Los que tenemos vida propia tenemos que padecer a quienes no la tienen.
No porque nos creamos mejores, sino porque ellos necesitan demostrarnos que estamos lejos de serlo.
Te vigilan, te juzgan, te cuestionan cada paso. Les molesta tu entusiasmo, tu paz, tu modo de no depender.
Y uno, que solo quiere vivir con intensidad los propios proyectos, acaba por defenderse de ataques que no vio venir.
Son como mosquitos en verano: no te matan, pero te quitan el sueño.
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