Hay noches en que despierto de golpe y el escalofrío de la muerte recorre mi cuerpo.
Dura apenas décimas de segundo, es como un relámpago invisible que se mete en la habitación a oscuras para decirme que ahí está. Consigue que se me hiele la sangre y que necesite agarrar de nuevo la almohada, recolocarme en el edredón y recordar quién soy.
El sinsentido de la muerte lo sudé muy joven. Ya padecí el pánico a la nada absoluta, el terror a desaparecer es una asignatura estudiada. Ese puente lo di por atravesado tiempo atrás. Es un peaje que hay que pagar antes o después, comprender nuestra materia. Una vez que lo haces la vida es más liviana.
Cada uno se aplica sus técnicas para aplacar a la fiera. Muchos las encuentran en la religión, otros en la ética y hay quienes viven en el miedo.
Pero no vale sufrir por lo que no ha llegado, a sabiendas de que cuando llegue ya no padecerás.
Hay noches, a pesar de todo, en que aparece la serpiente.
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