Lo que pasa es que esas risas no se pueden inventar ni hay atajos para llegar a ellas. Vienen de momentos tontos en los que vuelve, de sopetón, el niño que nunca quisiste dejar de ser.
Estábamos cenando en un local con mucho ruido y la gente se giró. Yo no sabía quién era el que entraba, así que pregunté:
—Es un cantante muy famoso de Gijón —me dijo una chica.
Yo lo aclaré rápidamente a mis amigos, pero la chica me escuchó y vino a corregirme.
—¡De Gijón, no! —Entonces contorsionó, imitando a un rapero— ¡De hip-hop!
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