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jueves, marzo 24, 2022

Esternón

El esternón le sobresalía un poco en la zona central de su pecho y un día me confesó el trauma que aquello le suponía.

Es difícil poner palabras a nuestros complejos, como es complicado decir que somos débiles, que hay partes de nosotros que no nos gustan, que sentimos una enorme vergüenza por algo que, seguro, no tiene mayor importancia.

-Cuando la profesora de yoga me toca esa parte del pecho -me decía mi amiga-, no puedo reprimir el llanto.

Eran unas manos sabias, que acariciaban ese trozo de cuerpo diferente, una pequeña cordillera que avanzaba entre sus pechos, un territorio que ella camuflaba con collares, pañuelos, jerseys mullidos.

Quién no querría que le acariciaran esa parte de nosotros que nos duele. Que posen sus manos sobre esos miedos que arrastramos desde un pasado que se nos escapa, que acaricien sin preguntas esa herida que un día se nos levantó, que no termina de cerrarse, que palpita en cuanto vienen mal dadas, que nos hace débiles, asustados, pequeños. Humanos.

Quién no lloraría con una caricia así.

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