Me contaban que en Alemania los chistes se ceban con la gente de Dresde.
Esta ciudad del Este, con una orografía que la hace estar en una hondonada, estuvo especialmente incomunicada durante el largo periodo comunista. En el resto de la Alemania Oriental se las apañaban para apuntar con las antenas de televisión de manera que captaban señales del otro lado del telón de acero, pero en Dresde esas ondas no llegaban. Vivían en su mundo feliz de no tener que ver anuncios de Coca-Cola ni comprobar lo que era el transcurrir de la historia sin otra versión que la ordenada desde Moscú.
El ser humano necesita de la información para ser libre. Todo lo demás es anestesiar la capacidad de decidir.
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