Nuestros días son tan diferentes, hay tanto viaje y bamboleo, que hay episodios relacionados con la cotidianeidad que me hacen mucho bien.
Coger el coche e ir a comprar los básicos de una familia que se quiere.
Hablarse de quién preparará la cena del día siguiente o si es necesario comprar nuevas sartenes.
Ese ir entre los pasillos con el carrito y escuchar a Fran por detrás decirme:
—Borete, busca papel de cocina.
Un cosquilleo de placer recorre mi cabeza de sentirme tan protegido.
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