domingo, noviembre 29, 2009
Casablanca
Lo preparamos sin mayor dificultad. Un coche de empresa y la reserva de dos hoteles, uno en Casablanca la primera noche y otro en Tánger para hacer escala de vuelta.
Tánger es una ciudad que me apasiona. O que me apasionaba...
Justo cuando entrábamos en el puerto de Tánger les pedí a mis colegas paciencia. 'Esto es Marruecos y aquí los ritmos son otros'.
No había que alterarse si un empleado de las aduanas te pedía una propina por entregarte los papeles al firmar, o que en el espacio cerrado de tránsito del puerto ya hubiera quien te estuviera ofreciendo relojes o pulseras. Les das propinas porque estás vendido y se te quejan.
Mis anteriores veces en Tánger habían sido visitas de unas cuantas horas, organizadas y en grupo. No imaginé lo que suponía que se abriesen las puertas del puerto y nos lanzáramos, como un toro en Sanfermines, a la caótica ciudad de Tánger. Había que encontrar el camino para llegar a la carretera de Rabat y teníamos que hacerlo por instinto. No se respetaban los semáforos, los cedas al paso, no había letreros, la gente se abalanzaba sobre el coche.
Una inversión realizada por mis hermanas en Assilah nos endulzó el viaje. Me habían pedido el favor de acercarme por allí para ver si un dinero que habían entregado para la compra de un apartamento tenían que darlo por perdido o no. Afortunadamente pudimos ver que la promoción sigue construyéndose.
Assilah es un oásis en este país de contrastes. Dimos un paseo agradable, sin presiones ni vendedores siguiéndonos los pasos, nos fotografíamos en la Medina y comimos muy bien en el humilde 'Casa García'.
Pero quedaba Casablanca.
Todas las anotaciones que yo había hecho para visitar, ir de cena, pasear... se me vinieron abajo nada más llegar con la noche ya cerrada. Afortunadamente que existía la Gran Mezquita de Hassan II para guiarnos como faro porque no existe una sola indicación en toda la ciudad. Ya en la autopista entre Rabat y Casablanca comprobamos el poco respeto por las normas de circulación, sobre todo de los peatones, pero la ciudad de Casablanca es el caos absoluto. No hay normas.
Tardamos hora y media en llegar al hotel, donde tuvimos que cenar a deshora porque ya no había tiempo ni nervios para coger de nuevo el coche.
Desorganizada, ruidosa, construida a trozos, la ciudad me decepcionó tanto que me tengo que dar una nueva oportunidad para visitarla. No me gusta no dar segundas oportunidades.
A principios del siglo XX no tenía más de 10.000 habitantes, ahora parece que supera los cinco millones.
Eso lo explica todo.
Me hablan del encanto de Marrakech, de las playas de Agadir, de la sensualidad de Fez, del cosmopolitismo de Tánger.
En Casablanca hay mucha miseria, pero mucha vida también. Parece imposible vivir tan cerca de esa civilización tan distinta a la nuestra.
Al día siguiente solucionamos en la fábrica y pudimos visitar la Gran Mezquita, impresionante.
Impresionante ese derroche en un terreno ganado al mar a menos de doscientos metros de un barrio que se cae a trozos.
Volveré a Casablanca, seguro que me perdí algo.
Siempre hay que dar segundas oportunidades.
lunes, noviembre 23, 2009
La princesa Leia
A punto de cumplir siete años, tantos fines de semana de excursión por los alrededores de Conil, Iván ya tiene recorrido con su tío casi todos los parajes, faros, playas, museos, pueblos, recodos de la Cádiz atlántica.
Decidí proponerle montaña. Recorreríamos todo el trayecto que nos permitieran nuestras fuerzas entre El Bosque y Benamahoma.
El día se presentaba espléndido. Las reglas de partida eran claras. Él iba a ser, como habitualmente, Lobezno. Yo sería, como siempre, Thor.
Pero el camino en coche era largo y el paisaje de toros y gigantes molinos eléctricos no llenaban toda la conversación entre conductor y pasajero en sillita trasera.
Así que pasamos a Star Wars.
Yo elegí ser Luke Skywalker y él Darth Veider.
Llegando al destino nos llamó mi amiga Mariángeles. Se unía inesperadamente a la excursión y eso descolocaba a Darth Veider.
¿Es la profe de Mates?, me preguntó; no, le contesté, es mi amiga 'la Polemique'.
Pasamos cerca de dos horas saltando de un lado a otro del arroyo Majaceite, en un sendero poblado de hojas secas, muy naranjas, piedras con verdina y árboles retorcidos que permitían fotos espectaculares, mientras él seguía preguntando por la inesperada Mariángeles desconocida.
La excursión terminó y se tranquilizó al verla. Ya la conocía.
Mariángeles supo además conquistarlo con sus dotes de profesora de infantil. Tomamos sopa de ‘Brazalema’, mientras él escuchaba atento acerca de las clases de yoga de ella, o las historias que Mariángeles y yo llevábamos tiempo sin contarnos, filtradas por el cuidado con que dos adultos hablan delante de un niño en que todo es curiosidad y preguntas.
Decidió bautizarla como superheroína, ‘La Mujer Invisible’.
Nos lanzamos a la carretera para tomar un café con pasteles en Medina Sidonia. Comenzaba a refrescar y anochecer. Mariángeles descubrió un pueblo precioso que casi no recordaba. Iván nos guió por la escalera de caracol en piedra de la gran iglesia del pueblo, ella hizo fotos del interior, nos tomamos los pasteles y, antes de volver al coche, Iván me comentó con tono serio que tenía que decirme algo a solas.
Al haberme preguntado últimamente cosas trascendentales acerca de las relaciones humanas, apreté los dientes.
Mariángeles se fue a su coche, para seguirnos camino de Conil.
Fue entonces cuando me confesó que no le parecía adecuado que fuese la Mujer Invisible.
Darth Veider y Luke Skywalker debíamos confirmarle algo importante:
Que ella era La Princesa Leia.
jueves, noviembre 19, 2009
Cyrano
La ópera conjuga lo mejor de las grandes artes, comenzando por la música, lenguaje universal. La música de orquesta y la coral, la íntima y la arrebatadora. Nos ofrece una escenografía habitualmente rompedora, por lo colosal, arriesgada, impactante, regalándonos los ojos. Ataca nuestro corazón con historias no necesariamente complejas, pero sí centradas en conflictos universales, muchas veces con apoyo en grandes literatos.
Recuerdo cuando presencié Turandot en la Bastilla de París. Sentí que salía flotando. ¡Era un espectáculo absoluto! ¿Cómo podía haber llegado a crear el hombre algo tan hermoso?
Tan hermoso y tan inútil, podría criticarse… Inútil para el que no tiene ojos, ni oídos, ni corazón, ni alma.
Ayer volví a flotar, ésta vez con Cyrano de Bergerac y en el Maestranza.
Momentos en que te apetece abrazar a la humanidad entera, en que encuentras sentido total a la existencia en la pura belleza de la composición total realizada por el hombre.
Venir del simio y llegar tan lejos.
Feliz de pensar que pude compartir esos momentos de éxtasis con Mariángeles y Fran, con Txema y Paula, con Iker.
¿Se necesita sensibilidad para apreciar una ópera de cinco actos en toda su intensidad?
Sí.
Que no te guste no implica nada, supongo.
Aunque me resulta difícil imaginar que pudiese parecerme interesante una persona que anoche asistiese a la velada que nos regaló Franco Alfano y se mantuviese impávida.
A vueltas con mis prejuicios, seguramente…
jueves, noviembre 12, 2009
Ser francés
domingo, noviembre 08, 2009
El puño cerrado
De los mejores recuerdos que tengo de por entonces eran los ratos que pasábamos en la cafetería. Íbamos ampliando nuestro círculo de amistades, nos pasábamos apuntes, nos explicábamos temarios inentendibles, hacíamos cábalas sobre nuestro futuro, ¿seremos capaces de acabar una carrera tan difícil?, ¿encontraremos trabajo en Sevilla?, ¿trabajaremos de aquello para lo que nos preparábamos?, ¿nos gustaba realmente lo que estudiábamos?
Luego pagábamos el café, recontando las monedas del poco dinero que teníamos, aún dependientes de nuestra familia, y volvíamos a la Biblioteca.
Es de esos años de cuando tengo la percepción clara del concepto de ‘tacaño’.
Por entonces pagábamos en pesetas, yo era consciente de que el poco dinero que teníamos lo conseguíamos de dar clases particulares, de trabajar alguna vez tras la barra de un bar, de hacer encuestas por la calle o, en la mayoría de los casos, de una paga semanal de nuestros padres.
Este compañero siempre se hacía el remolón a la hora de pagar el mísero café, pero no tardaba en perseguirte para recuperar el duro que te prestó para tomarte una palmera de chocolate diecisiete días antes. Poco importaba que tú le hubieras pagado el café más de la mitad de esos diecisiete días.
El duro de la palmera era imperdonable.
Memoria prodigiosa para el céntimo que prestó, enormes ganas de ir al baño a la hora de pagar.
Yo presumo de estar en el mundo. Sé quién tiene, quién pasa apuros, quién amasa fortunas y quién vive con lo justo.
No hay nada más ruin que una persona tacaña con sus amistades.
‘¡Es que el dinero cuesta mucho ganarlo!’
Precisamente por eso, porque cuesta mucho ganarlo, porque dedicamos tanto tiempo de nuestra vida a currar para que nos den a final de mes una nómina de la que somos esclavos; o beneficios aquellos que tienen sus propias empresas.
El fruto de mi esfuerzo lo comparto contigo, porque eres importante para mí.
Sé a quien no voy a dejar nunca pagar por muchas veces que ponga el dinero encima de la barra, porque de las personas cercanas me preocupo por saber.
No hay nada más hermoso que pelearse, de corazón y sin la mano tonta, por pagar. El tacaño nunca podrá imaginar el placer que se está perdiendo.
Ser desprendidos con lo material no es pura pose.
Afortunadamente, entre la gente a la que quiero presumo de tener personas generosas al máximo, seguramente en caso contrario no las querría tanto.
Bárbara, Isaac, Mariángeles, David, Alberto y Marian, Helio, Marta y Miguel, Beli, Montse, Bea Vega, Javi y Cristina, mi padre…Ni qué decir de Fran.
Gente espléndida.
lunes, noviembre 02, 2009
Prejuicios
‘Eres un tío con prejuicios’
Me duele, evidentemente. Como persona interesada en progresar por el buen camino, trato de razonar por qué a veces se me valora de ese modo.
Analicemos la palabra. Prejuicio.
Según leo en el diccionario:
‘Juicio que no está basado en la razón ni en el conocimiento, sino en ideas preconcebidas’.
Si razonamos al extremo, nunca podría ser amigo de un fascista. ¿Sería eso prejuicio? Entenderíamos que no. No se trata de ideas preconcebidas, sino de hechos constatados. Un fascista tiene ideas totalmente incompatibles con las mías. No podría establecer una relación de amistad con esa persona.
Pero, claro, eso es irse al extremo. Demasiado fácil de razonar.
Sin embargo, es cierto que muestro cierto resquemor a relacionarme con gente excesivamente religiosa, o folclórica, o pija, o superficial, o charlatana, o muy de derechas… Y pierdo grandes posibilidades.
Esta semana tuve la oportunidad de cenar con una empresaria sevillana hiper-pija. Coqueta, guapísima, emprendedora, de conversación hilarante, de mirada directa a los ojos. Me hablaba de la gentuza que se encuentra por la ciudad, de sus asistenta venticuatro horas… pero pasé una gran velada.
El pasado viernes me encontré con una llamada inesperada. Estaba en la playa y un amigo del que ya había perdido su número (no expresamente, simplemente el cambio de móvil me ha hecho perder muchos teléfonos de gente cercana) me llamó. Le animé a venir a cenar al bar de mis hermanas. Se presentó con un grupo de sevillanos, típicos en el sentido ‘estándar de la palabra’, flamenquitos, ‘graciosos’, habladores… Yo me dejé llevar. Me invitaron a la cena, me insistieron en tomar una copa con ellos. Encantadores.
Este domingo de puente de noviembre nos fuimos dos parejas a una casa rural, de éstas ‘con encanto’, a Marbella. Esta misma mañana tuvimos una conversación con la dueña mientras desayunábamos. En su discurso se mezclaban latigazos políticos que no dejaban lugar a dudas, pasando por la derecha al PP, al que casi demonizaba. Sin embargo nos habló de su recorrido vital por Colombia, Argentina, Marruecos, Bali… De qué descubrió en esos lugares, del placer que le supondría vivir en Senegal, entre negros que viven su religión sin estridencias y aman una vida pausada…
Nunca seré como ellos, pero ahí están… Mis prejuicios seguirán, pero yo iré luchando por moderarlos, sin dudas ganaré como persona.
miércoles, octubre 28, 2009
Soy como soy
-Soy así de desagradable diciendo las cosas, porque es mi forma de ser. Si te pego un grito es porque no sé expresarme mejor, a estas alturas no voy a cambiar...
En esta vida que disfrutamos, cada minuto es una oportunidad para cambiar el tiro y mejorarlo. Se nos ofrecen infinitas ocasiones de enderezar rumbos, en pequeñas cosas, en actitudes habituales.
No hay predestinaciones diabólicas que nos hagan ser un tipo antipático, protestón, desagradecido, envidioso o poco de fiar. No valen los argumentos de los años, de los tiros dados, de los desengaños vividos.
Los que se nos cruzan por nuestra vida a diario no tienen por qué aguantarnos frustraciones pasadas.
A ellos, a los conocidos y por conocer, les debemos nuestro intento constante de mostrar nuestra mejor cara.
La vida debe ser una prueba continua de que esto tiene sentido, como animales racionales válidos que somos.
Si un día te pego un grito, te pediré las disculpas sinceras de quien no se escuda en argumentos cansinos para justificar las carencias propias.
Si te pego un grito, perdóname.
No volverá a ocurrir.
miércoles, octubre 21, 2009
Empresas vitales
Es difícil no compartir la necesidad de esas estrategias para que la empresa sea solvente, pueda mantenerse en el mercado y, de esa forma, garantice el empleo que, no siendo un objetivo en sí, es la base para conseguir una sociedad sana, en que las personas puedan vivir con dignidad.
La empresa es la bestia que hay que alimentar, mimar, para que nos proteja de los avatares de una vida que, sin ese monstruo en busca de metas onerosas, sería desoladora.
Hay muchas personas que tratan de plantear sus vidas personales con la misma racionalidad que una empresa. Marcarse objetivos, definir estrategias.
El problema es que la meta final de nuestras vidas siempre es una derrota. Si aceptamos que toda la lucha e ilusiones acaban indefectiblemente en la muerte, toda estructuración pierde sentido.
La racionalidad, por tanto, es incompatible en un alto grado con los planteamientos de progreso personal; toparíamos con la más alta de las frustraciones.
Las personas más cuadriculadas en sus hábitos, en sus consignas y autoexigencias, las que tratan de llevarlo todo al terreno de lo estrictamente conveniente, son las más alejadas del terreno de aguas movedizas en que se regodea eso que llamamos felicidad.
Frente a la racionalidad, locura, mano izquierda, bases flexibles, mente abierta, risa tonta, ojos directos de miradas sinceras de comprensión hacia lo extraño.
No podemos exigirnos objetivos absolutos, los rendimientos no se pueden valorar en términos de rentabilidad.
La estrategia en sí es el objetivo cuando se trata de vivir.
A una empresa le importan los fines, a un ser vivo decente le importan los medios.
Cuando se asume que no hay donde llegar ni consejo de administración a quien rendir cuentas, uno entiende el acierto de la locura.
Rematadamente locos para saber vivir.
lunes, octubre 12, 2009
Best sellers...
Tiene que haber incluso connotaciones físicas, neuronales, que hagan recomendable pasar grandes ratos pegado a un libro, a una revista, a un periódico. Argumentos del tipo ‘haces trabajar al cerebro’, ‘integras informaciones de forma natural’, ‘te hace reflexionar’.
Cuando hablamos ya no de leer, sino de literatura, todo viene bien. Me explico. Incluso cuando lo que se tiene entre manos es de calidad ínfima, esa lectura supone un aprendizaje.
En nuestra época infantil leímos libros que ahora nos resultarían infumables. Historias juveniles en que se va en busca del tesoro perdido entre piratas sin atender en exceso a sutilezas, a personajes bien perfilados, incluso con estructuras poco trabajadas.
Cada cuál se queda en el escalón en el que se encuentra más cómodo.
Trato de llegar a la disyuntiva entre dos extremos: los best-sellers y la literatura, digamos… de culto. Enfrentar a Dan Brown con Sándor Márai, a Ildefonso Falcones con García Márquez, a Marc Lévy con Anna Gavalda.
Me reconozco perezoso para gastarme los euros en novelas donde la mercadotecnia consigue lanzar cientos de miles de ejemplares y venderlos, pero no les quito mérito.
Un best-seller lleva implicado obligatoriamente el concepto de calidad. Nadie vende millones de ejemplares si no hay una buena trama detrás. La gente no es tan borrega.
Simplemente cada cual es libre de tener motivaciones diferentes para leer o ir al cine. A gran parte de la sociedad no le apetece que le ‘coman la cabeza’, que le planteen preguntas transcendentes, existenciales, prefiere dejarse llevar por una sucesión de acciones bien conectadas sin importarle el que se profundice más o menos en el entorno, en los personajes, en el porqué…
Al leer un buen best-seller se disfruta deseando llegar al final, casi con paroxismo.
Cuando, en cambio, lees a Dostoievski, Mann o Martín Gaite, disfrutas queriendo que nunca acabe…
sábado, octubre 10, 2009
Paella
Ocurre de forma similar en la ciudadanía italiana, que aún apoya en más del cincuenta por ciento al chulo de Berlusconi, un desvergonzado machista, amenazador, engreído, chantajista que no sabe otra cosa que gritar más alto que el resto para intentar callar con dinero a quien piensa diferente.
Tenemos lo que nos merecemos.
No imagino a una sociedad como la sueca o la holandesa permitiendo este tipo de comportamientos. Allí ya llevarían varios meses fuera de la vida política, no me atrevo a decir en la cárcel, aunque lo piense, los Costa, Camps y compañía.
Estos son los que quieren dar 'Educación para la Ciudadanía' en inglés, porque ya que hay que darla, que al menos los alumnos no se enteren.
¿La ética?
Déjeme de ética, que a mí lo que me gusta es la paella valenciana.
Gente miserable.
domingo, octubre 04, 2009
La Gratomat
Ésta servía para quitar las rebabas de acero a una pieza de la caja de cambios, el planetario de tulipa, con una estructura muy rudimentaria: Tres potentes trompos actuaban al unísono, a muchas revoluciones y sincronizados, para ‘pelar’ los bordes de esta pieza.
El artefacto en sí daba muchos problemas. Generaba tanta viruta que ésta se depositaba en la base, donde se situaban el motor y una reductora que caían averiados más veces de lo aconsejable.
Era el terror de los mecánicos. Tener que entrar debajo de la Gratomat a reparar sus mecanismos. Por mucho que se protegiesen, salían llenos de ‘pinchos’ de acero clavados por todos lados.
Como decía uno de los encargados de Mantenimiento de la época: ‘Yo sé cuál es la solución para la Gratomat’.
‘Tirarla al Guadalquivir’.
El tiempo pasó, la tecnología evolucionó y ahora las piezas vienen con un nivel de calidad que no necesitan de ese ‘pelado’. Adiós a las virutas.
Recuerdo por entonces a un mecánico muy gordo, todo barriga. Recuerdo los turnos de noche que me tocaba compartir con él.
Pasaba esas noches contándome historias divertidísimas de su matrimonio. Al parecer su mujer era tan delgada como él gordo. Me hablaba de sus paseos con ella por el barrio, de las comidas que le preparaba, de sus vacaciones en la playa, mientras se comía unos bocadillos inabordables para otra persona que no fuese él.
Ese hombre, que ya no trabaja en la fábrica, era un personaje de sainete al estilo de los que aparecen en las obras de Manuel Machado. Cada vez que la Gratomat se estropeaba y le llamaban se ponía lívido y casi se le quitaba el hambre. Me decía entonces que le esperaba una larga mañana con su mujer quitándole la virutilla de los dedos con una pinza.
Esas noches en que tenía que meter su barriga entre los entresijos de la máquina terminaban con una llamada de timbre a eso de las ocho de la mañana en su piso de Pino Montano.
Su mujercita de 40 kilos le abría, él subía las manos, con dedos como erizos y ponía cara de puchero. Ella colocaba los brazos en jarra y le gritaba con voz de pito:
-¡Ay, niño! ¿Otra vez la Gratomat?
martes, septiembre 29, 2009
Píldora del día después
lunes, septiembre 28, 2009
¿Compasión?
Es difícil que a cualquier persona sensible no se le caiga el alma al suelo viendo a un niño terriblemente enfermo, a una persona con la cara deformada, a un viejo incapaz de sostenerse, a un ciego de ojos blancos tratando de trazar un camino en las tinieblas de nuestro mundo luminoso...
Hablaba de ello el otro día paseando por el centro de Sevilla con mi amiga 'La Polemique', al cruzarnos con una niña de seis o siete años con los músculos de las piernas atrofiados.
Mariángeles, La Polemique, vino a decirme que compadecer a esa niña es colocarte a un nivel inferior, es despreciarla, es creer en su imposibilidad para ser feliz y disfrutar, en su escala personal, del sentido más alto de su existencia.
Compasión suena a bondad, compadecer suena a prepotencia... y éste es el verbo de aquel sustantivo.
¿Bondad surgida de nuestra idea cuadriculada de lo que es la felicidad?, ¿prepotencia por pensar que estamos en el lado sano del mundo de los vivos?
Es un ejercicio complejo, que tendríamos que practicar, el de mirar de igual a igual a aquellos que nacieron o se enfrentaron a una existencia distinta, nunca menos válida que la nuestra.
Tal vez sean ellos quienes estén mas cerca de la Verdad...
jueves, septiembre 24, 2009
Guiños
El esfuerzo de agradecer, ofrecer una sonrisa o decir unos buenos días no tiene precio. Sin embargo, en esta sociedad tan avanzada en la que vivimos parece que no está en los principios educativos mostrar esa elegancia vital.
A mí me alegra el corazón que me haga un gesto de agradecimiento, simple, alguien que atraviesa por un paso de cebra tras frenar yo el coche. Sí, está en su derecho y es mi obligación parar, pero no está de más un leve movimiento de mano para decirme, lo aprecio.
Dar las gracias cuando alguien se levanta para dejarte pasar al ir a ocupar tu asiento en el cine, cuando te entregan el pan en la tienda, al apartarse en la acera para dejarte pasar cuando vas cargado, cuando algún compañero de trabajo te echa un cable…
No me resulta soportable la gente, amigos cercanos incluso, que gritan al camarero pidiendo una cerveza o unas tostadas, sin mirarle a la cara ni decirle gracias al ser servidos.
En la vida hay tres, cuatro, no más de cinco decisiones transcendentes que marcan nuestros destinos. En esas ocasiones hay que saber actuar con nobleza a sabiendas que podemos dar pasos equivocados.
Pero en las pequeñas decisiones, en los gestos sencillos, invisibles a casi todo el mundo salvo a quien tienes enfrente, no hay que dudarlo. Un guiño puede ser suficiente. Una sonrisa es de notable. Una palabra afectuosa, de sobresaliente.
domingo, septiembre 20, 2009
Arenys de Munt
Con Cataluña siempre he tenido una reacción sentimental fuerte. Ya hace muchos años que la pisé por primera vez, cuando practicaba remo y se celebraban en Bañolas los Campeonatos de España cada verano. Más tarde tuve la oportunidad de conocer gente en el Pirineo gerundense y tener incluso alguna relación amorosa en la estación de esquí de La Molina. Luego vinieron las Olimpiadas, donde pude pasar más de una semana y comenzar mi idilio con Barcelona.
Y debo decir que nunca me he sentido allí en el extranjero. Ni por asomo. Del mismo modo que confieso que tampoco siento estar del todo en casa, tan cómodo, relajado, despreocupado, como me pueda sentir en Las Palmas o Madrid.
Reconocerlo es, a mi entender, la clave.
Cataluña es singular.
Se podría hacer la comparación con una familia que tenga un miembro específico, adoptado, recogido, diferenciado. Poco importa la razón. La familia tiene que hacer un esfuerzo para integrarlo y, claro está, esa persona deberá saber adaptarse, pero siempre entendiendo que para ganarlo a la causa de la familia hay que respetarle su espacio propio, acordar determinadas reglas y respetarlas.
Cataluña es el vecino de nuestro bloque con el que compartimos patio, pero que tiene una salida específica a la calle. Ese vecino con quien nos cruzamos, pero que organiza su espacio de otra manera.
Yo aprecio a ese vecino, quiero a ese hermano adoptado, que habla distinto, que se mueve a otro ritmo, que delimita sus propias soledades.
Sé que para que se sienta bien con nosotros, no tenemos que jugar todos al mismo juego ni reír al unísono.
El círculo de los reproches hay que romperlo desde la actitud propia, la única que podemos manejar.
No quiero vivir en Cataluña, no quiero aprender catalán, no pretendo más que seguir conviviendo con una tierra que me aporta tanto, ver en el telediario noticias de Barcelona que no tengan por qué siempre ser políticas, contemplar de cerca su cosmopolitismo, saber que tengo a hora y media de avión un lugar donde nunca me sentiré en el extranjero, pero en el que siento que me debo desenvolver con respeto por una cultura, un pueblo, que se siente familia y defiende su forma de entender el mundo.
Quiero una Cataluña abierta, moderna, aquella de la que aprendí, la de Laforet, Dalí, Gaudí, Mendoza, Moix, Rodoreda, Gironella, Roig… una tierra siempre creativa, europea, adelantada, sana.
Me gustaría seguir asomándome al patio y viendo abierta la puerta del vecino que sale a otras horas, que vive otras emociones, que habla en otra lengua, pero también en un español de acentos fuertes conmigo.
domingo, septiembre 13, 2009
Clones
Me resulta manido el discurso de ‘yo ya tengo mi cupo de amistades completo’, ‘no tengo tiempo de integrar a nadie más’.
Presumo de tener un grupo de amigos de calidad, con quien comparto un cariño que sé que es mutuo, gente a la que sé que nunca renunciaré. Personas de quienes me siento orgulloso.
Como decía Marguerite Yourcenar a través de uno de sus personajes, ‘La amistad es, ante todo, certidumbre, y eso es lo que la distingue del amor’.
El otro día, charlando con Fran sobre este tema, él me decía que mi ambición secreta es encontrar muchas personas como Mariángeles, pero que a la máquina de clonar aún no le han dado marcha.
¡Doscientas Mariángeles por el mundo, a mi alrededor!, con distintas caras, profesiones, edades, sexos, circunstancias…
Cierto, yo quiero encontrar muchas personas como ella. Gente sin complejos, de mentalidad abierta, que saben decir un ‘no’ con buenos modales. En Mariángeles encuentro la dulzura sin empalagoseo, el interés eterno por descubrir el mundo, alguien que te demuestra su cariño en sus actos y de quien nunca dudarás que estará ahí siempre que las cosas vengan mal, o bien, dadas. Sexualmente impúdica, de conversación embaucadora, viajante y aventurera, siempre abierta a un baño a las cuatro de la mañana en la playa. Mujer responsable con su trabajo, preocupada por su sociedad, sin etiquetas políticas pero con convicciones profundas. La mejor de las amigas, incesante descubridora (y compartidora) de nuevos, o viejos, libros, películas de culto, estrenos de teatro. Vive sin estar pegada al móvil, pone palabras apropiadas a sus reconcomes personales sin avergonzarse, sabe estar en cualquier situación, con estilo, con simpatía. Amante de su familia por muchos ‘peros’ que en ella pueda encontrar, anti-provinciana, laica sin veneno en la lengua, frívola como la que más cuando apetece serlo. Coherente, serena, vividora, divertidísima.
Joyas como éstas son difíciles de descubrir. La mía está en Huelva.
jueves, septiembre 10, 2009
El dedo gordo del pie
Cierro los ojos, me repanchingo bien en el asiento y apoyo uno de mis pies suavemente contra la pata metálica del asiento delantero.
Trato de dormir, de buscar un punto entre el sueño y la realidad, concentrando toda mi sensibilidad en ese dedo gordo de mi pie en contacto con el metal del asiento y, a través de éste, con el armazón completo del avión.
Con toda mi atención concentrada en ese contacto, comienzo a distinguir cada pequeño movimiento del aparato. Una pequeña bajada, una oscilación, un ronroneo del motor… Empiezo a sentir entonces la velocidad, a ser consciente de los novecientos kilómetros por hora en medio de una atmósfera a esas alturas helada, agresiva, ventosa, inhumana.
Comprendo entonces toda mi fragilidad como ser humano.
Conectado a través de mi pie voy entrando en territorios a los que no se accede si uno no quiere.
Entiendo entonces al que busca la cima del Everest, al hombre que se adentra miles de metros bajo el nivel del mar, a quien se lanza a través de un rápido de aguas bravas, al que camina kilómetros por el desierto, por las llanuras de los polos.
Desde mi cobarde posición de quien sólo se quiere asomar a la fuerza incontrolable de la inmensa naturaleza a través de un dedo gordo en la base del asiento de un avión de línea regular…
lunes, septiembre 07, 2009
El mundo encima
Esa frase la acabo de sacar de ‘Las golondrinas de Kabul’, una aconsejable novela, dura, de Yasmina Khadra.
De primeras, la frase impresiona. Agresiva, retadora… la reflexión representa, bien analizada, un canto a la vida.
No es cuestión de pasar por este mundo dramatizando, ni que todas nuestras conversaciones sean profundas o deban escribirse con mayúsculas.
La clave es, simplemente, saber de nuestra fragilidad como la mayor de las fortalezas para encarar el día a día.
No desperdiciar nunca la oportunidad de mostrar que queremos a los nuestros, porque no sabemos nada de lo que vaya a pasar cinco minutos más tarde. No hablo de que a nadie se le tenga que caer un piano encima paseando por la calle. Hablo de vivir sin pensar en segundas oportunidades que tal vez no vengan, o no vengan iguales, o no igual de limpias.
Hay que vivir sin pensar en segundas oportunidades.
La sonrisa hay que regalarla, siempre. Las gracias hay que darlas, a toda costa. No regateemos un saludo, una caricia. Preguntemos a un compañero de trabajo si lo vemos tristón, paseémonos la playa si nos apetece, invitemos a una cerveza sin pensar en la cuenta corriente.
Nunca pensemos en otro día para poner la cara al viento.
Como dicen los chinos… ‘lo que no se da, se pierde’.
Se pierde para siempre.
lunes, agosto 31, 2009
Cenizas
martes, agosto 25, 2009
Dejarse oír
A veces pienso que no hay nadie al otro lado de la línea de sus teléfonos.
Estas actitudes reflejan un egocentrismo desfasado, una falta de educación impropia de los estudios que aparentan, una soberbia a prueba de bomba.
No creo que sea difícil de entender que la vida de esos desconocidos no nos interesa, ni sus negocios de altos vuelos. Estos personajes venden estrés al mundo exterior, como si de un perfume se tratase. Oler a estrés para mostrar que su vida es más válida e interesante que la del mortal medio.
A mí me gusta que me hablen las personas que yo elijo. En los asientos de los trenes, si estoy solo, prefiero tener mis sentidos concentrados en cosas más enriquecedoras que conocer cómo de amplia es la nómina de un ejecutivo que, tal vez, no tenga con quien hablar cuando llegue a casa.
viernes, agosto 21, 2009
Dormir otra vida
Soy capaz de dormir encima de un árbol, echarme una siesta a las nueve de la noche, aunque sea diez minutos, o volando en un avión, o tirado en la playa… con suma facilidad. Además, no me resisto.
Está en su derecho quien defiende la teoría de que dormir es perder el tiempo, años de vida si vas sumando la hora de más que permaneces ‘desconectado’.
Yo soy de los que disfrutan esa otra vida. Cada día al despertar recuerdo todo.
Mi otra vida me permite seguir en contacto con mi madre, muerta a mis dieciocho años, que me visita con frecuencia. Sigo charlando con mi amigo Quino, de la época universitaria, con Gregorio, mi amigo inseparable del colegio al que hace tantísimo tiempo que le perdí la pista, con los hijos madrileños de mi tía Elo; viajo a épocas felices de veraneo en las playas de Huelva, a mis años de remo las mañanas de los domingos por el Guadalquivir. De pronto, en mis sueños estoy enamorado de Mariángeles, o leyéndole 1984 de Orwell a Mariló, tumbados junto al mar.
A veces despierto pensando por qué se repiten en mi otra vida determinadas imágenes. ¿Por qué siempre tengo asignaturas pendientes en la universidad, cuando saqué mi título en el 94?, ¿por qué aparezco tantas veces desnudo en reuniones de trabajo?, ¿por qué siempre me enfado con mi hermana Raquel, con la que me llevo tan bien en mi vida real?, ¿por qué se caen tantos aviones en ese otro lado del espejo?...
Hay quien piensa que la calidad de tus sueños depende de no haber comido una cena pesada un rato antes (y está demostrado que tras un buen plato nocturno de chorizos y morcillas hay pesadillas). Seguro que hay explicaciones neuronales que demuestran que nuestros sueños no son más que ‘puestas a cero’ de la información acumulada durante el día.
Yo, en cambio, vagabundeo por librerías buscando información, indago por internet para obtener respuestas, leo artículos en prensa y compruebo que, a pesar de estar ya en el siglo XXI, nadie ha podido aún desmontar mi ilusión por creer que gran parte de nuestra espiritualidad se manifiesta en ese otro lado, allí donde viajamos sin preguntar.
martes, agosto 18, 2009
Nubes
Con nuestra vida ocurre como con esa nube. El día en que vivimos, el período en el que estamos, aparece congelado.
En cuanto nos descuidamos, tan sólo un paseo por los alrededores del puente, la nube ya no está. Las torres continúan como referencias fijas, pero no hay nube que encuadrar en nuestro horizonte.
domingo, agosto 02, 2009
Pecado original
Creo que, de haber sido obligado a elegir una religión al nacer, para adoptar como propia, me hubiera sentido mucho más atraído por el budismo, aún estando bien lejos de tomarlo como religión de forma voluntaria.
Nos ponen en este mundo sin que nadie nos pregunte. Nos plantan en una ciudad, en una familia, con un físico y un intelecto, sin darnos un manual de instrucciones.
Con el paso de los años entendemos que esta existencia, no solicitada, es además caduca. Y que no hay nada que hacer contra ello.
Títeres, se podría llamar la película.
La religión católica, para más inri (nunca mejor dicho), nos coloca otra mochila más a trasportar: El pecado original.
No vale con haber aparecido sin haber sido preguntados, ni saber que por muy bien que hagamos las cosas nuestro destino es morir, sino que además nacemos pecadores.
El drama, a mi entender, pasa a ser cómico.
Claro, eso sí, pórtate bien y entonces encontrarás el perdón de tus pecados y la vida eterna.
La vida eterna…
La vida mundana, la que sí sabemos que existe, porque la pensamos, sufrimos y disfrutamos, ya es suficiente prueba como para andarla con cadenas de más y amenazas subterráneas.
La bondad, para mí, es la única clave. No podemos pretender que existan seis mil millones de ‘Vicentes Ferrer’, no aspiro, porque yo soy el primero que no tengo la fuerza, ni la calidad humana suficiente, en abandonarlo todo por los pobres, por los que sufren. No creo que ese espíritu, además, case con la naturaleza humana, demasiado imperfecta sin necesidad de pecados originales.
Buscar la santidad, la perfección, es encontrar la frustración.
La bondad como clave en el sentido de actuar teniendo como lema el hacer por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti. Sencillo. Con el más cercano, con tu gente, en tu barrio, en tu trabajo… La bondad es una cualidad difícil de trabajar pero enriquecedora al máximo.
Es cuestión de ponerse a ello, y las marionetas comenzaremos a sentir menos tensas las cuerdas que nos manejan.
Lo que tenga que venir después, vendrá… no hay que preocuparse, porque no nos preguntarán.
viernes, julio 31, 2009
Solo
Puede resultar sencillo decirlo para alguien que, como yo, lleva tantos años de vida afectiva plena, estable, de amor intenso y correspondido.
Tal vez una de las claves para el éxito de mi vida en pareja es la oportunidad que nos damos mutuamente para encontrarnos en nuestras burbujas de soledad.
Cada cierto tiempo necesito pasearme la ciudad por la noche, vagabundearla, a solas.
Se me vienen a la mente muchos nombres de gente a la que quiero que no sabe estar dos horas seguidas sin coger el móvil y llamar a alguien. Para contarse nada.
Es duro y purificante que pase un fin de semana completo sin que suene el teléfono, sin que te escriban un correo.
No me gusta llenar el silencio con conversaciones huecas.
Adoro el silencio, los espacios abiertos para caminarlos, los libros cuando se leen en una cama amplia, prepararme un gintónic con música de Suzanne Vega, conducir oyendo las noticias y dejar que tu mente razone con presteza, que profundice, que digiera cómo va el mundo.
Esta terriblemente compleja vida se ve con otros ojos, más llenos, cuando tenemos la fortaleza de mirarla de frente sin confirmar, de reojo, si tenemos ángeles guardianes protegiéndonos.
Cuando te descubres feliz en un asiento aislado de una sala de cine, sin pensar en qué dirán, tienes mucho ganado para conquistar el cariño de los demás.
Poca gente más atractiva que aquella que sabe manejarse por ella misma.
No hay mejor seducción que la fortaleza de saberse capaz de por sí, mejor amor que el dado por una persona serena.
Por mucha gente que tengamos alrededor, sea triste, duro o no, pasamos el noventa y mucho por ciento de nuestra vida nosotros con nuestros pensamientos, nosotros con nuestras miedos, cavilando, hablando con nuestro interior, dándole vueltas a lo más nimio y a lo que no. La cabeza siempre dando vueltas, sin compartir con el exterior más que una mínima parte, siempre con los límites del lenguaje, las trabas de saber expresar qué hay aquí dentro.
La felicidad es paz interior. Complicada de luchar.
domingo, julio 26, 2009
Tres mujeres
En los tres casos coincide un factor: tres hombres que no valen un pimiento.
Historias de sexo disfrazadas de virilidad, cafés de media tarde a escondidas de sus esposas, promesas de estar disfrutando la mejor de las historias mientras a otras mujeres en lugares no lejanos les están contando la misma película.
Me gusta escuchar. Prefiero no dar consejos que no sé si serán correctos. Mejor escuchar e indignarme, mostrarme cercano y comprender sus desazones.
No todo vale en este mundo. No por ser una sola vida se tiene que vivir a costa de los sentimientos de los demás. La fidelidad debe ser, a mi entender, un grado.
Es fácil pensar ‘ojos que no ven, corazón que no siente’, pero es de una falta de respeto impresionante estar calentando la cama de otras personas sin decirlo, mientras promesas vagas llenan los huecos entre cerveza y cerveza.
Siempre hay una parte de culpa, importantísima, en quien se deja engañar, en quien asume juegos con quienes no van de frente. Acostarse con una persona casada es una opción que se puede tomar, pero es frecuente salir escaldado, por muy tranquila que se tenga la conciencia, por muy libre de ataduras que uno esté.
Yo, personalmente, no podría mantener una historia de amor con alguien que tiene un compromiso y duerme abrazado a otros brazos.
A estas tres mujeres a las que adoro sólo les sé aconsejar una sencilla palabra: dignidad.
miércoles, julio 22, 2009
150 años
El no vivir ya en París me hace desconocer su album 'Caravane'. De hecho, hasta hoy, sólo conocía de él su nombre. Ni siquiera una melodía, un estribillo.
Su voz en la radio era suave, tranquila, con cierto aire de tristeza impropio de su juventud.
Le preguntaron por una canción. El chaval explicó que la letra procedía de una frase que le repetía su padre cuando él era un niño, en la época en que el mundo se le venía encima a cada momento por problemas irresolubles para él.
''Tranquilo, Raphaël, dentro de 150 años nadie se acordará de ello''.
Esta tarde ando paseándome la ciudad de Mons, al sur de Bélgica, en mi enfermedad bien controlada de búsqueda de nuevas ciudades y paisajes.
Me estoy tomando un café frente a la estación de tren, tras haber subido y bajado cuestas de esta ciudad tranquila. No sé de dónde viene el nombre de Mons, tengo que investigarlo. Sé que, como ciudad fronteriza, ha sido destrozada en los últimos siglos por franceses, holandeses y españoles. Aun así, mantiene la figura, con hermosos edificios de piedra azul.
No sé si tendré tiempo de comprar el disco de Raphaël.
En la entrevista nombraba frases retenidas de su madre, pero no las recuerdo.
Tengo un amigo a quien también le gusta escribir, que me dice tener otro punto de vista sobre la literatura. A él no le interesan las calles de Nueva York, ni las costumbres de otros sitios, de otras gentes. Él, me dice, tiene todo su mundo en su habitacion, con una lata de cerveza y un pitillo.
Me parece hermosa su reflexión.
Voy a pagar el café y seguir paseándome las calles de Mons. El monstruo que hay en mí necesita combustible.
El combustible tiene nombre de disco esta vez, y se llama 'Caravane'.
Tal vez dentro de 150 años siga sonando la frase del padre de Raphaël en las ondas de emisoras de radio hoy inexistentes.
viernes, julio 17, 2009
Túnel bajo el Louvre
Mi ritmo vital había cambiado de golpe. A la avalancha de información en todos los sentidos que suponía la ciudad, a la oportunidad de expresarme en otra lengua y de viajar con facilidad por el centro de Europa, de conocer otras gentes, de disfrutar de fines de semana paseándome las orillas del Sena, se unían otras particularidades menos agradables.
Llegar al trabajo me suponía 45 minutos en coche la ida (no había combinación de metro posible) y más de hora y cuarto la vuelta (con suerte). Pasé por todas las fases de desespero, respiración profunda, cursos de inglés en CD, revistas para aguantar los parones… hasta que mi cuerpo se hizo. ¡Echaba tanto en falta los cinco minutos que necesitaba para llegar al trabajo desde mi casa sevillana!
Probé todas las rutas posibles. Por las autopistas exteriores, por el periférico, entrando por distintas ‘portes’, sumergiéndome en las calles del centro… Decidí que la mejor opción era entrar por la Porte Saint Cloud y tomar la voie Georges Pompidou, una vía rápida que transcurre por la rive droite del Sena. En un momento dado subía hacia el puente del Alma y en la plaza de la Concorde me unía a la confluencia de la avenida proveniente de los Campos Elíseos.
Ahí llegaba el nudo gordiano de mi historia.
Para poder acceder al túnel que me permitía desembarazarme del atasco, un gran pasadizo de varios kilómetros que discurría paralelo al Louvre, tenía que hacer lo posible por encontrar huecos que me permitieran pasar del carril más derecho, del que yo provenía, a justo el otro extremo de esa inmensa avenida.
Peleaba, a diario, con el malhumor parisino (expertos en no hacer sonar el claxon pero a desgañitarse con maldiciones desde el interior de sus coches). Pero conseguía llegar, casi siempre, al túnel que me llevaba a las puertas de mi casa.
Entonces me daba por reflexionar sobre el alma humana.
Observaba un porcentaje altísimo de conductores que suplicaban por que les hicieran un hueco en su intento de entrar en la fila afortunada del túnel pero, una vez allí, maldecían, chuleaban, impedían a toda costa que ningún otro conductor entrase en tan mágico pasadizo.
Yo observaba y lamentaba el profundo egoísmo humano.
El túnel del Louvre es paradigma de la condición humana. Cuando se trata de pedir… y cuando se trata de dar.
lunes, julio 13, 2009
Dudas meditadas
Hay numerosas cuestiones a las que dedico mucho tiempo de reflexión sin llegar a tomar posición.
No sé si eliminar centrales nucleares conllevaría aumentar la producción de centrales térmicas, que son unas de las grandes responsables del efecto invernadero con emisiones de CO2 que las nucleares no emiten. No sé hasta qué punto la ciencia avanzará para poder hacer desaparecer la radioactividad de los residuos de las centrales. Me faltan datos para posicionarme.
Sé que la humanidad tiene que hacer lo posible para crear un planeta más limpio, creo en los efectos perversos del cambio climático.
Tengo dudas sobre el consumo en la sociedad actual. Criticamos con fuerza el consumismo, y como tal concepto me parece repugnante. Pero, ¿qué sería de nosotros si no consumiéramos?, ¿qué sería de la actividad laboral si no hubiera objetos que producir porque no se consumen?, ¿qué haríamos con los cientos de millones de trabajadores de este mundo que viven de la industria, los servicios, la investigación? Investigar nuevos productos, ¿para qué? En esa sociedad sólo tendría sentido la producción de los elementos básicos. Todo basado en la agricultura, la medicina, la enseñanza, la justicia… ¿habría suficiente para mantener al ser humano en un mundo ‘hippy’ de no consumo?
Sé, en cambio, que detesto la especulación, el hacer dinero a costa de cualquier principio. Estoy convencido de que las empresas tienen que apurar su pilar humano, dejar de creer que los beneficios deben crecer a costa de cualquier cosa. Potenciar la productividad sin dejar de lado el respeto a las personas.
Tengo dudas y certezas.
Admiro a la gente que tiene una posición clara y contundente acerca de cualquier tema, siempre que sea apoyada en principios y datos, no en radicalismos de barra de bar.
Yo me apunto a la duda reflexiva y los principios firmes.
miércoles, julio 08, 2009
Ojos abiertos
Me gustaba la idea de no saber si iba a ver pintura, escultura o una retrospectiva de varios estilos. Sería bueno acudir a las exposiciones siempre así, por casualidad, con total ignorancia. Alguien quiere mostrarnos algo: simplemente eso ya cuenta.
No sé por qué, pero en los últimos meses me he encontrado sumergido en conversaciones, con personas que aman la creación literaria, sumamente críticas con el llamado 'arte moderno'.
Comentarios del tipo: todo es una farsa, un niño de cinco años hace mejores dibujos que muchos de esos artistas, es un mundo de arribistas...
Se critica 'el urinario de Duschamp', los cuadros de salsa de tomate de Warhol, las esculturas de Picasso con elementos básicos, los contenidos del Centro Pompidou de París, del Reina Sofía de Madrid, de la Biacs de Sevilla.
Creo, sinceramente, que no es un problema tan sólo de falta de humildad de quien critica (que estoy convencido que algo hay), sino de incapacidad de disfrutar.
La arquitectura de hoy es consecuencia de movimientos rompedores, los logotipos de las empresas, los apeaderos de los autobuses, el diseño de los automóviles... No podemos volver a tiempos en que no existía la fotografía, el vídeo, donde la única forma de reflejar la realidad era el pincel o el cincel.
Si Duschamp consiguió que un urinario entrara en el Museo de Arte Moderno de Nueva York sería por algo... Al menos así lo veo. No tengo la formación ni la experiencia para emitir juicios firmes, casi que ni quiero, pero como persona que trata de crear, de hacer reflexionar, de plantearse el mundo desde su propia esencia, sé que cuando entro en el Gugenheim de Bilbao o en el Museo de Arte Moderno de Estrasburgo, estoy totalmente dispuesto a dejarme seducir.
Quiero que me provoquen, quiero ver momias colgadas de un ventilador, habitaciones desordenadas, desnudos impúdicos, video-performances, manchas en el techo, cuadros de un solo color, lámparas que son tetas, tetas hechas de corcho, corcho repartido en vitrinas... Me apetece ver sillas de siete patas, relojes sin agujas, interpretaciones del dolor hechas por Francis Bacon, interpretaciones de Bacon hechas por escultores de metal, paisajes sin paisaje, figuras deformadas que me transmitan que la vida es eso: absurda, imprevisible, sarcástica, terrible, hermosa, incomprensible, interpretable...
No niego el derecho a criticar, a veces, con fuerza, incluso con desprecio, obras no entendibles o posibles farsas.
Pero quiero ver con ojos abiertos y tratar de entender al otro.
jueves, julio 02, 2009
Escoria europea
En poco tiempo se constituirá el nuevo Parlamento europeo, votado con desgana hace pocas semanas. Según se lee en algunos artículos, uno de cada cinco parlamentarios electos es extremista, entendiéndose por tal, en ciertos casos, a personajes que militan en partidos políticos xenófobos, fascistas, neonazis…
Asistimos con preocupación a elecciones en Bélgica, Holanda o Hungría donde hay porcentajes altísimos de votos para partidos que muestran desprecio por las minorías, sin sonrojo.
Afortunadamente a España no ha llegado aún esa lacra de forma notoria.
Soy partidario, firme partidario, de elaborar una ley de rango europeo en que se defina claramente lo que no es posible.
Cualquier cámara de televisión que salga por las calles de cualquier ciudad se puede encontrar con ciudadanos que sueltan por su boca barbaridades que da miedo escuchar. La gente tiene tendencia al más bajo populismo. ‘Muerte al moro, al gitano…’
No estaría de más prohibir lo que no puede tener sentido.
Un partido xenófobo, por definición, es escoria. La historia de la humanidad ya debería habernos enseñado los límites que nunca conviene trasvasar.
Y a la escoria no se le debe poder votar. No es cuestión de coartar la libertad de expresión, sino de limitar el perímetro del campo de juego (la Declaración de los Derechos del Hombre como fronteras de ese terreno no estaría mal).
Buen ejemplo tenemos con Batasuna. Si a estas alturas del siglo XXI no condenas el asesinato impune, no tienes derecho a representar a nadie.
Nos jugamos mucho.
viernes, junio 26, 2009
Hojin Lee
miércoles, junio 24, 2009
Nuestra naturaleza
Este razonamiento nace en mi búsqueda de la verdad del ser humano. Hasta qué punto somos como creemos ser.
Mi teoría me conduce a pensar que un ser humano no mostrará su verdadera realidad hasta no encontrarse en una situación límite, desesperada, radical, imprevista, explosiva, desgarradora.
Nuestra verdadera naturaleza se esconde, tal vez, tras rutinas diarias que ejecutamos en gran parte sin pensar. Somos buenos hermanos, amigos, hijos, padres, compañeros de trabajo, en general. Amamos con pasión mientras la pasión dura.
A mí me gustaría saber cómo actuaría si tuviera que jugarme la vida por comer, si la muerte se me apareciese de frente, si cayera en la mayor de las ruinas, si ganase el premio nobel, si perdiera las piernas en un accidente, si perdiera de un día a otro a mi gran amor, si hubiese en Sevilla un terremoto, si me tocase mañana la lotería.
Hay resortes en nosotros que están inutilizados, y no sabemos si los tenemos engrasados. Los músculos los utilizamos hasta límites sensatos.
Creo que en esas circunstancias verdaderamente valoraríamos nuestra calidad humana.
Reflexiones, quizás, insensatas…
lunes, junio 22, 2009
Petulante
domingo, junio 14, 2009
El pestillo
Es cuestión de azar que te toque una familia que te eduque en valores, que te trate con cariño sabiendo imponer normas básicas, que te dé tu espacio.
Tengo muy cerca ejemplos detestables de mala educación disfrazada de buenas intenciones. Niños malcriados, caprichosos, insoportables por consentidos.
Tuve la suerte de caer en el lado de aquellos, numerosísimos, que hemos sido formados con un alto grado de sentido común y mucho amor.
Mi susceptibilidad de los primeros años, la cabezonería, la hipersensibilidad de esos años de niño me hubiesen podido costar en el futuro una vida de un frustrado de no haber sido por lo que viví en casa.
Solía enfadarme como un energúmeno por cada comentario que yo considerase hiriente. Me levantaba del sofá, con todo el orgullo que cabía en un enano de 6 u 8 años, me encerraba en mi habitación y echaba el pestillo. Apagaba la luz. Lloraba y sufría en mi rincón de incomprendido.
Un día de cabreo llamó mi padre a la puerta y me explicó que, mientras yo pasaba las horas encerrado rumiando mis cabreos, ellos seguían viendo la tele tan tranquilos.
-El único que sufre eres tú.
He visto a lo largo de mi vida tantos pestillos cerrados que me congratulo de haber tenido un padre que me explicase, siendo yo un niño, que la felicidad está en nosotros, que el mundo no gira a nuestro alrededor, que las cosas no se solucionan encerrándote en ti con tus miserias.
domingo, mayo 31, 2009
El cordero de oro
Todo lo que se trate desde el respeto, con una óptica personal y razonada, más a sabiendas que en el terreno en que voy a entrar conozco gente, cercana, a la que quiero, todo lo que atañe a cada cual es opinable.
Mi reflexión versa sobre la romería del Rocío.
A mi modesto entender, la peor publicidad que se puede hacer de nuestra tierra. Soy sevillano, tengo 41 años y, por tanto, argumentos, experiencias e historial al respecto.
Tengo un gran factor en mi contra. Nunca fui a esa romería.
Cuando se mezcla la religión con el alcohol, malo. Si la devoción se confunde con idolatría, peor.
Estoy cansado de lágrimas falsas, de sevillanas a la Blanca Paloma, de grandes dosis de incultura disfrazadas de gracia y salero, de hipocresía vestida de faralaes.
Cuando se ven imágenes de Kerbala y ese peregrinaje de 'fanáticos' golpeándose la cabeza, pienso que no está tan lejos del Rocío. Es más bonito éste, más romántico, pero en el fondo hay la misma materia.
Haría una gráfica e iría anotando los peregrinos que acuden cada año a este festejo. Que la curva de asistentes bajara sería, en mi opinión, el mejor síntoma de que nuestra tierra está dando saltos en positivo.
¿Mi lucha va contra el floklore?, ¿contra la cultura popular?, ¿contra la tradición?
Tal vez.
Tengo el derecho a tomar postura.
Quizás por eso defienda la Feria de Abril, con las críticas correspondiente a su exclusivismo y demás (que se podrán corregir en el futuro), donde para divertirnos, cantar a la vida y los amigos, bailar sevillanas y beber (con o sin) moderación, no hace falta buscar corderos de oro.
viernes, mayo 29, 2009
El Calder de un Yakuza
Justo antes había tenido tiempo de pasarme por la Fnac a ver las últimas novedades musicales de mis artistas preferidos, que las había, y a bichear entre las novelas de bolsillo para seguir con mis lecturas en francés. Ahí sale mi parte conservadora, que busca lo seguro: Amélie Nothomb, y la arriesgada, que lucha por introducir nombres nuevos casi al azar: Gilles Leroy en este caso.
Comía el entrecot pensando cómo aprovechar esa hora libre, mientras leía las primeras páginas de ‘Ni d’Adan ni d’Eve’, de la Nothomb. Dos primeras páginas electrizantes.
Tomé rumbo hacia el Centro Pompidou. Anunciaban dos muestras temporales: Kandinsky y Calder. Entré y pregunté en información a un chaval.
-Tengo menos de una hora, ¿qué me recomiendas?
Ni Kandinsky ni Calder, me ofreció visitar una exposición de mujeres artistas a partir de los años 60.
-Es lo más original en mucho tiempo en este museo.
Y cómo el museo no peca precisamente de recato, me lancé a por las mujeres.
Exposición brutal, en los conceptos, en los mensajes, en la puesta en escena. Salas donde se advertía que lo visto podría herir tu sensibilidad. Yo me acercaba a grupos formados donde una guía daba explicaciones que no terminaban de convencerme. No sé si me gusta que me expliquen tan en detalle el arte contemporáneo, puede llegar a hacerlo ridículo. Para mí el arte contemporáneo es inmersión, íntima, sin red.
Quise ver todo tan rápido que aún me quedaban quince minutos.
¿Kandinsky o Calder?
¿Quién era Calder?
Fui a lo seguro. Kandinsky. Intercambiando miradas a los cuadros del ruso, intercalados con vistazos a los tejados de París de la sexta planta del Beaubourg. Una evolución de lo figurativo hacia lo geométrico, donde siempre importaron especialmente los colores. Me gustó mucho la época intermedia, creo que vivida en Estocolmo. Pena de no poder leer todas las explicaciones en esa visita acelerada.
Pasé de lado por Calder. Vi mucha gente. Me pareció ver figuras de animales hechas con alambres.
Ya en el aeropuerto pude comprar prensa española tras varios días sin hacerlo. Abrí por el final y me encontré con Barbra Streisand y Robert Redford, ‘Tal como éramos’… ‘película imprescindible de Sidney Pollack, autor de ‘Yakuza’… decía el comentarista de la programación de televisión.
¿Qué significará Yakuza?
El avión despegó y decidí volver a las páginas iniciadas de la belga Amélie Nothomb. Es autobiográfica, te lleva a los tiempos de su reencuentro casi adolescente con Japón, tras haberlo abandonado con cinco años. Para ganarse la vida, busca alumnos de francés.
Aparece el primero, Rinri, un adolescente universitario de familia bien.
Entonces Amélie se acuerda de su apasionado lector sevillano. En esas primeras páginas me explica que el nivel de vida correspondía al de un hijo de un miembro de la Yakuza, una suerte de mafia japonesa. Cuando el adolescente le presentó a su padre, mafioso y encantador, éste le regaló una joya similar a un móvil de Calder, a quien no quise visitar unas horas antes en el Pompidou.
Volando a Sevilla, a diez mil metros de altura, confirmé que la literatura es magia.
lunes, mayo 25, 2009
Aviones
Me gustan los aviones, los hoteles, los aeropuertos, las estaciones de tren, los coches de alquiler, las esperas, los planos de metro.
Mañana vuelo hacia Francia, duermo en la costa normanda y al día siguiente en la frontera con Bélgica.
Y soy feliz.
Me subleva la gente que se queja por quejarse, de la incomodidad de los aviones, de los tiempos perdidos en los aeropuertos.
No hace falta más que echar un poco, sólo un poco, la vista atrás. Para comprender lo que éramos y lo que somos.
Saber que esta noche duermo en mi cama de Sevilla y mañana a eso de las nueve y pico de la mañana estaré en París. Que podré tomarme un croissant de almendras francés insuperable, que en apenas unas horas estaré en la desembocadura del Sena paseándome por un pueblo normando de iglesias de madera, aunque sea para trabajar.
El ser humano, la gran mayoría, no aprecia lo que somos, lo que hemos llegado a ser. Pensar que en unas cuantas horas te plantas en cualquier lugar del mundo, con otras lenguas, otros rasgos, otras formas de entender la vida y de expresarte.
Yo lo aprecio con especial sensibilidad. Disfruto cada viaje con el corazón abierto a respirar otros aromas, consciente del privilegio que supone conocer culturas distintas a la mía.
Mañana será Francia, otros días fue Japón, o México, o Chile, o Turquía, Eslovenia, Marruecos, Bolivia, Suecia, Rumanía, Estados Unidos, Italia, el maravilloso Portugal tan cercano, Bélgica, Finlandia, Inglaterra… sí, me siento orgulloso de ser un ser viajado.
Me llena haber leído, haber conocido otros sitios, saber relativizar (por mucho que le joda al Papa el relativismo). Soy la persona más afortunada sabiendo que el mundo es grande pero abarcable, que ninguna raza es mejor que otra, que todas las lenguas suenan bien. Que en todos los sitios la gente se ama, se odia y se desespera ante la muerte.
Recuerdo mi primer viaje con interrail, con 18 años, cuando llegué a Copenhague. Me tiré en el césped del camping, reventado. Miré hacia un cielo azul de nubes hiper rápidas y me dije: Tan lejos de mi Sevilla y el cielo sigue en su sitio, las gentes andan igual y el suelo está igual de duro.
sábado, mayo 23, 2009
Tiempos eternos
viernes, mayo 22, 2009
Estrategia diaria
lunes, mayo 18, 2009
Ser de izquierdas
Con la iglesia hemos topado.
Hay mucha gente que critica el hablar de izquierdas y derechas. Todo se mezcla, ya no hay fronteras, son estigmas del pasado, ya no hay principios políticos…
Yo, en cambio, me reivindico de izquierdas. Sin ambigüedades ni tapujos. De izquierdas.
¿Qué entiendo yo por ser de izquierdas?
Ante todo, un principio básico. El convencimiento de que los seres humanos no pueden ser tratados todos por igual.
‘Horror, ¡Eso es lo contrario al socialismo!’
No. A quien realmente es de izquierdas, le preocupa un mundo en que se sabe que no todos tenemos las mismas capacidades (intelectuales, físicas, emocionales, económicas, culturales…). A mí, como persona de izquierdas, me gustaría pensar en una sociedad que apoya con los recursos necesarios a quien no puede llegar.
¿En qué baso este razonamiento? En mi propia experiencia.
Sé que soy un ser privilegiado. He vivido en una familia de clase media, he recibido unos estudios universitarios, he tenido la capacidad de sacar una ingeniería adelante, tengo un gran trabajo y una nómina más que decente a fin de mes.
Una persona de derechas diría, y su razonamiento sería perfectamente respetable: ‘Tú te lo has ganado y tienes todo el derecho a disfrutar de tu esfuerzo’.
Yo, que vivo con gente a mi alrededor que, no por ser menos válida que yo, no ha llegado tan lejos, voto izquierda. Quiero que mis impuestos sean importantes porque considero que hay que apoyar a quien no tiene la fuerza, el intelecto o las ganas de vivir con las que yo he nacido. Esas cualidades, en un gran porcentaje, me han venido dadas.
El votante de derechas cree en la compasión como base de las políticas sociales, el de izquierdas cree en la justicia social.
Como buen demócrata entiendo que son necesarias las dos corrientes en un mundo civilizado. Los extremos son peligrosos. Una política exclusivamente de izquierdas, sin el contrapeso de una fuerza de derechas, tendería a sacar el lado perverso del ser humano, haciendo flaquear las bases del esfuerzo personal para conseguir manejar nuestro futuro.
Soy de izquierdas porque quiero una sociedad progresista, porque creo que hay que apoyar de forma especial a la mujer al estar en desventaja, porque hay que desterrar intolerancias contra los grupos minoritarios, porque no entiendo de nacionalismos basados en banderas, porque mi sociedad anhelada es multicultural.
Ser de izquierdas es no creer en herencias, ni en posiciones de privilegio. Cada cual debe tener las mismas oportunidades y, al que realmente le cuesta trabajo tirar del carro, ayudarle.
Una sociedad generosa con los débiles.
domingo, abril 26, 2009
Educación de base
En nuestra sociedad a veces se dan mensajes políticamente correctos pero, a mi entender, desacertados de raíz.
Se habla, por ejemplo, de la violencia de género como algo que ocurre por igual en todos los estratos sociales, que no hay distinción estadística en función del nivel cultural de los implicados.
Y no es verdad. Ni lo puede ser ni lo es.
No es el mío un discurso clasista o de alguien que vive en una nube desde la que no se ve la calle.
Cuando vemos las cifras de los asesinatos machistas nos damos cuenta que la proporción de emigrantes es altísima, la de barrios miserables también.
Asesinos machistas sin escrúpulos hay potencialmente en cualquier lado. No pienso que haya en los genes de ningún hombre tendencia a despreciar a las mujeres, a maltratarlas, a condenarlas en vida a un continuo bombardeo de mensajes desmoralizantes.
Es cierto, sin duda, que hay personas que por muy buen entorno en que hayan crecido siempre serán malas malísimas. Pero hablamos de excepciones.
Si pasas tu infancia rodeado de familiares que tienen el mal gesto como rutina, que no saben lo que es un periódico y se jactan de ello, que no respetan un letrero indicativo porque no se preocupan de leerlo, que no dan las gracias cuando te sirven un café, que tiran los papeles al suelo o escupen como animales, si creces en un ambiente donde la única meta es sobrevivir para ganar dinero fácil, sin escrúpulos, donde no se valoran los afectos ni dan importancia a la educación de los críos porque se considera que estudiar es perder el tiempo, se están plantando las semillas para crear un ser indolente, despreocupado, insolidario, desclasado, retrasado respecto a los valores mínimos exigibles a la sociedad, acomplejado y peligroso.
Así, desgraciadamente, hay muchas personas en mi querida España. No digamos en el mundo.
En nuestro país durante muchos años hemos visto gente analfabeta funcional soltando billetes de 500 euros y riéndose de ti por depender de una nómina, vemos niñatos cuya única preocupación es ponerse hasta arriba de alcohol en descampados los fines de semana, encerrados en conversaciones que lo máximo a lo que llegan es a comparar el precio de sus camisetas de marca.
Ahora vienen estos lodos. Se crea a la fiera y nos asustamos cuando no conseguimos amansarla.
En determinados barrios el único objetivo de una cría de quince años es echarse un marido que la mantenga, porque no le han enseñado que pueda servir para otra cosa. Las pintan como puertas y las sacan de las escuelas en cuanto pueden para ponerlas a trabajar en casa.
Sé que es complicado lanzar este mensaje, pero se ven muchos menos asesinatos machistas en familias de clase media, donde la educación está estructurada.
El reto de esta sociedad es la educación, la formación, enseñar a conversar, a apreciar al otro, al diferente, la tolerancia. Hay violencia de género en Suecia, seguro, pero cierto es también que es la vigésima parte de la existente en Bolivia, la centésima parte de la de Camerún.
Luchar contra el maltrato es transmitir valores, crear disciplina, comunicar la importancia de leer, aprender, practicar, escuchar, respetar.
Cuando los valores son cuántas cadenas de oro tengo colgadas al cuello o lo bonito que es mi coche verde fluorescente tuneado, mal vamos.
¿Criminaliza mi discurso a los barrios obreros? Nada más lejos de mi intención. Mi razonamiento es un grito a esta sociedad para que sepa configurarse de modo que asegure la oportunidad de igualdades, una educación gratuita y de calidad, en que se ejemplarice con conductas nobles, no con mangantes, chuletas y caricaturas de la prensa rosa.
domingo, abril 19, 2009
Aprender a escribir
miércoles, abril 01, 2009
El Muerto
‘Tú te vienes, lo pruebas y, si te gusta, te apuntas’. Me llevé ocho años y llegué a participar en finales de campeonatos de España.
Haber estado tantos años haciendo remo en la adolescencia ha tenido su parte positiva, mi despertar a la vida, el amor al deporte, la pérdida de la timidez, el valor del esfuerzo… y su parte negativa, una escoliosis (desviación de columna) que hace que haya días en que reviente mi dolor de espalda sentado en mi despacho frente al ordenador.
En esa época en que yo hacía remo en el Guadalquivir, hubo un par de temporadas en que me asignaron un doble scull (un barco fino y largo, preparado para dos remeros con dos palas cada uno) y me colocaron de pareja al ‘Muerto’. Era un chaval de mi edad, simpático y siniestro, que cada vez que daba una palada movía el cuerpo como el hijo de Frankenstein. Yo, para nivelar el barco, tenía que hacer el mismo movimiento que él pero en sentido contrario. De ahí mi ‘S’ en la columna. Debo tener la ‘anti-S’ del ‘Muerto’. Mi espalda debe ser el negativo de su espalda.
Remar era un placer. No sólo el rato grande que pasábamos los fines de semana oyendo las campanas de la Giralda a las ocho de la mañana mientras rodeábamos el puente de Triana, sino los ratos disfrutados recibiendo el sol mientras sudábamos y sentíamos el ruido de cada palada, agua inabarcable a nuestro alrededor, las palmeras de chocolate y los xuxos de luego, los entrenamientos de lunes a viernes, las sesiones de pesas, la cultura del sacrificio, el compañerismo de pensar que nuestro éxito era el éxito de los demás.
A veces, cuando en ese movimiento repetitivo de ir hacia delante y hacia atrás, repetido hasta la saciedad, perdía la consciencia del por qué, llegaba a marearme y perder el equilibrio. Una metáfora de la vida. Llega un momento en que lo que se da por supuesto deja de ser razonable y todo se te desmorona. Remar era mecánico mientras no te lo planteases. En el momento en que te lo planteabas, en mitad del Guadalquivir, perdías el equilibrio.
La otra tarde, en una de las sesiones de fisioterapia para aminorar los dolores de la escoliosis, la chica que me trata tomaba mi cabeza entre sus manos, me pedía un relajamiento total, sentir la desconexión de la cabeza del tronco, mientras me movía con rapidez a veces, suavemente otras, la cabeza como si fuera una pelota de balonmano, como una bola de cristal.
En esos instantes mi bola de cristal ha soñado con no ser hombre, con no ser persona, con ser algo distinto. Con ser.
He creído en la posibilidad de volar. Cerrar los ojos y volar. No físicamente. Simplemente sentir que era posible no tener dos piernas, no tener cabeza, no tener sexo. Existir de otra manera. Creer en un mundo que no sería mundo, en seres humanos que no serían humanos, dejar atrás las definiciones, perder el ritmo de la palada y sentir que otra realidad era posible. Sin física, sin carne, sin dolor, sin dinero, sin gusto ni tacto ni rencores ni malicias ni reproches.
Otra realidad en que volemos fuera de vanidades y egoísmos.
Perder el equilibrio, el ritmo de la palada y volar.