El error de la creación artística es pensar que viene sola.
Eso solo le ocurre a cuatro genios.
Alumbrar una novela, por ejemplo, exige de método y disciplina. La sensibilidad, la imaginación y el oficio de escribir se dan por obligatorios.
Cuando me lanzo a construir una historia me marco como meta diaria las mil palabras. Mil. Puede tronar o ser un día plano, que las escribiré. Las musas vendrán, porque ya todos los personajes están trazados en mi cabeza. Hay meses previos de introspección y meses futuros de corrección, pero cuando se escribe, se escribe.
Es un proceso precioso, porque te embarcas en el mundo de gente que no existe y con la que muchos lectores se van a sentir interpelados.
Gente inventada a la que insuflas vida.
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