de una vez. Y me perdono, para poder convivir conmigo.

Es sanísimo buscar las virtudes de aquel que te decepciona, contar hasta diez antes de ponerlo a parir, mirar en ti si no hay algo de eso malo que ves en la otra persona, analizar si es bueno para ti que te vean como un generador de listas infinitas de defectos con los que, seguro, alguna vez te manchaste.

Si alguien te disgusta tanto, aléjate, ignóralo, deja que desaparezca. Al criticar, con acidez, todo el tiempo, entras en el terreno de las personas que acuchillan por la espalda. Y no hay nada peor que no ser una persona de fiar.



No hay comentarios: