Sí tiendo a creer, en cambio, en el destino de la humanidad. En lo concreto. No hablo de países ni de períodos, sino de un concepto más global de destino.
Mucho antes de que se inventara la rueda, el hombre estaba predestinado a descubrirla. Hace siglos nadie podría imaginar el motor de gasolina, los móviles, los rayos X. No existían pero estaban en el futuro cierto, nadie los intuía pero teníamos que pasar por ahí. Era cuestión de tiempo.
Ese futuro certero que desconocemos también está ya definido para nuestras generaciones. Mucho más de lo que imaginamos. Es seguro que el hombre, en su tremenda capacidad de progresar, tonteará con la inmortalidad, creará pasadizos atemporales, se atreverá a fabricar personas a medida.
Todo está allí, en el futuro, y no podrá ser de otra manera, aunque hoy no lo alcancemos ni a imaginar.
Quizás por eso me embelesa la ciencia ficción.
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