¿No sería precioso que esa adolescente estudiara en la universidad de Alicante o en la de Las Palmas? ¿No se lanzaría un mensaje de apuesta fuerte por la educación pública? ¿Qué círculo de amistades va a cultivar esa mujer si se le obliga a codearse con jóvenes de familias más que pudientes? ¿Qué contacto con la realidad de la juventud actual va a tener quien es educada en una torre de marfil?
Luego nos salen Froilanes y Victorias Federicas que nos dan vergüenza ajena.
Cada oportunidad que se les presenta optan por el camino equivocado.
¡Sería tan fácil hacer las cosas con sentido común!
No. No me representan.
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