Fran quiso darnos dos sorpresas en Roma, llevándonos a sitios tranquilos y recónditos donde tomar un café o una copa. En todos los casos nos dijeron que no, de manera que tuvimos que reorganizarnos para darnos una segunda oportunidad.
Uno tiene que saber a qué hora pasear por determinado lugar de la ciudad con ganas de sentarse a charlar.
Hasta el ocio hay que programarlo.
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