La muerte de Pepe Mújica me ha producido un desamparo similar al que sentí cuando nos dejaron José Saramago o José Luis Sampedro, ángeles que te hacen creer en que otra humanidad sería posible si los escucháramos con más atención.
Uno de los razonamientos que más me afectó de entre los muchos que le escuché a ese humilde señor tenía con ver con su canto a la austeridad, en cómo vendemos nuestro tiempo para ganar dinero y cuánta de esa plata la gastamos en productos que no necesitamos.
Regalar ese tiempo es perder libertad.
Hemos construido una sociedad terriblemente consumista, yo me incluyo, en la que se ha priorizado todo aquello que se puede comprar frente al disfrute sencillo de la charla, la reflexión, el paseo y la caricia.
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