Hay que estar muy atento para no acostumbrarnos a las cosas que nos hacen mucho bien. Si perdemos esa capacidad de valorarlas, todo se hace más gris.
Cenábamos entre nuestros mejores amigos tras ir al teatro y, de golpe, vi a Elisa enfrente narrando con pasión qué le había parecido la obra.
Fue la chispa que me hizo salir del letargo al que nos quiere llevar, a escondidas, la inercia del vivir.
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