Salí aprisa de casa para hacerme con un aguacate para un plato que preparaba y me topé por la calle con un vecino que olía mal. Muy mal.
Un tipo majo que no conozco de nada y al que suelo ver por el barrio.
Ya de vuelta, con mi aguacate, me vino un enorme tufo a algo podrido justo en el mismo sitio donde ese vecino y yo nos cruzamos.
Si no llego a pasar por allí de vuelta me hubiera quedado con la idea de que ese hombre era un guarro. Seguramente él, que no volvería a pasar por ese trozo de la calle, creerá que yo lo soy.
Para opinar con criterio hay que darse más de una oportunidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario