Recordaba una escena similar en la bellísima ciudad japonesa de Nara, cuando justo a mi lado un turista americano llevaba una toalla de baño entre la cabeza y la gorra, para quitarse el sudor.
"Hijo de tu madre, ¿no ves dónde estás?"
No entiendo que se pueda disfrutar de lo hermoso sin cuidar el propio aspecto.
Sí, todo el derecho a meterte en los soberbios jardines del Alcázar de Sevilla con un pijama roto y unas babuchas llenas de churretones, pero qué agresión innecesaria al resto de visitantes.
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