Copio no solo pensamientos, incluso los gestos de gente que me gusta. Así, sin pretenderlo.
No sé de qué hablábamos, pero yo quería confirmar con rotundidad que estaba de acuerdo con lo que me decía Fran, pero sin interrumpirlo; de modo que me vi haciendo un gesto característico de mi amiga Carmela.
Observo las sonrisas, las caras de sorpresa, los saludos, las expresiones de bienvenida de mis amigos y las integro, como un ladrón de guante blanco. Alguien en el trabajo me señala un texto en la pantalla del ordenador y me hago con su elegancia para indicar las cosas. Veo cómo Martín reparte la comida en los restaurantes y trato de imitar su destreza.
De pronto alguien me observa y pienso, me ha pillado.
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