Implica cambio. Y el cambio suele asociarse a paisajes ajenos.
A estas alturas, el año pasado, mi descanso fue Roma. Desaparecí diez días para encontrarme a mí mismo en esa imponente ciudad, sin planificación ninguna. Caminar y detenerme donde me apeteciera. Comer aquí, sentarme allí, echarme una cabezada cuando me lo pedía el cuerpo.
Esa Italia me calmó.
Este sábado vuelvo a repetir descanso, uno de no parar desde Nápoles a Bari, recorriendo la costa amalfitana, Matera y la Puglia.
Volver a reflexionar sobre dónde voy en lugares que me abracen con su belleza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario