En la religión entra en juego un concepto que discrimina: la Fe.
O crees o no te lo crees.
A mí me hubiera gustado una religión más de consenso, en la que pudiéramos entrar todos, más terrenal, más unánime, por qué no: la religión del Amor.
Así de cursi.
Sin dioses.
Que hubiera templos laicos donde el único motivo de reunión fuese el trabajar cómo ser personas decentes. Donde hablaran sabios buenos.
Que los que no creemos no tuviéramos que comulgar con ruedas de molino para vivir nuestro sueño: ser mejores. Que no se nos perdone la vida ni se nos considere de piedra por no ver lo que otros dicen ver.
Seguro que aparecerían santos a los que venerar.
Siendo buenos, no hay infiernos que temer.
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